La nueva vida de Alexandra. Capítulo 10.
Los cuidados de Diana para que Alexandra pudiese recuperarse satisfactoriamente, estaban surtiendo los efectos deseados, cada vez se veía más repuesta, su semblante estaba adquiriendo color, lo cual estaba comenzando a fastidiar a Margaret, no soportaba verla bien, tenía una fijación con ella y quería seguir atormentándola a como diera lugar.
– Ya han sido muchas vacaciones para esta mujercita, se ve mucho mejor y después de la fiesta la regresaremos al sótano donde pertenece, espero que le hayas seguido suministrando las drogas en la comida Diana – Dijo la terrible enfermera.
– He hecho todo lo que usted me ha pedido, pero no creo que ella pueda soportar volver al sótano, su salud aún sigue siendo delicada – Explicó.
Deja de cuestionar mis órdenes, si yo digo que regresa al sótano así será – espetó bastante molesta.
– Las drogas que ponemos en su comida han hecho terribles estragos en ella, su mirada está perdida, y su mente difusa, Además las heridas de su cuerpo son bastantes y algunas se han infectado, si la regresamos a ese lugar podría morir – Advirtió.
Las palabras de Diana dejaron pensando a la malvada mujer, a quien no le quedó más remedio que seguir esperando para torturar a Alexandra, pues el director se lo había advertido, por ningún motivo podían asesinarla, de lo contrario tendrían que pagar las consecuencias, ya que ese había sido el encargo de Verónica. Ella se marchó dejando a las dos jóvenes a solas, se veía el odio en su rostro, tenía la necesidad de desquitarse con la pobre e indefensa chica que nada le había hecho, su único delito era no haber dejado que la sometieran con tanta facilidad como hacían con el resto de los pacientes.
– Gracias Diana, por lo pronto pudimos ganar un poco de tiempo, tenemos que aprovechar esa fiesta para poder escapar de aquí, si no lo hacemos entonces todo habrá terminado para mí – Señaló preocupada.
– Por favor no digas eso, así sea lo último que haga en esta vida, te sacaré de aquí y volveremos a ser libres – Prometió Diana.
– Pase lo que pase, quiero que sepas qué eternamente te estaré agradecida por todo lo que has hecho por mí, has sido una luz entre tanta oscuridad – Dijo Alexandra.
– No tienes nada que agradecer, es mi deber ayudarte y ayudar a todas esas personas que tienen aquí, además, desde que te vi algo muy extraño me pasó contigo, me recuerdas a mi hermana, y yo no soportaría que algo malo le pasara a ella, por eso sentí la necesidad de ayudarte – Explicó.
– ¿Quieres que te diga algo?, Así me hubiera gustado que fuera mi hermana, tal como eres tú, tierna, cariñosa y muy valiente, Verónica nunca fue nada de eso, y mira lo que está haciendo conmigo.
– Desde ahora siempre estaremos juntas, cuidándonos la una a la otra, por favor Alexandra, lucha con todas tus fuerzas para sobreponerte, falta muy poco tiempo para la fiesta y esa es nuestra única oportunidad de salir de aquí.
– Claro que saldremos de aquí, yo no me voy a morir en este asqueroso lugar, y esa fiesta será nuestro boleto hacia la libertad, no importa lo que tengamos que hacer para conseguirlo aseguró ella con lágrimas en los ojos.
Los días pasaban y todo marchaba conforme al plan, todos en la clínica estaban bastante ocupados en preparar la fiesta del horror solicitada por el excéntrico millonario, habían preparado a los pacientes tal como él se los había solicitado, el escenario era macabro, habría música, excesos, alcohol, drogas y desenfrenos, las fantasías más terribles serían satisfechas a costa de los pobres indefensos qué allí se encontraban . Por otra parte , Verónica Cooper se recuperaba de los golpes que le había propinado Mark, su amante se había convertido en su principal verdugo, una justa lección para toda la maldad que había perpetrado. En todo ese tiempo, ella no había vuelto a saber nada de él, lo único qué supo fue lo que su secretaria le había dicho, y era que Mark seguía presentándose como si nada en la compañía, disponiendo a su antojo de todo, tal como si se tratara del mismo dueño. Tal acción provocó una gran indignación en la desalmada Verónica, no pensaba permitir que nadie la humillara de esa manera, así que se maquilló lo mejor que pudo para ocultar los golpes, se vistió y partió rumbo a la compañía Cooper. Cuando llegó, todos la miraron extrañados, pues tenía varios días sin presentarse en la empresa. Entro directamente a su oficina, donde se encontraba su amante dando órdenes como un verdadero CEO. Veronica cerró la puerta, se puso frente a él y lo abofeteó con furia.
– ¿Cómo te atreves a presentarte en mi empresa como si nada hubiera pasado maldito infeliz? – Le gritó enardecida.
– Te recuerdo princesita, que esta también es mi empresa, la conseguiste gracias a mí, yo fui quien hizo todo, y tengo tanto derecho como tú a estar aquí y a disfrutar de todo lo que tienes – Contestó.
– Tú no tienes derecho absolutamente nada, tú sólo eres un criado que se mueve bajo mis órdenes, y quiero que te largues ahora mismo, o prefieres que te haga sacar por seguridad – Amenazó.
– Vamos, atrévete hacerlo, me dará muchísimo gusto contarle a la policía nuestro más profundo secreto, en ese momento lo perderías todo, y la hermosa Alexandra volvería a ocupar el lugar que le pertenece – advirtió.
– Eres tan poco hombre que no te atreverías, porque como tú mismo has dicho, si caigo yo, También Caerás tu – Señaló .
– No me provoques Veronica, ya te diste cuenta de lo que puedo ser capaz, así que te recomiendo que mejor llevemos la fiesta en paz si sabes lo que te conviene – Exclamó decidido.
– No se me da la gana soportar tus humillaciones, y te juro que si vuelves a intentar ponerme una mano encima, yo misma te mataré con mis propias manos, también me conoces, y sabes que puedo ser capaz de lo peor, así que no juegues con mi paciencia, y ahora lárgate, que me repugna tu presencia, y si no te saco de aquí, no es por que te tenga miedo, sino porque no se me da la gana, por ahora – Sentenció.
Mark analizó detenidamente las palabras de Verónica, no le convenía estar enemistado con ella, las cosas funcionaban mejor cuando él podía manipularla a su antojo, y eso es lo que haría, Verónica sucumbía muy fácil a la pasión, y el deseo por él la dominaba por completo, y esa sería la forma perfecta para tenerla comiendo de su mano. Cerró la puerta con llave, y se abalanzó sobre ella, besándola apasionadamente, acariciándola en forma salvaje tal como le gustaba, y arrancándole la ropa para hacer la suya, Verónica al principio se rehusó, pero como sus instintos la dominaban, terminó cediendo ante el propósito de Mark.
– Me vuelves loca, no quiero que vuelvas a lastimarme ¿Me escuchaste? – Decía Veronica con la voz entrecortada.
– Te prometo que no volverá a pasar mi amor, sabes qué no hay otra mujer que me haga sentir lo que tú, y lo que te dije, y todo lo que hice fue porque estaba muy molesto, porque siento que tú no me amas tanto como yo a ti – Contestó Mark tratando de manipularla.
– No seas tonto, claro que te amo, no podría vivir sin ti, no quiero que me dejes, te necesito con desesperación – Exclamó.
Mark sonrió, pero no era una sonrisa de satisfacción, sino de triunfo, porque una vez más había conseguido hacer de Verónica lo que le diera la gana, la tenía justo como quería, y si ella había podido perdonarle que la golpeara, le perdonaría absolutamente todo en el futuro.
El día de la fiesta llegó, y poco poco los invitados comenzaron a llegar, Margaret y el director daban órdenes a diestra y siniestra, buscando que todo fuera perfecto para agasajar al selecto invitado a esa noche de perversión. El invitado de lujo se hizo presente, estaba encantado con lo que sus sirvientes habían preparado en la casa del terror, se acomodó en su lugar de honor, y exigió presuroso para que comenzara la fiesta que había esperado por tanto tiempo.
– Charles, ¿Espero que todo esté tal como te lo pedí?, Si no ya sabes que tendré que castigarte – Amenazaba con voz intimidante al director.
– No se preocupe señor, trabajamos mucho en todo lo necesario para tenerlo contento – Contestó lleno de miedo.
– Así me gusta, que seas un buen cachorro, y ahora quiero que me lo demuestres, vamos, recógelo perrito – Ordenó tirando unos billetes al suelo para que el director los recogiera.
Charles estaba aterrorizado, pues jamás se esperó qué este hombre desquiciado lo hiciera parte de sus juegos. La verdadera acción estaba por comenzar, esa noche sería decisiva en la vida de todos, el destino de Cada uno de ellos daría un giro trascendental, tal vez para bien, o tal vez para mal.