3. Bastian Caine

1361 Words
Alexis Ninguna se atreve a decir nada mientras los minutos pasan y un filoso silencio envuelve el tenso ambiente, incluso podría escucharse el impacto de un alfiler contra el sucio suelo del bar. Las chicas comparten miradas entre ellas y luego su atención se desvía a los hombres que bloquean las entradas. Mientras tanto mis pensamientos se mueven con velocidad dentro de mi mente mientras intento buscar una salida en la que ninguna salga herida por mi culpa. Pero también pienso en Octavia y en que jamás me perdonaría si unos oficiales tocaran la puerta para decirle que su única familia había muerto, que había perdido todo lo que tiene en esta vida. Cuando uno de los hombres que siguió a Jameson y a Bastian regresa a donde estamos y nos anuncia que podemos marcharnos, las chicas no tardan en huir de allí a toda prisa, pero no puedo evitar pensar en por qué dejarían ir a las supuestas sospechosas del robo. ¿A Bastian no le habrán importado las excusas o explicaciones de Jameson? ¿le habrá otorgado toda la culpa a él? ¿y si le hace daño? Nada de eso me importa una vez que el autobús se detiene en la parada a unas calles de mi departamento y a pasos apresurados, casi que trotando, me dirijo hasta mi piso subiendo las escaleras de dos en dos. Me dirijo hacia la habitación de Octavia y aún no llegó, se supone que estaría aquí para cuando mi turno de la mañana terminara pero como eso no pasó ahora debo esperar a que regrese. Mientras tanto me ocupo de guardar nuestras prendas y algunas pertenencias en unos bolsos y los dejo a un lado de la puerta. Aún faltan algunas horas para que regrese, ¿qué tanto me puede costar esperar hasta más tarde? ━━━━━━━━━━━━━━━━━ Abro mis ojos de golpe cuando me doy cuenta que me quedé dormida en el sofá, las ventanas con las cortinas abiertas me dejan ver que está comenzando a atardecer y Octavia aún no está aquí. Me levanto del sofá y busco mi móvil para llamarla pero no me atiende, ni la primera, ni la segunda y para la tercera vez ya comienzo a alterarme. Para ese momento escucho las llaves en la cerradura y casi suelto un suspiro de alivio mientras guardo mi móvil en el bolsillo trasero de mi pantalón. Pero mi mundo se detiene cuando no solo veo a Octavia cruzar la puerta, sino también al hombre detrás suyo. Bastian Caine. El jodido Bastian Caine está en mi piso. —Por la expresión en tu rostro no pareces muy felíz de verme —su tono denota fingida decepción porque tiene una sonrisa maliciosa en los labios. —Octavia ven aquí —le ordeno a mi hermana menor y cuando ella intenta acercarse una mano firme la toma del hombro deteniéndola y por inercia avanzo un paso para evitar que la toque pero él me detiene. —Un paso más y no querrás saber lo que le pasará —la amenaza en su voz no es vacía, y tampoco voy a arriesgarme a ver hasta dónde sería capaz de llegar. Un hombre alto y robusto entra en escena y cierra la puerta ubicándose frente a esta. Estoy atrapada y muy, muy jodida. Bastian me hace una seña para que me siente en el sofá y vacilo antes de hacerle caso, no despego la mirada de mi hermana y fuerzo una sonrisa para calmarla pero tiene un atisbo de preocupación en sus iris ámbar. —Ambos sabemos por qué estoy aquí… Alexis —cuando pronuncia mi nombre mis ojos se clavan en los suyos. Claro que conoce mi nombre, a mi hermana y dónde vivo, el hijo de perra de Jameson le habrá dicho todo. Bastian, con su mano aún firme en el hombro de mi hermana, la guía hasta uno de los sofás individuales en el extremo del que estoy sentada yo mientras él se sienta frente a mí. —Jameson no tardó en buscar la forma de salir ileso del error que cometió y terminó confesando que había puesto una cámara en el vestidor de mujeres —la confesión me hace abrir los ojos de más y siento la rabia quemándome las venas. Maldito asqueroso miserable—. Entonces pudimos ver claramente a la ladrona que se atrevió a llevarse mi dinero. Paso saliva sintiendo mi boca seca. —Fuí yo —afirmo porque no tiene ningún sentido intentar excusarme—. Tengo todo el dinero, no toqué ni un solo centavo, te lo devolveré… Bastian me detiene, —No es el dinero lo que quiero. La cantidad en ese bolso no significa nada para mí, no es ni la mínima parte de lo que puedo conseguir en una semana —me cuesta creer como le resta importancia porque sin duda debía haber una buena cantidad en el bolso, aunque no me detuve a contarla—. Lo que quería era la seguridad que Jameson me brindaba, le ofrecía protección a su mugroso bar mientras guardara mi dinero, pero falló y eso le costó la vida. Mis ojos se abren demasiado. ¿Jameson está muerto? Bastian se inclina hacia al frente, —¿Crees que ese dinero vale tu vida? —pregunta estrechando sus ojos en mi dirección y luego su cabeza se inclina a un lado, hacia donde Octavia está sentada— ¿o la de ella? Me tenso de inmediato y mi voz es firme, —A ella no la toques. El error lo cometí yo, te devolveré todo tu dinero y si eso no es suficiente entonces dime qué quieres, pero a ella no te atrevas a tocarle un solo cabello. Bastian se endereza—. A tí. Por un instante creo haber entendido mal, niego confundida —¿Qué? —Te quiero a tí —antes de decirle que no soy una prostituta si a eso se refiere, él agrega—: Harás algo por mí. La respuesta me aterra pero aún así pregunto, —¿Qué cosa? —Cuando llegue el momento lo sabrás —es lo único que dice antes de ponerse de pie y mi mirada lo sigue—. Y hasta que ese momento llegue, te estaré vigilando. Octavia se levanta y viene a mi lado, nadie la detiene, y la envuelvo entre mis brazos. —Ningún movimiento raro —advierte—, nada de intentar huir, porque un solo error y será ella quien lo pagará —dice refiriéndose a Octavia y mi agarre a su alrededor se vuelve más fuerte—, ¿entendido? Asiento una vez sosteniendo su mirada hasta que finalmente se marcha del departamento y pasados unos minutos me levanto a cerrar con seguro. Paso mi mano por mi cabello y apoyo mi frente en la madera vieja. Ahora estoy en deuda con un maldito criminal, ¿qué carajos voy a hacer? Nada. No puedo hacer nada más que atenerme a las consecuencias de mis estúpidos e imprudentes actos. Maldita seas Alexis. —¿Alex, qué está pasando? Me vuelvo hacia mi hermana y camino hasta sentarme a su lado, no me es difícil pretender que todo estará bien, lo hice muchas veces. Lo hice cada vez que nuestros padres discutían a gritos, lo hice cuando él nos abandonó, lo hice cuando nos quedabamos solas por días cuando mamá se iba con un tipo diferente cada vez, y también lo hice cuando ella ya no regresó, lo hice cuando la comida era escasa y pretendía no tener hambre para dárselo a ella, lo hice cada maldita vez que regresaba a casa con ganas de rendirme de una jodida vez pero con solo verla pensaba cómo nuestros padres pudieron abandonar a una pequeña tan dulce, preciosa y buena como mi Octavia, y que yo jamás sería capaz de hacerle eso. —Te lo contaré todo, lo prometo —tomo su mano entre las mías y dejo un beso en ellas—. No te preocupes —acaricio su mejilla y ella me abraza, la estrecho entre mis brazos, pensando en que sería capaz de cualquier cosa por mi hermana menor.
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