—¿Estás segura de eso? —pregunta Max preocupado, sé que no quiere que sufra.
—Yo ya no siento nada por él, es más, creo que nunca lo hice, me parece que solo fue un capricho, sé la basura que es —digo firme.
Adam quiere jugar conmigo, pero le daré de su propia medicina, nadie volverá a jugar conmigo otra vez, es algo que me juré, yo ya no siento nada por él, cualquier tipo de sentimiento que tuve murió esa noche.
—Mmm, no lo sé —dice, yo ruedo los ojos.
—Cuando lo vi, me di cuenta de lo fuerte que yo era, y que lo había superado, lo único que sentí fue asco —
Max asiente, pero no seguimos conversando ya que llega el profesor, hoy es el tercer día por lo que empezamos de lleno a ver materia, este es el momento donde los profesores comienzan a bombardear con libros y apuntes. La única manera de poder seguir el ritmo es estudiando todos los días un poco, y luego al llegar el examen ya no te sientes tan agobiada. Era una técnica que me había servido mucho.
—¡Dios, tengo demasiada hambre! —dice Max, yo asiento.
—Estoy igual —digo.
Llevamos tres clases seguidas, iban a ser las tres de la tarde y no habíamos comido nada, yo apenas podía mantenerme despierta.
—Bueno alumnos, hemos terminado la clase —dice el profesor, Max y yo guardamos nuestras cosas a la velocidad de la luz, me dolía la mano tanto tomar apuntes, ya que tenia que hacerlo de manera rápida.
—¡Tengo demasiadas ganas de una hamburguesa! —dice Max, yo asiento pensando en la rica pizza individual que me comeré.
—Y yo mi pizza individual —digo, él asiente y tira de mi mano para salir.
—Apúrate, se llenará y tenemos otra clase en una hora —dice.
Una hora no era nada de tiempo, la cafetería se llenaba y por ende los pedidos se demoraban mucho más.
Cuando llegamos a la cafetería habían tres personas, y como no, si Max me había traído corriendo. Pedimos nuestra comida y nos sentamos en una mesa, al poco rato la cafetería se comenzó a llenar.
—Alcanzamos nena —dice Max cuando ve llegar todos los chicos, yo asiento.
En diez minutos nuestra comida esta en la mesa, huele tan rico que mi estómago suena y no pierdo más tiempo para comer, miro a Max que esta de la misma forma que yo.
—Esto esta exquisito —digo.
—Como tú —escucho que dicen detrás de mí. Miro hacia atrás para ver a Adam con los que asumo son sus nuevos amigos, ruedo los ojos y me doy la vuelta—. ¿Y tu novio?, te veo muy sola —
—¿Estaré pintado, acaso? —dice Max.
—Adam, ¿Dejarás de molestarme algún día? —le pregunto, él niega.
—Quiero una oportunidad contigo —dice yo lo miro sorprendida.
—¿Qué? —
—Juliette, fui un tonto ese día, luego de lo que paso intente buscarte porque estaba arrepentido pero no me atreví, no quería ser el hazme reír de mis amigos, pero ahora soy otra persona, soy maduro —dice yo lo miro enarcando una ceja—. Siempre te encontré hermosa, el destino nos volvió a juntar, no puede ser una coincidencia —dice, muy tarde Adam.
—Yo no creo en el destino —digo—. Pero si quieres conversar anda a mi casa en la noche —digo, se le iluminan los ojos y asiente.
—¿Cuál es tu dirección? — le doy la dirección y me doy vuelta para seguir comiendo tranquila, Adam entro solito al plan que tengo para él, yo no creo en el destino pero quizás, solo quizás, Adam debe recibir su merecido. Mucho tiempo después me entere que a otras chicas les había hecho lo mismo. No hay nada que justifique sus hechos.
—Se metió en tu plan como un bebé —dice Max en voz baja, yo asiento.
—¿Qué clase nos queda? —pregunto.
—Civil y penal —dice, yo hago una mueca, estoy cansada y esos ramos son muy pesados en cuanto a materia.
—No se si podre soportarlo —digo.
—Lo harás —dice.
Cuando terminamos de comer salgo bajo la atenta mirada de Adam y sus amigos pero no les doy importancia.
—Adam es bastante guapo —dice Max cuando caminamos hacia nuestra siguiente clase. Yo asiento.
—Pero es una persona tan mierda que eso lo opaca completo —
—¿Qué le harás en la noche? —
—Cualquier cosa que yo haga nunca lo va a hacer sentir como yo y otras chicas se sintieron —digo, Max asiente.
Porque Adam quiere acostarse conmigo, pero yo en ese tiempo quería estar con él y simplemente destrozó a aquella chica tímida.
Las clases son una completa tortura, me quede dormida al menos dos veces, y eso en la primera clase, por suerte me puse a grabarla y luego en casa después que me duerma una siesta reparadora, lo pasaré en limpio. La verdad hoy nos habían pasado tanta materia que mi cerebro definitivamente necesitaba una siesta.
—Imagino que al llegar a tu departamento harás tu siesta reparadora —dice Max mirándome, yo asiento.
—Me conoces bien, nene —digo, él mueve la cabeza.
Yo siempre he sido una persona que necesita dormir al menos treinta minutos si es que tiene un día ajetreado, y lo llevo haciendo desde que entré a la universidad.
—Quisiera poder hacer lo mismo —dice él.
—Es un don que tenemos solo algunas —digo sacándole la lengua.
—Si, don —dice rodando los ojos.
Cuando llego a mi departamento lo primero que hago es tirarme a la cama, cierro las cortinas y pongo la alarma de media hora, con eso creo que podría seguir hasta las doce de la noche repasando.
Unos fuerte ruidos me despierta, miro hacia mi celular que vibra como loco, lo tomo y abro los ojos cuando veo que son las nueve de la noche, debería haber despertado hace hora y media, me levanto caminando hacia la puerta bostezando. Cuando la abro, me sorprendo de ver a Adam, pero luego recuerdo porque esta aquí.
—Me despertaste de mi siesta —digo mirándolo, él sonríe y sé que intenta darme aquella sonrisa por la que una vez yo me derretía, pero no lo consigue, de hecho no siento nada.
—Lo lamento, ¿puedo pasar? —pregunta, yo asiento. Al pasar Adam por mi lado su perfume inunda mis fosas nasales, buen perfume.
—Y, bueno Adam, ¿Qué querías decirme? —le pregunto él asiente y me mira.
—Quiero pedirte disculpas —dice, yo lo miro enarcando una ceja, él suspira—. Sé que lo te hice estuvo mal —
—¿Mal? —
—Bueno, horrible, pero es que era un chico inmaduro y me dejaba llevar por los demás —dice, yo ruedo los ojos.
—Que fácil es culpas a los demás de nuestras acciones —digo sacando una cerveza, y dándole otra a Adam, no es que tuviera miles de cervezas, de hecho solo tenía esas cuatro.
—Por favor Juliette, ya fue hace demasiado tiempo —dice, yo asiento.
—Tienes razón, yo ya no soy esa chica que conociste —digo, él asiente.
—Me di cuenta —dice.
—Y la verdad no se que esperas lograr con todo esto, ya han pasado casi seis años —digo dándole un sorbo a mi cerveza. Muchas veces pensé que pasaría si Adam aparecía pidiéndome disculpas, la verdad es que no pensé que no me importaría.
—Quiero empezar de nuevo, yo luego de esa noche me sentí mal, yo si te había visto Juliette, sabia que eras hermosa y demasiado buena para mí —dice, yo lo escucho—. Luego de lo que paso, algo cambio en mí, deje de juntarme con los chicos, y pasé muchas veces por afuera de tu casa, pero nunca me atreví a golpear tu puerta —Adam se pasa la mano por el pelo mientras le da otro sorbo a su cerveza.
—Ya es tarde Adam, lo sabes —digo, él asiente ¿un poco triste? —. Si lo que quieres es un remember lo podemos hacer —digo encogiéndome de hombros, él me mira sorprendido.
—¿Segura? —pregunta, yo asiento—. Quiero que me des una oportunidad, es decir, de conocernos —dice, yo sonrío.
—Depende como seas en la cama decidiré si quiero seguir contigo —digo, Adam no puede más de la sorpresa. Así que aprovecho eso y comienzo a caminar hacia él, paso mi mano por su pelo de forma tierna, Adam cierra los ojos pero yo en cambio no siento nada.
—Esto se siente muy bien —dice, me acerco a él y lo beso pero a diferencia de los besos de Mateo, estos no me producían nada. Adam comenzó a tocarme por encima de la ropa, sus manos llegaron a mis pechos, una mano bajo a mi trasero y su boca comenzó a besar mi cuello. Lo sentía estar listo para mi, pero en cambio yo ni siquiera estaba excitada, lo único que pensé fue en lo diferente que mi cuerpo se sentía cuando estaba con Mateo y eso me hizo sentir muy asustada.
—¡Espera! —digo alejándome un poco, Adam me mira sorprendido—. No siento nada —termino diciendo, Adam esta mirando hacia otro lado, sé que lo he herido, le he dado un golpe donde más le duele a un hombre, su masculinidad. Y eso no me hace sentir bien, Adam no es capaz ni de mirarme.
—Querías una venganza —me dice levantándose y caminando hacia la puerta—. La conseguiste —