No escuche nada de lo que decían en la reunión, tampoco comí, y no puse atención en las clases en la tarde, no sabía que le diría a Mateo, y no sabía que hacer. Pero me sentía tan presionada, la situación era agobiante. —¿Qué te sucede? —me pregunta Max preocupado. —Nada — —Mentira, tienes una cara de muerta, sé que no estás poniendo atención a la clases, no eres tú —dice, no digo nada así que continua—. ¿Qué es lo que me ibas a decir? —pregunta, porque yo le dije que le iba a decir lo que había pasado, pero antes no era un problema tan grande. —Tranquilo, estoy bien — —Con un demonio que lo estás —agarra mi brazo y se levanta, lo miro confundido—. ¡Profesor, necesito salir con Juliette, ella se siente mal! —le dice, el profesor me mira, cierro los ojos ya que todos nos están mirando

