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4351 Words
Sol Llego a mi casa, cansada de la tarde agitada que pasé con Agustín, realmente se está tomando en serio esto de hacer buena letra, aunque le aclaré incansablemente que no hace falta. Después de llorar tantos días seguidos por Pablo, me puse a pensar que no tiene sentido seguir distanciada de Agustín solamente por un error, en los años que llevamos juntos, nunca había tenido motivos para celarlo u ofenderme con relación a sus amistades femeninas, por lo que simplemente decidí darle otra oportunidad. Me acuesto en la cama, pensando que desde mañana voy a poner toda la distancia posible con Pablo y enfocarme en retomar el vínculo con mi novio. Luna -¿Por qué estás tan raro? –pregunto con intriga a Ramiro, que pasó todo el día conectado al teléfono, lo cual es muy raro en él. -Perdón, un amigo viene de visita a la Ciudad y quería coordinar para verlo -contesta con tranquilidad. -Por mí podrías ir tranquilamente, como te dije siempre, no necesito seguridad -respondo sonriente, aunque mi respuesta parece ponerlo nervioso por algún motivo. Acaricia mis pies, que descansan sobre su regazo y me mira con dulzura. Su teléfono suena nuevamente y vuelve a abstraerse unos segundos. -Bueno, mañana a la tarde me va a cubrir uno de mis compañeros de la agencia y me voy a tomar esas horas. –Dice con tranquilidad. Me pongo nerviosa pensando cómo haré para que el compañero no le cuente a mi papá de las clases, quizás deba suspenderlas y simplemente quedarme en casa o salir de compras. Ramiro parece advertir mi nerviosismo, porque se apresura a hablar. -Podes estar tranquila, no va a decir nada a nadie, es de total confianza -afirma con seguridad, despejando mi malestar. -¿Qué vamos a cenar? -pregunto cambiando la orientación de mi cuerpo en el sillón para acomodarme en su pecho. -Puedo hacer una pizza casera -propone besando mi cabeza. -Me encanta. No te tenía de maestro pizzero -bromeo mientras me incorporo para besarlo. Cuando va hacia la cocina me quedo pensando en lo natural y agradable que se volvió la convivencia entre nosotros. Pilar Recibo un video de un gato peleando con su reflejo en el espejo y no puedo evitar reírme con fuerza ante la gracia del animal. Respondo con un sticker de un gato cayendo hacia atrás, que parece estar sonriendo y Martín me contesta con otro similar. -Hasta mañana, no me distraigas más que sino no arranco temprano -le escribo, viendo que ya pasó mi hora de dormir. -Es verdad, ya terminó el horario de protección al menor -bromea y le envío un sticker de una persona amenazando con una chancla. Una foto suya haciendo puchero me saca una nueva sonrisa y sin pensarlo dos veces silencio el teléfono, para no distraerme nuevamente con sus chistes. Me duermo tranquila y sonriente, preparada para ir mañana al trabajo, a poner todo de mí en este proyecto que me emociona como ningún otro. Ramiro Llego a la central y voy directo a la oficina de Verónica, desde los cambios en el sentido de mi servicio no nos vimos y no sé cómo reaccionará ante la obvia circunstancia de que “crear intimidad” con Luna no me molestó en lo más mínimo. -Buen día -digo entrando sin tocar. Verónica parece sorprendida, pero sin dudarlo se incorpora y camina hacia mí. Cierra la puerta y rodea mi cuello con sus brazos disponiéndose a besarme. Alejo la cabeza, evitando que nuestros labios se toquen, y la aparto con delicadeza. -¿Qué pasa? ¿Tan rápido te enamoraste de la chiquita? -pregunta irónica y con tono despectivo. -¿No te incomodaría el hecho de acostarte conmigo cuando hace solo unos días me mandaste a hacerlo con alguien más? -increpo evitando responder a su pregunta. -Sinceramente no. Entiendo que lo haces porque es parte del servicio de encubierto, es nuestro trabajo, no te voy a juzgar -responde resuelta, mientras se recuesta sobre el escritorio con los brazos cruzados sobre su pecho. -No sé si comparto esa visión de las fuerzas de seguridad -replico imitando su gesto. -Sería hora de que lo vayas definiendo, porque te guste o no, es así -confirma cada vez más enojada. Se dirige atrás de su escritorio y saca dos carpetas. Me pasa primero una azul, y me siento en una de las sillas para comenzar a mirar su contenido. Es información sobre el auto que nos siguió la noche del sábado, hace unas semanas. Evidentemente se trata de un móvil de la flota de su padre. -Según pudimos saber, desde la entrega fallida del sobre, el padre de tu chiquita está más pendiente de ustedes, por eso te hice dar tantas vueltas con el chofer para llegar hoy, estábamos chequeando que no estuvieras con cola -dice en relación a tener a alguien siguiéndome. -¿Y la tenía? -pregunto intrigado. -No, se ve que algo que vieron los convenció de que vos y tu noviecita no están en nada raro, porque hace ya unos días no hay movimientos sospechosos -responde resuelta, pasándome la otra carpeta, que esta vez es de color vino. La abro y encuentro muchas fotos y extractos de comunicaciones del padre de Luna, en alguna de las imágenes se ve al señor con otro hombre que me resulta conocido. -¿Quién es él? -pregunto a Verónica, que me mira expectante. -Sabía que lo ibas a notar -dice victoriosa-. Es el contador de Selene, el que le lleva los números… -Pero nunca lo vi en el estudio -replico sin entender de dónde tengo su rostro. -No, casi no va para allá, hace todo en forma virtual bajo un pseudónimo. Lo recordás de la causa de Marconi -sentencia con firmeza. -Este es el hijo de puta que nunca pudimos agarrar porque le tiraron toda la mierda al colega -termino, seguro de que finalmente entendí de dónde lo conocía. -Así es -responde Verónica. -Eso significa que el padre de Luna, podría estar vinculado con Marconi -asumo por lógica. -Uno con lavado de dinero, el otro con tráfico de estupefacientes, no sería nada raro que en breve terminemos de encontrar la vinculación -sigue hablando ella con entusiasmo-. Para alegría tuya, todo esto significa que tu relación con esa chica solamente está en pañales, más te vale portarte bien -termina nuevamente irónica. Me incorporo y camino hacia la salida, entendiendo que nuestra conversación oficial terminó. -¡Ramiro! –me llama antes de que abra la puerta, y me giro para mirarla en silencio-. No te olvides que eso tiene fecha de caducidad, cuando esa pobre chica sepa que lo suyo fue producto de un servicio y que encima vas contra su padre, no creo que le queden muchas ganas de mirar películas abrazada a vos en el sillón -dice con una sonrisa malévola, recordándome que ven todo lo que sucede en la sala de la casa de Luna. Salgo sin responderle y cierro la puerta más fuerte de lo necesario para expresar mi molestia, aunque lo peor es que entiendo que sus palabras son ciertas. Camino rápidamente hacia el subsuelo, donde el chofer espera para llevarme a casa. En el camino voy conversando por mensaje con Luna sobre cómo van nuestras tardes. Odio tener que mentirle, pero no tengo opción. Las palabras de Verónica vienen a mi mente una vez más, y mi enojo vuelve a aparecer, pero esta vez no es solo hacia mi ex amante y su maldad, sino hacia mí mismo, que sabiendo que no era una buena idea, igual acepté involucrarme con Luna. El teléfono suena, alejándome al fin de mis torturas mentales, y veo que es Pilar. -Ya llegué a casa, ¿hoy sí vas a poder venir? –pregunta ilusionada. -Si chiqui, pero solo un rato. Abrime que estoy llegando -respondo con tristeza. Bajo del auto y saludo al chofer, que con este viaje termina su intervención. Camino hacia mi casa, donde Pilar me espera en la puerta. Llego a ella y nos abrazamos fuerte por varios minutos. -Entonces, ¿Ya ni llave tenés? -recrimina con los brazos cruzados en el pecho. -Me la olvidé, nada más -respondo ingresando al lugar que tanto extraño. -¿Será? Ya me contó un pajarito que esa relación tuya va viento en popa -indaga mi hermana, con una sonrisa en el rostro. -Esa amistad no me conviene nada –suelto en relación a su vínculo con Luna, mientras me siento en el sillón, de frente a la televisión. Pilar se acomoda junto a mí, con el rostro lleno de preocupación. -Luna es muy buena chiqui, yo sé que no me podés contar nada, pero espero que hagas todo lo que este en tus manos por cuidarla -dice mi hermana con tristeza, haciendo que mi corazón se parta una vez más. Saco todo el aire de mis pulmones y me tiro hacia atrás, tomándome la cabeza con ambas manos. -¿Así de difícil está la cosa? -pregunta ella, mientras pone una mano sobre mi hombro. -Muy -respondo cortante-. Pero no me vas a engatusar con tus preguntas, acá la que tiene mucho que explicar es usted señorita -digo con gesto serio, mientras me siento de frente a ella. -Dejame que te explique -pide con cara de perrito mojado acomodando sus gafas en el puente de la nariz. -Te escucho -respondo con paciencia. -¿Viste que estuve buscando trabajo mucho tiempo? -pregunta tranquila, a lo que asiento con la cabeza-. Resulta que hace unas tres semanas llevé mi hoja de vida a Brauner S.A… ¡y quedé seleccionada! -sigue muy alegre, aunque sé muy bien que está exagerando todo para desviar mi atención, lo cual claramente no va a lograr. -Me alegro que hayas conseguido trabajo y te felicito, estoy muy orgulloso de vos -digo con sinceridad y cariño-. Ahora bien, ¿en serio esperas que crea que fue casualidad que sea en la empresa de mi familia biológica? -sigo con tono de incredulidad. Suspira y mira hacia abajo antes de hablar. -Obviamente no fue casualidad… pero casi. Estaba buscando información sobre ellos en internet, stalkeandolos… Y me apareció la dirección donde se enviaban las hojas de vida. Justamente era mi rama y decía que había una búsqueda abierta, y la mandé -relata todavía con la vista gacha-. Nunca pensé que podría quedar, te juro, me imaginé que sería como la mayoría de las otras empresas, que ni abren esos correos, pero solo unos días después se contactaron para programar una entrevista y… fui, y quedé -sigue ya más animada, volviendo a mirarme a los ojos. -No lo tomes a mal, vos sabes que para mí no hay persona más inteligente y capaz que vos, pero, ¿no te parece raro que te hayan contratado tan rápido? Digo, normalmente los procesos son varias entrevistas, es un camino largo, no es tan sencillo -hablo con dulzura rogando que no lo tome a mal. Para mi sorpresa sonríe con sincera alegría y me cuenta de cómo conoció a Martín y que fue el responsable de la contratación tan “particular” que tuvo. -Bueno, tiene sentido… Quería llegar a sus hermanas y primas, así que buscó a alguien con quien ellas pudieran sentirse identificadas. Ese chico es inteligente -reflexiono en voz alta. -Sí, muy… no sabes lo que estoy aprendiendo de él -contesta emocionada y la miro con preocupación-. No me mires así, somos amigos. Él recién terminó con su ex y se acuesta con su secretaria… y varias más. Te juro que no soy precisamente su estilo -comenta señalando su cuerpo, cubierto por un buzo tres tallas más grandes, un jogging gastado y unas pantuflas de garras de tigre. Los dos nos reímos y me quedo tranquilo, pensando que, efectivamente, Luna y mi hermana son muy diferentes. Seguimos conversando un rato más del tema laboral y me alegra ver que realmente está emocionada con su trabajo. Luego de unas horas decido irme, para volver a mi convivencia/servicio con Luna. -Chiqui… -dce mi hermana cuando ya estamos casi en la puerta. -¿Qué? -pregunto intrigado. -¿En serio no me vas a preguntar por tu hermano y tus hermanas? -indaga con gesto triste, recostándose por la pared. Suspiro, pensando cómo responder, es cierto que me genera mucha intriga saber de ellos, pero justamente ahora no puedo ocupar mi mente en algo que no sea el servicio en el que estoy. -Pablo me hace acordar muchísimo a vos -agrega ella por lo bajo, mientras juega con sus dedos, con la mirada hacia abajo. Me quedo helado al escucharlo, porque la única vez que compartí con él pensé lo mismo, que sin dudas somos parecidos. -No quiero pensar en eso ahora chiqui. Dejémoslo para más adelante -respondo con dulzura mientras beso su frente y salgo de la casa en dirección al taxi, que ya me espera en la calle. -Chau, te amo -dice ella antes de cerrar la puerta. -Y yo a vos -grito con fuerza, para luego subir al vehículo y volver a mi vida perfecta, pero lamentablemente fingida. Pablo -¿Un mes? -pregunto incrédulo-. Pensé que estas cosas había que hacerlas lo antes posible -increpo al médico sin entender. -Primero necesito estabilizar sus valores, sino la cirugía es riesgosa. Puede estar tranquilo que sabemos lo que hacemos y sin dudas esta es la mejor opción -contesta el hombre con tranquilidad. -No es que dude de ustedes, al contrario, es solo que me había hecho la idea de que las cosas serían más próximas en el tiempo, nada más -afirmo con sinceridad. -Mirale el lado positivo, tenemos tiempo para casarnos ante de la operación, mientras todavía estoy bien -habla Clara esperanzada, con una sonrisa. Sus palabras me dejan sin aire y solamente puedo pensar que mi vida amorosa nunca había sido tan complicada. Terminamos la consulta y vamos a su casa, donde sus padres nos esperan para cenar. Paso toda la comida escuchando los preparativos de Clara y su mamá para la recepción del matrimonio, sin poder emitir ningún comentario, por la angustia que el tema me genera. Cuando Clara va al baño, sus padres aprovechan para indagar sin descaro sobre mi actitud. -Pablo, hijo -llama mi atención mi suegro-. Yo sé que casarse es una decisión difícil para los hombres, pero tenemos que pedirte que mantengas la ilusión de nuestra hija, esto le está dando mucha fuerza en medio de su enfermedad -dice con tono de súplica. -No es que no me quiera casar, esa siempre fue la idea –contesto, con sinceridad a medias-. Es solo que… -me freno por no encontrar una excusa adecuada, porque realmente lo que me impide disfrutar este momento es que otra mujer me tiene loco y creo que contrariamente a lo que siempre pensé, no amo a su hija y no la considero la mujer de mi vida. -No es el momento, ni el contexto ideal, entendemos -completa mi suegra, totalmente convencida. -Sí, eso -me limito a decir. -Todos pensamos lo mismo, pero para Clari este es el motor de su vida hoy en día, y creemos que quitárselo sería un daño tremendo -vuelve a interceder su padre. -Por supuesto. No pienso frenar nada, espero poder disfrutarlo de la mejor manera posible -contesto, esta vez siendo completamente sincero. Clara vuelve del baño y se sienta nuevamente junto a mí, para seguir con la conversación muy animada. Martín Pilar entra sin llamar, haciendo que Ivana se sobresalte y levante la cabeza, golpeándose con la mesa al levantarse. -¡Perdón! ¡Perdón! No vi nada, les juro que no vi nada -dice la morocha, tapándose la cara con una carpeta, la que al levantar pierde muchas hojas, que ella se apresura a juntar con torpeza. Me río a carcajadas sin poder evitarlo, aunque Ivana me mira con ojos de asesina. Me levanto el pantalón y me incorporo a ayudar a Pilar, cuando voy hacia ella siento un crujido en el piso y advierto que pisé sus anteojos, que con el revuelo habían caído justo en mi camino. -¡Ups! -digo, levantando las gafas completamente destruidas. Pilar se para y las mira con dolor. -Vamos a la óptica, te compro otras -invito con premura. -No tengo receta -responde apenada. -Permiso -comenta molesta Ivana pasando entre nosotros. -Perdón Ivana, no va a volver a pasar -le dice la morocha, en tono de súplica. -No es tan grave, ni que fuera una novedad -digo con tranquilidad, mientras camino hacia mi celular, para escribir a mi oftalmólogo. Luego de pedirle una cita urgente y mientras espero su respuesta, levanto la vista y veo a Pilar de brazos cruzados y con una actitud claramente muy molesta. -¿Y ahora que hice? -pregunto sin entender. -¿No es tan grave?... A mí me parece a que a Ivana le molestó bastante, y la verdad que tiene razón… Fue muy poco caballero de tu parte no tomar las precauciones para que esto no pasara -me reta con énfasis la morocha, a quien hasta ahora nunca había visto enojada. -En todo caso fue culpa suya por no poner llave a la puerta -replico en el mismo tono. -No, fue culpa mía por no tocar… Y tuya, por decirme que viniera si sabías que iban a estar haciendo chanchadas -ataca con seguridad. -¿Cómo dijiste?... ¿chanchadas? Me muero -digo sin poder evitar que se me escape una carcajada, que evidentemente le contagio, porque también ella se ríe con fuerza. -Chanchada, dijiste… -sigo recordando en voz alta, haciendo que no podamos parar. -Permiso. Estamos divertidos por acá, parece -dice Pablo entrando, viendo la escena de papeles tirados y Pilar y yo sin poder parar de reír. -Perdón, es que… -comienzo a hablar, pero Pilar me tapa la boca con la mano. -Que ni se te ocurra -me mira amenazante-. Perdón, voy a volver a volver a imprimir esto, porque ordenarlo va a ser prácticamente imposible -afirma Pilar con gesto de disculpa, señalando los papeles del piso. Pablo y yo asentimos y ella sale del lugar, dejándonos solos. La mirada de mi amigo se posa en mí inmediatamente y luego de unos segundos prudencialmente esperados, se acomoda en una de las sillas y comienza a hablar. -Martín, yo sé que a vos te encanta revolcarte con chicas en la empresa… Pero justo con Pilar me parece que no deberías meterte. Por más atractiva que sea, va a estar muy involucrada con las familias y si encima anda con vos, va a complicarse todo peor -dice Pablo con la autoridad y seriedad que lo caracterizan. Mi mente se queda tildada en la idea de que mi amigo la encuentre atractiva. Me tomo unos minutos para pensar en ella y efectivamente, su rostro de grandes ojos almendrados y boca abultada le dan un tinte sumamente sexi, pero su actitud siempre tímida y risueña me hace apartar todo pensamiento s****l con ella. Sigo repasando mentalmente su apariencia y lo primero que viene a mi mente es que no se compara en lo más mínimo con las mujeres que acostumbro a seducir. Normalmente me atraen chicas con muy poca contextura, más bien delgadas y con la carne justa, mientras que Pilar tiene los pechos más cargados que cualquier otra, y naturalmente, lo cual también es mucho decir en mi ambiente. Me acuerdo de su escote la noche del boliche y por primera vez las ganas de sentirlos entre mis manos aparece muy clara en mi ideario. La imagen de su cintura pequeña, coronada con un trasero imponente, termina de hacer que mi m*****o reaccione dando pequeños latidos, y me castigo mentalmente por estar pensándola de esa forma, no solo cuando es justamente lo que Pablo me está diciendo que no debería hacer, sino porque me había comenzado a sentir muy cómodo con ella, pensándola solamente como una amiga. -Para nada -contesto volviendo a la realidad, mirando seriamente a mi amigo-. Pilar no es mi tipo, solamente somos amigos. De hecho este lío es porque me encontró con Ivana –afirmo con una sonrisa traviesa. -Vos no tenés arreglo -comenta con fingido enojo. -Soy un hombre libre -retruco superado-. Bueno, ¿Para qué me buscabas? -cambio de tema, volviendo a lo laboral. Conversamos durante varios minutos sobre cuestiones pendientes de la empresa pero me parece claro que hay algo que necesita decirme y no encuentra la forma, por lo que antes de que se vaya decido indagar un poco más allá del trabajo. -Pablo, ¿Cómo anda Clara? -pregunto con naturalidad. Lo que veo a continuación termina de confirmar mis sospechas. Mi amigo, que siempre es resuelto y no se inmuta con nada, ahora está nervioso y evidentemente no sabe que contestar. -Bien -se limita a decir mientras se incorpora y camina hacia la puerta. -Ey… para -lo detengo antes de que llegue y lo invito con un gesto a sentarse nuevamente, mientras sirvo dos vasos de jugo y me acomodo en la silla frente a él-. Lo que sea que esté pasando, podes contarme. Vos sabes que no va a salir de acá -le hablo con seguridad y sin apartar la mirada. Lo veo dudar unos minutos y espero paciente que encuentre las palabras que evidentemente está buscando en su mente. Se acomoda en la silla y lleva la uña de su pulga a la boca, como hace siempre que le invaden los nervios. -Aparentemente, Clara tiene cáncer -dice finalmente, y aunque tiene la mirada perdida en el ventanal del costado, puedo ver en ellos el dolor en sus ojos. Le doy unos minutos, porque me parece advertir que piensa seguir hablando-. Y quiere casarse en solo unas semanas -sigue hablando, esta vez sumando nerviosismo a la tristeza. -Y vos no -afirmo luego de unos minutos. Pablo me mira sorprendido-. La noche que estuvimos en el departamento de Sol dijiste que no te ibas a casar este año –completo, explicando cómo sé que no quiere casarse. Levanta los ojos hacia mí y asiente en silencio. Luego de unos minutos vuelve a retomar la palabra. -Vengo de hablar con Javier -dice en relación al amigo más mujeriego y despreocupado que tenemos en común-. Que milagrosamente está enamorado, ¿podes creer? -dice con una sonrisa, haciendo que me cueste entender la relación de esto con él-. Y me hizo notar que yo también lo estoy… Pero no de Clara -sentencia finalmente, dejándome helado. -Wuau -digo sin una pizca de alegría-, eso sí que es nuevo -afirmo con la mirada perdida en el ventanal-. Pero, ¿cómo esta Clara de salud? Si estás con cabeza como para estas cosas, me imagino que no será muy grave -reprocho sin entender cómo mi amigo puede estar pensando en otra persona, mientras su novia de tantos años está atravesando algo así. Me mira con culpa y entiendo que quizás fui muy duro, conociéndolo debe estar realmente muy mal con lo que está pasando. -Clara está bien, si uno la ve no pensaría que está enferma, de hecho nos enteramos por análisis de rutina, no por algún síntoma -aclara inicialmente-. El médico nos dijo que recién en un mes van a hacer la operación de extracción del tumor y luego se mandará a analizar para ver el tema de la quimioterapia. -Por eso ella quiere aprovechar y casarse antes -comento entendiendo un poco mejor la situación. Pablo asiente en silencio sin levantar la vista. -Te juro que no puedo creer que todo esto esté pasando -confiesa con la voz muy baja, negando con la cabeza con la mirada en el piso. -¿Y quién es? -pregunto intrigado. -¿Quién es…? –repite sin entender. -La chica de la que estás enamorado -aclaro, advirtiendo que no comprendió la pregunta. La expresión en su rostro me deja más intrigado de lo que ya estaba. No solo se quedó blanco como un papel sino que además tragó con fuerza. Creo que nunca lo había visto así, y conociéndolo de toda la vida, eso es demasiado decir. -No la conocés -miente descaradamente. -¿Tan poco crees que te conozco? -increpo mirándolo y tocando su rodilla con una de mis manos-. Es obvio que es alguien que conozco y evidentemente no es cualquiera… Contame –lo aprieto, esperando escuchar lo peor, como que sea Florencia o alguna de las mejores amigas de Clara. Pablo cierra los ojos y se agarra la cabeza con las manos. Definitivamente esta versión de él, tan novedosa, me recuerda que uno nunca termina de conocer a la gente. -No te lo puedo contar -dice finalmente mi amigo, dejando salir todo el aire sus pulmones. -¿Es Florencia? -pregunto preocupado, pero la sorpresa en su rostro me indica que no. -¡No!, ¿Qué decís? -responde entre risas, aliviando mis nervios. -Entonces no entiendo porque no podrías contarme, si no tiene nada que ver conmigo. –Indago, intentando entender. -Dame tiempo. Te prometo que soluciono algunas cosas y te cuento -dice mientras se incorpora, dando por finalizada la conversación-. Por lo pronto, preparate para ser mi testigo -agrega con pesar. Le sonrío con una punzada de dolor y él sale, dejándome solo en la oficina por fin. Me siento en mi lugar, pensando quién podrá ser esa mujer misteriosa que vino a complicar la vida de mi pobre amigo y me dispongo a pensar las opciones, pero unos golpes en la puerta me interrumpen. -Pase –indico, e ingresa Pilar, con la carpeta nuevamente lista para que trabajemos en los documentos. Al terminar vamos juntos a la consulta con mi oftalmólogo y luego a la óptica, donde la ayudo a elegir unos nuevos marcos para sus anteojos, aunque mientras los preparan tendrá que usar lentillas. -En realidad quedan mucho mejor, no es una mala opción el cambio –sugiere la vendedora, y advierto que Pilar se sonroja con indisimulable vergüenza. -Salvo para ella, que las gafas le quedan hermosas –la defiendo, mirando en forma desafiante a la empleada del lugar. Mi amiga me dedica una sonrisa de agradecimiento y terminamos la tarde en una heladería, probando gustos nuevos y conversando cómodamente hasta entrada la noche.
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