Capitulo 5
Al día siguiente, me encuentro en el café esperando que Francisco se aparezca: pero nada.
Estoy tan aburrida que me quedaré dormida.
Estaba abrazando a Morfeo cuando sentí una mano en frente.
—¡Eso me dolió! —protesté, ante la mano que me frenó.
—Era eso o quedarte enterrada de cabeza en la barra, niña tonta —habló una voz.
>
—¿Quién eres...? —pregunto, ya que aún me estoy sosteniendo la cabeza.
—El esposo que quieres y no tendrás.
Cuando levanté la mirada, para mí sorpresa Francisco estaba a mi lado.
>
—Gracias...
En ese instante, me quedo observando sus ojos azules.
Y el por un leve instante: me observa.
Ambos estamos sumergidos en algo que no entiendo.
De pronto el carraspea, lo veo con algo de torpeza, era algo natural en mí. Entonces me doy cuenta, que debo empezar con mi plan de conquista.
—¿Te quedarás? Digo así no pido un café en vano, me queda dinero para pedir siete café más.
Él se rió, y por primera vez después de mucho tiempo: me quedé embobada en esa sonrisa.
Seré sincera: mi anterior recuerdo romántico fué un desastre.
—Tomaré el café contigo...
—¡Si! —exclamé emocionada.
—Pero... cuando termine yo me iré.
—Esta bien... Entonces: ¿Qué te gusta de una mujer? —empecé a acercarme coquetamente a el.
Aunque más que seducirlo: a él le daba risa.
Parecía que me había dado un ataque epiléptico, mientras contorneo mis escasas caderas y mis hombros hasta él.
—Se supone que... ¿Debo sentirme atraído por ti?
Lo miro de mala manera, estoy inclinada a su lado. Por el rabillo del ojo veo que él, está sosteniendo el banco con el pie.
—¿Por qué tienes tu...? En fin olvídalo.
—Nose... a qué te refieres.
Lo miré sería, entrecerrando los ojos y analizando lo.
—¿Tienes...?
...
Al parecer no le gustó que le pidiera tan directamente esa cantidad de dinero.
Se marchó y ya sabía porque tenía su pie en mi banqueta: en cuanto se marchó salí disparada al suelo.