Eloise No sabía qué hacer. Las palabras de Bruno se repetían en mi cabeza una y otra vez, ahogándome. Me levanté de golpe de la mesa, la silla cayó hacia atrás con un ruido seco. —Annette, oye, ¿a dónde vas a esta hora? —preguntó Bruno, alarmado, levantándose también. —Debo hablar con Alessandro —respondí con la voz temblorosa, apenas reconociendo el sonido que salía de mí. Corrí hacia la puerta, pero él me tomó del brazo. —¡Está lloviendo! Además, es peligroso manejar así, y no estás en condiciones. —¡Suéltame! —grité, con más miedo que furia. Sus dedos se aflojaron y aproveché para zafarme. —No entiendes, Bruno… si no lo hago ahora, quizás no tenga otra oportunidad. Tomé las llaves de mi auto con las manos temblorosas y salí casi corriendo. El viento helado me golpeó el rostro

