—Vamos al este. Al castillo de los Randall. Finn es el primero en expresar la incredulidad de todos. —¿Randall? ¿Los que sitiaron Dùn Fergas y juraron colgar a la mitad de las Tierras Altas? —Los mismos —confirma Caelan, sin emoción—. La princesa pertenece allí. Su marido, el laird Randall, la reclama. La reacción no se hace esperar. Finn suelta una maldición en voz baja. Broen suelta una risa seca, de esas que suenan a duda. Y Kerran... Kerran tira de las riendas y frena su caballo en seco. —¿Estás diciendo que hemos convivido con la esposa del laird Randall? Caelan no responde. —¿Y que ahora vamos a entregársela como si no fuera una de los nuestros? ¿Como si no hubiera escapado de él por una buena razón? —Capitán, con todo el respeto —interviene Finn—: esta mujer lleva meses cocin

