ALEXA
–Entonces, dime…ese chef, ¿Cómo se llama? – Donnie sonríe, sus ojos se arrugan en las comisuras. –¿ustedes son… como…? —
—¿Perdón? –
Se humedece al labio inferior. –O sea, ¿se molestaría tu amigo chef si nos emborracharnos después y nos besamos? –
Mis ojos se abren de par en par, su significado me golpea como un tren de carga. –Bueno… Nolan y yo…solo somos amigos–
¿Por qué no debería dejar esa puerta abierta? Merezco coquetear con un hombre. No tengo intención de llevarlo hasta el estado de mantequilla derretida, o como sea que Donnie llame un orgasmo en su camión de comida, pero ¿Por qué no divertirnos un poco? Demonios, es mi única oportunidad de distraerme mientras Nolan empieza a cortejar a todas las mujeres del hotel. Además, Donnie parece interesante. Parece que sabe cómo divertirse. Parece lo opuesto a Andy.
En este punto, estos son mis únicos requisitos para conocer a una nueva persona.
–Bien. Nada de peleas territoriales entonces, ¿verdad? – Donnie parece extra complacido consigo mismo mientras toma otro sorbo de su bebida. –No es que tenga ninguna oportunidad contra mi–
Evaluó sus bíceps, inclinando la cabeza hacia un lado. –No creo que tengas que preocuparte. Nolan no se pone así con las mujeres–
–O, ¿así que le gustan los chicos? – realmente me disgusta el tono de “Ja, ja, ja, es gay” en su comentario. Así que le envió una sonrisa forzada.
–Realmente no importa–
–Solo bromeaba. Vamos–
Donnie me da un codazo con una sonrisa persuasiva. –Déjame traerte otra bebida–
Las bebidas van y vienen como un borrón. No conecto con Nolan durante la siguiente hora y media, ambos estamos absortos en nuestros propios mundos de socialización. Una vez que el sol comienza a ponerse, la gente habla de meterse en la piscina. Estoy borracha y obediente, así que, mierda, si, vamos a meternos en la piscina. Soy la mejor amiga de todos en este momento, a pesar de que Donnie y yo hemos estado charlando casi sin parar con solo unas pocas interrupciones de extraños. De alguna manera, le admití, borracha, que practico sedas aéreas, lo que abrió todo un mundo de conversación, porque su ex también practicaba sedas.
Consigo escapar a la suite para ponerme mi traje de baño, un bikini de tiras n***o. Esta tranquilo y desolado allí arriba. Cuando vuelvo abajo, el patio está repleto de risas, el cielo veteado de carmesí y naranja. Donnie, de alguna manera, se puso su traje de baño mientras yo no estaba. Casi todos llevan sus trajes de baño en este punto, aunque ahora no puedo encontrar a Nolan en absoluto.
Se me encoge el estómago. Me obligo a no pensar en lo peor: que ya se ha escapado arriba con la rubia alegre, que estoy segura de que ya está ansiosa por entregárselo.
–¿Quieres entrar? – pregunta Donnie.
–Claro– digo, y lo sigo con un nudo en el estómago. El agua es cristalina y mucho más cálida de lo esperado. Todo es perfecto esta de noche. Pura juerga, gente nueva, bebidas gratis. Entonces, ¿Por qué extraño a Nolan? as demasiado apegada y necesitas desenamorarte de él lo antes posible>> ¡Hey, ahí, Subconsciente! No esperaba tanta honestidad brutal de mí misma después de tres margaritas, pero bueno, aquí estamos. Fuerzo una sonrisa para Donnie mientras nos lleva hacia la parte profunda. Casi todos están alrededor de la piscina en este punto, y uno de los miembros del equipo de Donnie le grita mientras nos balanceamos en el agua tibia como la orina. Apuesto a que Nolan también pensaría que estaba demasiado caliente. Si tan solo pudiera encontrarlo.
Floto hacia el borde de la piscina, cerca de donde Hartley está sentado con las piernas colgando en la piscina. Él y uno de los cocineros del camión de “El bastardo Crujiente” están discutiendo variaciones de aceite de oliva. Engancho mis brazos a lo largo del borde de piedra de la piscina y floto, asimilando todo.
No pasa mucho tiempo antes de que Donnie y otros hombres empiecen a ponerse alborotados. Se abren más cervezas mientras el sol se esconde en el horizonte. Hay gritos, juegos bruscos, muchos chapoteos. Finalmente, veo a Nolan. Está en el otro borde de la piscina, con su bañador n***o puesto, y nuestras miradas se encuentran en un destello abrasador. Me pregunto si puede sentir la pregunta grabada en mi mirada: ¿Dónde diablos estabas? La rubia lo sigue de cerca, así que no quiero ni adivinar donde estaba.
No tengo nada en contra de ella; si yo fuera cualquier otra persona, tampoco podría resistirme a Nolan. Solo soy la perra desafortunada que resulta ser su mejor amiga platónica.
Hartley me ofrece otra margarita, que acepto. Hartley es encantador. Todos son encantadores. Todos excepto Nolan. Cada célula de mi cuerpo suspira mientras bebo un sorbo de margarita. Donnie y el grupo de hombres que lo rodean comienzan a corear.
–En topless. En topless. En topless– me toma un minuto alcanzarlo. Donnie me señala con la mano hacia el grupo que se congrega lentamente en medio de la parte menos profunda. Casi todas las mujeres del programa están reunidas. Todas llevamos bikinis de tiras. Todas estamos en nuestros veinte. Es como si hubiera planeado esto o algo así. –¡Reto en topless! - grita alguien.
Estoy gritando y salpicando todo lo que puedo con una margarita en una mano. ¿Por qué demonios no? Me quitaré la parte de arriba, aunque sea solo para demostrarme a mí misma y a Nolan que estoy soltera y que hago lo que quiero. No llegaré más lejos, hasta ahí estoy segura. No me interesa el sexo sin sentido ni las aventuras de una noche. Ni siquiera con mantequilla musculosa.
–¿las cámaras desenfocaran los pezones, ¿verdad? – le grita alguien del grupo de “El bastardo Crujiente”.
—¡Por supuesto! No podemos mostrar eso en televisión. Se considera porno suave– dice riendo.
–¡Me apunto! – digo, añadiendo mi consentimiento al de las masas. Además, me encantan mis pechos. Son firmes. Son bonitos. Alguien debería apreciarlos.
Una mano en mi codo me hace jadear justo antes de poder tomar un sorbo. Oh mira. Nolan está aquí.
–Alexa– sisea, guiándome hacia la pared del fondo. –¿Qué crees que estás haciendo? – Su cabello cuelga húmedo, esparcido por su frente como si hubiera nadado a toda velocidad para rescatarme.
–Solo pasando el rato– me da vueltas la cabeza. Me apoya contra la pared, con las manos en el borde de piedra a cada lado de mis hombros. Emana calor, y juro por Dios que si se acerca un poco. Eh. Voy a romperme y envolver mis piernas alrededor de su cintura.
Es una idea horrible, una que solo me llevaría a una vida de vergüenza. ¿Por qué bebi tanto? ¿Por qué Nolan es tan atractivo? ¿Por qué está tan cerca de mí?
–Esos tipos son unos malditos pervertidos– dice Nolan, mirándome fijamente.
–¿Cómo lo sabes? Soy yo quien ha estado compartiendo con Donnie toda la noche, no tu–
Su mirada se oscurece. –Lo sé. Y solo digo que se cómo leer al tipo. Solo quiere ver tus tetas–
Me burlo. –Bueno, déjalo. Al menos alguien quiere hacerlo–
Baja la barbilla. Mis pezones se ponen tensos debajo de mi bikini y rezo para que Nolan no se dé cuenta de esta loca traición de mi cuerpo. No quiero que sepa que simplemente estar a un simple paso de mi es suficiente para provocar espasmos en mi coño. Que, en realidad, todo lo que necesitaría que hiciera para que me corriera seria susurrarme la palabra correcta al oído mientras roza su nudillo entre mis piernas.
Jesús, he tenido un orgasmo con los recuerdos de él sonriéndome. Mi desesperación no tiene límites.
–No te metas con esos tipos– dice Nolan con la voz áspera. –Te mereces más que eso–
Me río, pero mi risa no tiene humor. –Cierto, merezco una relación totalmente aburrida y estable donde pueda contar con una mano cuantas veces me han comido el coño– Ups. Es la margarita hablando.
Nolan aprieta la mandíbula y mira más allá de mí, hacia algún punto distante en el horizonte, donde probablemente está luchando conta las ganas de vomitar. Cuando finalmente me mira de nuevo, dice. –Estás borracha–
–No me digas, Sherlock–
–Vamos. Subamos–
–No, quiero exponer cada centímetro de mi cuerpo para estos hombres– digo. No porque quiera hacerlo de verdad. Quiero ver cómo reacciona Nolan.
Vuelve a apretar la mandíbula. Dios, es excitante cuando intenta mantener la calma delante de desconocidos. Es casi como si estuviera celoso. Casi. –Alexa. Vamos. Tenemos mucho trabajo que hacer–
No sé porque estoy siendo tan contradictoria. Oh, espera, sí que lo sé. Las margaritas. –Oh, ¿es hora de trabajar, ahora que me estoy divirtiendo,? Típico–
Me guía del codo hacia la escalera. –Necesitas agua. Y comer algo–
–Ya cené– siseo mientras salgo de la piscina. Lo seguiré porque es el único hombre con el que realmente quiero pasar mi tiempo. Pero voy a actuar como si no lo quisiera a cada paso. –¿O no te diste cuenta? tal vez estabas demasiado ocupado acostándote con alguien–
El silencio de Nolan es inconfundible. Es intencional. Es emocionante. Agarro mi toalla de una silla cercana justo cuando Donnie sale de la piscina.
–Alexa. ¿hablamos luego? –
–Creo que me voy a la cama– le digo.
–Bueno, enséñame tu video de sedas mañana. Me muero por verlo. Ojalá y pudiera verte actuar– me dedica una sonrisa de playboy y se hunde de nuevo en la piscina. Miro a Nolan a tiempo para captar la mirada de desconcierto en su rostro.
–Y hey, Nolan– Continúa Donnie, señalando con la barbilla hacia él. –Mi amigo Joe piensa que eres guapo, así que si te gusta…– sonríe con suficiencia mientras deja la sugerencia en el aire.
–Gracias– dice Nolan, con un sarcasmo tan intenso que podría atragantarse. –Oh, Dios, mío. Eres la más dulce– A mí, me dice.
–¿No es Donnie un tipo muy considerado? –
No estoy segura de si quiero reírme o huir de la rivalidad pendiente, así que simplemente me pongo las sandalias. Nolan le hace un gesto obsceno mientras regresamos al hotel, y luego camina tan cerca de mí que nuestras caderas se tocan.
–¿De qué se trata eso? –
–¿Qué? –
–Sedas– dice.
–Oh, nada– digo. aparentemente, todo el asunto de que Joe ni siquiera se registró en su escala de irritación.
–Dijo que quiere verte actuar– dice Nolan, y ahora sí que estoy en problemas. Le ofrezco una sonrisa tímida. Me atrapo. No ofrezco nada, y el silencio es denso entre nosotros mientras entramos en el vestíbulo del hotel y nos dirigimos a los ascensores.
Una vez que estamos atrapadas en la pequeña caja de acero que se catapulta hacia arriba, Nolan se gira hacia mí. –¿Por qué siento que me estás mintiendo? –
–¿Por qué siento que me estas mintiendo? – le respondo, porque no se me ocurre nada mejor.
–¿Sobre qué demonios te estaría mintiendo? – la exasperación es evidente en su voz.
– Oh, no sé–, digo. Dios, discutir es difícil cuando estás borracha. –¿Cómo a donde te fuiste a cenar?–
–¡Estaba en la piscina! –
–Bueno, no viniste a comer conmigo–. Cruzo los brazos y me doy la vuelta, sintiéndome como un niña petulante y sin importarme en absoluto.
–¿Querías que lo hiciera? Parecías bastante cautivada con el señor cara de mantequilla–
Me río, pero lo reprimo rápidamente, porque se supone que debería estar enojada. –Solo estaba siendo amable con él–
–¿Es por eso que querías quitarte la ropa para él?–
Ay. Frunzo el ceño, viendo como el número del panel pasa del 6 al 7. Bien, casi llegamos. Así que ahora puedo regodearme no solo en mi borrachera, sino también en mi atracción s****l reprimida.
–Estamos de vacaciones, Nolan. Puedo quitarme la ropa para quien quiera–
Nolan está extraño silencioso, y el ascensor finalmente sube al octavo piso. Justo cuando las puertas comienzan a abrirse. Nolan. Su mandíbula se flexiona como si estuviera rechinando los dientes.
–Déjame aclarar esto. ¿Quieres mostrarle lo que hay y decides confesarle algún maldito secreto profundo a este tipo después de conocerlo durante treinta minutos? ¿Y yo te conozco desde hace más de diez malditos años y no recibo la misma consideración? –
Lo miró fijamente, mi mente borracha incapaz de concentrarse en nada más que en “¿Así que quieres ver mis cosas?” me toma un momento desentrañar lo que dice Nolan. Pero puedo ver a través de la niebla. Está herido.
Mierda, tal vez tenga razón. –¿por qué él puede venir y saber de ti, pero yo tengo que parar un ascensor y suplicar? – pregunta Nolan. Sus ojos son agudos y brillantes, la luz se refleja en una piedra preciosa. Toda mi picardía de margarita se evapora.
Dejo escapar un suspiro, mirando fijamente la puerta. –Lo siento, Nolan–
Se mueve, quitando el pulgar del botón. La puerta se abre un momento después. Empezamos a caminar hacia la habitación, el aire todavía tenso y extraño entre nosotros. Cuando llegamos a la puerta, le agarro la muñeca.
–He estado practicando sedas aéreas durante los últimos años– lo susurro, como si las paredes pudieran traicionarme. Nolan asiente, su mirada azul recorriendo mi rostro.
–Genial– dice. la puerta se desbloquea un momento después.
–No quería decírtelo–
–Me di cuenta–
Entra en la habitación y todavía le sujeto la muñeca mientras la puerta se cierra detrás de nosotros.
–No quiero que nadie más me haga sentir como mierda por esto– digo, con un nudo repentino en la garganta. Malditas sean estas margaritas. –Andy me hizo sentir como una mierda cuando se enteró. Es el único que se enteró. Y yo…– No puedo seguir. Simplemente niego con la cabeza, sintiendo las lágrimas de borracha brotar.
—No te haré sentir como una mierda por esto– dice Nolan, rodeándome los hombros con el brazo. Me atrae hacia él, mi cara se estrella contra su pecho. Mis brazos rodean su cintura y me derrito en la reconfortante solidez de su pecho. Su piel cálida, que nunca antes había tenido presionada contra mi mejilla. Hay algo crudo, algo visceral en esto. Puedo sentir su maldito latido a través de mi mejilla.
Este es un espacio que se siente como un hogar de una manera que Bahía Azul, la casa de mi infancia, e incluso mi propio apartamento no pueden igualar.
Las emociones estallan como un geiser y mi respiración se entrecorta. No voy a llorar. Excepto que ya estoy llorando, y maldita sea, ¿Cuándo dejaré de amar a mi mejor amigo?
–Vamos a dormir un poco– Nolan se aparta de mi repentinamente. Se pasa una mano por la parte larga del cabello, evitando mi mirada. –Tuvimos un día largo–
Hay algo eléctrico zumbando en el aire entre nosotros. Lo observo mientras se pasa las manos por la cara justo antes de dirigirse al dormitorio. Hay una pregunta tacita allí, algo que tengo mucha curiosidad por saber. El latido de mi corazón quiere que sea la pregunta que tengo demasiado miedo de hacer. ¿Y nosotros?
–Si– digo, mucho después de que haya desaparecido en el dormitorio. Me preparo para pedirle que vuelva. Que me abrace de nuevo. Que me envuelva en sus brazos por esta noche, por favor. Me cuesta encontrar las palabras para preguntarle, ¿y si nos besamos hasta que nos quedemos dormidos?
Pero en lugar de eso, me dirijo al baño, donde puedo salpicarme la cara y buscar a tientas las sobriedad bajo las duras luces.
Porque necesito recordar lo que es ser simplemente la mejor amiga de Nolan. Lo que en algún momento del último del mes, olvidé lo que eso significa.