Inconscientemente, yo lo esperaba todas las noches cuando me tocaba volver a casa. Un par de veces, llegué tarde porque me había quedado en la oficina esperando que él pasara por mí. Era lo que solía hacer él. La primera vez que me pasó, me sentí tan triste que me derrumbé en el auto de camino a casa. No me importó llorar delante del nuevo guardaespaldas, pero es que tenía que sacar todo lo que llevaba dentro antes de ver a mi hija, no quería estar triste para ella. Aunque con todo lo igual que era a su padre seguro me miraría extraño al ver mis ojos rojos. Al menos a veces funcionaba la excusa de las alergias, otras veces ella no me creía, pero no me lo decía, solo me llenaba de besos y después me enteraba por Sky cuando ella le preguntaba ¿por qué mamá había estado llorando? Juro que no

