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4409 Words
Pablo Me despierto antes de que suene la alarma, con la sensación de ahogo que me viene acompañando hace varios días, es evidente que la situación de estrés que estoy atravesando me está jugando una mala pasada en el plano físico. Me esfuerzo por realizar mi rutina lo más calmo posible, pero los nervios interfieren en forma permanente, haciendo que el contenido de la botella que sostengo caiga rebosando el vaso sin que atine a levantarla a tiempo. Saber que en unas horas estaré nuevamente sentado frente a Sol sin poder hablar con ella o si quiera mirarla con tranquilidad me hace desear que directamente no estuviéramos obligados a compartir estos espacios, pero no hay opción, seremos socios de por vida, por lo que lo mejor será que me acostumbre. Llego a la empresa temprano como de costumbre y me dispongo a ultimar los detalles que quedan pendientes para la mañana, para entrar tranquilo a la junta en la que Pilar expondrá su propuesta de trabajo en forma detallada. El teléfono suena, sacándome de mi abstracción, y solo entonces me doy cuenta que la hora pasó y ya es momento de ingresar a la reunión. Agradezco mentalmente poder concentrarme de esta forma en el ámbito laboral, porque últimamente, parece ser lo único que aleja de mis pensamientos, por unos breves momentos, a la rubiecita que me tiene loco. Llego a la sala y al entrar veo a Pilar y Martín riendo mientras acomodan las carpetas. Su complicidad me sorprende una vez más y me hace dudar de que entre ellos efectivamente haya solo una amistad, como él afirma. -Buenos días, vayan pasando, por favor -dice Martín levantando la vista hacia mí. Al ver que su mirada viaja también a mis espaldas advierto que Sol se encuentra solo unos pasos detrás. -Buen día -digo en tono serio, para luego sentarme en mi lugar habitual en la sala de reuniones. -Buen día -responde ella con el mismo tono y procede a sentarse lejos de mí, en el extremo contrario de la mesa. -Voy a buscar el agua y los vasos -habla Pilar, dirigiéndose a la puerta. -Te acompaño -suma Martín, siguiendo sus pasos. -No, voy yo -agrega rápidamente Sol, llegando antes a la puerta que su hermano, sin darle posibilidad de réplica. La veo salir y no puedo evitar notar cómo el vestido claro con el corte ajustado en la cintura marca sus curvas. Recuerdo su cuerpo desnudo y la sensación de mis manos apretando su trasero, y mi m*****o comienza a ponerse rígido sin darme tiempo a cambiar los pensamientos para evitarlo. -Hola chicos, trajimos facturas -anuncia Sandra ingresando al lugar, acompañada de Cristina, Marina y Natalia. Comienzan a abrir las cajas y distribuir bandejas por la mesa, mientras van comentando los gustos y particularidades que eligieron. Cuando ingresan Pilar y Sol todas se saludan con cariño y me sorprende nuevamente cómo Pilar logró hacerse querer con todas, siendo tan distinta y más bien introvertida. Comenzamos la reunión y durante la exposición de Pilar dirijo breves miradas a Sol, que en ninguna de las ocasiones parece advertirlo. Me molesta saber que ella tiene este efecto en mí, que hace que no pueda evitar buscarla, cuando en su caso yo parezco no causarle nada similar. También observo a Martín, notando que la admiración que manifiestan sus ojos hacia Pilar es algo nuevo en él, que siempre parece ver a las mujeres como solamente un pedazo de carne que quiere saborear. Pilar explica todas las posibilidades de distribución de tareas para las chicas, que parece ser la parte menos complicada, y cuando llega a la dirección administrativa de la empresa comienza por explicar la división de funciones entre Martín y yo, que no dista mucho de lo que venimos haciendo cada uno en la actualidad. Solo falta explicar la intervención de Sol, y es entonces cuando recibo la peor sorpresa. -…Por eso, según lo hablado con sus padres y con Sol, creemos que la mejor opción es que sea ella quien maneje las cuestiones desde el primer país de expansión, que sería España -dice finalmente. Martín y Sol no parecen en nada sorprendidos, lo que me molesta bastante, porque siendo una cuestión tan trascendental para la empresa, considero que deberían haberme consultado. Miro enojado a mi amigo, pero sus ojos siguen sobre la morena, que está explicando los detalles de la expansión. -Esperen… ¿eso significa que te vas? -pregunta Natalia bastante compungida, mirando directamente a Sol. -Sí -contesta ésta con calma. -¿A vivir a España? -completa la idea Marina. -Sí -confirma Sol. -¿Y la tía que dice de eso? -indaga Cristina, refiriéndose a la madre de Sol. -Le parece muy bien -responde Martín, confirmando mi sospecha de que soy el último en enterarme. -No sé para qué es esta reunión si es evidente que entre ustedes ya arreglaron todo -digo sin disimular mi enojo, mientras me incorporo y me prendo el saco, dispuesto a salir del lugar. Martín se para rápidamente y da unos pasos poniéndose en mi camino mientras habla. -Para un poco Pablo, yo lo sé solamente porque ayudé a Sol a convencer a mamá, nada más… No es para que lo tomes así. Además esta reunión es justamente para que entre todos lo aprobemos, no hay nada verdaderamente decidido -afirma mi amigo visiblemente confundido con mi actitud. No puedo evitar dirigir una mirada inquisidora hacia Sol, que ahora no puede evitar el contacto visual, ya que todos en la sala están enfocados en mí. Recorro sus miradas y entiendo que estoy haciendo una escena que puede generar un debate familiar innecesario, por lo que me obligo a calmarme, volviendo a mi asiento. -No estoy de acuerdo -digo por fin con calma-. No dudo de tus capacidades, pero creo que primero tenés que conocer mejor la empresa, hace solo unos meses que estas acá, no es suficiente -hablo con tranquilidad sin dejar de mirar a Sol a los ojos. -Podes preguntarme lo que quieras de la empresa y su manejo y vas a ver que estoy más que preparada -replica ella, con la misma suavidad con que hablé yo, aunque la tensión de nuestros cuerpos delatan que la comunicación no es para nada relajada y tranquila. Solo espero que el resto no lo advierta, para no levantar sospechas. -Yo creo que hay que someter esto a votación y listo -afirma Sandra, mirando a Pilar. Pilar mira a Martín y Martín a mí, que vuelvo a mirar a Sol, esta vez rogando con los ojos que desista de esta idea, ella me sostiene la mirada y por un momento pienso que va a poner paño frio y decir que se quedará al menos un tiempo, pero para mi sorpresa, sucede todo lo contrario. -Está bien, votemos, pero quiero que sepan que esta es mi única opción. No pienso quedarme en el país hasta que Pablo apruebe mis planes de vida por un capricho -sus palabras son pausadas y tranquilas, y no aparta sus ojos de los míos, en una actitud más que desafiante. -¿Pueden parar de ver quien la tiene más grande? -interviene sorpresivamente Natalia. -Yo pensé que Pablo era el único que te caía del todo bien… -sigue Marina. Veo que Pilar suspira y le hace un gesto a Sol, como pidiendo que se calme. La rubia la mira y voltea los ojos, pero se queda en silencio. -Yo voto por que se vaya tranquila. En todo caso puede ir alguien con ella un tiempo -dice Martín, mirándome con una expresión de disculpa. -Eso… porque no la acompañan a instalar todo y cuando estén las cosas claras en el funcionamiento allá, vuelven -propone Sandra hablando de Martín y yo. -No podemos dejar la empresa sola -afirmo con seguridad. -Serían solo unos días, después si hace falta seguir allá, uno queda y el otro vuelve -dice Martín, volviendo a mirarme con preocupación. Miro a Sol sin el menor disimulo, esperando que entienda que esto solo va a complicar más las cosas, ahora en vez de mantenernos alejados, vamos a tener que viajar quien sabe por cuánto tiempo a otro país. -Bueno, vamos a tomar el silencio como un sí. ¿Seguimos? -dice resuelta Cristina, volviendo su atención a Pilar, que retoma su exposición donde la había dejado. Luego de unos segundos Sol baja la mirada y solo entonces puedo entender que esta situación no le es indiferente, aunque ahora que veo el dolor en su rostro, preferiría mil veces que lo fuera. Me abstraigo pensando en que este viaje imprevisto no solo complica mi vida por el hecho de tener que convivir con mi única tentación, sino que además no sé cómo haré con Clara y su enfermedad. Tengo que pensar urgente una salida a toda esta gran bola de nieve que viene derrapando sin frenos en mi vida. Sol Bajo la mirada para intentar disimular la impotencia que me genera que el imbécil de Pablo no me deje en paz. No le basta con seguir con su novia como si nada hubiera pasado, sino que además ahora quiere retenerme innecesariamente. Si al menos el motivo fuera que me quiere cerca porque siente algo por mí, o porque le importo un poco, creo que podría hasta parecerme romántico, pero escucharlo decir que no estoy preparada me hace hervir de enojo. ¿A caso a él alguien le preguntó si estaba listo para asumir el puesto que tiene ni bien terminó la universidad como lo hizo? No, pero como yo soy la menor y encima mujer, se cree con derecho a cuestionar mi capacidad. Respiro profundo y me esfuerzo en volver mentalmente a la reunión, de la que me abstraje durante varios minutos. Cuando lo hago, entiendo que estamos terminando, con acuerdo en todos los puntos, agregando el tema de que Martín, Pablo y Pilar irían conmigo a España para ultimar detalles antes de iniciar el proceso de expansión. -Voy a imprimir nuevamente los acuerdos con el agregado, así pueden firmarlo y llevarse una copia -dice resuelta mi amiga, mientras sale, dejándonos solos a los siete nuevos directivos de la empresa. -Limpiate un poco la baba… -comenta en tono de broma Natalia a Martín, que la mira sin entender. -No hace falta ser vidente para ver que te tiene loco -suma Marina al comentario de nuestra hermana. -¿Pilar? -pregunta Martín, sin entender. -Ahhh… entonces no soy el único que lo piensa -bromea también Pablo. -Chan chan chachan… -tararea Sandra la marcha nupcial, haciendo gesto de que baila el vals. -Qué cosa con ustedes, uno no puede ser amigo de alguien porque ya lo quieren casar -replica mi hermano, fingiendo indignación. -No, casamiento no, que con el de Pablo ya tenemos suficiente por un rato -dice Cristina mientras niega con la cabeza. Todos nos quedamos en silencio, mirándola sin entender. Llevo mi vista hacia Pablo lo más disimuladamente posible y lo veo mirando hacia abajo, con la uña del pulgar entre los dientes. -Claramente metiste la pata -afirma Natalia, en tono lúgubre. -Sí, Clara te va a matar -agrega Marina. -¿Entonces sí te casas este año? -pregunta Martín, sin entender. -Sí -dice Pablo levantando la vista hacia él, soltando todo el aire de sus pulmones. Siento el ardor subir desde mi estómago y un nudo se instala en mi garganta, haciendo que me cueste respirar. Contengo lo más posible mis emociones, para evitar que las lágrimas lleguen a mis ojos y respiro profundo intentando mantener la inexpresividad en mi rostro. -Listo. Todos los documentos están terminados -comenta Pilar, ingresando con una sonrisa, que al ver la situación se borra inmediatamente. Ella me mira a mí y luego a Martín, al verlo parecen estar hablando con la mente porque ella simplemente comienza a repartir las copias en silencio a cada uno de nosotros, que sin ningún comentario comenzamos a firmar y pasar al siguiente hasta que todas las firmas están completas. -Perdón Pablo, no era mi intención -dice en tono sincero su hermana y éste le devuelve una sonrisa sin ganas. -No es nada, no te preocupes -le responde sin enojo, pero con algo parecido a tristeza, aunque quizás solo estoy viendo lo que quiero ver, porque no hay motivo para que esté triste, si se va a casar con su novia, a la que eligió sin la menor duda. -¿Se puede saber cuándo? -pregunta mi hermano con un tono de preocupación y seriedad que no logro entender. -En un par de semanas -contesta Pablo, mirándolo a los ojos. Las náuseas suben más, haciendo que me sea difícil contenerlas, sin dudas no esperaba esto, pensé que sería en un año, o varios meses… pero saberlo casado en tan poco tiempo solamente me hace entender que es una forma de poner un fin determinante a toda esta locura que estamos pasando. Mejor dicho que ESTOY pasando, porque él claramente no lo siente igual. -Permiso, busco algo y vuelvo -miento con la mayor tranquilidad que logro actuar, hasta que al salir de su campo de visión corro hacia el primer baño que encuentro y dejo todo el contenido de mi estómago en el retrete. Luego de varios minutos me siento en el piso sin fuerzas, cubriendo mi rostro con las manos, cuando escucho unos golpecitos en la puerta. Miro por debajo de la madera y veo los zapatos de Pilar, por lo que me incorporo con dificultad y salgo más tranquila. -¿Estas bien amiga? -pregunta la morena con preocupación. -Sí -miento mientras comienzo a lavar mis manos para luego refrescar mi rostro que está demacrado y cansado sin que logre entender el motivo. Parece que no hubiera dormido en años, cuando la realidad es que estoy durmiendo mucho más que de costumbre. -¿Me querés contar que pasó? -pregunta con una mano en mi espalda. -Pablo se casa en unas semanas -contesto con la mirada baja, dejando las manos en el mármol del lavabo. Ella me hace girar, quedando de frente y me abraza fuerte, lo que parece funcionar como un habilitante natural para mis lágrimas, porque éstas comienzan a brotar de mis ojos sin control. Luego de varios minutos logro calmarme y mi amiga me acerca un pequeño estuche con maquillaje. Le sonrío con complicidad y comienzo a arreglar mi rostro. -Te espero allá. Ya estamos para cerrar -afirma con tranquilidad y mentalmente agradezco tenerla conmigo, no sé cómo haría para sobrellevar esto sola. Vuelvo a la sala de reuniones y todos están conversando animadamente menos Pablo, que esta de espaldas, mirando la ciudad desde el ventanal, con las manos en los bolsillos. No puedo evitar pensar que su figura es envidiable, los glúteos se marcan a la perfección en el pantalón de su traje hecho a medida y el ancho de su espalda es la promesa perfecta de lo que esconde debajo de la tela. -Bueno, terminamos entonces, ¿no? -pregunta Martín a Pilar, al verme entrar. Pablo se gira y me mira directamente a los ojos, haciendo que nuestras miradas se crucen por solo unos segundos, ya que corto la conexión fingiendo desinterés. -Solo nos quedaría chequear la fecha de España con Sol -responde Pilar, mirándome con preocupación. -Si para eso ya no nos necesitan, podríamos ir comenzando a conocer nuestros sectores, ¿no? -dice Cristina en relación a las cuatro chicas. -Sí, claro… cualquier cosa que necesiten me pueden avisar -aclara Pilar mientras todas se van incorporando y saliendo de la sala. Finalmente quedamos solos Pilar, Martín, Pablo y yo y es evidente que hay más tensión de la necesaria en una reunión rutinaria entre tres socios y una trabajadora de la empresa. -Martín y Pablo propusieron viajar el fin de semana a España para ultimar los detalles que faltan cerrar con los locales, así pueden comenzar a trabajar para que te instales lo antes posible, como pediste -dice Pilar, tomando la posta. -¿Este fin de semana?, ¿en cuatro días? -pregunto incrédula. -Sí, iríamos los cuatro -afirma Martín, con una sonrisa. Miro a Pablo sin poder creer que realmente quiera exponerse a esto y decido hablar de la forma más directa posible, sin revelar de más, siendo que Martín no sabe ni puede saber nada de la verdadera situación. -¿Vos no tenés un casamiento que organizar? -pregunto con una sonrisa fingida. -No -responde Pablo cortante. Mi sonrisa se borra dando paso a la frustración. -¿Para qué iríamos todos? ¿No confían en que puedo ir sola? -indago con enojo. -Sol, me parece que tenés que comenzar a entender que en esta empresa siempre nos manejamos así, vos viste que nuestros papás siempre hicieron todo juntos, Martín y yo igual, ahora vos te sumas a nosotros, vamos a tener que acostumbrarnos a trabajar los tres como uno, que es la esencia de esta sociedad -dice con calma Pablo, sentándose frente a mí, demostrando que está separando lo laboral de lo personal. -Es verdad hermanita. Bienvenida a la sociedad -habla mi hermano acercándose a mí y dejando un beso sonoro en mi mejilla. No puedo evitar reír ante su gesto y asiento en silencio, pensando que solo tengo que aguantar un tiempo más y ya estaré lejos, trabajando en paz. -Obviamente no es necesario que yo vaya. De hecho no sé cómo quieren seguir, creo que mi trabajo acá terminaba con este diseño de distribución de funciones -dice Pilar tranquila. -Para nada, vos vas a seguir acá hasta que te jubiles -amenaza Martín, elevando hacia ella un dedo acusador y todos reímos. Pilar comienza a teclear en su teléfono y luego de unos minutos afirma. -Deberíamos salir el jueves al mediodía en el vuelo de las dos y podríamos volver en el de las seis del lunes. Creo que ese tiempo nos va a alcanzar bien -dice mi amiga mirándonos, para esperar confirmación. -No chiqui, vamos a ir en el avión de la empresa -corrige Martín-. Así que podes disponer tranquila de los horarios sin ver los vuelos comerciales. Pilar abre los ojos con asombro y asiente en silencio. -Igualmente de jueves a lunes me parece que estaría muy bien -completa Pablo, mirando su móvil. Todos me miran y entiendo que están esperando también mi respuesta. -Yo no tengo problema de fechas -respondo tranquila, pensando que a Agustín no le va a hacer ninguna gracia este viaje, esa idea me hace pensar en una opción, que tiro sin pensar-. Le voy a preguntar a Agustín si puede sumarse, total en el avión privado quedan dos lugares. -Buenísimo -dice Martín, apoyando mi idea, aunque al ver la expresión de Pablo me arrepiento, el enojo es evidente en su mirada y entonces entiendo que solamente complicaré las gestiones. Miro a Pilar buscando ayuda y ella hace un gesto que me lleva a entender que no es una buena idea. Me quedo unos minutos mirando la pantalla del móvil y decido no responder nada de momento, primero voy a hablar con Agus, para luego definir cómo seguir. -Bueno, vamos Pilar, te voy a mostrar los requisitos y preparativos para este tipo de viajes -dice Martín acercándose a mi amiga, que me sostiene la mirada como verificando si está bien que se vaya. -Voy con ustedes, de paso organizamos lo del miércoles -afirmo a modo de respuesta, saliendo tras ellos para evitar quedarme a solas con Pablo, aunque para mi sorpresa éste nos sigue, dirigiéndonos los cuatro al ascensor. -¿Qué hay el miércoles? -pregunta intrigado mi hermano. -Una muestra de danza de la academia de Luna, vamos a ir a ver a sus alumnas y llevarle un ramo de flores -responde Pilar sonriente. -Que dulces -dice Martín pestañeando varias veces con un gesto de burla hacia nosotras, de repente se frena y su gesto cambia abruptamente-. ¿Puedo ir con ustedes? -pregunta emocionado. Pilar y yo nos miramos y volvemos a mirarlo a él sin entender. -Sí… pero, ¿Por qué querrías ir a ver a un grupo de adolescentes y nenas bailar? -pregunto intrigada. -Porque ahí toma clases la sobrina de Florencia, por lo que seguro va a estar ella, y quiero confirmar si es cierto que esta de novia -explica tranquilo y los tres lo miramos. -¿Entonces terminaron de verdad? -pregunto sin disimular mi alegría. -Sí, ya era hora -interviene Pablo. -Sí, cuando uno de los dos en la pareja no está enamorado del otro, lo mejor es cortar -replica mi hermano, mirando fijamente a su amigo. El ascensor se detiene en el tercer piso, donde Pilar, yo y Martín deberíamos bajar, pero éste último se queda en el interior. La morocha y yo lo miramos y vemos que él y Pablo están ambos en silencio, con la vista gacha. -Busquen a Omar por favor, yo ya vengo -dice Martín, tocando un botón del ascensor, que hace que éste se cierre. Mi amiga y yo nos miramos intrigadas. -Parece que Martín no está muy de acuerdo con que Pablo se case -suelta mi amiga en un tono bajo, de confidencia. -¿Por? -pregunto intrigada. -No me dijo, pero hizo algunos comentarios como de que no lo debería hacer y que va a ser difícil para él ser testigo de eso -me contesta ella preocupada. Miles de preguntas se agolpan en mi mente, pero decido no suponer nada, lo mejor es dejar el tema allí y olvidarme de Pablo el mayor tiempo posible. Termino la jornada en la empresa y finalmente llego a casa cansada, a esperar a Agustín, que al terminar su día vendrá a cenar. Me pongo cómoda y preparo una tarta liviana y una limonada. Justo cuando mi estómago comienza a reclamar la cena suena el timbre y me apresuro a abrir la puerta a mi novio. -Hola hermosa, perdón por la tardanza, estamos a full con las liquidaciones, son las peores semanas del mes -dice con tono cansado, mientras deja un suave beso en mis labios. -No es nada, llegaste justo cuando me estaba comenzando a dar hambre -confieso con tranquilidad. Pasamos la cena tranquilos, conversando de todo un poco, mientras voy pensando cómo decirle que tengo que viajar con Pablo. -Bueno, ¿Qué es lo que te tiene preocupada? -pregunta Agustín cuando terminamos de poner los platos en el fregadero. -¿Cómo te diste cuenta? -indago sin entender qué me pudo delatar. -Te conozco Solcito -dice mientras acomoda un mechón de pelo tras mi oreja. Tomo aire y le cuento sobre el viaje, se muestra entusiasmado y contento con la idea, hasta que le cuento quienes iremos. -¿Me estas queriendo decir que vas a ir de viaje todo un fin de semana con el tipo con el que te acostaste? -pregunta visiblemente molesto. -Obviamente vamos a estar en habitaciones separadas y te juro que nunca más pasaría nada… además, se me ocurrió que quizás podrías ir con nosotros, en el avión sobra lugar -afirmo con entusiasmo. Lo veo negar con la cabeza enojado y es evidente que está tratando de contenerse. -No puedo. Sería dejar de ir a la oficina casi cuatro días, no puedo darme ese lujo –contesta ofuscado. Me mira por varios minutos y finalmente se acerca y me besa en los labios con dulzura. Correspondo al beso y redoblo la apuesta sentándome en su regazo y rodeando su cuello con los brazos. El beso comienza a profundizarse y siento sus manos subir por mi piel debajo de la remera. Cuando llegan a mis pechos los acaricia haciendo que mi excitación se incremente. Me levanto y le tiendo la mano para llevarlo hacia la habitación, donde le indico que se siente en la cama y me paro entre sus piernas. Desabotono lentamente su camisa y lo dejo quitarme la remera y el pantalón, quedando solo en ropa interior frente a él. -Te extrañé demasiado -dice sin dejar de mirarme, y a modo de respuesta lo vuelvo a besar, para luego sentarme con las piernas a los lados de su cuerpo. No puedo negar que el contacto de su piel me encanta, su cuerpo marcado y atlético, sumado a las caricias que tanto conozco, me hacen sentir que realmente estoy en casa. Me acuesta en la cama y remueve con agilidad su pantalón y su bóxer. Yo lo imito, sacándome el corpiño y las bragas, y antes de que me comience a penetrar, una idea se cruza por mi mente… Así como yo le conté que estuve con Pablo, él me confesó haber estado con dos chicas, por lo que la posibilidad de alguna enfermedad hace que el temor me invada. Freno su accionar y hablo con la mayor tranquilidad posible. -Amor, creo que deberíamos cuidarnos. ¿Tenés preservativos? -pregunto con cautela. Su rostro demuestra que no le gustó para nada la sugerencia, pero se limita a tomar su billetera del bolsillo del pantalón y colocarse el condón, para retomar lo nuestro donde lo dejamos. Comienza a penetrarme despacio, mientras besa mis labios con dulzura. Se siente tan bien tener una actividad s****l calma y tranquila, llena de cariño y sentimiento, que mi cuerpo responde sin dudar. Solo unos minutos después, él comienza a acelerar sus movimientos y mientras me penetra cada vez más fuerte, lleva sus labios a mi oreja, lamiendo y mordiendo el lóbulo, haciendo que mi excitación aumente y el orgasmo llegue sin hacerse esperar. Siento su cuerpo temblar cuando evidentemente se desahoga en el preservativo, y cuando se acuesta a mi lado lo remueve prolijamente. Va al baño y cundo vuelve se acuesta en la cama junto a mí, me acomodo en su hombro y nos acariciamos con ternura, disfrutando del contacto con el otro sin si quiera hablar, en un silencio cómodo que ambos agradecemos. -Me tengo que ir, ya es tarde -dice luego de varios minutos. -Está bien ¿Venís mañana? -pregunto confirmando que seguiremos con la rutina ya establecida desde que decidimos volver. -Sí -afirma tranquilo, mientras besa mis labios. Agustín se para, se viste y cuando termina me incorporo y me pongo una bata para abrirle la puerta. Cuando estamos en el marco, me mira con calma y habla nuevamente. -No hay problema con tu viaje, confío plenamente en vos. Te amo Solcito -dice para luego besarme una vez más y caminar por el pasillo para bajar por las escaleras como de costumbre. Cierro la puerta y suspiro pensando en la paz que me da esta relación. Sin dudas, optar por volver a intentarlo fue la mejor decisión que pude tomar.
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