Era un domingo por la tarde, la acostumbrada reunión familiar se desarrollaba; sólo que en esa ocasión, Ángela había insistido en que fuera en su casa. Estaban disfrutando de una tarde agradable, ya habían comido y los niños estaban jugando, mientras los adultos conversaban en la mesa. Magda se acercó a Ángela y le habló al oído, evitando que los demás escucharan. -¿Pueden acompañarme por favor? –Les pidió a Violeta y a Gabriel de acuerdo a lo programado. Los guió por la casa hasta el despacho, donde al abrir la puerta, se percataron que Dawson ya estaba ahí, esperando por ellos. -Ángela ¿qué está sucediendo? –Violeta, al verlo de inmediato interrogó a su hija. -Tomen asiento, por favor – les pidió con amabilidad a ambos. –Hay algo que tienen que saber, y preferiría que fuera Dawson qu

