⸺¡Chao Sneyder!—interrumpe Tanya.
—¡Chao, Tanya!—responde Sneyder. Y aunque quiso despedirse de la chica de otra manera, solo lo hace sonriendo.
—¡Estoy adentro prima!⸺ vuelve a decir Tanya y entra en la mansión, bajo la atenta mirada de Sneyder.
—¿Sneyder?, ¿Sneyder?—lo llama Yeris. El hombre vuelve su vista hacia la hija del capo—. ¡Te estoy hablando y no me paras bolas!
—¡Perdona! De verdad que quisiera quedarme, pero no puedo⸺ Sneyder da dos pasos.
⸺¿Por qué te trajo mi padre?⸺y Sneyder la mira muy sorprendido⸺. Sí, lo sé⸺y ella avanza hasta él.
⸺Te prometo que luego nos vemos y te cuento todo. Y no te preocupes, estoy bien.
Y Sneyder se intenta despedir con un simple abrazo y un beso en la mejilla, pero Yeris lo toma entre sus brazos y lo besa apasionadamente en la boca. Esto lastima más a alias “gato”.
⸺ ¡Si mira, lo va a pasar peor!⸺le aconseja “machete”.
Sneyder de inmediato la aparta como puede, más que todo por si su futuro suegro los está viendo. Se sube en su carro y desaparece del lugar. Yeris al ver que el carro de su amado se pierde de vista, entra en la gran mansión. Le pide a una de las empleadas algo de tomar. La empleada doméstica le pasa un vaso de jugo de naranja. Yeris lo disfruta.
—¿Quiere otro poco, señorita?—pregunta la empleada.
Yeris dice que sí moviendo la cabeza— ¡Está bien bueno!
En ese preciso momento Tanya se encuentra hablando con Ernesto Malo.
⸺Voy a estar unos días fuera del país, quiero que ayudes a tu prima en el manejo de la casa.
⸺¿Y a dónde viaja, tío? Si se puede saber claro está…⸺pregunta con mucho tacto Tanya.
⸺Sabes que esa información no se la doy a nadie. Parto hoy mismo ¿Puedo contar contigo?⸺responde el “malo”, suelta una bocanada de humo, y mira a su sobrina directo a los ojos.
⸺ ¡Claro tío!⸺responde ella sosteniéndole la mirada.
En ese momento entra Yeris y los interrumpe.
⸺¡Papi necesito hablar contigo!⸺mira a su papá directo a los ojos mientras Ernesto Malo no encuentra cómo esconder su mirada.
Tanya mira a su prima y luego a su tío, y disimula cómo buscando algo, pero ve prudente salir de la oficina.
⸺ ¡Tendrás que esperar, porque tengo mucha prisa!⸺contesta Ernesto Malo, más que todo para evitar a su hija, y se puso revolver unos documentos.
⸺¿Por qué mandaste a buscar a Sneyder?⸺y Yeris vuelve a buscar la mirada de su padre.
⸺Te dije que ahora no tengo tiempo de hablar—levanta la mirada y la clava en los ojos de su hija—. ¿Estaba completo cuando lo viste… no?⸺y vuelve a clavarla sus ojos en los cajones de su escritorio.
Una vez que Tanya se encuentra a unos metros se mete en uno de los tantos baños de la enorme casa y saca su celular. Marca el número privado de siempre y luego de tres segundos, le responde.
Casi susurrándole a su móvil empieza a hablar en clave.
⸺ La paloma abandona el palomar. Emigra muy lejos de aquí, pero no sé exactamente a dónde.
⸺¡Bien! Cuando pueda revise el nido y tome los huevos—le responde su interlocutor.
⸺¡Entendido!⸺dice Tanya, corta la llamada y sustraje el chips del celular y lo guarda entre sus senos.
La misión que le han encomendado, es robarle información al “malo”, pruebas que puedan llevarlo tras las rejas. Tira de la cadena para fingir que estaba haciendo una necesidad fisiológica. Cuando sale del baño, se encuentra con su prima Yeris.
⸺Te estaba buscando prima. ¿Te dijo algo mi novio?⸺y Yeris suelta una retraída sonrisa y la toma de la mano—. ¿Te habrás lavado las manos?—pregunta Yeris y vuelve a sonreír al tiempo que le suelta la mano a su querida prima.
Tanya también ríe y decide gastarle una broma, extiende sus manos para tocarla en la cara, mientras dice:—. ¡Acabo de cagar…y no me las he lavado!— y siguen riendo las dos⸺¿Algo de qué prima?⸺pregunta Tanya dejando de reír, y mira a los ojos un poco extrañada a Yeris.
⸺ ¿Algo? No sé… ¿qué si pensaba mucho en mí?⸺y Yeris dice esto, pone cara de quinceañera enamorada.
Tanya le alcanza a ver esa inocente e ilusionada cara y por eso le miente. La toma de las manos y se la lleva hasta el salón de la gran mansión, sin dejar de sonreír. Se sientan en un enorme sofá, y siguen platicando.
⸺Me dijo que le gustas mucho, que no hace más que pensar en ti. Pero que tu padre le da mucho miedo.
⸺¡Lo sabía!—se levanta del sofá—. ¡Sabía qué le gustaba!—salta emocionada cual niña que le han comprado un pony—. ¡Sabía qué yo le gustaba!—se calma y se vuelve a sentar—. Lo de mi papá después lo arreglo, ahora lo que importa es que, sí, le gusto. ¿Lo viste, vistes lo guapo qué es? Ese es el príncipe azul que desde niña soñé—y a Yeris se le puede ver los ojos ese brillo que desprenden las quinceañeras enamoradas.
En el fondo a Tanya le da un poco de pena su prima, por lo que Sneyder le había confesado.
⸺Le voy a decir que te consiga un amigo para ti, y así saldremos los cuatros. ¿Te imaginas prima?—y sigue radiando en felicidad.
⸺ ¡Así estoy bien prima!—las interrumpe una empleada de la casa que en ese momento pasa junto a ellas para limpiar, y es por eso que Tanya por un segundo calla—. Yo ahora no quiero saber nada de los hombres…
—Luego limpias, Piedad—interrumpe Yeris a su prima. Vuelve a mirarla a los ojos mientras cuza las piernas. La empleada se retira a limpiar a otro sitio⸺ ¡Eso es porque no has conocido un tan bello como Sneyder! ¡Aún tengo su perfume en mi nariz!⸺y Yeris huele su ropa sin dejar de soñar despierta.
En otra parte de Medellín, estaban a punto de eliminar a “papá pitufo” y a “pato”. Ya casi que la hoja acerrada de la moto sierra, acaricia el cuello de “papá pitufo”, quien sigue intentando persuadir a su jefe para que no les haga daño.
—¡Patroncito, llevamos trabajando para usted mucho tiempo! ¡No nos haga daño! ¡Por amor a Dios, perdónenos!—y el perro no dejaba de lamerlo, por más que lo alejaban de “papá pitufo” volvía cariñosamente donde él—. ¿Si se da cuenta cómo me quiere Diablo? donde usted me mate, ese perro se muere de tristeza, o mejor dicho, los dos perros…porque Satanás también me quiere.
—¡Amarra ese maldito perro, que lo voy a descuartizar también!—dice muy cabreado el narco.
—¡Por favor jefe, no le haga nada a Diablo!—responde de inmediato “papá pitufo”, que ve como se llevan al can lejos de ahí.
Pero en ese momento ocurre un milagro. Ya sea porque al “tuto” las suplicas de “papá pitufo”, le llegaron en lo más profundo de su alma, y por eso se conduele de ellos, o porque uno de los tantos santos que imploraron los condenados, los escuchó. Lo cierto es que el “tuto” manda a parar la ejecución. Una vez detenido el motor de la motosierra, del sitio se apoderó un silencio, apenas interrumpido por los ladridos de los canes. “Pato”, al igual que su compañero, está feliz.
⸺ ¡Callen a esos perros!—grita el patrón del lugar, y mira para donde están los chuchos. Saca un cigarro, lo enciende, y da la primera calada. Una vez que arroja el humo al aíre, se dirige a sus extrabajadores—. Les voy a dar un día para que se despidan de sus familias, y si ustedes mismo no vienen aquí, les juro que yo mismo voy a sus casas a buscarlos. Pero no los traeré a ustedes solos, sino también a cada m*****o de sus familias. Y esto lo hago por el servicio que me han prestado durante estos años. Para que vean que no soy desagradecido. ¡Lárguense par de idiotas!
⸺¡Gracias jefe!⸺dice “papá pitufo” mientras se seca las lágrimas.
Y mientras “papá pitufo y “pato” se levantan de las sillas donde los tenían atados, el “tuto” y sus hombres ríen sin parar. Los dos que estuvieron a punto de ser asesinados, Terminan de salir de la enorme finca, y se marchan con dirección a Medellín.
⸺¿Ahora qué hacemos “patito”?⸺y “papá pitufo” intenta mirar a los ojos a su compinche.
⸺¡Qué hacemos maldito enano, yo a usted lo voy a matar!—“papá pitufo” se acongoja otra vez e intenta agachar la cabeza—. ¡Por su culpa estamos jodidos! ¡De gracias que nos quitaron las armas, sino le pegaba un pepazo! ¡Pero no me hace falta una pistola, lo voy a matar con mis propias manos!⸺y de inmediato “pato” se le echa encima y lo agarra por el cuello, y empieza a apretujarlo bien fuerte.
El pobre hombrecito como puede, intenta quitarse de encima a su agresor. Saca fuerzas de donde bien puede, y le propina un cabezazo en las partes más íntimas de “pato”. Éste, de inmediato lo suelta y cae en el pasto y se retuerce de dolor, agarrándose sus entrepiernas. “Papá pitufo”, por su parte, da unos cuantos paso y se sienta sobre un pedrusco que se halla en el lugar, sin dejarse de sobarse el cuello e intentando llevar aíre a sus pulmones. Los dos se miran con rabia.
⸺Nada ganamos con matarnos entre nosotros. Mejor veamos cómo salimos de ésta—dice “papá pitufo” con la voz entrecortada y sin dejarse de acariciar el cuello.
⸺ ¡Estamos muertos y usted no se ha enterado enano!⸺responde “pato” quien sigue intentando sacarse el dolor de los testículos.
⸺ ¡Confiemos en Dios que encontraremos una salida!
⸺¡Que Dios no existe! ¡Entérate de una!—grita “pato” que al mismo tiempo se pone de pies, pero sin dejar de agarrarse los testículos.
⸺Yo sí creo en él, y ya verá como salimos de ésta. ¡Vamos que le invito una cerveza!
Y casi en contra de su voluntad, “pato” acepta la invitación de su compañero. Tuvieron que caminar mucho para llegar hasta la carretera principal, y tal como la otra vez, utilizan el truco del hombre con el niño, para que alguien los lleve hasta Medellín. Pero esta vez, no les da resultado.
Luego de un buen rato, ven venir hacia ellos una camioneta de lujo.
—Es el patrón que se ha arrepentido de dejarnos ir, y ha mandado por nosotros para ahora, sí, matarnos—y aunque esto lo dice “papá pitufo” los dos se ponen muy nerviosos.
—¿Será que corremos…enano?—sugiere “pato” mientras mira la parte boscosa del lugar y sin perder de vista el carro.
—Tampoco servirá de nada, una bala por la espalda nos alcanzará.
—Prefiero eso, que me corten en pedacitos con la motosierra—los dos tragan seco.
Cuando hacen el intento de correr para la parte del monte, ya no tienen tiempo, ya tienen la camioneta junto ellos. Muy asustados los dos e inmóviles, esperan cualquier resultado. El viento silva mientras hace danzar la vegetación, y ruido del motor del lujoso vehículo, casi que opaca el sonido de esa brisa. El vidrio oscuro del lado del conductor empieza a bajar.