—Mamá —la llamo, ella me mira—. ¿Qué pasa, no has hablado nada? — —Disculpa, es que estaba pensando —dice dándome una mirada de disculpa. —¿Que piensas? — —En tu padre — —Por dios mamá —digo rodando los ojos—. No quiero hablar de él, y tampoco quiero saber de él, siento que desde que él y la mamá de Mateo aparecieron, nuestra vida se echó a perder —digo llevándome un pedazo de pollo a la boca, que por cierto estaba exquisito. —Lo sé, también lo pensé en su momento —dice—. Pero si, ¿realmente quiere tener algún lazo contigo?, quizás se dio cuenta que lo hizo mal —dice, yo niego. —No mamá, no me convencerás de eso, yo no quiero tener un lazo con él, no me interesa, yo no siento cariño por él mamá, ya no insistas con eso porque no conseguirás nada, mi instinto me dice que no viene a mí

