En la mira

1397 Words
Alexander Golpe furioso la mesa del restaurante derribando todo lo que había en ella, todo, absolutamente todo lo que había conseguido con Roberta, se fue por la borda cuando el estúpido de Erick apareció, la escuche cuando estaba a punto de contarle la verdad de porque se había casado conmigo, y no lo permitiría, no dejaría que él la perdonara, porque sabía que, si lo hacía, la perdería para siempre. Me quede toda la noche bebiendo en el bar del hotel, que podía hacer para que ella me amara, para que se olvidará por completo de él ―señor… señor… tiene que irse, limpiaremos el lugar ―como pude me levanté y pedí una habitación, Roberta no había querido regresar a la mansión y no podía dejarla sola. A la mañana siguiente el ruido de mi teléfono me despertó ―señor Alexander, hemos encontrado a la persona que filtro la información ―encárguense de quien sea ―lo siento señor, pero su madre ordenó que usted estuviera presente, durante el interrogatorio y el castigo ―mi madre como siempre ―está bien, estaré ahí en una hora ―sí señor ―me metí al baño, me di una larga ducha y me dispuse a marcharme, pero antes decidí pasar a ver a Roberta, pero gran sorpresa me llevé cuando al entrar no la vi en la cama, me pasaron miles de escenarios en la mente, revisé cada habitación, y cuando abrí la última puerta, respiré aliviado al verla dormida en la tina, las botellas de licor yacían vacías a un lado de ella, la cargué en mis brazos y la llevé a la cama, de pronto ella comenzó a besarme ―Roberta, detente ―sabía que se encontraba muy ebria y no quería a provecharme de ella, pero no podría controlarme demasiado si ella seguía besándome tan insistentemente ―no… no me detendré ―respondió acercándome más a ella, respondí a su beso apasionadamente, para luego deslizar mis manos por todo su cuerpo, su piel era tersa y suave, sus pechos duros y firmes al igual que sus glúteos, toda ella era perfecta y tan pura, que no quería hacer algo de lo que luego me arrepentiría, quería que fuera mía, pero no de esta manera. La separé de mí y cubrí su cuerpo con la manta, enseguida se quedo dormida, besé su frente y me retiré de ahí. ……. Erick Cuando llegué a mi dormitorio no podía sacarla de mi cabeza, ¿Qué era lo que quería decirme? ¿Por qué Alexander interrumpió precisamente en ese momento? Sabía que tenia que encontrar la manera de mirarla de nuevo, pensé que podría odiarla, pero me es imposible, los celos me consumían al verla en los brazos de él, al pensar que el ya la había hecho suya, por un momento pensé en dejarla ir, tratar de olvidarla para siempre, pero cuando vi sus ojos pude notar que ella aun tiene sentimientos por mí, y no descansaré hasta recuperarla, no sé lo que habrá pasado para que ella me abandonara ese día, pero lo averiguaría y ella sería solo mía. Me encontraba absorto en mis pensamientos, cuando tocaron la puerta ― ¿Quién es? ―Erick, soy yo… Lessa, ¿puedo pasar? ―si es para burlarte de Roberta, no quiero escucharte ―no, por favor discúlpame por eso… se que todavía la amas, tengo un recado de mis padres ―me paré y abrí la puerta ―pasa ―Erick mis padres quieren que vengas a vivir con nosotros ― ¡No! ―no tienes opción primo, como sabrás, el área de los dormitorios será renovada y están desalojando a todos por dos semanas ―entonces rentaré una habitación ―todos los lugares quedan lejos de aquí ―por eso tengo coche ―Erick, si no vienes con nosotros… mi padre llamará al tuyo ―sabía que mi padre odiaba que lo molestaran con quejas y si le hablaban me haría regresar de inmediato a Canadá ―esta bien, mañana me mudaré ―al día siguiente, tomé mis pocas pertenencias y me mudé a la enorme casa de los Boston. Aunque Lessa me llamaba primo en realidad no lo éramos de sangre, mis padres me adoptaron cuando yo era muy pequeño, por un tiempo disfrute también de las comodidades de una familia acomodada, pero eso duro poco, ya que a él le arrebataron todo injustamente y mi madre murió poco tiempo después, de ahí en adelante todo fue miseria en nuestra vida, tuve que trabajar desde muy joven para ayudar con los gastos, aunque su gran amigo Frederick, el papá de Lessa, siempre nos apoyó en todo lo que pudo, ayudó a mi padre a cambiar su nombre y mudarnos a Canadá, corriendo el riesgo de perder todo él también si la persona responsable de nuestra ruina se enteraba. ―Erick, que bueno que Lessa te convenció de quedarte aquí ―me dijo mi tía, como yo llamaba a esa elegante mujer de piel bronceada y hermosa sonrisa ―si… ―ven te mostraré tu habitación ―me dirigió por el pasillo hasta una habitación grande de color azul y gris, abrí el closet para guardar mis pertenencias, pero este se encontraba completamente lleno ―oh, creo que está ocupado ―oh no, todo esto lo compramos para ti, todo lo que vez ahí es tuyo ―no puedo aceptarlo ―por que no, tu sabes que eres de la familia, y es lo menos que podemos hacer por ustedes ―gracias ―dije asintiendo ―pero traigo mis propias cosas ―lo sé… lo sé, solo creí que te gustaría cambiar un poco esa… esa ropa que siempre usas ―por algún motivo me sentí un poco ofendido, sabia que ella no lo hacia con esa intención, pero fue lo que me hizo sentir ―gracias, pero estoy bien con esta ropa vieja, que he comprado con mi propio esfuerzo ―eso… eso no fue lo que yo ―no se preocupe, se lo que intentaba decir ―mandaré a alguien que saqué todo del closet ―gracias. Esa noche no dejaba de pensar en Roberta y en una manera de volver a verla, creí que regresaría a la universidad, pero seguramente su celoso esposo no la había dejado. Me duché y me puse solo un pantalón de pijama, me recosté en la grande y cómoda cama y me dormí, de repente, sentí a alguien besarme, abrí los ojos y vi su rostro ― ¡Robert! ― ¿que acaso no puedes olvidarla ni por un segundo? ―desperté bien y pude observar a Lessa encima de mi ― ¿Lessa? ―dije arrojándola a un lado de la cama ― ¿Qué te sucede? ¿Qué crees que haces? ― ¿Qué qué hago? Tratando de que olvides a esa maldita zorra ―dijo y aferrándose a mi cuello me beso de nuevo ― basta Lessa, no podemos hacer esto ― ¿Por qué no Erick? Tú me gustas, me gustas demasiado ―eres mi prima ―sabes que eso no es verdad ―aún así, yo siempre te miraré como tal ―pues yo a ti no ―exclamó y de un tirón bajo mi pantalón dejando al descubierto mi grande p*ene ― ¿Qué te pasa Lessa? ¿Cuánto bebiste? ―solo lo necesario para decirte lo que siento ―vete de mi habitación ―no lo haré, quiero que la olvides a ella Erick ―dijo y tomando mi m*embro lo metió dentro de su boca ―Lessa, ¡Ya basta! ―grité y la separé inmediatamente de mí, subiendo rápidamente mi pantalón ―que tiene ella Erick, que tiene ella que no tenga yo, ¿Qué no soy mas bonita yo? Yo puedo hacer lo que tú quieras y nunca te traicionare, ella es una maldita p*ta con aires de mojigata que te traiciono ―no permitiré que hables así de ella Lessa, no entiendo como pudiste ser su amiga por tanto tiempo ―por que no quieres que hable así si esa es la verdad ―no sabes lo que dices Lessa, has tomado mucho ―claro que se lo que digo Erick, y si me iré, pero una cosa si te digo, siempre consigo lo que quiero al costo que sea, y ahora lo que quiero… es a ti
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