Alexis
Durante la semana siguiente los días parecen pasar con más lentitud. Acompaño a Octavia a la parada de autobús cada mañana y constantemente le envío mensajes para saber dónde está y con quién. No intento asfixiarla ni ser paranoica pero la camioneta negra con vidrios polarizados fuera de mi edificio tampoco es que me permita tomarme las cosas con tanta calma.
Estar a la espera de la reaparición de Bastian para cuando finalmente me diga qué tengo que hacer me tiene decidiendo internamente si es mejor aún no saberlo o si prefiero que me lo diga de una vez para poder dormir en paz y dejar de torturarme pensando qué sería capaz de pedirme.
Unos días después de la muerte de Jameson nos avisan que el bar volverá a abrir. Si antes no podía renunciar, ahora menos puedo abandonar mi trabajo en ese mugriento sitio. Respecto a la muerte de Jameson ninguna dijo nada, pero en el fondo sé que a nadie realmente le importa, el bastardo se ganó nuestro odio por su forma de tratarnos pero cuando las chicas se enteraron que nos espiaba en los vestidores como un maldito degenerado fué motivo suficiente para despreciarlo.
—Alex —Octavia llamándome y chasqueando sus dedos frente a mi rostro me saca de mis pensamientos.
Le doy una mirada antes de comenzar a servir el desayuno, —¿Sí?
—¿Estás bien?
Le sonrío de forma tranquilizadora, —Por supuesto —. Doy un asentimiento en dirección a la mesa—. Siéntate que se hará tarde.
Ambas desayunamos en silencio hasta que Octavia comenta, —Olvidé decirte que estoy buscando empleo —la sorpresa me invade y cuando voy a decir algo ella me interrumpe apuntandome con su tenedor—. Y antes de que te niegues, piénsalo. No serán muchas horas y así podemos dividirnos los gastos y te evitas trabajar de noche.
Sus palabras me hacen sonreír, —Entiendo lo que quieres hacer, Vee, pero ni pensarlo —su expresión de ilusión se desploma con mis palabras y suelta un quejido—. Tú sólo debes preocuparte por estudiar y graduarte con la nota suficiente para entrar a la universidad. No quiero que estés cansada o afecte a tu rendimiento —. Me levanto recogiendo los platos y llevándolos al fregadero, cuando ella abre su boca con la intención de replicar la interrumpo—. La discusión se termina aquí.
Octavia se cruza de brazos, —No me dejaste argumentar mi posición, no fue una discusión.
—No quieres que lo sea, Vee —apoyo mis manos en mi cadera—. Ve por tus cosas, anda.
—La discusión no termina aquí —advierte mientras va en busca de su bolso.
—Sí.
—No —replica cuando aparece en la sala.
—Sí —abro la puerta y tomo las llaves. Octavia se cruza de brazos y no puedo evitar reír—. Mueve el trasero, niña, vamos.
Rueda sus ojos ámbar y pellizco con suavidad su mejilla haciéndola sonreír. Salimos y finalmente nos encontramos dirigiéndonos a la parada de autobús.
━━━━━━━━━━━━━━━━━
Cuando regreso al edificio me encargo de limpiarlo de arriba a abajo pero es solo una excusa para distraerme y matar las horas que faltan para que mi turno comience esta noche.
Cuando llevo la ropa a lavar me quedo un instante viendo la bolsa con dinero y finalmente decido meterla bajo la cama, cuando vuelva a ver a Bastian se la entregaré y así ya no tendré nada más que ver con él o sus peligrosos negocios.
No me doy cuenta el momento en que caigo dormida hasta que unos ruidos en la cocina me despiertan y abro mis ojos de golpe, pero al percibir el aroma a comida me relajo. Froto mi rostro mientras me reprocho el haberme quedado dormida y que Octavia tuviera que venir sola.
Me levanto del sofá y cuando voy a la cocina veo a mi hermana de espaldas revolviendo algo en una sartén con dos platos a su lado, ella me ve y me sonríe.
—Despertaste. Siéntate, preparé la cena.
—Ya veo, huele delicioso —le digo y me acerco a una de las repisas a tomar dos vasos antes de sentarme en la mesa, ella sirve y cenamos mientras me cuenta las cosas que hizo en el día.
Por suerte no saca el tema de buscar empleo porque sé que argumentará hasta intentar convencerme pero eso es algo que no voy a permitir, no ahora por lo menos. No me importa tomar doble turno mientras ella pueda seguir dando el cien por ciento en el instituto para que su historial le pueda conseguir una beca en una buena universidad para que pueda estudiar diseño de modas como tanto le apasiona y para lo que tiene un verdadero talento.
Cuando terminamos me ocupo de lavar todo y dejar la cocina impecable antes de marcharme. Cuando tengo todo listo y voy a la pequeña sala veo a Octavia preparándose para ver una película.
—¿Ya te vas? —Asiento en respuesta y veo la desilusión en su rostro.
—Cierra con llave y no le abras a nadie —ella asiente y verdaderamente no quiero dejarla sola aquí pero no hay otra cosa que pueda hacer. Me acerco a dejar un beso en su frente—. Mantén tu móvil con carga y avíseme cuando te vayas a dormir, ¿sí?
—Entiendo.
—Mañana compraré palomitas y veremos El diablo viste a la moda, ¿te parece? —Ella inmediatamente sonríe ante la mención de su película favorita y asiente con otro humor que mejora el mío.
Me despido de ella y abandono el edificio dándole una mirada a la camioneta aparcada en la calle de enfrente, mientras me encamino hacia la parada de autobús.
━━━━━━━━━━━━━━━━━
El bar está atestado de gente y por suerte comparto turno con Tania además de otra chica llamada Laila. Las tres vamos como locas de un lado a otro entre el tumulto de hombres que se enloquecen por la chica bailando en el pequeño escenario del lugar, un espectáculo que solo ocurre algunas veces a la semana, aunque también pueden pagarse bailes privados.
Me tomo un momento de descanso en la barra, apoyo mis codos en la madera vieja y algo húmeda por los tragos caídos y deslizo mis dedos entre los mechones de mi cabello, cerrando mis ojos un instante.
—Alexis.
Mi paz no dura mucho.
—El jefe te busca —avisa Frank y abro mis ojos para verlo.
—¿Por qué? —mi ceño se frunce— ¿Quién es el nuevo jefe?
━━━━━━━━━━━━━━━━━
—Buenas noches, ladrona.
Es él.
Bastian es mi nuevo jefe.
Cambió algunas cosas en la oficina, —si así se le puede llamar—, de Jameson. Como por ejemplo en lugar del viejo escritorio ahora hay uno nuevo de madera pulida, detrás del cual está sentado el pelinegro en una pose relajada pero sin perder ese aura intimidante por su altura y su mirada penetrante.
—¿Me buscabas?
Bastian me da una ligera sonrísa y se ve muy atractivo, peligroso, pero atractivo al fin y al cabo, —Directo al punto.
—¿Vas a decirme de una vez lo que debo hacer? —sueno impaciente pero a él parece no importarle.
Señala uno de los asientos frente a él, —Siéntate —ordena y lo hago.
Entonces arrastra una fotografía por la madera y la tomo, es de un hombre que desconozco estando a punto de subir a un vehículo, está sacada como si hubieran estado espiandolo.
—Este hombre se llama Ronald Whitmore, es dueño de un territorio que llevo tiempo queriendo tener para mí, pero si lo ataco directamente se desatará una guerra —explica—. Entonces me puse a pensar en una forma menos costosa y tediosa de conseguirlo.
Enarco una ceja, —¿Qué tengo que ver yo en esto?
No responde a mi pregunta directamente, —Ronald tiene un club al que asiste prácticamente todas las noches, las mujeres son su debilidad y allí hay de sobra —. Se inclina en el escritorio, enlazando sus dedos—. Tú serás mi caballo de troya. Vas a infiltrarte allí, deberás llamar su atención y llevarlo a una de las habitaciones para bailes privados en el club.
Tengo una idea de por dónde está yendo, pero aún así pregunto, —¿Qué debo hacer con él?
—¿Acaso no escuchaste?
—Escuché, pero si hay algo entre líneas que no me estás diciendo me gustaría saberlo ahora —me cruzo de brazos y él recuesta su espalda en el asiento.
—¿Por qué? ¿qué cambiaría eso?
—Porque no voy a acostarme con ese tipo, no soy una prostituta y no voy a dejar que me toque solo…
—Para sobrevivir —me interrumpe él, viendose serio e intimidante—. No sé si recuerdas que de esto depende tu vida y la de tu hermana, no estás en posición para negarte a nada que te pida.
—No voy a acostarme con él —repito con la mandibula tensa—. Tengo tu dinero, te lo daré todo, no toqué nada. Luego me iré, desapareceré, por favor…
Él pone sus ojos en blanco con fastidio y me ignora totalmente, se levanta de su asiento y por un instante me tenso cuando lo veo sosteniendo algo en su mano, pero me tranquilizo cuando veo que es un móvil, el cual deja sobre el escritorio.
—Con esto me avisarás una vez que esté contigo. Mis hombres y yo entraremos y me encargaré del resto.
Suspiro. No hay forma de que consiga nada. Paga por tus errores e imprudencias, Alexis.
—¿Y cómo se supone que haré eso? —pregunto finalmente, sintiendome derrotada—. Si hay mujeres de sobra, ¿qué te asegura que va a irse conmigo?
Bastian se encoge de hombros, desinteresado, —Ese es tu problema.
Unos golpes resuenan en la puerta y un hombre de seguridad se asoma, —Señor, Torres está aquí.
Bastian asiente.
—Ya puedes irte —dice sin mirarme—. Sabrás cuando te precise.
Tomo el móvil con brusquedad y salgo de allí hecha una furia. Lo detesto, pero más aún me detesto a mi misma por haber sido tan jodidamente estúpida, pero ya lo arruiné y ahora me toca pagar.