La nueva vida de Alexandra. Capítulo 12.
Bajo un disfraz de enfermera, Alexandra avanza hacia donde se está llevando acabo la endemoniada fiesta de Max Phillips, debido a que todos se encuentran pendientes del festejo, nadie pone atención a Alexandra, lo cual le permite avanzar con paso firme. No obstante, el pánico y la desesperación se hacen presente en su cuerpo y en su mente, pero ella no está dispuesta a permitir que el miedo la domine, siente el deber de ayudar a los que, como ella son víctimas de esa cruel e inhumana organización. En tanto Diana, con mucha dificultad logra llegar a la oficina del director, la puerta se encuentra cerrada bajo llave, así que tendrá que ingeniárselas para poder ingresar y cumplir con la misión que le ha sido encomendada. Alexandra llega al salón donde las mujeres son golpeadas y ultrajadas por el excéntrico millonario, e inmediatamente las miradas del despiadado hombre se posan sobre ella.
– ¿Pero qué es lo que estoy viendo?, Tráeme a esa preciosidad ahora mismo, Charles –Ordeno Phillips.
El corazón de Alexandra se desboca cuando escucha aquellas palabras, siente que en cualquier momento pueden descubrirla, por Fortuna pudo cubrir su rostro utilizando una de las máscaras que se habían adquirido para la fiesta.
– Margaret, haz lo que el señor pide, ve allá y trae a la chica – Ordenó Charles.
Margaret avanzó hacia ella y sin detenerse a investigar de quién se trataba, se acercó para darle las indicaciones que debía seguir al pie de la letra.
– Escúchame bien muchacha, el señor Phillips te quiere a su lado, se obediente y haz todo lo que te pida, de lo contrario quién sabe lo que podría llegar a hacerte, y aquí nadie va a meter las manos por ti – Dijo Margaret intimidando a la joven.
Alexandra permaneció en silencio por miedo a que pudieran reconocer su voz, por el momento estaba a salvo gracias a que tenía el rostro cubierto, hizo exactamente cuánto la enfermera le había pedido, se acercó y sentía que le temblaban las piernas, la repulsión que sentía por lo que probablemente tenía que enfrentar era muy grande, pero lo hecho hecho estaba, y retroceder resultaba imposible. El uniforme de enfermera realzaba la exquisita figura de Alexandra, lo cual impresionó a Max desde el primer instante en que la vio, sus ojos se posaron en ella, hechizado por semejante belleza, difícilmente se veían mujeres así, ni siquiera en el círculo donde él se movía, le hizo un gesto para que la chica se sentara a su lado.
– Hola preciosa, ¿Pero donde te habías metido? Una mujer como tú jamás podría pasar desapercibida – La aduló.
– Estaba por aquí, apoyando a las chicas con la logística – Contestó en voz baja.
– Esta noche tú serás la reina, y estarás a mi lado, y después tú y yo nos divertiremos mucho – Propuso .
El sujeto le pasó el brazo por los hombros y la atrajo hacia él , Lo cual causó una gran repulsión a Alexandra, pero tenía que seguirle el juego, no le quedaba otra alternativa, era un sacrificio que valdría la pena si al final de todo conseguiría su libertad. La joven veía un destello de lujuria en los ojos de Max, sabía que no le costaría ningún trabajo seducirlo, y buscaría sacarle provecho a esa situación para salir victoriosa de todo aquello. El millonario no la veía como al resto de las mujeres, en su fantasía, Alexandra se había convertido en una diosa, y como tal quería tratarla, los presentes miraban con asombro a aquella muchacha desconocida, pero no se atrevieron a decir nada, era mejor mantenerse al margen para mantenerse a salvo. Max Phillips quería continuar con su macabro espectáculo, así que tomo un látigo para seguir golpeando a aquellas indefensas mujeres que se hallaban en el piso empapadas en sangre, tenían los cuerpos amoratados por tantos latigazos, lo cual excitaba profundamente a ese ser repulsivo. Alexandra no podría soportar ver la saña con que las chicas serían tratadas, así qué pronto ideó un plan para mantenerlas appp salvo.
– Señor, dejemos si usted le parece esa distracción para más tarde, me gustaría bailar para usted si me lo permite, he preparado algo muy especial que estoy segura le va a encantar – Sugirió Alexandra con voz seductora.
– Pero que propuesta más tentadora, será un deleite disfrutar del hermoso espectáculo que me ofreces preciosa – Contestó Max mientras le pasaba una mano por la espalda.
– Pongan la música ahora mismo, que mi diosa bailara para mi – Ordenó.
Uno de los talentos que poseía Alexandra, era el baile, desde muy pequeña siempre tuvo un carisma especial también para desearse, así que lo aprovecharía de la mejor manera que pudiera para lograr ganar tiempo y que Diana pudiese cumplir con su cometido. Comenzó a bailar, sus movimientos eran sumamente seductores, utilizó de una manera magistral sus atributos, el sujeto estaba obnubilado, la belleza, carisma y talento de la chica lo hipnotizaban, al grado de ignorar a todos y centrar su atención exclusivamente a ella.
– ¿Quién es ella? – Preguntó intrigado el director Charles.
– No lo sé, no logro reconocer la por la máscara que trae puesta – Respondió Margaret.
– Quiero que estés pendiente por cualquier cosa que pudiera suceder, por lo pronto el loco de Phillips está impresionado con la chica, y esperemos que lo mantenga entretenido por el resto de la noche – Expresó.
– Pobre mujercita, no sabe lo que le espera con ese loco, seguro es una de las chicas nuevas – Se burló Margaret.
– Espero qué su atención siga centrada en ella para que nosotros podamos estar a salvo Margaret.
– Es peligroso seguir haciendo este tipo de fiestas Charles, con ésta clase de tipos, nunca se sabe lo que podría pasar – Exclamó la enfermera.
Se notaba el miedo que incluso a esos desalmados les provocaba la presencia de Max, sabían de lo que podía llegar a ser capaz con tal de cumplir sus obscuros propósitos, por ahora el hombre estaba prendado de Alexandra, y la miraba con un brillo voraz en los ojos, aplaudía eufórico presenciando el espectáculo que tenía frente a él. Por su parte, Diana había logrado forzar la chapa de la puerta de la oficina del director así que se dispuso a entrar, llegó hasta donde estaba el teléfono, cuando levantó el auricular se dio cuenta de qué necesitaba una clave especial para realizar llamadas, por lo que las cosas no le resultaría tan fáciles, puesto que debía buscar esa numeración para poder lograr que su plan se llevara acabo. Alexandra termino de bailar, mientras tanto se esforzaba en buscar una nueva idea que le permitiera mantener a Max lejos de esas pobres chicas.
– Glorioso muñequita, eres una reina en toda la extensión de la palabra, mira qué movimientos, que cuerpo, que sensualidad, eres perfecta – Repetía mientras la abrazaba en forma sugerente.
Alexandra estaba muerta de miedo, sentía que le costaba respirar, pues no sólo tenía que luchar contra su debilidad, todavía no había terminado de reponerse, y le costaba mucho trabajo mantenerse en pie, además estaba ese hombre y sus pretensiones, era claro que la deseaba y quería poseerla a como diera lugar. Mientras Phillips disfrutaba acariciándola, pudo observar una de las cicatrices que le habían quedado tras los golpes que Margaret le había dado, ésto causó una profunda indignación, y aún cuando él había hecho lo mismo con las pobres mujeres que todavía se hallaban en el suelo, en este caso se trataba de una mujer que según él ya le pertenecía, por lo que pensar en que alguien más la hubiese tocado, lo enfurecía enormemente.
– ¿Quién te hizo esto?, ¿Quién se atrevió a tocarte? – Preguntó lleno de rabia.
En ese momento, una luz apareció en la mente de Alexandra, a quien se le ocurrió una forma de vengarse aunque sea un poco de todo el tormento que Margaret le había causado, por lo que no dudó en utilizar ese recurso a su favor, para darle a la malvada enfermera una cucharada de su propia medicina. La chica se acercó a él, y en forma coqueta lo hizo inmediatamente sucumbir ante ella, y entonces comenzó a poner en marcha lo que se le había ocurrido.
– Yo quería mantenerme hermosa para ti, cuando me dijeron que sería tu cumpleaños quise verme muy bonita, pero eso despertó la envidia de la bruja de este lugar, ¿Me preguntaste que si quien me hizo esto? Fue Margaret, ella es muy mala conmigo, me lastima, y yo ya no puedo soportarlo, deberías castigarla también – Propuso ella a propósito.
Los deseos de Alexandra eran órdenes para Max, quien no dudo en cumplir sus deseos al pie de la letra. Se puso en marcha, y se paró frente a Margaret, la miraba enardecido, sus ojos echaban chispas del coraje que le provocó lo qué su reina le había contado, por lo qué el futuro de la malvada enfermera, vendía de un hilo y recibiría por primera vez en su vida su merecido castigo.