La nueva vida de Alexandra. Capítulo 14.
Diana escuchaba horrorizada los gritos de terror que tanto el director como la enfermera emitían, se imaginó lo espeluznante de la escena y se llenó de miedo, pero en ese momento necesitaba ser fuerte, pues de ello dependía su completa libertad y la de su amiga. El fuego empezaba a propagarse rápidamente, la alarma antiincendios comenzó a sonar, causando una gran conmoción en todos los presentes.
– La clínica se quema – Gritó con espanto uno de los guardias.
– Rápido, salgamos de aquí, muy pronto esto se llenará de policías señor Phillips – Advirtió uno de los guardaespaldas.
– Vámonos, y tú vienes conmigo, ahora me perteneces muñeca – Dijo Max a Alexandra.
La chica se quedó paralizada ante lo que acababa de escuchar, no podía permitir que ese hombre la sacara de la clínica, pues si lo hacía, caería en un infierno mucho más grande aún. Pidió a los guardias que llevaran consigo a la muchacha y a ella no le quedó más remedio sino obedecer momentáneamente en lo que pensaba que podía hacer para salvarse. Pensaba en Diana, si el lugar estaba siendo incendiado significaba que ella había cumplido su cometido, y en minutos estarían todas las corporaciones para ayudar a los pacientes, por lo tanto sus vidas no correrían peligro.
Los guardaespaldas priorizaron la protección de Max Phillips, quien estaba siendo sacado del lugar en tanto Diana seguía buscando por todos lados a Alexandra, el humo estaba empezando a imposibilitar la respiración, todos corrían desesperados, se provocó una gran confusión, el caos reinaba en aquel lugar debido a los acontecimientos. El personal del lugar intentaba escapar de la clínica, pues sabían que si aquello se llenaba de autoridades, tendrían que dar muchas explicaciones a causa de los hallazgos que encontrarían y eso para nada les convenía, por lo que resultaba mejor opción huir cuanto antes para no salir afectados. Alexandra quería aprovechar la confusión para escapar de las garras de Phillips, ella iba tomada del brazo por uno de los guardaespaldas, quien tendría que cumplir a cabalidad con la orden que le había dado su jefe de entregarle a Alexandra sana y salva. Las personas avanzaban golpeándose unos con otros para poder lograr llegar hasta la entrada. Max Phillips y su gente fueron los primeros en abandonarlo todo, dejando a su suerte a los pacientes de la clínica y el personal, ese hombre desalmado y sin corazón, lo único que quería era preservar su vida, nada ni nadie le importaba, pero obviamente no quería verse expuesto y perder lo que tanto le había costado construir, ya que su poder y su dinero eran lo único valioso para el . Alexandra volteaba para todos lados para ver si podía encontrar a Diana, mientras tanto el hombre la seguía llevando hacia la puerta para después subir al vehículo que los llevaría hasta la gran mansión de Phillips.
– Camina más rápido, la policía y los bomberos no tardan en llegar, No entiendo porque el señor se obsesionó contigo, debió dejarte aquí para que te quemaras cómo al resto de la basura qué hay en este maldito lugar – Espetó furioso el guardaespaldas .
– Entonces déjame aquí, no tienes ninguna necesidad de arriesgar tu vida si dices que somos una basura, simplemente vete y dile que me morí como el resto de la pobre gente – Contestó Alexandra tratando de negociar.
El hombre la miró con desprecio, pero sabía que una orden de Phillips debía acatarse, o de lo contrario tendría que atenerse a las consecuencias.
– Tú no eres nadie para decirme lo qué tengo que hacer, y apúrate, si no tendré que llevarte arrastras – Le dijo apretándola con mayor fuerza.
– No quiero ir contigo a ningún lado, voy a quedarme aquí – Respondió tratando de safarse.
– Cállate, quiero que permanezcas con la boca cerrada hasta que lleguemos, Y si sigues hablando tendré que darte una paliza – Amenazó el hombre sin ninguna contemplación.
Cómo Alexandra no tenía intenciones de caminar, el guardaespaldas la arrastró sin piedad, ella tropezaba con todas las personas que intentaban llegar a la puerta de la clínica golpeándose fuertemente, Pero eso a él no le interesaba para nada, maldecía su suerte por haber tenido que quedarse para llevarse a Alexandra, hubiese preferido escapar como el resto de sus compañeros y su jefe. Diana trataba de liberar a muchos de los enfermos abriendo las puertas para que ellos pudiesen escapar, de esa forma no morirían asfixiados, Margaret y el director permanecían inconscientes tras la golpiza que le habían propinado pero ella seguía sin encontrar a Alexandra, así que no le quedó más remedio que avanzar también hacia la entrada, cuando desde lejos pudo ver una imponente figura masculina que arrastraba a una joven que tenía el rostro cubierto, por el cabello pudo deducir que se trataba de Alexandra, por lo que se apresuró para alcanzarlos de inmediato. Por fin lograron salir, Alexandra luchaba con todas sus fuerzas por evitar a toda costa que se la llevaran, pero el hombre era mucho más fuerte que ella, además la joven aún se encontraba muy débil por todas las torturas a las que había sido sometida y no sería posible liberarse.
– Basta ya, deja de resistirte, hagas lo que hagas de todas maneras te voy a llevar con mi jefe, ya verás como esas ínfulas se te quitan cuando te conviertas en su esclava – Apdvirtió el hombre completamente fuera de sus cabales.
Por fin llegaron a la entrada, a lo lejos se escuchaban las sirenas de las corporaciones que se acercaban presurosa atendiendo la llamada anónima que los había alertado.
– Me has hecho perder demasiado tiempo idiota, y por ningún motivo la policía puede encontrarme aquí, vamos avanza rápido maldita, eres una mugrosa mal agradecida, todavía que el señor Philips te sacó de este infierno, te resistes a ir con el, pero aunque no lo quieras te llevaré con él – Exclamó.
Alexandra empezó a forcejear con él, debía ganar tiempo, sólo era cuestión de unos dos minutos para que él la dejara en paz y huyera como la rata que era, pues no le convendría quedarse allí y tener que dar explicaciones después, así qué si lograba entretenerlo un poco más el objetivo estaría cumplido.
– Tú no eres más que un criado, un perro de Phillips que tiene qué arrastrarse ante el, así que no te consideres mejor que yo – Expresó Alexandra tratando de entretenerlo.
Tales palabras provocaron la furia del guardaespaldas, quien empezó a jalarla por el cabello y a zarandearla, Alexandra comenzó a patearlo y a propinar golpes a diestra y siniestra, pero el hombre la sujetaba con una fuerza bestial debido al coraje que le tenía. Trataba de no golpearla en el rostro, pues sabía que eso a Phillips le molestaría en gran manera y sería castigado severamente por ello, Alexandra pudo percibirlo, así que lo mordió fuertemente, eso lo descontroló y ella pudo liberarse de su agarre.
– Mocosa imbécil, ¿Pero qué es lo que has hecho? Acabas de firmar tu sentencia de muerte, ahora si no tendré piedad de ti, no me importa lo que Phillips me diga – La amenazó con rabia.
– Claro que te importa, tú no harás absolutamente nada por tu cuenta, porque eres un ser que sólo sirve como una máquina de pelea, no tienes capacidad de pensar, sólo te tiene como carne de cañón, ya ves, él se fue y te dejo aquí expuesto a tu suerte, únicamente para cumplir uno de sus caprichos, por lo que tu vida no le importa para nada – Dijo ella haciéndole enfadar todavía más.
El sujeto no pudo soportar escucharla hablar de esa manera, le resultaba inconcebible que una mujer fuera capaz de proferirle tantos insultos, por lo que debía ser castigada cuanto antes. La abofeteó con furia, le arrancó la máscara que cubría su rostro, pero Alexandra trataba de cubrirse con el cabello el rostro para que no pudiese reconocerla si en el futuro llegaban a encontrarse, la tiró al piso comenzando a patearla después, Diana veía atónita la escena, y corrió hacia donde estaba ella para tratar de ayudarla, tomó un objeto pesado y llegando sorpresivamente, le dio un fuerte golpe en la cabeza dejándolo inconsciente al instante.
– Amiga gracias a dios que llegaste, esa bestia estaba apunto de matarme, y lo habría logrado si tú no intervienes – Exclamó Alexandra profundamente adolorida pero al mismo tiempo aliviada por poder liberarse.
– No hay tiempo que perder Alexandra, tenemos que salir de aquí antes de qué llegue la policía y los bomberos – Señaló Diana.
– Por supuesto, ahora eso es lo más importante, te debo la vida, y nunca podré pagarte todo lo que has hecho por mí, el vehículo del guardaespaldas está aquí, sólo hay que quitarle las llaves para poder escapar – Indicó.
Las chicas encontraron las llaves del vehículo, y a toda prisa subieron para poder escapar, no sin antes cerciorarse de qué las autoridades hubiesen entrado en acción para ayudar a todas aquellas pobres víctimas de esa organización espeluznante.