La nueva vida de Alexandra. Capítulo 15.
Mientras más se alejaban, Alexandra y Diana saboreaban el dulce sabor de la libertad, les había costado tanto poder llegar a ese momento. Muchos sufrimientos, humillaciones y torturas, pero ahora por fin lo que parecía imposible estaba allí, frente a sus ojos, el vehículo estaba en marcha, a toda velocidad para poder alejarse lo más posible de aquel lugar donde habían pasado el tiempo más terrible de su existencia.
– Al fin somos libres Diana, sabía que este día llegaría – Gritaba eufórica Alexandra mientras bajaba los cristales para que el aire de la noche le pegara en el rostro.
– Gracias a Dios pudimos escapar de este infierno – Exclamó ella mientras las lágrimas salían en forma inevitable.
– ¿Y ahora que vamos a hacer? ¿Adonde iremos?, La desgraciada de mi hermana seguramente comenzará a buscarme en cuanto se entere de lo que sucedió – Dijo Alexandra preocupada.
– No te preocupes por eso, aún tenemos un poco de tiempo el cual aprovecharemos, iremos a casa de mi tía, recogeremos a mi hermana y nos iremos a una pequeña casa de campo que me heredaron mis padres – Propuso Diana.
– Eres una gran bendición en mi vida amiga, llegaste para iluminarme en este mundo de obscuridad donde mi propia hermana pretendía acabar conmigo, pudiste haberme dejado allí, pudiste haber optado por no ayudarme, y sin embargo hiciste todo lo contrario, y por eso no me alcanzará la vida para agradecértelo, te prometo que mientras yo viva, siempre velaré por ti, y no permitiré que nada te pase, nunca dejaré que nadie te haga daño – Expresó la joven desde lo más profundo de su alma.
– Sabes que desde el principio me pasó algo muy especial contigo, había algo especial en ti qué me impulsó a ayudarte, yo decidí ser enfermera para salvar vidas, para ayudar a los demás, y eso es lo que hice contigo y también traté de hacerlo con las otras personas que se encontraban en la clínica, lamentablemente no pude ayudarlos más, pero desde que me contaste tu historia, me juré a mí misma que no te dejaría sola y que lucharía con mi vida si era necesario para sacarte de allí, yo también te haré una promesa, a partir de este momento tú serás otra hermana para mí – Le dijo .
En los rostros de ambas se dibujó una profunda felicidad por aquella promesa que acababan de hacer, ese pacto representaba algo muy especial para ellas y lo cumplirían a cabalidad, pues aquello era la continuación de una gran amistad que surgió en las tinieblas, pero como el ave fénix estaba renaciendo de las cenizas para convertirse en algo superior. Conforme el coche avanzaba, más lejos estaban de aquel horror y más cerca de una libertad que aprovecharían al máximo, por la mente de Alexandra pasaban 1000 pensamientos, era una mezcla extraña de emociones, sentimientos encontrados que desfilaban por su corazón, por una parte sentía un deseo profundo de vengarse de todos aquellos que le hicieron daño, pero por otro lado, necesitaba sanar sus heridas, restablecer su alma después de tanto dolor, ahora tenía a Diana, quién sería su compañera fiel y parte importante en esta nueva vida que le aguardaba. Llegaron a la casa de su tía, ella las recibió con los brazos abiertos, abrazó a su sobrina con una profunda tristeza, necesitaba decirle algo, pero no encontraba las palabras precisas que expresaran todo el dolor que estaba sintiendo, y que sabía Diana también sentiría
– Hijita querida, tu hermana está muy enferma, en los últimos días su salud se ha complicado, el doctor vino a verla y me dijo que ya falta poco para que suceda lo inevitable – Explicó.
Diana sintió como su corazón se partía en dos, en un solo instante acababa de pasar de la infinita felicidad que experimentó tras liberarse y liberar a su amiga de aquella prisión, pero ahora, el solo hecho de imaginarse poder perder al ser que más había amado la hacía sentirse la persona más miserable del mundo.
– Ven acá mi corazón, desahógate, ahora me tienes a mí, se lo mal que debes sentirte, yo pase lo mismo cuando murió mi padre, y en el pasado cuando perdimos a mamá – Exclamó Alexandra abrazando fuertemente a su amiga para contenerla.
– No quiero perderla, es mi hermanita, no entiendo porque la vida se ensaña de esta manera conmigo, ella es lo único que me queda – Repetía Diana mientras lloraba amargamente.
– Tendrás que sobreponerte, no será fácil, pero la resignación llegará con el tiempo, sé perfectamente que ahora mis palabras no representan ningún consuelo, pero con el tiempo poco a poco irás asimilándolo, hasta que entiendas que la vida es así, todos algún día tendremos que irnos de este mundo, lo importante es hacer que tu hermana viva el tiempo que le queda a plenitud, y nosotras nos encargaremos de eso, haremos que se sienta feliz, que olvide todo lo que le está pasando – Expresó Alexandra.
– Hija, tu hermana estuvo muy triste porque tú no estabas, deberías ir a verla, eso le pondrá muy feliz.
– Pero cómo voy a verla, no podré resistirme, estoy segura que me derrumbaré al tener la frente a mi – Manifestó.
– No lo harás, tienes que ser fuerte Diana, tu hermana te necesita, y por ella tienes que sobreponerte.
Diana entró a ver a la chica, quien se encontraba tendida sobre la cama, su piel lucía palida, era un rostro desmejorado que manifestaba una enfermedad que había dejado claros signos de deterioro, la joven enfermera se abalanzó sobre ella tratando de no lastimarla, besaba su frente y acariciaba su cabello mientras ambas lloraban por la alegría de volver a verse.
– Te he extrañado tanto hermanita – Dijo Diana .
– Pensé que no volvería a verte, cada vez me siento más débil, mi vida se apaga poco a poco – Expresó la chica con un hilo de voz.
– Te prohíbo que vuelvas a decir eso, mientras haya vida hay esperanza, y juntas vamos a luchar – Prometió la enfermera.
– Tú sabes que ya no hay nada que podamos hacer, debemos resignarnos, no quiero que sufras, no deseo que tu corazón se aflija, al contrario, quiero que seas muy feliz, nadie más que tú se lo merece, siempre has cuidado de mí, sacrificando incluso tu propia felicidad.
– No existe ningún sacrificio cuando uno ama a una persona como yo te amo a ti mi niña, siempre ha sido mi mayor tesoro y lo sabes, y siempre estaremos juntas cuidándonos la una a la otra – Expresó Diana mientras tomaba su mano frágil entre las suyas.
La chica le dio un suave beso en la frente, y poco a poco fue cerrando los ojos hasta quedarse dormida, la enfermedad la agotaba demasiado rápido, y era muy poco tiempo el que podía permanecer despierta, los medicamentos eran lo único que podían atenuar los terribles dolores que constantemente experimentaba, y cuando lograba salir del aletargamiento cualquier esfuerzo hacía que terminara exhausta. Por otra parte, la noticia del incendio en la clínica, y del desmantelamiento de aquella organización criminal estaba en todos los medios, la noticia se había regado como pólvora, y por supuesto llegó hasta Verónica y Mark, quiénes escuchaban horrorizados todo lo que había salido a la luz. Sintieron un pánico descomunal, al imaginar que entre las personas rescatadas, hubiesen podido encontrar a Alexandra, así qué luego de ponerse de acuerdo para coincidir perfectamente en lo que dirían, tendrían qué ir para investigar al respecto.
– Maldita sea Mark, es inconcebible que esto se nos haya salido de control, imagínate si la idiota de mi hermanita abrió la boca y soltó todo lo que hicimos, estaremos en graves problemas – Espetó Verónica atemorizada.
– Cálmate, no te pongas histérica, necesitamos pensar con la cabeza fría, planificar muy bien lo que haremos, no podemos dar un paso en falso o todo se echará a perder, recuerda que habíamos ingresado a Alexandra a una clínica debido a sus supuestos problemas mentales después de la muerte de tu padre, diremos que su mente está perturbada y que no sabe lo que dice, eso es todo – Propuso Mark.
– ¿Y si nadie nos cree? Si piensan que somos parte de esa cueva de malvivientes – Exclamó.
– Charles sabe que no le conviene abrir la boca, y por lo que pude ver en los medios, todo el personal alcanzó a escapar, excepto el director y la enfermera en jefe, así que debemos encargarnos de silenciarlos para no dejar cabos sueltos – Sugirió.
– Vaya, veo que no eres tan imbécil después de todo – Se burló Verónica provocando indignación en el joven quien la miraba con profundo desprecio.
Mark la sujeto por los hombros y tomó su rostro obligándola a mirarlo.
– Cierra esa maldita boca, si no quieres que ahorita mismo te tumbe los dientes, si no fuera por este imbécil como tú me llamas, ahorita estarías hecha trizas, en la cárcel como la maldita criminal que eres – Dijo el tirándola al suelo después.
Verónica se levantó, se sentía humillada, pero por el momento no había nada que pudiera hacer masque dejarse llevar por Mark, quien al parecer era el único que podía ofrecerle una tabla de salvación. Se disfrazaron un poco para ocultar su identidad, pues seguro todo aquello estaría lleno de medios de comunicación y corporaciones de todas las índoles, llegaron con el encargado del caso haciéndose las víctimas y procurando sonar convincentes para salir bien librados.
– Inspector, estoy devastada, no se imagina cómo me siento, acabo de enterarme, esos criminales, cuando ingresé a mi hermana en este lugar, jamás me pasó por la cabeza que algo así pudiese ocurrir – Decía Veronica llorando en forma dramática.
– Señorita Cooper, trate de tranquilizarse, necesito que me dé las características físicas de su hermana y su nombre completo para buscarla en la lista de personas hospitalizadas – Explicó el inspector.
– Dios mío, ¿Quiere decir que mi hermanita podría morir? – Preguntó.
– No, por supuesto que no, por fortuna ninguno de los pacientes rescatados está en peligro de muerte, sólo leves intoxicaciones por inhalar humo.
En el rostro de Veronica se manifestaban una serie de emociones, por una parte deseaba fervientemente que Alexandra hubiese muerto calcinada en aquel lugar, pero por otra parte, eso para nada le convenía, ya que perdería la gran mayoría de la herencia de su familia puesto que todo iría a parar a la beneficencia pública, Y eso no podía permitirlo. El inspector comenzó a buscar el nombre de Alexandra entre la lista de rescatados, pero se sorprendió al no encontrar ningún rastro sobre la joven, al principio pensó que se trataba de un error, así que siguió buscando en repetidas ocasiones, y al no tener ningún resultado decidió informárselo a Verónica.
– ¿Qué noticias nos tiene? ¿Ya puedo llevarme a mi hermana? – Preguntó Verónica impaciente.
– Lamento informarles, qué su hermana no aparece por ningún lado, es como si jamás hubiese estado en esa clínica – Explicó.
Veronica y Mark palidecieron, sus rostros se desfiguraron al momento de escuchar lo que había dicho el inspector, sabían que se avecinaba una catástrofe, puesto que si Alexandra había logrado salir de alguna manera de aquel lugar, todas sus fechorías quedarían al descubierto.