Capítulo 3

2031 Words
Narra Meik Cuando Artur salió del cuarto para ir con su madre, aproveché para comenzar a prepararme. Me di una ducha rápida. Luego, salí del baño con solo una toalla amarrada en la cintura. En el pasillo me topé con Artur, quien había vuelto al cuarto ya arreglado totalmente entretenido con una corbata que no podía anudar. —No creí que vendrías tan pronto. Asintió aun batallando con su corbata. Sonreí observando lo lindo que se veía, pero no me detuve mucho tiempo, tomé mi ropa y volví a meterme al baño. Me cambié rápidamente y volví a salir. Me paré frente al espejo que se encontraba sobre un pequeño tocador, arreglé un poco mi camisa y por último mi corbata. Una vez que terminé me giré hacía mi pequeño compañero de cuarto y solté una carcajada al verlo aún en su situación con la corbata. —Ven aquí, eso te tomará años si sigues así. Artur se acercó a mí, deshice el nudo que tenía, lo anudé nuevamente, por último lo ajusté y acomodé el cuello de su camisa. —Ahora está mejor —le sonreí—. Te ves realmente apuesto —acomodé su cabello mientras hablaba, sus mejillas se tornaron rojas lentamente. —G-gracias —desvió la mirada—. U-usted también se ve muy apuesto —sonreí mientras terminaba de acomodar su cabello con cuidado. —Estás listo, pequeño —él asintió apartándose un poco de mí, volviéndose a sentar en la cama. Volví a mirarme al espejo y arreglé mi saco una vez más. —Se ve bien así —escuché su voz de fondo, sonreí mirándolo a través del espejo. Por alguna razón, veía a Artur de una forma distinta a la que debería. No lo veía como a ese niño que debo proteger solo porque es el hijo de mi superior, sino que lo veía con un especial cariño. —Gracias —fue todo lo que pude soltar, él me devolvió la sonrisa. Miré mi reloj, era hora de que me fuera. Los suboficiales teníamos que hacer algunos arreglos y acomodar las cosas, ya que no había soldados de rangos menores. Tomé la llave del cuarto y se las entregué a Artur. —Por si estás cansado y quieres volver temprano —asintió, salí del cuarto y, antes de que pudiera cerrarla Artur la detuvo. —¿Puedo ir con usted? Me quedaré aquí solo y ya sabe que con mis padres no puedo ir, a mi padre le molesta tenerme cerca en estas circunstancias. Titubeé unos instantes; no sé cómo se pueda tomar Henlein el hecho de que me lleve a su hijo a organizar cosas. —Por favor —solté un suspiro y asentí dejándolo salir. Luego de largas horas acomodando algunas cosas, los altos rangos se hicieron presentes con sus familias en la sala. Artur se dirigió con sus padres mientras se ordenaban lentamente en la mesa. Como sabíamos desde un inicio, el Führer se sentó en la cabecilla de la mesa que ocupábamos todos. Poco después de la cena y los informes sobre el frente de batalla, enviaron a las mujeres junto a sus hijos a otro sitio mientras nosotros nos quedábamos ahí. La reuniones de este tipo siempre son aburridas, el Führer se centró en los rangos mayores, dejándonos al resto en un lugar a parte encargados de las cuestiones administrativas de los campos de concentración y trabajo. La Gala terminó cerca de las cuatro de la mañana, estaba realmente cansado y aún más sabiendo que saldremos temprano en la mañana para volver a Weimar. Volví a mi habitación, entré con sumo cuidado para no despertar a Artur. Tomé mi pijama, me metí en el baño y me cambié rápidamente para no tener que seguir molestando al niño. —Señor Fellner —escuché una voz somnolienta cuando salí del baño, levanté la vista encontrándome con Artur sentado contra el respaldo de la cama restregándose los ojos. —¿Te desperté? —me acerqué a él, Artur negó con la cabeza dirigiéndome la mirada, me senté al borde de la cama—. ¿Qué sucede? Tienes que dormir, saldremos temprano en la mañana —él asintió a duras penas para luego inclinarse un poco hacia adelante—. ¿Artur? —dije percatándome que se estaba quedando dormido nuevamente. Lo tomé de los hombros, lo acosté de nuevo y lo arropé. —S-señor Fellner... —dijo con voz temblorosa y somnolienta—. ¿L-le molestaría dormir conmigo esta noche? —dude unos instantes. ¿Y si sus padres nos ven durmiendo juntos? Dudaba que les gustara la idea de que un adulto que apenas conocían estuviera durmiendo en la misma cama que su hijo. Sin embargo, permitían que duerma en la misma habitación que yo—. P-por favor —solté un pequeño suspiro y me acosté junto a él, no tardó nada en acurrucarse contra mí y quedarse dormido. Me quedé un rato mirándolo dormir, observando su lindo rostro. Artur era un niño realmente lindo. No debería estar pensando de esta manera, pero era inevitable teniéndolo así delante mio. Besé suavemente su frente y lo rodeé con mis brazos. Desperté queriendo tirar mi despertador por la ventana. A pesar de mi entrenamiento, anoche me había dormido demasiado tarde solo por quedarme mirando a Artur y no tenía ganas de levantarme. Sentí al niño moverse un poco entre mis brazos, luego se giró y se abrazó a mí, prácticamente hundiendo su cara en mi pecho. Abrí los ojos con pesadez, solté un bostezo y aparté a Artur con cuidado. Me levanté con pereza y apagué mi despertador. De verdad no tenía ganas de levantarme, pero seguramente pronto Henlein querrá que bajemos a desayunar. Tomé lo necesario para higienizarme y mi ropa y entré al baño para alistarme. Un par de minutos después salí, encontrándome con Artur aún acostado. Guardé mis cosas en mi bolso y me acerqué a él. —Artur, es hora de levantarse —lo sacudí un poco, él solo apartó mi mano y me dio la espalda, no pude hacer otra cosa que sonreír al ver lo lindo que se veía—. Artur, ya es hora, tu padre se enfadará si no te levantas pronto —dije sentándome al borde de la cama. —Sí... —dijo con voz somnolienta girándose nuevamente hacia mí. Abrió los ojos pesadamente y me miró—. ¿Me deja dormir un poco más? —sonreí comenzando a acariciar su cabello. —Lo siento, pero tu padre seguramente vendrá a tocar la puerta si no nos ve desayunando y se enfadará bastante contigo —bajé mi mano a su mejilla—. Levántate, ¿sí? podrás dormir en el camino de vuelta. Soltó un suspiro, cerró los ojos unos segundos y, luego, se sentó. Me dedicó una mirada adormilada haciéndome sonreír como idiota al instante, desvié la mirada para que no viese la cara de idiota que debía tener. —Aún tengo sueño —dicho esto sentí su peso contra mi espalda, soltó un bostezo y se abrazó a mi cintura—. Es muy cómodo, señor Fellner. Miré sus pequeñas manos sintiendo ternura, posé mi mano sobre una de ellas, sentí un respingo por su parte, pero no se apartó de mí, ni apartó su mano de la mía, solo la dejó allí. Me sentía extraño, comenzaba a sentirme realmente atraído por él. Era un niño realmente lindo y cariñoso, más de lo que habría imaginado. Pegué un pequeño salto cuando escuché unos toques en la puerta, Artur se separó rápidamente, se levantó y se dirigió al baño. Me acerqué a la puerta y la abrí, del otro lado se encontraba Amelie, ella me dedicó una sonrisa ni bien me vio. —Buenos días, señor Fellner, lamento molestarlo, pero quería ver si Artur ya se había levantado —intentó mirar hacia el interior de la habitación, me aparté un poco de la puerta para que viera mejor. —Artur se está preparando para bajar a desayunar, no creo que tarde mucho. Al instante el niño salió del baño, miró a su madre para acto seguido saludarla con la mano. —Bien, ya que estás listo, vamos a desayunar —Artur desvió su mirada hacia mí y luego hacia su madre de nuevo—. Tu padre nos espera —soltó un suspiro asintiendo, guardó sus cosas y se acercó a su madre—. Bien, vamos. Ambos salieron de la habitación dejándome allí solo. Inspeccioné la habitación, Artur había dejado algunas de sus cosas tiradas, comencé a juntarlas y a guardarlas en su bolso. Una vez hecho esto, y que dejé el cuarto algo ordenado, salí para dirigirme con Henlein y su familia. Tanto él como su esposa me estaban esperando para desayunar, mientras que Artur ya se encontraba desayunando. —Buenos días, Fellner. Siéntate con nosotros —dijo Henlein de manera autoritaria como de costumbre. Asentí sentándome en la mesa, dándole paso al general para que pidiera nuestros desayunos. ------------------------------------------------------------- Ayudé a guardar el equipaje de Henlein y su esposa en el auto que ocuparía el matrimonio. Luego me dirigí con Artur, él me miró como preguntándome si podía subir, yo solo asentí abriéndole la puerta. Una vez que puse nuestros bolsos en el baúl del auto, me subí con él. Ni bien emprendimos camino, Artur se recostó en mi hombro, me volví hacia él logrando cruzar nuestras miradas, le dediqué una pequeña sonrisa que escapó de mi control provocando que un pequeño sonrojo apareciera en sus mejillas, él, al contrario de lo habitual, no desvió la mirada, sino que la mantuvo fija en mí. Correspondió a mi sonrisa, se tomó de mi brazo y se acurrucó contra mí. Hice que me soltase, recibiendo por su parte una mirada extrañada, pero la cambió por una vergonzosa cuando crucé mi brazo alrededor de sus hombros acercándolo más. —Puedes recostarte contra mi pecho, Artur —no recibí respuesta, solo sentí como me abrazaba a mi recostando su cabeza en mi pecho. Me limité a acariciar su cabello. Esto estaba realmente mal. Estaba seguro que su padre me mandaría a fusilar si nos viera de esta manera, pero, para mi suerte, él no nos puede ver ahora. No sé en qué momento me había quedado dormido, desperté cuando el chofer me habló avisándonos que no faltaba más de media hora para llegar. Restregué mis ojos y bajé la vista al pequeño que me usaba de almohada, él aún se encontraba dormido plácidamente en mi pecho. Parecía que estaba algo más cómodo, dado que había colocado una de sus piernas sobre las mías. Prácticamente se había acomodado completamente sobre mí. —Artur —lo moví un poco consiguiendo que se volviera a acomodar, subiendo una de sus manos hasta mi cuello, del cual se tomó—. Artur, pequeño, ya casi llegamos —lo volvía a sacudir ligeramente, él se quejó un poco, aferrándose suavemente a mi cuello—. Artur —lo volví a nombrar consiguiendo que abriese los ojos por fin, me miró somnoliento, luego se separó de mi sentándose a mi lado. —¿He dormido mucho? —preguntó soltando un bostezo, asentí—. Ya veo... —Parece que estabas cansado. —¿Lo incomodé todo este tiempo? Se volvió hacia mí, negué rápidamente con la cabeza dedicándole una pequeña sonrisa. Un silencio se formó entre nosotros, ninguno parecía saber que decir así que nos limitamos a mirar por nuestras respectivas ventanillas. Lo miré de reojo notando que seguía bastante cerca mío. Volví a mirar por la ventanilla por un corto tiempo. Realmente no podía dejar de mirarlo. Solté un suspiro echando un pequeño vistazo hacia sus manos, una de ellas se encontraba cerca de mi pierna, aprovechando esto, acerqué mi mano lentamente a la suya. Sentí que pegaba un respingo cuando al fin logré rozar su mano, pero no la apartó. —Esto se me está yendo de las manoslentamente —pensé una vez que tomé su mano. Lo miré con una pequeña sonrisaque no pude reprimir al ver aquel sonrojo que se formaba en sus mejillas y que intentaba disimular sin ningún éxito.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD