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4195 Words
Pilar Las siguientes dos semanas pasan volando entre las entrevistas con las hermanas Brauner y Pietrovsky, que resultaron ser más agradables de lo que esperaba. Incluso me sorprendió advertir que Sandra y Cristina, las medio hermanas de Ramiro, se parecen mucho a él, siempre tratando de esconder su sensibilidad tras alguna fachada menos amigable, en el caso de mi hermano la seriedad, en el de ellas la liviandad en sus conversaciones, que en un primer momento puede llevar a cualquiera a suponerlas huecas o insensibles, cuando realmente no lo son. Cierro la laptop y me saco los lentes para frotar mis ojos, cuando siento que alguien aprieta mi cintura y grita un “Bu” tan fuerte que me hace saltar en el lugar. Instintivamente golpeo con la primera carpeta que encuentro y Martín, riéndose, se sienta en la silla del cubículo frente al mío, que obviamente está vacío, porque hacen ya más de dos horas que todos abandonaron la oficina. -Casi me matás de un infarto chiflado -recrimino con fingido enojo. -Tu cara fue muy buena, hubiera valido la pena –dice, riendo todavía. -Te lo perdono solamente porque estoy demasiado feliz, mañana voy a presentarles la propuesta completamente terminada y creo que a todos les va a gustar -afirmo con aires de grandeza, como pocas veces en la vida. -¿De verdad? -pregunta incrédulo- Pensamos que tiraste esta fecha con la intención de pedir una prórroga -confiesa con seriedad. -Para nada, hubiera pedido la prórroga si la hubiera necesitado, pero no es la situación. Tengo todo cerrado -vuelvo a repetir con una sonrisa. -Vamos. Eso hay que festejarlo -dice mientras tiende una mano hacia mí, invitando a que me ponga de pie. -No señor, hoy ya quedé en cenar con las chicas. Si todo sale bien mañana, entonces sí, podemos festejar -respondo colocándome las gafas nuevamente y comenzando a juntar mis cosas. -Te llevo, entonces -invita Martín, con la mano todavía tendida frente a mí. Sonrío con sinceridad, agradeciendo una vez más porque el primer jefe que me haya tocado sea esta persona tan linda que tengo delante. -Acepto -respondo con tranquilidad. Salimos de la empresa conversando animadamente hacia el estacionamiento y comenzamos a transitar el camino hacia mi casa, hablando sobre la vida como siempre. Llegamos a casa y cuando nos despedimos, le doy un beso dulce en la mejilla. -Gracias -digo mirándolo con una sonrisa. -No sé porque, pero de nada -responde con tranquilidad. Camino hacia mi casa y cuando ingreso escucho el motor del auto arrancar. Dejo los zapatos al lado de la puerta y cuelgo la cartera en el perchero. Doy una recorrida por la planta baja de la casa, chequeando no haber olvidado ninguna foto de Ramiro. Cuando estoy segura, me dirijo a la cocina para comenzar a preparar la cena para Sol y Luna, que en solo unos minutos deberían estar llegando. Justo cuando estoy probando la salsa, que está casi lista, suena el timbre y me apresuro en abrir. Las dos me abrazan y me siento sumamente feliz de que en tan poco tiempo hayamos creado un vínculo tan lindo. -Bienvenidas a casa -digo señalando la humilde sala, que no se compara con los hermosos pisos que tienen ambas. -Este lugar es la descripción gráfica de la palabra “hogar” -contesta Luna, con su habitual entusiasmo, mientras recorre la sala con una sonrisa. -¿Qué estas cocinando que huele tan rico? -pregunta Sol ingresando a la cocina. -Ñoquis caseros con salsa boloñesa -respondo con orgullo. -¿Se puede probar la salsa? -dice Luna, mientras toma un pedazo de pan y lo moja en el contenido de la olla. Al llevarlo a la boca se quema y hace gestos de dolor. Sol y yo nos reímos ante su gesto y entre las tres comenzamos a poner la mesa y cenamos entre risas y copas de vino tinto que van perfectas con la pasta. -No saben cuánto necesitaba esto -confiesa Sol cuando logra calmar sus risas después de escuchar la anécdota de cómo Martín rompió mis anteojos luego de encontrarlo en la oficina con Ivana. -¿Qué te está pasando amiga? -indaga Luna, mirándola fijamente. Sol nos mira a ambas, alternando la mirada y luego nos cuenta todo lo que viene pasando con Pablo. Si bien algo presentí, recién ahora mi nueva amiga me explica finalmente la situación entre ellos y termino de entender las emociones que evidentemente la están superando. -Con lo incómodo de esa situación es obvio que te andes desmayando -afirmo al pasar. -¿Cómo sabes que me desmaye? -pregunta ella intrigada. -Me contó Martín -respondo resuelta, como si nada. -Me parece que acá hay una que quiere ser mi cuñada -dice Sol a Luna, en referencia a mí y yo siento el calor subir a mis mejillas. -¿Qué?... No, para nada… Somos amigos y nada más -respondo convencida-, es obvio que yo no soy su tipo -sigo, bajando la mirada-. Y además, él es demasiado grande para mí -confirmo finalmente. -Ay ¿qué decís? -replica Luna- Ni que tuvieras quince -completa. -Bueno, es verdad, mi hermano debe ser incluso un poco mayor que él -digo sin pensar, recordando que ella tiene mi edad y está con Ramiro. -¿Hermano? -pregunta Sol. -No sabía que tenías un hermano -dice intrigada Luna. -No tengo -me apresuro a contestar-. Bueno… en realidad si tengo -sigo sin saber cómo justificar mi mentira. Veo que las dos fruncen el ceño y me miran, esperando una explicación. -Somos medio hermanos y no tenemos relación -miento, rogando que no indaguen más. -Me encantaría conocerlo -dice Luna con una sonrisa traviesa y la frase “si lo supieras” invade mi mente, haciendo que me ría nerviosa. -En fin, la cosa es que me encantaría que seas mi cuñada -dice Sol con una sonrisa, poniendo su mano sobre la mía-. Mi mamá te amaría -comenta con dulzura. -Bueno, volvamos a la parte en que te desmayaste -habla Luna mirando a Sol con preocupación. La rubia comienza a contarnos como siguió esa noche y lo ocurrido la mañana siguiente, y al finalizar la historia, ella y yo tenemos los ojos llenos de lágrimas. -No le den más importancia de la que tiene, ¿sí? -recrimina Luna, mirándonos con firmeza-. Fue un buen polvo y listo, no es el amor de tu vida, Sol -dice muy dura nuestra amiga, y la rubia y yo nos miramos con tristeza. Por un momento me preocupa la frialdad de Luna, sobre todo teniendo en cuenta que Ramiro es sumamente sensible, aunque no lo demuestre fácilmente. Pensar en él me hace extrañarlo y decido preguntar al pasar. -Hablando de amor de la vida… ¿Y Ramiro? -pregunto mirando a Luna, como si quisiera cambiar de tema, cuando verdaderamente lo que quiero es saber de mi hermano. -No sé -dice ella llevando la copa a sus labios con una sonrisa traviesa-, me escapé -confiesa. -¿Por qué hiciste eso? -pregunto preocupada por mi pobre hermano, que debe estar desesperado. -Estoy cansada de que tengamos que estar todo el tiempo juntos, necesitaba una noche de chicas y no quería dejarlo en el auto, esperando afuera -replica mi amiga con sinceridad. -Pero es su trabajo, lo podes poner en problemas -me apoya Sol. -Bueno, igual nadie se va a enterar. No pasó nada y ya estamos volviendo, ¿no? -sigue ella con tranquilidad. -Sí, mejor vamos -confirma Sol, mientras las tres nos incorporamos y caminamos hacia la salida. Las veo entrar al auto y arrancar y decido cerrar la puerta y llamar a Ramiro, para que se quede tranquilo. Luna En el camino hacia la casa de Sol vamos comentando lo rica que estaba la cena de Pilar y lo dulce y sencilla que es. Freno en la puerta del departamento de mi amiga y nos despedimos con un abrazo. Cuando voy a retomar el andar, escucho un sonido de gomas frenando muy fuerte y al mirar hacia atrás veo un auto n***o que se acerca a demasiada velocidad, para frenar muy cerca del mío, impidiéndome la salida. Un hombre muy grande, vestido de traje n***o y con lentes de sol baja por el lado del acompañante y abre la puerta de mi vehículo obligándome a bajar, mientras me apunta con un arma. Miro hacia el edificio de Sol, pero ya no hay rastros de ella. Decido no resistirme y bajo despacio, sintiendo que mi corazón está más acelerado que nunca y que las piernas me tiemblan. El hombre me aprieta con fuerza y con el arma en mi espalda me obliga a caminar hacia el asiento de atrás. La puerta se abre y me quedo helada al ver a la persona que está dentro. -Entra por favor. Necesitamos hablar -le escucho decir con vos firme, más como una orden que como un verdadero pedido. Los nervios y el enojo le ganan al miedo y me suelto del agarre del hombre, echando a correr por la calle vacía. Él me sigue a solo unos pasos de distancia, media cuadra después escucho el sonido de un disparo. Siento las lágrimas mojar mis mejillas pero no dejo de correr con todas mis fuerzas, mientras a mis espaldas los estruendos se repiten uno tras otro, hasta que finalmente cesan. Me voy calmando y me escondo detrás de un auto, llorando desconsoladamente, abrazada a mis piernas. Pasan solo unos segundos y siento que alguien se agacha frente a mí. Reconozco el perfume de Ramiro y me lanzo hacia él sin dejar de llorar. Él me estrecha en sus brazos y yo me recargo en su pecho. -Perdón -digo cuando recupero un poco la regularidad de mi respiración. Él solamente me besa la cabeza en silencio y acaricia mi espalda con ternura. -Vamos a casa -responde luego de unos minutos, con voz ronca. Caminamos por una calle lateral, saliendo a una cuadra del departamento de Sol, donde se ven luces de patrulleros en la calle desierta. Subimos al auto que Ramiro conduce para mí todos los días y dejamos el mío estacionado, como si nada hubiera pasado. En el camino a casa no hablamos, yo me limito a llorar en silencio desde el asiento trasero y él conduce con seriedad, sin dejar de atender al retrovisor y los espejos laterales. Cuando llegamos a mi departamento me indica que espere afuera e ingresa solo, con el arma en alto. Recién entonces veo que tiene sangre en el brazo izquierdo y me siento aún más culpable que antes. -Podes pasar -dice finalmente, guardando el arma en la funda y colocándola en la mesa baja, frente a nosotros. Me acerco y miro su brazo. Como lleva una remera mangas cortas de algodón, solamente hace falta levantar un poco la tela para ver que tiene un corte superficial. -Por un momento pensé que era una bala -digo con un hilo de voz, abrazando su extremidad mientras suspiro con pesadez. -Podría haberlo sido -replica con seriedad- ¿Por qué hiciste eso Luna? -indaga mirándome a los ojos con tristeza. -Nunca pensé que podía pasar algo así. Me imaginé que mi papá te contrató para controlarme, no porque de verdad ella pudiera hacer esto -digo compungida, sintiendo las lágrimas invadir mis ojos de nuevo. -¿Ella? -pregunta Ramiro sin entender. -Sí -respondo con dolor-, mi mamá -completo la frase. Le cuento que dentro del auto estaba ella, como siempre rodeada de seguridad y usando la fuerza para obligarme a hablarle. Veo que Ramiro está muy serio, pensando a mil por hora, y decido contarle la verdad. -No sé mucho de ella, pero es obvio que mi mamá no tiene una vida normal. Mi papá siempre intentó mantenerme alejada, pero sus intentos no fueron suficientes, ella siempre logra arruinar todo con sus apariciones -confieso con calma. -Lo importante es que estas bien. Pero por favor no vuelvas a escaparte nunca de mí -pide con verdadera preocupación en su rostro. Asiento y lo beso, colocándome sobre sus piernas para llegar mejor a su rostro. -¿Cómo pudiste llegar justo a tiempo? -pregunto intrigada al darme cuenta que efectivamente, llegó en el momento indicado. -Te estaba buscando y se me ocurrió probar en lo de Sol -responde con seguridad, aunque no deja de llamarme la atención lo coordinado de la historia-. Mejor vamos a la cama, fue demasiado por hoy -dice con convicción y yo asiento en silencio, para ir al dormitorio, aunque dudo mucho que pueda verdaderamente dormir o descansar. Ramiro Siento la respiración de Luna ralentizarse y entiendo que finalmente logró dormirse, por lo que me escabullo de su agarre y voy hacia el baño a limpiar la herida que si bien no es grave, sangró bastante. Llamo a Verónica mientras abro una lata de cerveza fría. -Hola -responde del otro lado de la línea, con vos somnolienta. -Perdón la hora -digo viendo que son más de las tres de la mañana-. Hace unas horas intentaron secuestrar a Luna -hablo explicando mi urgencia. -Dame un minuto -responde ella mientras escucho algunos sonidos como si se estuviera moviendo, y luego el sonido de una puerta cerrarse despacio-. Contame -ordena finalmente. Le relato toda la situación, incluyendo el comentario sobre su madre. -Necesito que me confirmes algo ¿Ella es la informante que está brindando los datos del padre de Luna? -pregunto atando cabos sobre algunos detalles que vi al pasar, en las pocas carpetas que me mostraron del caso. La escucho suspirar del otro lado y entiendo que no me puede decir más. -Está bien. No me contestes. Pero es demasiado complicado trabajar así, a ciegas -afirmo con enojo. -Te entiendo, pero es necesario -responde con sincera impotencia. -¿Qué haces levantada? -escucho decir a un hombre del otro lado. -Trabajo, ya voy -contesta ella a lo lejos, como si hubiera tapado el auricular-. Te tengo que dejar, mañana hablamos –dice, hablándome nuevamente a mí. Verónica cuelga el llamado y me quedo con el teléfono en el oído, pensando que cada día entiendo menos que le veía o qué pensé que teníamos en común ella y yo. Siento unos brazos que rodean mi cintura por detrás y me giro para abrazar a la hermosa mujer que me tiene loco. Su personalidad explosiva y descontracturada me encanta, pero no puedo negar que verla hoy tan vulnerable y necesitada de afecto me genera incluso más amor del que quiero reconocer. -Vamos a la cama -digo nuevamente, pero esta vez la alzo en mis brazos y camino con ella apoyada en mi pecho, para acostarnos a intentar dormir nuevamente. Martín Llego a casa cansado, luego de haber dejado a Pilar en su hogar, donde va a cenar con mi hermana y Luna. Desde que se hicieron amigas corté todo tipo de relación con Luna porque lo único que necesito en este momento es que las cosas con ellas tres se compliquen. Miro mi teléfono y encuentro una llamada perdida de Florencia. Luego de que hace unas semanas le enviaron una foto mía con Pilar, decidió escribirme periódicamente, haciendo que sea más que evidente que solo quiere cerciorarse de que sigo estando soltero, disponible por si a ella se le ocurre volver. Decido no contestarle, pero el teléfono suena nuevamente, aunque esta vez es un mensaje. -Estoy llegando, espero que estés -vuelvo a leer las breves palabras y solo unos minutos después suena el timbre. Abro la puerta y me encuentro con Florencia, vestida con un sobretodo claro, lo que me llama la atención siendo que afuera hace calor. -Hola. ¿Estás solo? -pregunta ingresando, sin esperar mi invitación. -Sí, ¿querés pasar? Sentite como en tu casa -respondo con ironía, cerrando la puerta del departamento. Para mi sorpresa se gira y me mira con enojo, pero su expresión cambia muy rápidamente, volviéndose provocativa y sensual. Camina hacia mí mientras recorre mi cuerpo con la mirada y comienza a abrir la prenda que cubre su cuerpo, que al caer deja a la vista su cuerpo desnudo. Mi m*****o responde al instante, y sin dudar termino de acortar la distancia entre ambos, para tomarla por la cintura y apretarla contra mi cuerpo. Comenzamos a besarnos sin preámbulos y la levanto por los muslos, para llevarla a la habitación. La tumbo en la cama y me dedico a besar cada centímetro de su cuerpo, que se eriza ante mi tacto. Me detengo en sus pechos, pero por primera vez los mismos me resultan menos abultados de lo que quisiera, la imagen del escote de Pilar la noche del boliche invade mi mente y decido seguir avanzando para no demorar en ese pensamiento que me incomoda. Cuando estoy por llegar a su sexo, Florencia me toma de los hombros y me levanta, recordándome el motivo por el que nunca dedicaba atención a esa zona, a diferencia de mis otras compañeras sexuales, a ella puntualmente no le gusta el sexo oral. Me acuesto sobre ella y comienzo a penetrarla despacio, mientras veo sus gestos de placer que evidentemente extrañaba. Acelero el ritmo y aprovecho que levantó las manos sobre su cabeza para tomar sus muñecas y apretarlas mientras imprimo más fuerza a las embestidas. Flor se mueve incómoda, haciendo que suelte mi agarre y me frene un poco sin entender el motivo de su disgusto. Ella parece notarlo. -No quiero que me queden marcas -comenta con vergüenza. No respondo y simplemente me concentro en seguir en lo que estaba, ayudado por la repentina iniciativa de ella, que lleva mi rostro hacia el suyo para comenzar a besarme apasionadamente. Solo unas embestidas más y comienzo a sentir que sus gemidos se incrementan y sus piernas se tensan alrededor de mi cintura, por lo que la tomo desde la nuca y acelero los movimientos hasta sentirla llegar al orgasmo, cuando lo hace retiro mi m*****o de su interior y estoy a punto de soltar mis fluidos en su abdomen cuando recuerdo que le resulta desagradable, por lo que me apresuro a hacerlo al costado de la cama, con una nota mental de limpiarlo inmediatamente. Me recuesto a su lado y ella me abraza cariñosamente. Si bien estoy complacido con el encuentro s****l, no puedo dejar de sentir que falta algo. El pensamiento que vino a mi mente de los pechos de Pilar no me deja tranquilo y miro al techo pensando porque pudo pasar. Repaso mis conquistas y caigo en la cuenta de que la gran mayoría de las mujeres con las que me acuesto y acosté recientemente tienen cuerpos esbeltos y pechos pequeños, aunque eso siempre me pareció atractivo, no entiendo porque ahora parece que quiero algo diferente. -Te extrañaba -dice Florencia en voz baja, levantando levemente la cabeza para mirarme. -Yo también -miento con un hilo de voz, notando por primera vez que realmente no sentí su ausencia en este tiempo. -¿Te puedo preguntar algo? -consulta con cautela. -Sí -respondo intrigado. -¿Tuviste algo con alguna chica desde que nos separamos? -indaga mirándome a los ojos. -Vos te referís a si... ¿Hice la chanchada? -pregunto con un ataque de risa al pensar que es justamente la expresión que se acomoda al momento. Su rostro transmite claramente que no entendió la frase por lo que intento explicarla para que le cause tanta gracia como a mí. -La chanchada es una forma de decirle a tener sexo… -aclaro dejando de lado las risas. -Entendí, lo que no entiendo es porque le decís así -afirma con seriedad. -Nada, no importa -contesto ya sin ánimos, frustrado de recordar que no compartimos el mismo sentido del humor en lo más mínimo. -Bueno… igualmente no me contaste -increpa nuevamente- ¿Estuviste con alguien más? -pregunta en forma más directa. Decido hablar con ella con sinceridad, como nunca antes lo había hecho. -Si Flor. El día que me dejaste sugeriste que sabías que estaba con otras chicas incluso estando juntos, por supuesto que lo hice cuando terminaste conmigo -luego de decirlo me doy cuenta de la crueldad de mis palabras, pero me sorprende no ver el menor dolor en su mirada, por el contrario, parece tranquila con mi respuesta. -Pero con todas esas chicas era solo sexo… Tu novia era yo -afirma con altura-. Lo que te pregunto es si estuviste en alguna forma más seria que solo sexo -vuelve a indagar con intriga. Cuando pienso en la respuesta me doy cuenta de lo triste que suena en mi mente la contestación que tendría que darle: “No, como siempre, es solo sexo”. -Estas tardando mucho -dice enojada mientras se incorpora-. Si no me querés contar no te preocupes, entiendo -afirma mientras comienza a colocarse los zapatos que evidentemente en algún momento se sacó. Me quedo pasmado ante su actitud. No entiendo cómo puede no molestarle que tenga sexo con otras mujeres siendo su novio pero le molesta la idea de que pueda tener un vínculo con otra cuando ya no estamos juntos. -Sinceramente me sorprende -vuelve a hablar enojada, deteniendo sus movimientos-, pensé que yo era la única tonta que podía comprometerse en algo con vos, sabiendo que llevas la vida de un adolescente y no parece que vayas a cambiar -sin mirarme se levanta y camina hacia la sala. Me incorporo y la sigo, siendo ahora yo el enojado. -¿Con que autoridad vos me decís inmaduro a mí? -pregunto con bronca- Convengamos que entre tu vida y la mía no hay diferencia -afirmo entendiendo que llevamos existencias bastante similares. -Pero yo sí tengo una relación, y esta vez, es una con futuro -dice completamente molesta mientras se cierra el abrigo y sale hecha una furia, dejándome con la palabra en la boca. ¿Cómo puede tener una relación “con futuro” cuando hasta hace unas semanas era mi novia? Me quedo pensando, hasta que caigo en cuenta de que su relación evidentemente no es tan fuerte como asegura, si hace días me escribe y hoy vino hasta acá directamente buscando sexo. Camino enojado hacia mi habitación a buscar mi móvil para escribirle unas cuantas verdades, y cuando estoy llegando a la mesa de noche me resbalo con un líquido pegajoso del piso del cuarto y caigo de nalgas al piso. No puedo evitar soltar una carcajada pensando en lo graciosa que hubiera sido la escena si alguien la veía, sumado al asco que me produce entender cuál fue el líquido que pisé. Mi primer instinto es contarle a Pilar, que seguramente explotaría de risas como yo, pero la explicación sería demasiado incómoda, por lo que evito hacerlo. Tomo un trapo y limpio el enchastre de mi piso, luego me doy una ducha por segunda vez en el día y cuando finalmente me acuesto veo un mensaje de Pilar en el móvil en el que me recuerda el horario de mañana, ya que iniciaremos la jornada una hora antes de lo habitual. Comenzamos a conversar de pavadas como siempre y en una oportunidad me manda una captura de pantalla de su móvil con la hora señalada con un circulo, mostrando que se hizo tarde nuevamente, y que ya debemos ir a dormir, pero amplío la imagen y veo que hay una notificación de mensaje nuevo de alguien a quien tiene agendado como “Chiqui <3”. Le respondo con la misma imagen pero esta vez señalo la notificación con una flecha y la acompaño de varios emojis de caritas sorprendidas y luego un sticker de una persona con gesto sugestivo. Ella contesta con un stiker de una chica rodando los ojos y varias caritas de risas. Me quedo unos minutos esperando otra respuesta, pero no llega nada. -Estoy esperando que me cuentes… -envío en un nuevo mensaje. -¿Qué cosa? -responde rápidamente. La llamo sin dudar y cuando atiende hablo sin esperar si quiera su saludo. -¿Cómo “que cosa”? Quien es “Chiqui corazón” -digo con más enojo del que esperaba. -¿Mi hermano? -responde con una nueva pregunta. -¿Tenés un hermano? -pregunto sin entender porque nunca lo había nombrado. -Medio hermano -aclara con un suspiro y no puedo evitar notar algo de duda en su voz. -Ahhh… nunca me habías contado -replico dubitativo- ¿Y es más chico? -consulto intrigado. -No, en realidad lo que pasa es que él me decía Chiqui a mí, después comencé a decirle así yo también y quedó como un apodo muto -responde más seria de lo habitual-. ¿Terminó el interrogatorio agente? ¿Me puedo ir a dormir? -habla luego de unos segundos, retomando su habitual simpatía. -Está bien chiqui. Justo te iba a contar como me caí recién, pero si no querés saber… -agrego antes de cortar, haciendo que obviamente la conversación no termine allí, sino que le cuento de la caída, omitiendo el detalle del fluido que la generó, y nos quedamos hablando casi una hora más, como habitualmente nos sucede. Cuando finalmente cortamos, veo que tengo demasiados mensajes de Florencia. Decido ni si quiera leerlos y simplemente abro y cierro la conversación, que no me intriga en lo más mínimo. Me duermo cansado, pensando que mañana me espera una interesante jornada en la empresa.
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