—Qué alivio —remata Finn—. Ya creíamos que respiraba por inercia. Ahora al menos parece que vuelve a hacerlo por voluntad. Se le ve menos… ¿cómo decirlo? Menos muerto. Broen chasquea la lengua y Kerran me echa un ojo. —Quién iba a imaginar que, al reencontrarse contigo, iba a empezar a comportarse como un ser humano otra vez. —Oye, Kerran —gruñe Rolan, que se acerca a nosotros con gesto impaciente—, deja de decir tonterías y sigue avanzando. —¿Ves? —Kerran me guiña un ojo—. Vuelve a ser el mismo de siempre. Autoritario y gruñón. Pero mejor eso que estar todo el día como un perro apaleado. Rolan lo fulmina con la mirada, y Kerran calla de inmediato, aunque veo una sonrisa en sus labios. Bajo la vista para ocultar la mía. Aun en medio de tanta amargura, no puedo negar que hay algo casi

