Honey vio la hora en su reloj. Eran las seis de la tarde, pues se acostumbraba a quedar una extra, después de la salida de los trabajadores. Así mismo, lo hacía su esposo, con quien había acordado que ella pasaba por él a la casa de modas. Tomó sus pertenecías y salió de su despacho, en la que la esperaba Lila, que ya también preparada para irse. Ambas tomaron el ascensor y fueron hasta la entrada del rascacielos de la empresa de inversiones. El guardia de seguridad les hizo una reverencia, parar despedirlas a las dos. —Hasta mañana, señora Honey —dijo Lila, con voz sosegada. —Nos vemos mañana, Lila —dijo Honey, subiéndose a su auto, mientras el chofer le abría la puerta, que nada más lo hacía cuando no estaba Haarón con ellos. —Descanse —dijo Lila, terminando la conversación. Estuvi

