NOLAN
Me despierto a la mañana siguiente pensando en las tetas de Alexa. Ese bikini n***o dolorosamente sexy. Su larga cola de caballo casi negra pegadas a sus hombros. Gotas de agua rozando las curvas de sus pechos que realmente sacrificaría nuestra amistad para pasar la lengua y recoger cada gota.
Tengo los ojos cerrados, técnicamente todavía no estoy despierto, aunque mi pene está completamente despierto, y frunzo el ceño enojado por haber pensado siquiera esas palabras. Alexa y yo somos amigos. Hemos sido amigos desde siempre. Eso no va a cambiar solo porque no pueda verla en bikini sin ponerme muy duro. Me giro de lado, lejos de la cama de Alexa, e intento pensar en literalmente cualquier cosa que no sea que tipo de paraíso de seda podría encontrar entre sus piernas.
Puede que tenga que alejarme físicamente de su presencia si se emborracha así de nuevo. Porque todo lo que puedo pensar el resto de la noche fue…Así que Andy nunca se la comió…
Dios mío, le comería el coño tan fuerte. Hasta el punto de asfixiarme. Moriría en el coño de Alexa y no me arrepentiría ni un segundo.
Frunzo aún más el ceño y ahora me muevo boca abajo para atrapar mi furiosa erección contra el colchón. Como si esto pudiera convencerla de que desaparezca. Pero después de unos minutos, más está claro que lo único que me va a ayudar es un baño de hielo o masturbarme. Tal vez ambos, porque no tengo mucha fe en que una ducha fría vaya a curar lo que tengo.
Me levanto de la cama y me dirijo al baño. Estoy seguro de que Alexa está practicando yoga en la otra habitación, así que no quiero presenciarlo de ninguna manera. Abro la puerta del baño. Y ahí está ella, mierda.
Completamente desnuda. Su pie apoyado en el borde de la ducha mientras se seca con la toalla hasta los tobillos, exponiendo el elegante arco de su pierna y ese crujiente trasero y las sombras más deliciosas y regordetas de su feminidad.
Mierda. Mierda. Mierda.
Estoy paralizado en el marco de la puerta, con la mandíbula desencajada y en el suelo. Se me escapa una especie de ruido ahogado, porque se gira y jadea.
–¡Nolan! – grita, envolviéndose con la toalla. Escondo mi mitad inferior detrás de la puerta para que no vea la enorme tienda de campaña en mis bóxer. Recuerdos de su bikini es suficiente para acabar conmigo.
Entrar y ver su coño…es como un maldito líquido para encendedores sobre una pila de leña humeante.
–Lo siento. Lo siento– me froto los ojos. –Acabo de despertar. Tengo que orinar–
Si, claro. Si intento orinar en la próxima media hora, terminaré orinando el techo.
–Bien, me doy prisa– sus mejillas estan rosadas y flota hacia el espejo del tocado. Debería dejarla prepararse en paz, pero no puedo.
–¿Dormiste bien? – pregunto.
–Si. Aún así, me desperté a las siete– dice con una pequeña risa.
–Estabas bastante borracha anoche–
Suspira, rociando algo de sustancia femenina en una bola de algodón. No tengo idea de lo que la mayoría de las chicas usan después de ducharse, pero da igual. Me gusta. –Lo sé –
Mi polla palpitante me recuerda cuales cree que son mis prioridades. Incluso tan temprano en la mañana. Especialmente tan temprano en la mañana. –Así que Andy realmente nunca te la comió, ¿eh? –
Su boca se abre y su mirada se encuentra con la mía en el espejo por una fracción de segundo. Esta mortificada. Simplemente no estoy seguro de cómo hacerle saber que no debería estarlo. –Oh, Dios. Yo… ¿podemos simplemente…no? –
–Solo digo que necesitas un hombre dispuesto a comer coños– Esta conversación no está ayudando a que mi polla se ablande, pero ¿Cuándo gobierna la lógica en la mente de los hombres?
–Ojalá los chicos fueran sinceros sobre ese tipo de cosas– murmura.
–Oh, si se lo que soy. Me encanta comer coños–
Ahora sus mejillas estan rojas como la remolacha, y sí, estoy disfrutando cada segundo de esto. Estoy loco de excitación. Acabo de ver a Alexa desnuda por detrás, y con gusto arruinaría la agenda de hoy solo por tener la oportunidad de follarla hasta dejarla sin aliento durante las próximas tres horas seguidas.
Pero solo somos amigos.
–Estoy segura de que todas las mujeres con las que te acuestas lo aprecian mucho– dice, pasándose furiosamente la bola de algodón por las mejillas. –Pero algunas de nosotros estamos acostumbradas a lo que cariñosamente llamamos “imbéciles egoístas”–
–Parece que necesitas mejorar tu juego–
–Gracias por la recomendación, Nolan–
Se aplica un poco de crema hidratante en la palma de la mano. –Pero de verdad es que ni siquiera estoy jugando. A la mierda el juego. Soy célibe–
Resoplo. –Eso no es lo que piensa el Chico Mantequilla–
–No me importa lo que piense. No estoy dispuesta a tener sexo casual. La próxima vez que me acueste con alguien, será con mi prometido–
Sus palabras me golpean, recordándome su ángulo. Ella quiere un felices para siempre. Solo quiero comerle el coño hasta que grite mi nombre. Pero también quiero que este en mi vida hasta el día de mi muerte. Podríamos ser mejores amigos con derechos. ¿pero no es eso solo matrimonio? Es demasiado en lo que pensar ahora mismo, con esta erección, con ella tan cerca pero tan inalcanzable. Se envuelve frente al espejo y se aprieta la toalla alrededor del pecho, pasando junto a mí. El ámbar y el rastro con aroma de jazmín que deja atrás no ayuda. Doy vueltas por el baño durante unos momentos, y finalmente opto por la ducha fría.
Cuando salgo del baño, ya casi esta lista. Después de la ceremonia de eliminación de hoy, los que quedamos nos dirigimos a Chicago. Me pongo mi uniforme estándar; pantalones cortos negros y una camiseta, esta vez gris claro, y encuentro a Alexa en la sala, mirando por la gran ventana, doblando una pierna hacia atrás de modo que el tacón de sus chucks negras le toca la parte baja de la espalda. Lleva puestos unos jeans negros ajustados con una camiseta gris ajustadas.
–Somos gemelos– le digo.
–Creo que, a estas alturas, somos la misma persona– dice con una risa. Estoy a punto de contradecirla, de recordarle que se ha estado escondiendo todo un pasatiempo mío desde hace años, lo que no suena a ser la misma persona en absoluto. Pero no. tengo que investigar más. Puede que se haya desmayado inmediatamente en cuanto volvimos a la habitación anoche, pero me quedé despierto una hora más mirando sedas aéreas.
¿En pocas palabras? Mierda.
Si ese es el tipo de cosas en las que se mete Alexa cuando nadie la ve, tenemos que ponernos al día.
Pero cuando Alexa se gira para mirarme, con su sonrisa cálida y cómplice, ese brillo familiar en sus brillantes ojos verdes, me doy cuenta de que hay un pequeño problema.
No hay manera de que pueda mantenerme alejado de ella por mucho tiempo. El tiempo se me acaba, es una bomba, y cuando le explosión finalmente ocurre, nada está a salvo. Ni Alexa. Ni su trasero crujiente como una manzana. Y menos nuestra amistad.
🔥🔥🔥
De alguna manera, nadie es eliminado en la ceremonia de eliminación. Todos hicimos un trabajo tan bueno que nos envían a Chicago con la promesa de que el próximo desafío destruirá las esperanzas y los sueños de alguien.
Alexa y yo nos embarcamos en nuestro viaje por carretera a Chicago, excepto que ella toma el auto y yo conduzco la bestia lenta. Leonardo es necesario en otro lugar para problemas de Re-filmación, lo que significa que mi amigo camarógrafo también está ausente.
Así que, en lugar de un viaje de cuatro horas a Chicago con mi mejor amiga y tentadora residente a mi lado, estoy atrapado a mi velocidad máxima de sesenta y cinco durante cuatro horas, solo, escuchando death metal y recordándome a mí misma todas las razones por las que no debería encerrarnos en la habitación tan pronto como lleguemos al siguiente hotel y follar hasta el amanecer.
Soy un cabrón cachondo. Lo sé. Alexa lo sabe. Todos en Bahía Azul lo saben. Y aunque tengo muchas ganas de follar con Alexa hasta el amanecer, sigo intentando ser bueno. Me recuerdo a mí mismo a Andy, aunque estoy menos a favor de que vuelvan a estar juntos ahora que se que es un cobarde en la cama. Me recuerdo a mí mismo que no quiero complicar las cosas si alguna vez se descubre que me follé a su exnovia durante nuestra temporada aleatoria en un reality show por el Medio Oeste. El trabajo se volvería incomodo. No me gusta el drama en lugar de trabajo.
Hace una semana, esta razón fue suficiente disuasión. ¿pero ahora? Ni siquiera me importa una mierda. Tic. Tic. Tic.
Alexa llega primero a Chicago, por supuesto. Me envía fotos triunfantes de nuestro último oasis. Modernas torres plateadas, la puesta del sol invasora reflejándose en las ventanas como un prisma, la jungla de acero de la ciudad extendiéndose a su alrededor.
Alexa: ¡ES otra suite! Mira nuestra vista.
Una foto del paisaje bañado por los tonos rosados del anochecer aparece, pero esta vez de una altura considerable. Esto dodo cemento y perfiles de acero, reflejos metálicos. Debemos estar en el piso cuarenta o algo así, porque la piscina del hotel en la foto se ve bastante abajo.
Alexa: Hay otra fiesta en la piscina esta noche.
Nolan: Apuesto que ya le dijiste al chico mantequilla que estarías allí.
Alexa: Si no lo supiera, pensaría que estás celoso.
Nolan: ¿Por qué crees que lo sabes?
Tic. Tic. Tic.
No me responde. No lo necesita. Probablemente se dé cuenta de que voy por ella, pero si aún no se ha dado cuenta, lo sabrá pronto