Muy bien, lo había hecho, se había arriesgado y había aceptado el trabajo sin entender del todo lo que le esperaba, pero ¿Qué podía ser más arriesgado que pasar necesidad?
Lo primero que Sofía hizo, fue agradecer al cielo con las lágrimas en la punta de los ojos, ya lo había confirmado, esto definitivamente era un milagro.
Luego, lo segundo más importante por lo que había aceptado el trabajo, fue a comprar las medicinas de su madre.
— Sofía… — Susurró Salomé impresionada. — ¿Cómo fue que lo hiciste? ¿No eran muy costosas?
— Tu tranquila, mamá… Te dije que lo resolvería, ¿No es así? — Comentó Sofía saliendo rápido de la habitación para no dar muchos detalles.
Y lo tercero, fue salir al día siguiente a comprar algo de ropa, zapatos accesorios y cambiar su aspecto.
Aunque era muy intimidante.
Sí, Sofía tenía una tarjeta negra con la libertad de usarla para lo que quisiera, pero eso no significaba que quisiera usarla.
Ella caminaba por la zona comercial más cara de la ciudad, todo era limpio, todo era hermoso, todo brillaba, Sofía veía pasar a esas mujeres perfectas con ropa de marca.
Mientras que ella se miraba en los cristales exteriores de las tiendas, con su vestido desgastado de segunda mano y sus zapatos algo roídos.
Luego de pensarlo mucho, respirar profundo, entró en una de esas lujosas tiendas.
— Lo siento señorita, aquí no estamos solicitando empleadas… — Una dependienta la detuvo apenas la vio entrar.
— ¿Qué? No…
— Tampoco damos limosnas… — Insistió la mujer señalando la puerta de salida.
— ¡Señorita! — Sofía se plantó con más seguridad. — No vine por nada de eso, vine para comprar…
— ¿Qué? — Está vez la vendedora fue la que se quedó estática y miró a Sofía de arriba para abajo.
Sofía lo entendía, no era creíble, solo su aspecto lo decía, así que no se iba a poner a discutir, solo abrió su pequeña carrera y sacó la mejor arma que traía, la tarjeta negra que Mateo le había entregado.
Y al instante la vendedora se quedó sin aliento.
— Eh… Lo… Lo siento mucho, señorita. — La vendedora se inclinó ligeramente hacia adelante como señal de arrepentimiento. — Pase por favor, pase adelante… ¿Qué busca? ¿En qué le podemos ayudar?
Sofía siguió agarrando más seguridad y comenzó a caminar por la tienda, mirando por los alrededores.
— Necesito un vestido… Es para… — Sofía lo pensó por un momento, ¿Cómo lo decía? — Una cena familiar… Conoceré a la familia de mi novio…
— Oh… Entonces necesita algo impactante… — La vendedora se quedó pensativa por un rato, mirando a Sofía. — Podemos empezar por una faja, si le parece…
Un pequeño pinchazo de incomodidad se instaló en el interior de Sofía ante ese comentario de la vendedora, pero… Ella tenía razón, ¿Para qué negarlo? Debía impactar y con su figura natural, no lo iba a hacer.
Sofía no era como las mujeres de esa tienda, ni de ese mundo, perfectas, así que necesitaba una ayudadita, un empujoncito para verse como Mateo esperaba que se viera.
Después de un par de horas probándose fajas, vestidos, tacones, bolsos, accesorios y hasta ropa interior sensual, que las vendedoras dijeron que no podía faltar para finalizar perfecta la velada con su novio, Sofía estuvo lista para pagar.
Así que mientras la vendedora empaca todo, Sofía entrega su elegante tarjeta negra a la cajera, quien de inmediato, se quedó estática al recibir la tarjeta y leer el nombre grabado en el dorso.
— ¿Hay algún problema? — Sofía arrugó el entrecejo al ver qué la cajera le susurraba algo a la vendedora.
— Señorita… — Respondió la cajera.
— ¿Sí?
— Usted dijo que venía a comprar ropa para presentarse con la familia de su novio, ¿Él fue quien le dio la tarjeta? — Preguntó la vendedora empezando a ver a Sofía con sospecha.
— Eh… Sí.
— Señorita… — Está vez fue la cajera la que intervino. — Está tarjeta está grabada con el nombre del señor Mateo Villanueva… ¿Está usted diciendo que el hombre más rico e influyente de la ciudad es su novio?
— Eh… — Sofía dudó por un momento, diciéndolo así, por supuesto que sonaba imposible, pero… — Sí.
— Si tiene algo que decir, la verdad sobre esa tarjeta, es mejor que lo diga de una vez, así tendrá menos problemas… — La vendedora se cruzó de brazos al tiempo que un vigilante se acercaba hacia Sofía.
¿Por qué todos los vigilantes iban por ella? ¿Acaso tenía cara de criminal? ¿O era un delito lucir gordita y humilde?
— No, no tengo nada que decir, es la verdad, Mateo fue quien me dio esa tarjera…
— Llamaré a la atención al cliente del banco… — Gruñó la cajera marcando al banco.
— Si usted robó esa tarjeta, es mejor que lo diga de una vez y nosotros le diremos a los policías que cooperó… — Comenzó a susurrarle la vendedora a Sofía, como si le estuviera haciendo un favor.
— ¡No robe nada! — Voceo Sofía comenzando a irritarse, aunque al mismo tiempo, comenzaba a ponerse bastante nerviosa.
¿Y si esto era una trampa como en las novelas?… «Ay Sofía, no seas tonta, ¿Qué te van a hacer? ¿A qué le tienes miedo?» Se respondió a su misma mentalmente.
— ¿Saben qué? — Sofía sacó su teléfono del bolso. — Voy a llamar yo misma a Mateo para que se los confirme…
— ¿Qué? Ja, ja, ja. — La vendedora levantó una ceja con escepticismo. — ¿Esperas que creamos que de verdad tienes su número? ¿Podría ser cualquier idiota que se haga pasar por él?
— Pero… — Sofía apretó el teléfono en su mano. — ¿Por qué no pueden creerme…?
— Sin ofender, querida… — La vendedora miró a Sofía de arriba para abajo, como muchas otras personas lo habían hecho antes, de una forma despectiva. — Pero todo el mundo en la ciudad, conoce la fama y los gustos del señor Mateo Villanueva y tú… No encajas para nada.
Sofía sentía que todo por dentro se le quemaba, la rabia y la indignación, aunque en el fondo, también sabía que eso era cierto, ¿Cómo un hombre como Mateo, podría fijarse en una mujer como ella?
Una vez más Sofía se miró a través del cristal de la tienda, ella no era perfecta como las mujeres que podían estar con un hombre como Mateo.
Y recordó todo lo que le dijo su exnovio, Rodrigo, «Tienes suerte de que un hombre como yo, esté con una mujer como tú… Deberías estar orgullosa y agradecida en vez de quejarte de mí”
Sofía se limpió rápidamente una lágrima que se le escapó, antes de que alguien la viera y de inmediato marcó el número de Mateo.
Lo marcó.
Lo marcó de nuevo.
Pero él no contestó.
— Ja, ja, ja, pero es que ni el imitador le funcionó. — Se burló la vendedora.
— Parece que del banco no tienen información… — Intervino la cajera todavía con el teléfono en la mano. — Me contactaré directamente con la empresa Villanueva…
Pasaron varios minutos en lo que la cajera fue pasada de línea en línea, hasta que por fin, la voz gruesa de un hombre resonó en el altavoz.
— Señor Villanueva, lo llamamos de la tienda xxx, lamentamos mucho tener que molestarlo, pero es que aquí tenemos una mujer que ha tomado su tarjeta y…
— Sí, ¿Y qué? — La interrumpió Mateo con frialdad.
— Es que… — La cajera tragó grueso. Todos los presentes, la vendedora, el vigilante y algunos clientes cercanos se miraron. — Es que…
— ¡¿Hay acaso algún problema con la tarjeta de mi mujer?! — Rugió Mateo haciendo eco en toda la tienda. — ¡¿O es que necesita que llame directamente al director del banco para que le explique quién tiene permiso de usarla?!
Los ojos de todos se abrieron de par en par al tiempo que la misma Sofía abrió la boca de la impresión, ¿Su mujer? ¿Él había dicho: su mujer? El corazón le dio un pequeño salto.
— No, yo… — La voz de la cajera se quebró.
— ¡Páseme a Sofía! — Ordenó Mateo desde el teléfono.
— Si… Sí, señor… — La mujer le hizo señas a Sofía para que se acercara.
— ¿Mateo? — Sofía tragó grueso sintiendo el corazón alterado, aunque aún no sabía muy bien por qué, ¿Por los gritos de Mateo? ¿Por la rabia con las vendedoras?
— Cielo… — Mateo bajó el tono ligeramente, aunque su voz seguía sonando gruesa y rasposa. — Lamento no haberte contestado el teléfono, estaba en una junta…
— Yo… Eh… Claro, entiendo. — Soltó Sofía sintiendo que perdía el aliento.
— No sé qué haces en ese cuchitril de tienda, te voy a mandar al chófer de inmediato para que te lleve a las mejores boutiques. — Concluyó Mateo, dejando a Sofía perpleja.
Ella miró alrededor, todo se veía de ultralujo y costosísimo, ¿Esto era un cuchitril de tienda para Mateo?
— Claro, gracias. — Sofía tomó la tarjeta del mostrador y se apartó.
— Señor Villanueva, por favor, lo lamento mucho, perdónenos, no teníamos ni idea… — Comenzó a suplicar la cajera, cuando se escuchó un pitido al otro lado de la línea, Mateo ya había colgado.
Sofía caminó hacia la salida, todos los ojos estaban sobre ella, pero está vez no era con miradas despectivas o llenas de recelos, sino de ojos impresionados.
Todos la miraban diferente, como si ella ahora fuera algo superior y murmuraban.
— Viéndola bien, si es bonita…
— ¿Cómo hizo para conquistar a un hombre como Mateo?
— Yo quiero ser ella… — Dijo una chica.
— ¡Yo también quiero vivir ese sueño, Sr. Pool! — Comentó otra mujer.
Sofía salió sintiendo un aire tan diferente en ella, por una pinche vez en su vida, fue la causa de envidia de mujeres perfectas y eso se sintió tan bien.
Y entonces, se miró una vez más en el cristal de la tienda detallando su reflejo, por un momento, algunos extraños se habían creído eso.
Pero la familia de Mateo lo conocía mejor que ellos, ¿y sí Sofía no era suficiente para convencerlos?
Al poco tiempo el chófer de Mateo llegó a la puerta de la tienda y en el asiento trasero del auto, Sofía encontró un sobre con una nota escrita a mano que decía: “Mañana paso por ti a las siete. No tardes. Mateo”
Era simple y con una escritura perfecta.
— Mañana… — Susurró Sofía, pensativa, mirando por el cristal del lujoso auto, al tiempo que ese pequeño susto se hacía más fuerte en su pecho.