Roberta
Lo vi salir y dejarme sola en esa habitación y me dolió, sabía que el dolor de su desprecio no se comparaba al que el sintió cuando lo abandoné en el altar, pero por un segundo creí que se quedaría conmigo, que dormiría a mi lado y me enrollaría entre con sus cálidos brazos.
Me recosté en la enorme cama y me dormí, cuando desperté ya era muy noche, lo sabía por que las luces de todas las habitaciones se encontraban apagadas y no había nada de ruido, sentí hambre así que decidí salir de la habitación, cuando quise abrir la puerta la sentí pesada, intenté detenerla, pero me fue imposible y soltándola cayó Erick por mis pies
― ¿Erick? Creí… ¿creí que te habías marchado? ―pude ver su cara sonrojarse de vergüenza, mientras se levantaba del piso
―no podía dejarte aquí sola
―si no querías quedarte conmigo ¿Por qué no te quedaste en otra habitación?
―no es necesario ¿A dónde te dirigías?
―quería ir a comer algo ¿me acompañas? ―caminó adelantándose a mí y luego preguntó
― ¿no vienes?
―si ―exclamé y lo seguí, comí como tenía tiempo no lo hacía, en verdad ese lugar me había hecho sentir en paz ¿o había sido Erick? Si, admito que saber que no me odiaba me alivió demasiado
―su cuenta señor ―dijo un mesero entregándole una pequeña carpeta negra a Erick
― ¿Cuenta? ¿Qué no la comida se incluye en el pago de la habitación? ―vi como sus ojos se abrieron grandemente cuando miro la cantidad ahí escrita
―así es señor, la comida del bufet, pero la señora pidió puros platillos especiales ¿pagara en efectivo o con tarjeta? ―pude ver la cara de Erick enrojecerse al revisar su cartera, así que tomé mi tarjeta y la entregué al mesero
―lo siento, me… me gaste todo en la habitación ―dijo el disculpándose
―no te preocupes, te agradezco mucho que me trajeras aquí ―Erick solo jugaba con la copa de vino, podía ver la vergüenza en su rostro, así que tomé su mano y la apreté
― ¿por esto fue que no quisiste casarte conmigo? Al principio no comprendía, pero cuando supe que el era un Morel comprendí que nunca me compararía con él, yo nunca podría darte todo lo que él te da
―no Erick, estas muy equivocado, las cosas no son así
― ¿entonces cómo? Caí en cuenta de que no somos del mismo mundo, por más que yo quisiera yo nunca podría hacerte feliz
― ¿Por qué dices eso?
―por qué, yo no podría darte una mansión, ni carros de lujos, no podría comprarte comidas finas, ni ropas caras ―decía mientras las lagrimas corrían por sus mejillas ―maldigo el día en que llegué a esa escuela de niños ricos, por que desde el momento en que te vi no pude sacarte de mi cabeza
―eso no es verdad Erick, si estuviera contigo sería muy feliz, aunque no tuviera ropa de marca, ni comidas finas, aunque no pudiera salir de viaje cada fin de semana y viviéramos en un pequeño apartamento
―si eso fuera verdad, si en verdad nada de eso te importará… te hubieras casado conmigo
―no te abandone Erick. Las cosas no son como tu piensas
―entonces… ¿entonces como son? Dime por que no comprendo Roberta
―me casé con Alexander por que…. ―estaba a punto de contarle toda la verdad, cuando él llegó
―Roberta… mi amor ―exclamó Alexander exageradamente tomándome entre sus brazos
― ¿Alexander? ¿Qué haces aquí? ―dije sorprendida, ¿Cómo supo donde estaba? Hubiera deseado que por esta vez él no hubiera aparecido
―¿cómo qué.. que hago aquí?, vine por ti para llevarte a casa
―como… ¿Cómo supiste?
―yo lo llamé ―expresó Erick ofreciéndome una dulce y triste mirada
―pero…
―pero nada Roberta, no puedes desaparecerte así nada mas sin avisarme, no quiero que vuelvas a salir sola de la mansión ―dijo Alexander, Erick se paró de su asiento y se giró para irse
―Erick ―exclamé con un nudo en la garganta
―cuídate Roberta, tú esposo ya está aquí así que no estarás mas sola ―dijo y se fue, su desprecio me dolía como una maldita daga atravesando mi pecho
―suéltame Alexander ―dije sacudiéndome para librarme de sus musculosos brazos
― ¿Por qué?
― ¿Por qué? ¿Por qué? ¿todavía te atreves a preguntar? Prometiste que nunca nadie se enteraría de lo ocurrido en Grecia
―lo siento princesa, no entiendo como fue que se filtró la información, pero ya lo estoy investigando, te prometo que pronto arreglaré todo
―ahora como regresaré a la Uni
―estas molesta por que se enteraron de lo de Grecia, o ¿Por qué ya todos saben que te casaste conmigo? ―exclamó Alexander con seriedad, yo mantuve mi mirada fija en él sin responder ―es así ¿verdad?, no querías que nadie supiera que te casaste conmigo
―sí, si… tienes razón Alexander, no quería que nadie se enterará
― ¿y no te pusiste a pensar que a lo mejor Lessa ya lo hubiera contado a todos?
―se que no lo haría, ella no haría nada que afectara a su primo
―aun así, se enterarían Roberta, tarde o temprano lo harían
―pues hubiera preferido mil veces que fuera tarde
― ¿por qué Roberta? ¿Por qué me tratas así? He estado contigo desde el primer día apoyándote y acompañándote para superar aquel traumático día, y él te ayuda un día… un solo y maldito día ¿y te importa más que yo?
―te equivocas Alexander, no fue porque me ayudo solo este día, él siempre me ha importado más que tú. Al fin y al cabo, tú no hubieras tenido que ayudarme tanto, ¡si no me hubieras llevado a ese estúpido lugar de luna de miel! ―le grité mientras las lágrimas corrían por mis mejillas
―yo… yo no sabía… no quería que algo así te pasara, si lo hubiera sabido nunca te habría llevado allí
― ¡pues fue tu culpa Alexander! ¡todo fue absolutamente tu culpa! Y nunca… escúchame bien, nunca te perdonaré