Finn se ríe lo bastante fuerte para que Caelan vuelva la cabeza. El capitán no dice nada, pero empuja a Brèagha un paso más cerca, como si quisiera interponerse entre nosotros y cualquier conato de fuga o de alegría. —¿Ves? —murmura Finn—. Ese gesto significa «mantén la distancia». Lo practica frente al espejo. Estoy seguro. —Lo practica desde la cuna —corrijo—. Seguro que nació con el ceño fruncido. —Y con la espada desenvainada —añade Finn, confidente—. Pero incluso él sangra si le pinchas en el lugar correcto. —¿Cuál es el lugar correcto? —pregunto, sin ironía. —Culpa y lealtad, en partes iguales —contesta Finn—. Ésas son sus vísceras. El truco sería recordarle que la lealtad también puede ser hacia los vivos, no solo hacia las tumbas. Lo miro de reojo. —Creía que toda su lealtad

