El conductor del carro saca la cabeza—¡Hace rato yo, siendo ustedes, y con la sentencia de muerte del “tuto”, estuviera bien lejos! ¡Pero ustedes todavía dando papaya!—y sonríe, mientras observa a los condenados.
—¡Quibo, “pan de arroz”!—responde un tanto nervioso “pato”. Toma una espiga del monte y empieza mordisquearla para no parecer tan excitable— ¿Y eso cómo para dónde?—e intenta mirar para dentro del carro, y se da cuenta de que no hay nadie más—. ¿Y es qué va solo?—el conductor del vehículo asiente con la cabeza.
—Un recado al patrón…
—¿Y es que nos puede echar un aventoncito hasta Medellín?—interrumpe “papá pitufo” al tal “pan de arroz”.
—¡Oiga enano, casi no se le ve…casi que lo tapa el pasto!—se mofa primero alias “pan de arroz” quien ríe junto a “pato”. El ofendido les hace un corte de manga—. Donde el patrón se entere de que yo los he subido a la camioneta, me casca él mismo.
—Y es que no se tiene que enterrar, si solo va usted en el carro—agrega “pato”.
Lo piensa por unos largos segundos y decide llevar a sus excompañeros, pero antes intenta mirar hacia atrás— ¡Suban pues…voy a cumplirles un deseo a dos condenados a muerte—ríe el hombre.
—¡Muy graciosos parcero!—responde “papá pitufo” mientras intenta subir al carro. “Pato” al verlo que le cuesta tanto, lo ayuda.
“Pato” cierra la puerta y se dispone a sentarse al lado del conductor—¡No, parcero…vaya atrás con el enano! No ves que adelante lo pueden ver.
—Tiene razón “pan de arroz”. Usted sí le gusta la gasolina—y “papá pitufo” empieza a cantarle a su compañero la canción de Daddy Yankees—. Y a ella le gusta la gasolina, y a ella le gusta la gasolina, y a ella…—“pato” le hace caso al chofer y cierra la puerta del copiloto. Se viene para donde está su compañero, pero primero le da un cascudo y lo hace callar.
—Ustedes son la pareja perfecta—agrega “pan de arroz” quien de inmediato pone a rodar el vehículo, al tiempo que ríe—. Lástima que se vayan a morir tan pronto.
— ¡Ya deje usted de estar atormentándonos tanto!—le recrimina “pato”.
En menos de una hora, llegan a la ciudad.
—¿En dónde los dejo?—pregunta “pan de arroz” mientras sale de un trancón.
—¿Aún sigue en pie, la invitación?—pregunta “pato” a “papá pitufo”.
—¿Qué invitación?—responde con otra pregunta el hombrecito, mientras se come un moco que se ha sacado de la nariz.
—¡Oiga, usted sí es cochino!—lo increpa “pato” y le da otro cascudo—. ¿No dijo que me invitaba unas cervezas?
—¡Sí, es verdad!—y sonríe “papá pitufo”, mira a el chofer—. ¿Sí conoce el centro comercial que está en la calle Caracas?
—Sí, claro…—responde rápidamente alias “pan de arroz”, quien está a punto de salir del pequeño trancón—… ¿Allá quiere que los lleve?— “papá pitufo” responde sí, moviendo la cabeza.
—Ahí hay un barcito bien bacano…venga, tengo una idea—el chofer del vehículo se extraña un poco, y por eso ciñe el entre cejo—, ¿venga y se toma un par con nosotros?
—Gracias parcero, pero es que el encargo del patrón es para anteayer…
—Ese muñeco puede esperar—lo interrumpe “pato”—, cójale la caña a el enano, que es una vez al año que el man invita—ríe “pato” y también lo hace “pan de arroz”.
—No, a nadie voy a cascar…mejor dicho, les voy a ser sinceros…—el conductor vuelve a girar su cabeza—… en este Medellín hay muchos sapos, y no quiero que le vayan contando al patrón que estuve con ustedes. Él lo tomaría como una traición ¡Compréndanme! De todos modos, que las disfruten.
—Sí, lo comprendemos parcero—responde “papá pitufo” y ninguno de los dos insiste.
“Pan de arroz” por fin llega al destino que “papá pitufo” le dijo. Los dos se despiden de su excompañero de trabajo, y de inmediato entran en el centro comercial. Toman las escaleras eléctricas y se van al patio de comidas. Pero en vez de sentarse dentro del bar, lo hacen en las sillas que están afuera. A su mesa llega una hermosa camarera y antes de tomarles el pedido, les da la bienvenida. Los dos casi desnudan con la mirada a la chica, y es “papá pitufo” quien le pide dos cervezas, y algo de picar.
⸺Ese jefe nuestro si es malo, lo bien que no hemos portado y lo fiel que le hemos sido y no los paga de esta manera—es como rompe el hielo “papá pitufo”.
⸺Enano, te he dicho que en este negocio solo importa es el billete, y nosotros le hemos hecho perder muchísimo. ¡Mejor brindemos por esta vida de mierda!
Levantan sus cervezas y las chocan. Cada uno bebe un buen trago de la espumeante y amarga bebida.
⸺Yo todavía pienso que algún milagro ocurrirá⸺dice “papá pitufo”.
⸺Y yo le digo que los milagros, ni el que los hace exis…⸺pero algo que ve, enmudece a “pato”, y fija su mirada bastante atónito.
⸺¿Ese no es el “guanche?⸺dice emocionado y sorprendido el hombrecito. Pero lo dice casi susurrando.
⸺¡Sí, enano! ¡Vamos a escondernos que si nos ve nos mata! —también “pato” intenta hablar bajo.
⸺ ¡Nada de eso querido “patito”, ese es el milagro que estamos esperando! ¿No y qué Dios no existe?
Y ninguno de los dos le pierde paso al nuevo jefe del cartel de México.
⸺¿Usted piensa que yo me le voy a acercar?—y por un momento “pato” le quita ojo al “guanche” para mirar a los ojos a su amigo—. ¿Ya no se acuerda que estuvo deseoso de acabar con nosotros?⸺y vuelve a mirar para donde el narco mexicano y sus guarda espaldas.
⸺Sí, lo recuerdo… Pero es que ese man es nuestra única salida. Si logramos convencerlo de que haga negocios con el jefe, estamos salvados. Además, ese man me debe un favor.
⸺Le voy a reconocer algo. Aunque es un s******o, es una buena idea. ¿Cómo le hacemos? Ya casi que está junto a nosotros.
El sitio estaba bien concurrido por la clientela de centro comercial. Las personas entraban y salían de los diferentes locales comerciales, algunos por pura curiosidad, otros comprando y los guardias de seguridad haciendo sus rondas, igual caso en el patio de comidas. En esas, “papá pitufo” y “pato” dispuestos a jugarse su última carta, se levantan de sus sillas y se van directo hacia el “guanche”. El nuevo jefe del cartel de México al verlos se sorprende mucho, tanto, que estuvo a punto de sacar su arma. Igual reacción tuvieron sus guarda espaldas. El “guanche” al ver que no portan armas, les pide a sus hombres que se tranquilicen. Algunos curiosos observan intrigados. Por eso el mexicano sabe que debe ser prudente.
⸺¡Ustedes sí que están locos! ¡Venir ante mí es de suicidas! Les voy a dar dos minutos para que me digan ¿por qué no los debo matar?
Los curiosos pierden interés por el asunto y siguen a lo suyo. Algunos de los guardias de seguridad del sitio intuyen que aquellas personas son de dudosa reputación, pero no se atreven a averiguar más de lo necesario. Cómo van a empezar, ninguno de los dos sabe. Pero “papá pitufo” se arma de valor y se para frente al “guanche” y sin tartamudear, empieza a hablarle; tal vez porque sabe que a lo mejor no tiene nada que perder, y todo que ganar.
⸺¿Quiere hacer usted negocios con mi jefe?⸺y mira a su interlocutor directo a los ojos y sonriendo.
Alias “guanche” mira a los dos y ríe. También mira para varias partes del patio de comida del centro comercial, sin dejar de reír.
⸺ ¡Soy nuevo cliente de su jefe! Hace unos minutos hablamos, y esta misma tarde nos reuniremos para ultimar detalles⸺vuelve a mirar para todos lados⸺. ¿Y yo por qué les estoy dando explicaciones a ustedes? ¡Desaparezcan de mi vista! No los voy a matar, porque estoy súper contento por el trato que acabo de cerrar hoy. Pero les juro qué si los vuelvo a ver, lo hago yo mismo sin vacilar. ¡Largo, largo!
“Papá pitufo” y “pato” se quedan de piedra al escuchar estas palabras, por un momento son ajenos a lo que pasa a sus alrededores, tanto así, que ni cuenta se dan que el “guanche” se ha marchado. Entran al bar y pagan las dos cervezas que no se terminaron de beber. De la misma manera abandonan el centro comercial. Solo se cercioran de que “guanche” no esté cerca.
⸺Le dije que Dios no existe enano…⸺dice “pato” una vez que están en la calle.
Los dos siguen caminando, y solo se detienen en un quiosco y compran un par de cigarrillos.
⸺ ¡Estamos jodidos mi hermano! Mejor me voy a casa para estar las últimas horas con los míos⸺dice “papá pitufo” y recibe uno de los cigarros y empieza a fumar.
⸺Tienes toda la razón⸺y “pato” le pega también una buena calada a su tabaco⸺. ¿Dónde nos vemos mañana para ir juntos a nuestro destino?
⸺Yo le llamo⸺responde muy acongojado “papá pitufo”. Pero por ahí mismo se le vuelve a prender el bombillo⸺. ¡Tengo otra idea parce!
⸺ ¿A ver cuál es su desfachatez ahora?⸺pregunta “pato” mientras juega a hacer figuras con el humo que sale de su boca.
Caminan unos metros más, y se detienen en una esquina a seguir conversando. Por el lugar no pasa nadie, solo un vagabundo perro que busca algo de comer. El hombrecito mira al chucho muy triste, de ver que el pobre animalito está casi en los huesos y hambriento.
—¡Espere un momento parcero!—dice “papá pitufo” y se aleja con mucha prisa de su compañero.
—¿¡Oiga!?, ¿a dónde va?—pregunta intrigado “pato”.
—¡Ya regreso… no deje que el perrito se vaya!— “pato” le quita la vista a su compañero y mira al perro.
“Papá pitufo” vuelve al quiosco donde compraron los cigarrillos y pide un par de panes. Mete su mano en el bolsillo y saca unas monedas, las cuenta y paga el producto adquirido. De inmediato regresa a donde se encuentra su amigo. Pero el perro se ha alejado unos metros, y empieza a llamarlo mostrándole un pedazo de pan, todo esto bajo la atenta mirada de “pato”. Por suerte, logra llamar la atención del chucho, que cautelosamente, se acerca hasta él.
“Papá pitufo” le arroja el primer cacho de pan, y el can no duda en devorarlo.
—¡Tiene hambre el pobre!—dice “pato” quien mira con un tanto de empatía a “papá pitufo”.
—¡Pobres animalitos, como los abandonan!
—Oiga, a usted si le gustan los perros—“papá pitufo” asiente con la cabeza—. Es por eso que Diablo y Satanás lo adoran.
Por un momento “papá pitufo” levanta su cabeza—. Ese jefe nuestro es tan cruel, que venirle a ponerle esos nombres a esos pobre animalitos—“pato” ríe—. ¿¡A usted también le parece gracioso!?
—Termine de alimentar al perrito y me sigue contando de su nueva idea.
—¿Dónde conseguiremos un recipiente para colocarle agua?
“Papá pitufo” le arroja el último pedazo de pan, y recorre los alrededores del lugar para ver si encuentra donde echarle agua al perro.