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3901 Words
Pablo Salgo de boxeo con el cuerpo cansado pero la mente a mil por hora. No puedo dejar de pensar cómo voy a hacer para aguantar las semanas que faltan hasta la cirugía. Solo espero que la idea del casamiento se esfume de la mente de Clara como por arte de magia. Camino hacia el auto y al entrar veo varias llamadas perdidas de mi mamá, mis hermanas y Clara. -Hola Pablo, ¿Dónde estás? Ya estamos todos esperando para servir la cena -dice Clara preocupada, cuando al primer tono, me atiende la llamada. -¿Cena? -pregunto sin entender, hasta que caigo en la cuenta de que es viernes, y habíamos quedado en cenar con mi familia en casa de mis padres-. Perdón, se me pasó completamente, pero en cinco minutos estoy ahí -confirmo arrancando el auto, agradeciendo que todavía dejo mudas de ropa en casa de mis padres. -Apurate, por favor -dice mi novia enojada, para luego cortar la comunicación. Conduzco a toda velocidad y en menos de cinco minutos estoy estacionando el auto en casa de mis padres. Bajo con el bolso colgado al hombro, y al atravesar la puerta me quedo helado, con demasiados ojos sobre mí. -Hola. Perdón, les juro que no tardo nada, si quieren empiecen y yo los alcanzo -digo mientras corro escaleras arriba, subiendo los escalones de dos en dos. No entiendo que hacen acá mis tíos, Martín, las chicas, y mucho menos el tipo del boliche con el que había visto a Sol aquella noche, que parece ser su novio. Es evidente que se me pasó una parte de la información, porque todos parecen muy a gusto, dispuestos a quedarse para la cena. Mientras camino me voy sacando la remera, y justo cuando voy a ingresar al baño, me choco con alguien que salía de allí, quedando frente a frente, muy cerca el uno del otro. Mi corazón se detiene cuando mis ojos se encuentran con los de Sol, que me escanea con la mirada, como si fuera a comerme allí mismo. Su expresión hace que mis sentidos se despierten y sin que lo pueda evitar, mi entrepierna comienza a activarse con su cercanía. Siento nuestras respiraciones acelerarse y comienzo a acercar mi boca a la suya lentamente, rogando mentalmente que ella tenga las fuerzas para frenar lo que yo, claramente, no puedo. Cierra los ojos y suspira, dejándose llevar por la situación, por lo que la tomo de la cintura y la hago entrar nuevamente al baño, cerrando la puerta y colocando su espalda contra ésta. Comenzamos a besarnos ya sin ninguna lentitud, haciendo que nuestras lenguas se ataquen con ferocidad, mientras siento sus manos recorrer mis hombros desnudos, y yo con la mía devoro sus muslos. Para mi sorpresa siento que de la nada me empuja hacia atrás y sale corriendo. Todo pasó tan rápido, que ni si quiera llegué a frenarla e intentar que se quede conmigo, aunque obviamente, que esto haya parado es lo mejor. Golpeo con fuerza la pared del baño, haciendo mis nudillos sangrar y con toda la bronca, el enojo y el dolor incluso físico, me meto a la ducha con el agua bastante más fría de lo necesario, esperando que calme el calor que está haciendo hervir mi sangre. Me visto a toda velocidad y bajo, para encontrarme a todos sentados en la larga mesa, perfectamente vestida por mi madre, como a ella le gusta. -Hasta que llegaste -dice Sandra con liviandad y todos me miran, menos Sol, que no aparta su vista del plato que tiene enfrente. Sonrío sin gracia mientras me disculpo y ocupo mi lugar en la mesa, obviamente al lado de Clara. Agradezco por primera vez que Sol este tan lejos de mí, porque si le tuviera enfrente o al lado creo que no podría contener la necesidad de hablarle, mirarla o sentirla. Me obligo a no llevar mi vista hacia ella, hasta que escucho a Martín decir algo que llama mi atención. -¿Podemos brindar por que haya vuelto Simón, perdón… Agustín, a la familia? -dice mi amigo levantando su copa, con una sonrisa. Inmediatamente, levanto la vista hacia Sol y veo que mientras ella esta pálida como una hoja, con la vista todavía gacha y la mirada vidriosa, el joven de al lado suyo esta sonriente, sirviendo bebida en las copas vacías que encuentra cerca. -Mi amor -habla Clara moviendo mi brazo con una mano- ¿Estas bien? -pregunta con preocupación. -Sí. Un poco cansado, nada más. Ya vengo -digo mientras me incorporo y voy al baño. Cierro la puerta tras de mí y me miro en el espejo. Realmente estoy pasando por mi peor momento y nada parece ayudar. ¿Justo ahora se le ocurre a Sol traer a su novio a la casa de mis padres? Entonces pienso que evidentemente, por la naturalidad con que todos lo tratan, este chico ya había venido antes, y todos parecen conocerlo. Supongo que son los gajes de haber pasado tantas fiestas afuera y no compartir con ellos los pocos momentos de reunión familiar que tuvieron en este tiempo, en que ambos viajamos tanto. Me refresco un poco y vuelvo a la mesa, por suerte ya todos terminaron de brindar y esperamos el postre en conversaciones independientes en cada sector. Cuando paso detrás de Sol y Agustín no puedo evitar notar que una de las manos de él descansa cómodamente sobre el muslo de MI rubiecita y me tengo que contener para no gritarle que no tiene derecho a tocarla, cuando en realidad quien no tenía derecho fui yo, y hace solo unos minutos lo estaba haciendo. Me siento nuevamente en mi lugar y unos minutos después Clara y Cristina aparecen desde la cocina con dos tartas de frutas, que comienzan a servir. -Sol… -dice Cristina cuando le pasa un plato con una porción y veo que ésta niega, dejando que el plato sea tomado por su novio, que la sigue en la ronda. -¿No vas a comer? Si te encanta -le dice éste con naturalidad, pero Sol se limita a negar en silencio, sin dar explicaciones. Comenzamos a comer el postre y por más de que durante casi toda la noche me controlé, comienzo a observar a Sol cada vez con más detenimiento, al notar que casi no habla, está muy pálida y hasta parece tener sueño o estar demasiado cansada. No puedo evitar sentirme culpable, pensando que nuestro encuentro en el baño la pudo dejar así de incómoda, aunque su malestar parece incluso ser más físico que otra cosa. La veo incorporarse de la silla y me enoja advertir que su novio ni si quiera se preocupa en preguntar dónde va. -Me parece que Sol no está muy bien -digo al pasar, hacia el sector de la mesa donde se encuentra el chico, que me mira sin entender, sonriendo como si no viera el inconveniente. Me molesta tener que admitir que su atractivo está más que a la vista, rubio, con los ojos verdes muy claros y una sonrisa compradora, que seguramente levanta muchos suspiros. -Sí, me dijo que está un poco descompuesta, seguramente es solo eso -afirma con tranquilidad, para luego volver a la conversación anterior, haciendo que mi enojo aumente. -¿No sería mejor que vayas a ver si está bien? -pregunto con el tono cada vez menos amigable, haciendo que el chico me mire con sorpresa y quizás hasta un poco desafiante. -Permiso, voy a ver si mi novia está bien -dice a las chicas que lo rodean, mientras se incorpora. Antes de alejarse me dedica una mirada firme, ya sin sonreír, lo que me hace dudar de que sepa o sospeche algo de lo que pasa entre Sol y yo. Lo veo caminar hacia el pasillo que lleva al baño y me molesta nuevamente advertir que su espalda ancha parece tan marcada como lo que la camisa deja ver de sus brazos y no puedo negar que Sol y él hacen una pareja envidiable. -¡Sol! ¡Sol! -lo escuchamos gritar luego de unos segundos, y todos nos paramos y caminamos hacia el baño, aunque yo me apuro más que los demás, y llego hacia ellos primero, junto con Martín. Encuentro a Sol tendida en el piso del baño, con un poco de sangre del lado derecho de la frente. Agustín tiene su cabeza levantada pero es evidente que ella no responde, por lo que Martín se agacha y le toma el pulso. -Voy a llamar al médico. Acostala en algún lugar -dice mi amigo, saliendo con su teléfono en la mano. Me agacho rápidamente y miro al chico a los ojos mientras hablo. -Yo me encargo, así la llevo a una de las habitaciones -veo que no le gusta nada la idea, pero no encuentra argumentos para negarse. -Llevala a mi cuarto -dice Sandra, mientras todos me van abriendo paso. En vez de ir al cuarto de mi hermana ingreso al mío y acuesto a Sol delicadamente, con la cabeza en la almohada. Su perfume me invade y me tengo que contener para no besarla o acariciar su cabello suavemente, como desearía hacer. Agustín, ingresa inmediatamente tras de mí y luego mis tíos, que le hablan a Sol cariñosamente, colocándose al lado de su hija y obligándome a retroceder, quedando unos pasos detrás. Martín ingresa a la habitación avisando que el médico llegó y que lo mejor será que lo dejemos solo con Sol, por lo que todos salimos. Echo un vistazo por última vez a la rubiecita que me tiene loco y salgo rápidamente para evitar sospechas. En ese momento un hombre de unos cincuenta años, regordete y con un bigote gracioso llega a la puerta de la habitación e ingresa sin si quiera saludar a nadie. Todos salvo mis tíos bajamos y veo que las chicas están riendo a carcajadas, lo cual me molesta sobre manera, peor aun cuando veo que Agustín se une a ellas sonriente. Martín pasa por al lado mío, todavía concentrado en el celular. -¿No te parece bastante pelotudo? -pregunto a mi amigo cuando llega a mi lado, en referencia al novio de su hermana. Él levanta la mirada de su móvil y ve hacia donde están nuestras hermanas y el chico. -No, la verdad que me cae bien ¿por? -indaga sin entender. -No sé, no me cierra nada más -finjo no tener motivos, aunque querría decirle que no se dio cuenta de que Sol estaba mal en la mesa, que no se quedó arriba con ella mientras la atendían y que encima se está riendo como si nada cuando su novia está mal. -Vos sos muy cuida. Pero Agustín está loco por Sol, no te preocupes -dice mi amigo con una sonrisa y yo solamente puedo pensar que si eso es verdad, somos dos. Ambos nos unimos a la charla y yo ocupo mi lugar en el sillón más grande, al lado de Clara. Unos minutos después, el doctor y mis tíos bajan y se despiden. -¿Qué le pasó? -pregunta mi mamá, acercándose desde el comedor donde estaba todavía sentada en la mesa sola con mi padre. -La presión nada más, le pasó un par de veces antes, no es nada -confirma mi madrina con tranquilidad. -Lo que sí, dijo que lo mejor era dejarla dormir. Vos igualmente no pensabas usar esa habitación, ¿no? –pregunta mi tío hacia mí. -No, me voy a dormir a mi departamento -confirmo ante la mirada de toda la familia, aunque nada quisiera más que subir y quedarme a dormir abrazado a ella. -Bueno, hablando de eso, supongo que mejor nos vamos -dice Clara, incorporándose. -Voy a buscar el bolso que dejé en el baño -me apresuro a decir, mientras todos comienzan a despedirse. Subo corriendo y al entrar veo que Sol ya está acostada de perfil, abrazada a mi almohada de adolescente. Me acerco rápidamente y dejo un dulce beso en sus labios. Pero cuando me giro, encuentro a Agustín parado en el marco, con los brazos cruzados y actitud muy molesta. -No tenés cara. Definitivamente sos un tipo de mierda -dice con bronca mientras se acerca. -No te metas, esto es entre ella y yo –replico, también acortando la distancia entre ambos. -No hay un “ella y vos”, anda acostumbrándote. Sol está convencida de que la usaste para sacarte las ganas, y la proximidad de tu casamiento con tu novia no te ayuda mucho -seguramente ve el espanto en mi rostro porque sonríe con suficiencia-. Sí, hoy lo contó, justo cuando Sol estaba en el baño, si no querés que se entere por mí, alejate de ella, ya bastante sufrió por vos, que no vales la pena –suelta con enojo. -Mi amor, ¿vamos? -dice Clara, apareciendo por el pasillo. Salgo sin decir palabra, repasando mentalmente toda la información de la noche. Cada vez me convenzo más de que lo mejor que puedo hacer es alejarme de Sol, y sin embargo, cada vez, eso parece más y más difícil. Sol Me despierto aturdida, como si la cabeza me fuera a explotar. Miro a mí alrededor y no reconozco nada de la habitación en que me encuentro. -Hola Sol. No se preocupe, solamente le bajó la presión. Soy el Dr. Lombardi. ¿Cómo se siente? -pregunta un hombre pasadito de peso, con un bigote muy extraño, que está retirando algo como una pulsera ancha de mi muñeca derecha. -Me duele la cabeza, fuera de eso, bien -respondo mientras llevo una mano a la frente, donde el dolor se siente más punzante. -Se desmayó y al caer se golpeó la frente, por eso la gasa, pero no fue nada -afirma el médico al ver mi reacción-. Ahora deberíamos indagar porqué pudo bajarle la presión así, ¿alguna enfermedad? -pregunta acercando la birome a su libreta, listo para anotar. Niego con la cabeza- ¿Dieta o suplemento para adelgazar? -vuelvo a negar- ¿Posibilidad de embarazo? -pregunta con naturalidad, haciéndome sentir que el mundo se abre debajo de mí. Los recuerdos de la noche con Pablo vienen a mi mente y me siento sumamente culpable de no haber usado protección extra. -Tuve relaciones sin preservativo, pero tomo anticonceptivos y no me los olvidé nunca, además de que ya tuve mi período después de eso -afirmo con total seguridad. -En ese caso no puede ser el motivo del desmayo, aunque debo recordarle que las enfermedades de transmisión s****l no son algo menor y se previenen solo con el profiláctico -asiento con un suspiro y lo veo anotar varias cosas en su libreta, luego corta la hoja y me la entrega. Leo las indicaciones, son estudios médicos de sangre, entre ellos embarazo y enfermedades de transmisión s****l. -Cuando lo tenga vaya a su ginecólogo o pida un turno conmigo, no es algo urgente pero yo en su lugar lo haría a la brevedad -dice resuelto, mientras guarda sus cosas-. Lo mejor sería que duerma acá esta noche y mañana vaya a su casa, me dijeron los dueños de casa que no hay inconveniente. Adiós -afirma saliendo. Miro a mí alrededor y veo que es una habitación varonil, con la cama de plaza y media perfectamente arreglada, como si nadie la usara hace tiempo. Es evidente que estoy en el cuarto de adolescente de Pablo, lo que me lleva a recordar el beso de hoy en el baño, la noche que pasamos en la cabaña, y la sugerencia del doctor de que podría estar embarazada, lo cual de ser así, claramente sería de él. Suspiro y me dejo caer en la almohada, advirtiendo que realmente tengo más sueño de lo que puedo soportar, por lo que me dejo llevar y caigo rápidamente en los brazos de Morfeo. A la mañana siguiente me levanto bastante descansada y bajo las escaleras con los zapatos en la mano. Al llegar a la planta baja camino por el lugar buscando mi teléfono en los espacios donde estuve ayer, aunque hoy está todo impecable, sin el menor rastro de la cena de la noche anterior. -Hola -dice una voz grave, que me deja helada al instante. Me giro y lo encuentro parado frente a mí, con las manos en los bolsillos del pantalón de su traje gris oscuro a medida, que le queda pintado. -Hola -respondo con timidez y molestia a la par. ¿Qué tiene que hacer acá? Está bien que es la casa de sus padres, pero claramente no vive acá hace tiempo. -Vine para estar cuando te despiertes, me imaginé que ibas a querer irte a casa -dice como si leyera mis pensamientos. -Gracias, para eso están los taxis -respondo altanera. Lo veo sonreír y toda mi fortaleza se desvaneces inmediatamente. -Te puedo cobrar y sería lo mismo. ¿Vamos o preferís desayunar? -pregunta resuelto, acercándose a mí. -No sé dónde dejé mi teléfono -confieso sin ánimos de pelear por una sonsera como el traslado a mi casa, que tampoco queda tan lejos. -Supongo que en mi habitación. Voy a buscarlo -dice mientras comienza a subir la escalera, sin darme tiempo a decirle que ya busqué allí sin éxito. Repaso la noche anterior y camino decidida hacia el baño de visitas donde me desmayé. Al ingresar encuentro el aparato tirado, detrás de un mueble con toallas de manos. Salgo y camino nuevamente hacia la puerta de ingreso, donde Pablo me espera visiblemente nervioso, porque está mordiendo la uña del pulgar con la vista gacha. -Vamos -le digo mientras salgo en dirección a su auto, mostrando mi teléfono victoriosa- estaba en el baño, seguramente se cayó cuando me desmayé. Sin si quiera responder camina tras de mí. Subimos al vehículo y se coloca los lentes de sol, haciendo que mi mente viaje directamente a los modelos de publicidad, a los que no tiene nada que envidiarles. Vamos todo el camino en silencio y no puedo evitar notar que me hace sentir mal, una parte de mí esperaba que esta actitud fuera para hablar, pedirme perdón, decirme que me ama y que solo quiere estar conmigo, pero como esas cosas solo pasan en la películas, el señor se limitó a llevarme a mi casa. Cuando llegamos detiene el motor y bajo sin despedirme, pero para mi sorpresa él baja tras de mí y sostiene la puerta del edificio para que no la pueda cerrar. -Tenemos que hablar -dice muy serio, sacándose los lentes y guardándolos en el bolsillo del saco. Me corro dejándolo pasar y subimos el ascensor en silencio. Cuando llegamos a mi piso voy directo a la heladera, saco una botella de agua y comienzo a beberla, volviendo a la sala donde él camina de un lado a otro nervioso. Se saca el saco, la corbata y comienza a arremangar su camisa mientras parece estar muy concentrado en sus pensamientos. -Pasaron cinco semanas desde que estuvimos en la cabaña, ¿no? -pregunta sin mirarme aun. -Creo que si… ¿por? -consulto intrigada. Suspira y saca del bolsillo de su pantalón una hoja prolijamente doblada. La estira y me la pasa. Al tomarla veo que son las indicaciones que el médico me dio anoche. En ese momento entiendo su comportamiento tan extraño. -No estoy embarazada -le digo con seguridad. -¿Cómo podes estar tan segura? -pregunta llevando ambas manos a las caderas. -Porque me cuido y tuve mi período, es obvio que el médico lo puso solo por rutina -digo señalando las indicaciones que dejé sobre la mesa. En ese momento suena el timbre y él sin dudarlo camina a la puerta y la abre. El conserje del edificio le entrega un sobre papel madera y Pablo le agradece y cierra nuevamente. -No creo que sean razones suficientes para dar por sentado que no estas embarazada, menos después del desmayo de ayer. Me gustaría que lo hagas, por favor -dice abriendo el sobre y sacando de su interior una prueba de embarazo. Me quedo helada y miles de ideas me vienen a la mente, aunque la principal es que quiere confirmarlo pronto para deshacerse del problema y poder seguir con su vida. Tomo la caja con una mezcla de enojo, angustia y humillación y voy directo al baño. Mientras la estoy haciendo dejo que las lágrimas caigan por mis mejillas, permitiéndome un poco de libertad al suponer que no va a ingresar aquí. Al terminar, miro la prueba con nerviosismo, sintiendo que mi pecho va a explotar, hasta que un claro signo negativo aparece ante mis ojos. Salgo con la frente en alto y le entrego la muestra mientras abro la puerta del departamento, invitándolo a retirarse. Lo veo mirarla y advierto algo extraño en sus ojos… ¿Decepción? ¿Tristeza?... Solo por un momento me permito dudar de lo que en estos minutos pensé, pero desecho la idea, suponiendo que son solo mis ganas de ver algo de afecto de su parte, cuando sus acciones demuestran claramente que no lo hay. -Te lo voy a decir solo una vez más. Vos tenes novia, yo tengo novio, lo mejor para ambos es que dejemos las cosas así, respetá mi elección por favor -digo resuelta, todavía con la puerta abierta. -Anoche también yo tenía novia, vos tenías novio, ambos lo sabíamos y aun así nos besamos. Y no seguimos solamente porque vos no te haces cargo de las cosas que te pasan -responde visiblemente molesto, acercándose mucho a mí. No me alejo, dejando que nuestros rostros queden muy cerca, tanto que puedo sentir su respiración. -Y vos sí… Te haces cargo de todo, ¿no? -replico desafiante, sin dejar de mirarlo-. Es verdad que ayer me dejé llevar, pero podes estar seguro de que no se va a repetir. No me parece para nada sexi un tipo de treinta años, que no tiene los huevos para terminar una relación solo por miedo a cambiar su monótona y aburrida vida -digo con enojo y firmeza. Veo que esta por contestar pero se frena y no lo hace, dejándome con la inmensa duda de cuál será ese justificativo misterioso que no me puede dar. -Tenés razón. Soy un imbécil que no sabe gestionar su vida. Chau Sol -contesta también enojado, para luego salir rápidamente del lugar. No era esa la respuesta que esperaba, algo en mí me decía que por fin Pablo se iba a abrir y explicarme los motivos que lo llevan a seguir con su novia, pero es evidente que una vez más, la respuesta más sencilla es la adecuada: sigue por comodidad, por elección, incluso quizás la ame, aunque conmigo solamente este cegado por las ganas de volver a acostarse con una mujer distinta a ella y varios años más joven. Cierro la puerta de mi departamento con más fuerza de la necesaria y agarro la prueba de embarazo, la caja, la bolsa en la que vino y las indicaciones médicas y las tiro a la basura. Necesito cerrar de una vez esta maldita etapa y reconstruir mi relación con Agustín, que me demostró ser mucho más maduro de lo que esperaba cuando aceptó que volvamos a intentarlo incluso después de que le contara de mi “aventura de una noche” con Pablo, y sabiendo que no sería fácil para mí volver a entregarme a él. Agustín sí es el hombre que quiero y que puedo admirar, me repito una vez más, intentando apartar a Pablo de mis pensamientos
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