― ¡Roberta! ―expresó sorprendido ― ¿es una broma?
― ¡No! ―dije un poco exaltada, si él no acepta tendré que casarme con un desconocido
―ven… pasa, siéntate ―exclamó y caminó hacia su cama ―explícame bien todo, que no te estoy entendiendo ¿Por qué quieres que nos casemos? ¿Por qué tan pronto?
―si no me caso contigo, mi abuelo me obligará a casarme con alguien más, es por una tonta herencia
― ¿una herencia?
―si, al morir mi padre, yo quede como la única heredera, mi abuelo se jubilará pronto, y necesita que yo, bueno mas bien quien sea mi esposo, tome control de las empresas de nuestra familia. Entonces ¿quieres casarte conmigo?
― ¡No! ―respondió y sentí mi piel ponerse helada y mi corazón encogerse
― ¿No? ―pregunté mientras sentía mi corazón latir fuertemente
―No así ―dijo mientras se ponía de rodillas y tomando un anillo de su dedo lo puso en el mío ―Roberta… ¿quieres casarte conmigo? ― sentí como mi alma volvió a mi cuerpo y una gran sonrisa inundó mi rostro
―si… si… claro que si ―le digo brincando de emoción y no sé por qué, si yo fui quien se lo pidió primero, creo que es por el hecho de que él haya aceptado
―este anillo es solo figurativo, pronto te daré uno real ―expresó y tomándome entres sus brazos me dio un lindo beso.
Los dos días estipulados por mi abuelo pasaron muy rápido, oh así lo sentí yo, ya que me la pasé increíble con Erick, debo admitir que eso de estar comprometida no es tan malo, como yo creía, ya que mi madre lo dejó venir todos los días a mi casa para conocernos mejor.
Nos encontrábamos en la sala de mi casa, esperando la llegada de mi abuelo, la cena ya estaba lista, solo hacia falta él, Sarita había preparado un gran festín, que hacía rugir mi estómago.
Erick se encontraba muy nervioso, lo podía notar por que no dejaba de apretar fuertemente mi mano, por fin el timbre sonó y terminó la espera
― Buenas tardes abuelo
―buenas… buenas tardes señor ―dijo Erick secando sus manos que no habían dejado de sudar y se la ofreció a mi abuelo, mi abuelo lo saludo mientras lo examinaba de arriba a bajo
―Espero que ese desastre de atuendo sea por que no te dio tiempo de arreglarte ―expresó señalando la camiseta y jeans azules que Erick llevaba puestos
―pasemos a la mesa ―exclamó mi madre, intentando romper la tensión tan pesada que se sentía, la seguimos hasta la cocina y procedimos a comer
― ¿Erick verdad? ¿Eres el mismo que estaba con mi nieta el otro día? ―Erick se puso colorado y se removió incómodo en su silla ―bueno Erick y ¿Qué tipo de negocio maneja tu familia? ¿supongo que asistes a la misma universidad que Roberta?
―bueno señor, mi familia no tiene empresas… mi madre murió cuando yo era pequeño y mi padre trabaja como obrero, asisto a la universidad gracias a una beca, pero pronto terminaré de estudiar y se que me convertiré en un gran abogado
―primero que nada, tienes que aprender como viste un abogado, no puede asistir a los tribunales con tan vulgar vestimenta
―si, señor… lo lamento, estoy asiendo todo lo posible por ahorrar
― Roberta… ¡no te casarás con él! ―dijo tranquilamente mi abuelo sin dejar de comer
― ¿Qué? ―exclamé sorprendida y enojada al mismo tiempo
―dije que no te casarás con él
― ¿Por qué? ―preguntó Erick furioso, mientras se levantaba de su asiento ― ¿es por qué no tengo dinero? ¿Por qué no vengo de una familia acaudalada?
―por eso, y porque no tienes modales, ni futuro
―abuelo, prometiste que me dejarías elegir con quien casarme ―dije en tono casi suplicante, aferrada a la mano de Erick
―si, pero no con él
― ¿Por qué no?
―No se puede Roberta, los accionistas no lo aceptarán ― Erick soltó mi mano violentamente y caminó hacia la puerta
―Erick… Erick, no te vayas por favor ―le dije mientras corría detrás de él ―Erick…
―para que quieres que me quede Roberta ¿para que tú abuelo siga humillándome?
―lo siento mucho ―exclamé mientras tomaba su mano
― no Roberta, tú abuelo ya dejo en claro que no permitirá que te cases conmigo
―pero yo quiero estar contigo ―él separo su mano de la mía y las lagrimas comenzaron a escurrir por mis mejillas sin control
―No Roberta, busca a alguien más que este a tú nivel ―dijo y saliendo serró fuertemente la puerta
―es mejor así, los accionistas lo destruirían ―escuche a mi abuelo decir detrás mío
― ¿lo destruirían a él o a ti? ―exclamé airada con mis ojos llenos de lagrimas
―a todos Roberta, no podemos permitir que se ensucie nuestro apellido, aparte alguien como él sin los conocimientos apropiados, solo nos llevaría a la ruina
―los odio… y odio este maldito apellido, yo no lo elegí
―no lo elegiste, pero naciste en esta familia, y cumplirás con tu deber ―espetó mi abuelo furioso, y por primera vez vi un gesto en su rostro… era un gesto de decepción e ira mesclados. Subí rápidamente a mi cuarto, sin dejar de llorar, me encontraba llena de frustración, la gran felicidad que había sentido días atrás, se había esfumado por completo. Me quedé dormida mientras observaba el anillo en mi dedo, despertándome hasta que escuché el despertador sonar, me maquillé tratando de cubrir mis ojos hinchados y rojos, bajé las escaleras y tomé las llaves de mi auto, pero cuando me encontraba a punto de salir, escuché la voz de mi abuelo decirme: ― si no tienes una mejor opción, yo elegiré ―me giré inmediatamente para confrontarlo, como… ¿cómo pueden no importarle en absoluto mis sentimientos?
― ¡No abuelo! ¡no puedes! ¡No lo permitiré!, no puedes venir y cambiar mi vida por completo
―yo no cambie tu vida, fue tu padre cuando se dejó morir
―como puedes hablar así de él, era tu hijo ―de nuevo mis ojos se inundan de lágrimas, al escucharlo hablar de esa manera, mi padre, él no eligió morir
―tienes que hacerte responsable de tus obligaciones en esta familia, ya no eres una niña Roberta, así que déjate de jueguitos con jóvenes inútiles y pon los pies en la tierra
―digas lo que digas no me casaré con un desconocido
―te casarás, lo quieras así o no, pero no permitiré que nuestra familia pierda lo que por años le ha pertenecido, por culpa de una chiquilla consentida y malcriada como tú, que no la enseñaron a tomar decisiones
―si tanto te interesa que me casé, lo haré, pero solo con Erick
―no puedes casarte con él, es por su bien y por el tuyo… no lo permitiré, alguien como él no puede pertenecer a nuestra familia
―si tanto te interesa nuestro apellido, pues quédate con él, que a mí no me hace falta ―y girándome me dirigí de nuevo a la salida
―lo haré, pero tienes que ser consiente de lo que eso implica, los lujos y comodidades que hasta ahora has tenido, se acabarán para siempre
―eso no me interesa
―te interesará, lo hará cuando veas a tu madre tener que dormir en la calle
―mi madre es una mujer exitosa, no necesita nada de ti
―tu madre es exitosa solo por que tiene nuestro apellido, antes de eso no era nada, y el día que los pierda, las puertas se volverán a serrar para ella, si yo decido quitarles nuestro apellido, todo lo que tú padre dejo, no les pertenecerá nunca más a ustedes ―serré la puerta furiosa y me fui