Dehy
Estoy caminando a la cafetería.
Sigo insistiendo, no me voy a rendir con facilidad. Ese chico va a ser mío.
¡Mío!
Solamente que él no lo sabe. Se encuentra a tan pocos centímetros de la rubia que tiene a su lado, que me dará algo.
La misma mueve las pestañas tan rápido, que pienso que va a espantar las moscas.
¡Adiós abanicos de la antigüedad!
¡Hola a las pestañas largas!
Suspiré me senté en un taburete intentando ocuparme de la mesera, para no tener que pedir.
¡No tengo dinero!
Francisco no me prestó nada de atención, incluso desabotone un botón de encima.
Pero en vano, él me ignoró a pesar de mi intento de coqueteo.
Suspiré sin saber bien que hacer, cuando frente a mis ojos: algo se presentó, como un bonito salvavidas.
¡Bingo!
Me puse de pie, con disimulo tomé un delantal colgado en un perchero al ingreso del mostrador. Me prendí el mismo y con una sonrisa me acerque a ambos.
—Buenas tardes ¿Qué les sirvo? —pregunté.
—Dos cafés —dijo Francisco ignorándome.
—¡Señor Francisco! ¿Cómo le va..? ¿Cómo está su prometida? —le pregunté con malicia, en cuanto dije la palabra "prometida" la oxigenada me miró.
—¿Prometida..? —Quiso saber.
—No... Te estás equivocando de persona —dijo levantando una ceja.
—No, yo lo conozco además... Lo he visto ayer con su prometida —dije fingiendo una sonrisa.
—Adios —dijo simplemente poniéndose de pie.
—¿Acaso dije algo malo? —fingía inocencia.
—No, simplemente no eres mi tipo.
En ese momento todo se derrumbaba.