CAPÍTULO 4

1095 Words
Iris disfrutó muchísimo el desayuno, en la mesa había todo tipo de platinos y todos especialmente preparados para ella, Antón no dejaba de sonreír al verla comer y al final ambos se quedaron satisfechos. —¿Te gusto tu desayuno de bienvenida? —indaga Antón e Iris asiente. —Sí, estaba delicioso, gracias —responde y lo mira a los ojos porque recordó que le dijo que no debía bajar la miranda, ni ante él. —Eso me alegra, ahora puedes preguntarme lo que quieras, supongo que tienes dudas sobre mí así que adelante, responderé todas tus preguntas —Antón, está dispuesto a pasar todo el día respondiendo las preguntas de su amada con tal y ella se sienta bien y segura a su lado. —¿Cómo te llamas? —indaga Iris y Antón no puede evitar reír, están casados y su reina aún no sabe su nombre. —Antón Ivanov, tengo 28 años, soy el mayor de 4 hermanos todo hombres; sin embargo, nuestra madre siempre nos enseñó a tentar a las mujeres como lo que son, una reinas —responde Antón y da información de más. —¿Por qué usas una silla de ruedas? —ella quiere saber todo de el hombre que ahora es su esposo. —En mi adolescencia fui algo rebelde y tuve un accidente en moto, tuve una fractura muy grave en la columna y durante años me han sometido a múltiples cirugías, pero aunque recupera la sensibilidad en mis piernas y tengo algo de movimiento en ella, no puedo ponerme de pie y un día cansado de tantas cirugías mi madre y yo decidimos que ya era suficiente no habría más cirugías y me resigné a no caminar nunca más —Iris lo escucha con atención y le da pesar que el haya sufrido tanto. —¿Por qué te casaste conmigo? —esa pregunta sí que la esperaba Antón, así que movió su silla e hizo que Iris moviera la suya hasta quedar uno frente al otro. —Sara me mostró tu foto y me contó tu historia, me enamoré a primera vista de ti, eres hermosa, dulce una gran persona a pesar de todo lo que te han hecho, y decidí que te sacaría de aquel lugar para darte todo lo que te mereces, ser la reina en tu propio castillo —responde Antón mirándola a los ojos y como sin poder evitarlo Antón junta sus labios con los de Iris y se dan un dulce y tierno beso. —Vamos, te mostraré cada rincón de tu palacio mi reina —Antón sonríe al ver lo sonrojada que está su esposa, pero aun así esta se pone de pie para seguirlo. —¿Necesitas ayuda? —Iris, quiere corresponder el buen trato que ha recibido desde que llego a esa mansión. —No, este lugar es tu palacio, pero está equipado para que yo pueda moverme son problemas, así que no te preocupes tu sígueme —Antón se pone en marcha para mostrarle todo el primer piso. En el primer piso, le enseña el gimnasio, la sala de cine y la gran biblioteca, al igual que la cocina y el área en donde se encuentran las habitaciones de los empleados. —¿Puedo usar el gimnasio? —Iris curiosa. —¿Has entrenado alguna vez? —La cuestiona Antón. —No, pero me gustaría —confiesa Iris. —Contrataré a una entrenadora personal para ti —accede Antón, quien no la dejara entrenar sola para correr el riesgo de que se lastime. —¿Entrenadora mujer? —indaga Iris y este asiente. —Por supuesto, no dejare que ningún idiota venga a ver el cuerpo de mi esposa y mucho menos le pagaré por eso —Iris no puede evitar reírse ante el comentario de Antón. —¿Eres celoso? —Antón voltaje a mirarla y se acerca a ella, para liego hacer que caiga sentada sobre su regazo en la silla de ruedas —Soy muy celoso y más con lo que es mío, por ahora eres mi esposa solo de papel, pero pronto lo serás con todo lo que eso implica, así que si soy extrañamente celoso, porque te amo —le informa Antón mirándola a los ojos, mientras las mejillas de Iris se enrojecen ante sus acciones. Iris, no pregunto ni dijo nada amas, ya que Antón ni le permitió bajarse de su regazo y a si terminaron de recorrer el primer piso de la mansión, al segundo piso subieron el ascensor qué colocaron para Antón especialmente. Ya en el segundo piso le mostró todas las habitaciones de invitados que están ahí y una pequeña sala de estar junto a un minibar, ahí Iris no pasaría mucho tiempo porque ese piso es solo para invitados y ella es la dueña y señora de esa mansión. Ya en el tercer piso se encuentra la habitación principal, en donde ya Iris estuvo un rato, además hay una hermosa sala de cine para dos, una estación de café, y un despacho en donde Antón trabaja desde casa, además cuenta con un espacio completamente vacío. —¿Y por qué está vacío este lugar? —indaga Iris al fin poniéndose de pie, escapando de los brazos de su ahora esposo, quien era feliz con ella sentada en su regazo. —Porque es tuyo, aquí pondremos lo que tú quieras mi reina, este es tu espacio, cuando decidas lo que quieres poner aquí solo debes decirlo y lo tendrás —Iris sonrió feliz, aún no sabe lo que colocará en ese espacio, peor algo se le ocurrirá. —Gracias, Antón, gracias por todo —Antón la toma de la mano y deja un beso sobre esta. —Vamos a nuestra habitación —ambos llegan hasta la habitación principal y Antón la lleva gasta el vestidor qué ella ya había visto lleno de ropa de mujer. —Todo esto que, vez aquí, es tuyo, fue escogido especialmente para ti, así que puedes usarlo en el momento que desees —Antón le aclara a su reina y esta recorre el vestidor feliz. Ni en toda una vida, Iris podrá terminar de usar toda la ropa que hay en ese vestidor y no que decir de los zapatos y accesorios, es un sueño hecho realidad para cualquier mujer. Antón, también le explico que el baño en donde se encuentra la silla de ruedas es el de él, ya que está equipado para una persona con sus necesidades y tiene el espacio adecuado para moverse en su silla de ruedas.
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