En mi primer día de clases, Caden pasó por mí, me había decepcionado mucho no ver a Ramsés en ese auto, había llegado a pensar que él querría al menos llevarme a mi primer día, pero eso no pasó. Me sentí un poco tonta por ello. Así que ese día no lo disfruté como quise, estuve de un terrible mal humor. Ese primer día, conocí a Carol, quien me miró de arriba abajo y sentí su rechazo. —Perdona que te mire de esta manera, pero necesitas urgente deshacerte de esa fea ropa. —dijo sin más.
No sabía que tenía de malo mi ropa. En mi parecer era hermosa. Así que le resté importancia. —A mí me gusta.
—Pues no debería. —dijo tomando su teléfono —Si, como lo imaginé, mañana tengo un espacio disponible, así que mañana vamos de compras.
—No es necesario, en serio.
—Lo es si quieres encajar aquí.
Asentí porque ella tenía razón, yo quería encajar, lo necesitaba, lo anhelaba porque jamás había encajado en ningún lugar, ni con una familia pude. Así que esto era necesario para mí. Al menos tenía la tarjeta de crecido de Ramsés, estaba pensando en conseguirme un trabajo para pagarla. Me parecía un absoluto abuso usarla, así que cuando había comprado esta ropa, lo hice en tiendas de segunda mano, lo más económico posible, que obviamente no era la mejor. Pero al menos era ropa. Cuando terminé todas las materias que tuve para ese día, Carol se ofreció a llevarme. Así que asentí sin dudarlo. Pero Caden me esperaba en la entrada. —Señorita Bree, he venido por usted. —dijo serio. Me disculpé con Carol y me despedí de ella emocionada porque vería a Ramsés. Yo no estaba confundida, porque no estaba enamorada de él, pero sentía que era mi amigo, un amigo muy mandón que me estaba ayudando. Así que subí sonriente al auto. Otra vez sentí deseos de abrazarlo. Es que para una persona que crece en un orfanato, los abrazos son muy importantes. Son una manera de agradecer, porque no tienes nada más con que hacerlo. —Perdón por no haber venido a traerte en tu primer día, pero tuve una emergencia —dijo serio.
Asentí sonriente, el mal humor que había tenido todo el día se había esfumado con solo mirar su auto. —No te preocupes lo entiendo. ¿Emergencia de qué?, ¿Estás bien?
—Cosas de trabajo, no te preocupes. ¿Cómo te fue en tu primer día? Vi que hiciste amigas.
—Me fue bien, la universidad es hermosa y las clases estuvieron bien. Si, me invitaron de compras mañana. Con respecto a eso, usaré tu tarjeta, pero prometo encontrar un trabajo para pagarla.
Lo vi fruncir el ceño, apenas le dije eso —No es mi tarjeta, es tuya, tiene tu nombre. Y no es necesario que trabajes. Lo tienes todo. No necesitas nada.
—Perdón, pero no estoy acostumbrada a recibir todo regalado. Así que sí, me voy a conseguir un empleo.
—Sobre mi c*****r —dijo subiendo el tono de voz. —No vas a trabajar hasta que termines tu carrera, una vez terminada, puedes hacer lo que te dé la gana.
Me crucé de brazos y puse cara de enojada. —Definitivamente, no era necesario el tono de voz. —dije conteniendo mi mal humor. En el auto reinó el silencio hasta que llegamos a la entrada de mi edificio. No esperé que nadie abriera mi puerta y fui la primera en bajarme. Hasta de cerrar la puerta con todas mis fuerzas, grité —Si me voy a conseguir un empleo y no podrás evitarlo. Caminé a paso apresurado y entré en el edificio para sentirme a salvo. Cosa que era absurda porque él entraba al apartamento sin siquiera tocar. Así que me encerré en uno de los baños, esperando que entrara a gritarme. Porque en el fondo, yo le temía un poco. Esperé unos veinte minutos y eso no pasó, así que salí del baño victoriosa para encontrármelo sentado de piernas cruzadas en un sofá, justo en frente del baño. Jodido loco. Casi me mata del susto. —Ahora mismo quiero que me expliques ¿Por qué me retas, Bree? —No te reto, estoy luchando por mis creencias.
—Pues tus creencias no son buenas para ti. Con un trabajo no vas a tener tiempo para estudiar y sacar buenas notas. ¿Cómo esperas conseguir ese puesto que quieres si no tienes buenas notas?
—Me dejas al menos intentarlo. —No, me niego a que tengas una mala nota.
—¿Quién te crees? ¿Mi padre, que me exiges notas?
—No, soy alguien que quiere que tengas un buen futuro. Alguien que quiere que seas exitosa.
Asentí frustrada porque lo que él decía me parecía lindo. Creo que, por primera vez, alguien se preocupaba por mí y eso me gustaba. Me hacía sentir bien. —Está bien, no trabajaré y solo estudiaré, lo prometo.
—Gracias. —dijo suspirando.
—Pero te advierto que si me aburro voy a llegar gastar como loca hasta que tu tarjeta llegue al límite.
Me dedicó lo que, en mi parecer, fue media sonrisa y negó —Debería enojarme por el “pero” que siempre viene después que aceptas algo. Pero hoy me hiciste reír, así que por esta vez te lo paso. Y te repito por vez un millón, es tu tarjeta, tiene tu nombre y no tiene límites. Puedes comprar con ella lo que quieras.
—¿Y es que a eso le llamas reír? Y en cuanto a lo otro, no lo haré, lo sabes.
—Creo que tu hobby es llevarme la contraria. Así que usaré la psicología inversa. No utilices la tarjeta jamás Bree.
Empecé a reír —Ahora creo que nos vamos entendiendo. La utilizaré mañana sin falta.
—¿Era necesario todo este drama para llegar a esto? ¿Puedes hacerme las cosas fáciles una vez en la vida?
—No, soy mujer —dije orgullosa.
—Voy a envejecer muy rápido contigo llevándome la contraria en todo.
—¿No querías una amiga, pues? Aquí tienes.
Suspiró —Ya veo. Que complicadas son ustedes las mujeres. ¿Almorzaste algo?
—No. Solo comí cualquier cosa entre clases.
—Yo no quise comer solo. Así que vamos. Te invito a comer por tu primer día.
—¿No estás enojado y ya no vas a gritarme?
—Perdón. No quise gritarte. ¿Me perdonas?
—Te perdono porque yo también te grité. Así que ahora. estamos a mano. Comimos en silencio como siempre. Había llegado a pensar que él era un perrito, un perrito de esos que necesitaban estar siempre con alguien y que si los dejabas solos te destruían la casa. Su compañía no me molestaba en lo absoluto y los dos estábamos tan solos, así que quería esta amistad. Aunque él nunca sonreía, parecía una persona de esas que habían sufrido mucho. Pero al menos media sonrisa me dedicaba. Y eso para mí, era suficiente. Sabía que con alguna locura lo haría reír algún día, pero eso no pasó. Tuvo que pasar mucho para verlo sonreír esa primera vez en la playa. Y no fue una sonrisa que yo provoqué. Porque yo, estúpidamente, solo le provocaba dolores de cabeza. Abrí los ojos y rompí en llanto destrozado. Me peleé con él tantas veces. Lo hice enojar tantas veces y hasta me besé con alguien más estando casada con él. Me odiaba tanto por no amarlo desde el día uno, porque él lo merecía. Él merecía que yo me hubiese enamorado de él a primera vista. Él merecía todo. —Lo necesito Sky. —dije muy bajo. Ella me consoló por un largo rato. O al menos lo intentó porque yo no tenía consuelo. —¿Cómo voy a hacer esto sin él? —pregunté tocando mi enorme panza.
—No pienses en eso ahora, ¿si? —dijo Sky.
Volví a romper en llanto y esta vez más fuerte al pensar en que él no conocería a su bebé y que mi bebé crecería sin su padre. Que las dos nos habíamos quedado sin él. Y que al menos en esta vida o en este mundo terrenal, no lo volveríamos a tener. Me dolía tanto la vida. De no ser por mi embarazo. Habría querido morirme, en serio que si.