Me encontraba en un dilema emocional que me atormentaba día y noche. Mi esposo, Alex, y yo habíamos comenzado esta relación como un contrato. Él siempre me había advertido que no debía enamorarme, que lo nuestro era solo un acuerdo frío y calculado. Pero, a medida que el tiempo pasaba, los sentimientos florecían en mi interior, y no podía evitarlo. Una noche, después de una cena especialmente agradable juntos, no pude contenerme más y le confesé lo que sentía. "Alex," le dije con voz temblorosa, "no puedo evitar enamorarme de ti, a pesar de todo lo que dijiste sobre nuestro contrato". Sus ojos se nublaron momentáneamente, y luego, en un tono frío, respondió: "Lena, recuerda que esto es solo un contrato. No debemos dejar que los sentimientos interfieran". Me quedé en silencio, atónita y h

