La nueva vida de Alexandra. Capítulo nueve.
Después del altercado que Mark y Veronica tuvieron en la oficina, él se fue a refugiar en brazos de sus múltiples amantes, serle infiel y gastar a manos llenas el dinero de los Cooper se había convertido en su mejor pasatiempo, y era la manera propicia para vengarse de las humillaciones qué ella le hacía. Le había estado llamando insistentemente, y él sólo ignoraba sus llamadas y mensajes demostrándole lo poco que le importaba.
– ¿Dónde te habrás metido Mark?, Espero que no sea lo que me estoy imaginando, porque si no te juro que lo vas a lamentar infeliz – Repetía histérica.
Veronica Cooper no soportaba ser ignorada, en todo momento buscaba llamar la atención, después de insultar a todo el mundo en la oficina, una idea llegó a su mente, comenzó a registrar el GPS instalado en el coche de su amante, e inmediatamente se puso en marcha para ir a buscarlo. Condujo a
toda velocidad e infinidad de ideas pasaban por su cabeza.
– Espero que no me estés engañando desgraciado, porque si te descubro con alguna zorra, no te imaginas lo que te espera – Vociferaba.
En tanto Mark, se encontraba plácidamente en un lujoso departamento que había alquilado gracias a la solvencia económica a la que ahora tenía acceso, allí recibía a diferentes mujeres con las que se daba la vida de placeres y desenfreno qué tanto le gustaba. Veronica bajó del coche y obligó al conserje a proporcionarle las llaves del departamento donde se encontraba su cómplice, sigilosamente subió para sorprenderlo, abrió la puerta y avanzó, y se quedó estupefacta cuando vio a Mark en una situación muy comprometedora con una chica rubia de pronunciadas curvas totalmente desnuda sobre él. Comenzó a gritar toda clase de insultos, rompía todo a su paso, y se abalanzó sobre los dos, agarrando a la chica por el cabello y sacándola del departamento sin siquiera darle oportunidad de vestirse.
A cómo pudo Mark se la quito de encima y le pasó a la rubia una frazada para que pudiera cubrirse.
– ¿Cómo te atreves a engañarme maldito infeliz? – Le reclamó Veronica indignada.
– Yo no tengo porque darte explicaciones, tú no eres mi novia, ni mi esposa, tan sólo eres mi amante, no significas nada para mí, si estoy contigo es solamente por lo que me puedes dar mujercita estúpida – Soltó Mark con total indiferencia.
– Cállate, ¿Cómo te atreves hablarme de esa manera imbécil de porquería?, A mí que te saqué del fango, que te hice ser alguien en la vida insecto insignificante – Reprochó Veronica fuera de sí.
– Pues déjame decirte que tú para lo único que sirves es para darme dinero, no me gustas, me das asco, me pareces una mujer repugnante y no soporto estar cerca de ti, la única que siempre me importó fue tu hermana Alexandra, ella si es una verdadera mujer, mucho más hermosa que cualquiera, inteligente, única, algo que tú jamás vas a poder ser – Exclamó burlándose de ella.
– Te odio desgraciado, y por supuesto que soy mejor que Alexandra, siempre lo he sido, mírala a ella, encerrada en una clínica de locos, reducida a cenizas mientras que yo, estoy aquí, triunfante, al frente de una de las mejores compañías a nivel internacional, en cambio tú, eres tan pusilánime como ella– Lo insultó.
– Ni siquiera puedes dirigir la compañía de tu familia, no eres nada, por eso Lucas Cooper no confiaba en ti, sabía que eras una enferma, por lo que no dudo en dejar al frente de la compañía a Alexandra y no a ti, nadie te quiere, para todos sólo eres una utilidad, un objeto miserable del que todos queremos deshacernos a la menor oportunidad, ni para tus padres ni para mi significaste algo – Espetó con furia.
Veronica se le fue encima a los golpes, entre bofetadas y arañazos, pretendía desquitarse de todo el dolor que estaba sintiendo con lo que él acababa de decirle, pero Mark que él no tenía ningún afecto hacia ella, la tomo por el pelo y le regresó los golpes con la misma intensidad dejándola sumamente adolorida en el piso.
– Tú te lo buscaste Verónica, me subestimaste y aquí tienes las consecuencias, y ni pienses que te vas a deshacer tan fácilmente de mí, mi presencia es un lastre con el que tendrás que cargar hasta que a mí me dé la gana, porque si yo caigo, también tú lo harás, te lo recuerdo muñequita, y pobre de ti si alguien llega a enterarse de esto – Le advirtió.
Veronica estaba muerta de miedo, nunca nadie le había puesto una mano encima, de cierta manera estaba comenzando a pagar por todo el daño que he le estaba causando a su hermana Alexandra, ahora su cómplice se había vuelto contra ella, y no le quedaba más remedio que aguantarse y seguir adelante, si quería que sus planes no fueran descubiertos.
Diana estaba muy triste, pues el tiempo pasaba y no sabía nada de su hermana, por lo que le pidió a Margaret que le permitiera hacer una llamada para enterarse de cómo estaba su salud, por fortuna esta aceptó y le permitió hablar a su casa, claro que ella estaría presente para escuchar la conversación y así evitar que Diana pudiese decir algo de lo que ocurría en la clínica.
– No quieras pasarte de lista Diana, conoces muy bien las consecuencias que pagan los qué intentan desafiarme – La amenazó.
– No se preocupe, yo no voy a decir nada, sólo quiero saber cómo está mi hermana – Contestó aterrorizada.
– Más te vale, habla y que sea rápido porque no tengo tu tiempo – le dijo .
La chica marcó el número de su tía quien cuidaba de su hermana menor, contestó y se alegró mucho de oírla, pues hacía ya tiempo que no sabía nada de ella.
– Tía, qué alegría escucharte – dijo Diana con lágrimas en los ojos.
– Hija mía, gracias a Dios estás bien, estábamos muy preocupadas por ti, tu hermana está un poco más estable y se muere por hablar contigo – Le informó.
– Ponla al teléfono por favor tía, yo también me muero por hablar con ella, cuídala mucho te lo ruego – Le pidió .
– Diana, hermanita, ¿Cómo estás? – Dijo la joven al otro lado del teléfono.
El corazón de la noble enfermera se sobresaltó, Sintió una profunda felicidad al percatarse de qué su hermana se encontraba mucho mejor.
– Mi niña, gracias al cielo que estás bien, quiero que te cuides mucho, que te tomes todos los medicamentos y que luches por vivir, prométemelo por favor – Suplicó Diana.
– Te lo prometo hermanita, pero por favor vuelve pronto, te necesito mucho – exclamó.
– Así será, te quiero mucho, siempre recuérdalo – se despidió ella mientras cortaba la comunicación.
Margaret no dejaba de verla, parecía un perro rabioso apunto de atacar, era un ser sin corazón, una mujer perversa movida solamente por la ambición.
– Que conmovedora escena, casi me haces llorar, si tuviera corazón, claro, pero como no lo tengo, esas muestras de afecto me parecen cursis y vacías, y ya lárgate, me enferma tanta estupidez – comentó en forma despectiva.
Diana no podía creer lo que escuchaba, como era posible que alguien pudiese expresarse de esa forma, pero en ese lugar todo era posible, cada persona que trabajaba allí parecía haber sido elegido selectamente para desempeñar los terribles actos de tortura y crueldad a los que sometían a los pobres e indefensas personas que tenían encerradas. Los días pasaban, y los planes de Alexandra y Diana seguían su curso, Diana se había enterado de la fiesta que estaban planeando, una de las cocineras le contó que cada año, un excéntrico millonario organizaba una noche donde se vivía toda clase de desenfreno, lujuria y excesos, y que utilizaban a los enfermos como retorcidos espectáculos para divertirse, tal revelación horrorizó A la inocente joven, pero no le quedó más remedio que hacer acopio de todas sus fuerzas, así que decidió compartir con Alexandra de lo que se había enterado, por lo que se les ocurrió que aquella podría ser la noche perfecta para armar el plan de escape que las llevaría hacia su libertad.