A veces, cuando Dùn Fergas calla y solo se oye el chasquido de las antorchas, subo a la torre norte y dejo que el viento me cuente lo que somos ahora. Bajo mis botas ya no cruje la guerra, cruje el barro de los constructores y el serrín de los carpinteros. Donde antes corrían noticias de muerte y odio, hoy corre un chiquillo descalzo persiguiendo a una cría de cabra que ha robado una hogaza; el patio entero estalla en carcajadas mientras Kerran ―con su mano sin dedo― hace de juez y Finn toca una flauta a la que le faltan notas. La corona, ocupada en limpiarse la mugre que dejó el Conde Ivan, después de que Margarita se divorciara de él y rescatara a su hijo y rey, mira al sur. Jacobo V gobierna; nosotros, sencillamente, vivimos. Edimburgo no envía emisarios ni exige tributos. El último

