El chofer detuvo el auto en la zona de jets privados del aeropuerto. Haarón se bajó primero, para darle asistencia a su esposa. Honey llevaba puesto un pantalón y una camisa blanca. Al igual, que unas gafas de sol y su bolso, lo cargaba en el brazo derecho. Su ondulado cabello rubio, se lo había soltado, y mechones, le caían por delante los hombros. Varios empleados se acercaron, para subir las maletas y luego se bajaron. Lila estaba esperando, al lado de otro coche n***o. Ella lucía su atuendo de oficinista gris, una falda y una blusa. Honey se acercó a su secretaria. —Quedas a cargo en el tiempo que yo no esté, Lila —dijo Honey. Confiaba en ella y dejaba su empresa y sus negocios, al mando de la linda castaña. —Gracias por su voto de confianza, mi señora —contestó Lila, hacien

