Desayuno, cuando su rostro sonriente se pone enfrente mío. - ¿Y....? - dice alegre. - Y, ¿qué? - digo brusco. Odio la gente alegre y que encima te jode tan temprano. - Lo siento, esperaría a que se te pase tu mal humor matutino, pero es que me puede la intriga - Estoy aquí, no es un asesino en serie. Así que es todo lo que necesitas saber. - digo. - Ay Gabe... - se queja. - Por fa... - agrega suplicante. Suspiro. - Fuimos al restaurante de su familia. - ¿Conociste a su familia? - pregunta. - Algo así, pero no directamente. - Ósea, no formalmente. - dice pícaro. - No hay nada que formalizar. - digo. - Ahora, si no te molesta, ¿podrías dejarme en paz con mis pensamientos? Lo necesito para estar de buenas. - ¿A eso le llamas estar de buenas? - Si. Te ase

