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4129 Words
Ramiro -Éxitos linda, va a estar todo más que bien -digo mientras doy un último beso a Luna, para perderme entre el público a disfrutar del espectáculo. Me coloco en una de las últimas filas y aprovecho para observar a la gente. En general todos concurren en grupos de diferentes edades y no es difícil identificar las familias. En la tercera fila, una mujer de unos cuarenta años hace un gesto de disgusto cuando a su lado se sienta una señora mayor, de aspecto muy similar al hombre que desde el inicio la acompaña, otra nuera poco contenta con la suegra. Un poco más en el centro, en la octava fila, un niño arma una bolita de papel con el programa y se lo arroja a la niña de en frente, que se gira y lo reta con los cachetes colorados, en unos años seguramente estarán a los besos en algún boliche. Llegando a la decimoquinta fila, un hombre que debe estar rondando los cincuenta escribe a toda velocidad en el teléfono, mientras la señora a su lado mira aburrida a la gente que pasa, sin dudas una de esas parejas donde ambos tienen los intereses muy por fuera del hogar. -No, acá no vamos a ver bien, vamos más al medio -dice Martín tocando mi hombro, mientras señala unos lugares vacíos, en la banda central de asientos. Me incorporo y lo saludo, sorprendido de verlo acá. La simple sospecha de que haya venido por Luna me hace enfurecer, pero disimulo lo mejor posible. -Hola Martín. Yo prefiero quedarme acá por cualquier cosa -afirmo en tono tranquilo. -A las chicas no les va a gustar nada, además no entramos -recalca mostrando que a mi lado solo queda un lugar libre. Entonces entiendo que vino con Pilar y Sol, y admito moverme de lugar, con tal de estar cerca de mi hermana al menos un rato. -Está bien, vamos allá -acepto caminando tras él, para acomodarnos en los espacios vacíos de la fila, guardando los lugares para las dos. -¿Cómo andan tus cosas? -pregunta el rubio mientras mira hacia todos lados, intentando sin éxito disimular que busca a alguien. -Bien -contesto mientras intento identificar su objetivo- ¿Vos? -pregunto más por inercia que por interés. -Muy bien. Bastante ansioso, mañana viajamos a España con las chicas y mi socio, a ultimar detalles para expandirnos allá -comenta con alegría. -¿Viajan mañana a España con las chicas? -indago sin poder creer que Pilar no me haya dicho nada. -Sí, con Sol y Pilar -responde confirmando mi sospecha. Me remuevo incómodo en el asiento, pensando que mi hermana nunca estuvo lejos de mí ni mucho menos viajo tan lejos. -Hola, que hermoso está el escenario -dice Pilar luego de llegar a donde estamos, seguida de Sol. -Andá vos allá, yo me quedo de este lado por si Agustín logra liberarse a tiempo y viene -dice Sol, indicando a mi hermana que se siente al lado de Martín, quedando ella al lado mío. Pilar asiente y comienza a pasar frente a mí y luego frente a Martín. Mi sangre hierve cuando veo la mirada del rubio posarse sobre su trasero. Es entendible que, por el acotado espacio entre las filas, el cuerpo de mi hermana pase muy cerca de su rostro, pero no le da derecho a verlo como si fuera el último vaso de agua en el desierto. Martín advierte mi enojo y me dirige una sonrisa de disculpa que solamente logra molestarme más, pero entonces sus ojos se posan en un punto a mis espaldas y me giro para ver disimuladamente de qué se trata. Una hermosa mujer de cabello platinado, alta y muy elegante camina por las escaleras buscando lugar, con un hombre morocho muy atractivo tomado de su mano. Vuelvo a mirar a Martín y confirmo que los sigue con la mirada y su gesto no es para nada amigable. Observo nuevamente a la mujer y confirmo lo que ya me parecía, es la misma que estuvo con el rubio en el restaurante en el almuerzo donde lo conocí. Para mi sorpresa, Martín se gira hacia mi hermana y comienzan a hablar en confidencia sobre algo que aparentemente es muy interesante para ambos. Veo que los ojos de mi hermana también se dirigen a la rubia y una expresión de sorpresa aparece en su rostro. Verlos tan compenetrados y cómodos entre ellos y pensar que él le está hablando de esa mujer me genera una tranquilidad que no logro aceptar del todo. Las luces se apagan y la voz de Luna suena desde los altavoces. Agradece la presencia de los familiares y amigos y nos invita a disfrutar del espectáculo. Uno a uno sus grupos de alumnas van pasando por las tablas, comenzando por las más pequeñitas, que con gracia y dulzura esbozan algunos pasos descoordinados pero que solo generan suspiros y ternura en el público. A media que las edades van avanzando se puede ver mayor trabajo y preparación en las coreografías y cuando llega el número final, en el que bailan las alumnas mayores, la admiración y sorpresa se instala en el público. Las jóvenes no solo tienen una calidad impresionante individualmente, sino que la coordinación es simplemente perfecta. Siento mi pecho inflado de orgullo de pensar que todo esto es el logro de mi pareja, de la mujer que duerme conmigo cada noche y con la que paso horas hablando sin cansarme. Una vez más me sorprende lo enamorado que la enigmática mujercita de tez blanca y cabello n***o me tiene. Cuando las alumnas más grandes terminan su número, el público ovaciona y todos pensamos que la muestra terminará allí, sin embargo una sola luz ilumina el centro del escenario y todos hacemos silencio nuevamente, esperando la sorpresa. Luna aparece caminando lentamente, con unas zapatillas de danza negras, medias rosa pálido, malla negra y una pollerita de seda rosa unos tonos más fuerte que las medias. Lleva el cabello completamente peinado hacia atrás en un rodete prolijo y sin dudas es la viva imagen de una bailarina. De a poco la música comienza a sonar y Luna va realizando pequeños movimientos que se compaginan a la perfección con cada una de las notas musicales. A medida que la velocidad de la melodía va aumentando los movimientos comienzan a tornarse más veloces y arriesgados, y las luces van invadiendo el escenario. Siento que el corazón me va a salir del pecho cuando la melodía comienza a acelerarse cada vez más y Luna la acompaña con movimientos osados, en una coreografía llena de saltos, giros y vuelos en el aire que parecen sobrehumanos. Cuando siento que no puede suceder algo más, la velocidad de los compases aumenta y Luna comienza a girar sobre su eje a toda velocidad. Todos en el público están maravillados, pero yo solo puedo rogar que la escena termine, para asegurarme de que ella está bien. Mis rezos son escuchados y finalmente la bendita música termina y ella queda perfectamente parada, en una hermosa pose final que deja ver que esta perfecta, y con una sonrisa imborrable que me hace admirarla mil veces más de lo que ya hacía. Todos en el público nos ponemos de pie y aplaudimos mientras ella relaja su pose y saluda, y recién entonces advierto que las luces terminaron de prenderse en algún momento de la coreografía, y que las alumnas se fueron ubicando en el escenario, haciendo un marco de personas alrededor de su maestra. De a uno, los grupos van saludando y saliendo, y al terminar el último de ellos, el telón se cierra haciendo que el público de a poco comience a levantarse y salir del lugar. Veo que Sol mira hacia atrás, como buscando a alguien, y me giro por curiosidad, buscando identificar a la persona en cuestión. Es entonces cuando veo a una mujer en la última fila que llama poderosamente mi atención. Su cabello n***o muy lacio, su tez sumamente blanca, y sus ojos grandes, de un gris tan claro que impresionan, hacen que todo en ella me recuerde a Luna. La observo disimuladamente y cuando se incorpora despacio, caminando hacia afuera, veo que dos hombres la siguen con la mirada y acompañan sus pasos disimuladamente. -La mamá de Luna está en la muestra. Hay dos hombres pendientes de ella, no sé si son de su seguridad o la están siguiendo -escribo rápidamente a Verónica, sin perder de vista a la mujer, mientras me incorporo y me uno a la gente que sale despacio. -Son su seguridad. Quedáte al margen -responde rápidamente. -Necesitamos que indagues más sobre ella con la hija, infórmame mañana a primera hora -vuelve a escribir, y lo que leo no me gusta nada. Sacar conversación a Luna para las fuerzas me genera demasiada incomodidad, sé que es ilógico, ya que toda mi vinculación con ella es por y para mi servicio, pero en algún punto, cuando se trata de obtener los datos de su propia boca, abusando de la confianza que siente conmigo, parece ser diferente, incluso me hace sentir sucio. Decido no problematizar más el tema y ver cómo se desarrolla la noche. Para cuando las chicas, Martín y yo llegamos afuera del teatro, ya casi todas las personas están allí, tomándose fotos y saludando con cariño a las niñas que acaban de bailar. Martín y Pilar se quedan hablando y nos indican a Sol y a mí que nos adelantemos. Me alejo unos pasos y luego me freno y veo hacia donde están ellos. Me quedo observando la escena unos minutos y siento que mi sangre hierve una vez más, cuando lo veo abrazar a mi hermana por los hombros y acercarla a él como si fueran novios. Caminan hacia un costado del salón abrazados y ver la mano de ella rodeando su cintura hace que un frío me recorra la columna. -¿Qué están haciendo esos dos? -pregunta Sol, que esta parada a mi lado, mirando lo mismo que yo. La veo mirar hacia todos lados y luego sonríe con gracia. -Ya entiendo -dice finalmente-. Martín quiere darle celos a Florencia -explica la rubia, señalando a la mujer de cabello platinado que vi más temprano. -¿Quién es Florencia? ¿La rubia de allá? -pregunto para confirmar mis ideas. -Sí, es la ex de Martín -contesta con un gesto de molestia. -No eran unas cuñadas muy cercanas, por lo que veo -bromeo mientras los dos nos giramos y comenzamos a caminar hacia los camarines. -No, nunca me cerró. Pilar en cambio sería una cuñada perfecta -dice con una sonrisa sincera. -Que ni se te ocurra -suelto sin pensar y veo su expresión de sorpresa ante mi comentario, entendiendo recién entonces que lo dije en voz alta-. Digo que por lo poco que los conozco a tu hermano y a Pilar no me parece que sean muy compatibles. No te ofendas pero se me hace que de esa unión ella seguro saldría lastimada -intento explicar mi expresión. La veo asentir en silencio con un gesto de tristeza en el rostro. -Es verdad. Pero quién te dice, quizás ella hace que mi hermano cambie finalmente, así es el amor, ¿no? –dice esperanzada y me da ternura ver lo parecida que es a mi hermana en varios aspectos. Llegamos detrás del escenario y allí nos encontramos con Luna ya vestida con su ropa normal y sin maquillaje. La veo y solamente puedo pensar que así, sin una pizca de ayuda, se ve incluso más hermosa que cualquier otra mujer que haya visto. Corre hacia mí y se cuelga de mi cuello, yo la abrazo por la cintura levantándola sin dificultad y nos besamos sin vergüenza. -No coman pan delante de los pobres -se queja su amiga y ambos nos reímos. -¿Y Agustín? Dijiste que iba a venir -indaga Luna con seriedad. -Iba a tratar de venir, pero no era seguro, estas semanas en el trabajo son mortales -explica la rubia con pena. Salimos del lugar por una puerta lateral, evitando así el tumulto de gente aglomerada en la entrada del teatro y caminamos tranquilos hacia el auto. Cuando llegamos, Luna se sienta al lado mío y Sol se ubica en el asiento de atrás. -¿Vamos a mi casa? -propone Luna. -Dale, le aviso a Martín -dice Sol. -¿Vino Martín? -pregunta mi compañera sin entender. -Sí, esta con Pilar -responde su amiga. -Esos dos terminan juntos sí o sí -afirma haciendo que mi enojo aflore nuevamente. -Ni lo digas, que a Ramiro no le gusta nada la idea -comenta la rubia y Luna me mira con las cejas levantadas y un gesto de celos que me encanta. -Solo digo que ella parece muy inocente para él, que cae de maduro que no es ningún santo -afirmo con seriedad. -Nadie es santo en esta vida mi amor -dice luna acariciando mi mejilla con gracia-. Sino mira a Sol, con esa carita de nena buena que tiene… -va a contar algo, pero su amiga le tapa la boca con la mano y todos reímos dejando el tema allí. Llegamos a la casa y subimos para comenzar a cortar cosas para preparar una picada, mientras abrimos un vino y ponemos música, generando un ambiente agradable. Luego de unos minutos llegan Martín y Pilar y se suman a la velada. Cenamos entre risas y halagos hacia Luna por el show, en un momento de la noche escucho que el rubio se dirige a Pilar como “chiqui” y me atraganto con la bebida, sin poder disimular. Veo que mi hermana se pone como un tomate y me hace un gesto de disculpa disimuladamente. Le devuelvo fingiendo un gesto de enojo y sonríe sabiendo que no es real. Ya es bastante pasada la medianoche cuando Sol pide a su hermano que la lleve a casa. -Mañana tenemos que viajar, no podemos dormir tan tarde -insiste con cara de súplica ante la sugerencia de Martín de que podrían quedarse unos minutos más. -Es cierto -afirma Pilar, poniéndose del lado de su amiga. -¿Viajar? -pregunta Luna. -Sí, nos vamos nosotros tres y Pablo a España hasta el martes por cosas de la empresa -responde Martín sin emoción. Yo dedico una mirada de muerte a Pilar que se pone roja y evita mirarme a los ojos, acomodando sus anteojos sobre su nariz. -No, que injusto, ¿cómo van a viajar ustedes cuatro sin nosotros? -reprocha Luna simulando un berrinche. -Y vengan, sobran dos lugares en el avión -dice resuelta Sol, mientras toma su cartera y va saliendo. -¿En serio? -pregunta emocionada su amiga, dejándome con la carretilla por el piso. -Claro, tenemos seis lugares y somos cuatro -afirma el rubio, sumándose a su hermana. Luna me mira emocionada y con una sonrisa de oreja a oreja. -¿Vamos? -me pregunta muy feliz. -Dejame que vea si puedo organizar unas cosas y mañana te confirmo, ¿sí? -pido con tranquilidad. -Bueno, tienen que confirmar para las tres de la tarde, que tengo que mandar la nómina de vuelo -suma mi hermana, dejándome helado ante la sola idea de tener que pasar cuatro días cerca de mi medio hermano al que casi no conozco. Terminamos de despedirnos y aprovecho mientras Luna se baña para consultar a Verónica por el viaje. Esta vez se tarda varios minutos en contestar, pero finalmente acepta, dándome la orden de viajar. Aprovecha la ocasión para recordarme que debo intentar obtener información de la madre de Luna, lo que una vez más me genera un mal estar en el estómago, recordándome que lamentablemente nada de lo que estoy viviendo con esta hermosa mujer es verdadero, por más real que yo lo sienta. Cuando Luna sale del baño ya estoy en ropa interior, sentado en la cama, esperándola para dormir. Comentamos nuevamente lo hermosa que estuvo la presentación y lo amena que fue la cena con las chicas y Martín. Aprovecho para contarle de la ex del rubio y el plan que Sol cree que están llevando adelante con Pilar y me alegra ver que a ella no parece molestarle la idea de pensar a Martín con otra mujer. -Tengo que contarte algo que no se si te va a gustar -digo finalmente pensando en introducir el tema de su madre. Me mira con intriga mientras espera que siga. -Creo que vi a tu mamá entre el público -digo en forma pausada, atendiendo a su reacción. Se queda mirándome en silencio, sin contestar. -Me imaginaba. Todos los años me manda claveles y bombones. Siempre me imaginé que estaba en el público, no sé por qué -afirma con tristeza, mientras se recuesta sobre mi pecho, acariciando mi abdomen. -¿Y ese es todo el contacto que tienen? -indago con cautela. -Eso y cuando intenta secuestrarme para obligarme a hablar con ella -bromea sin la menor gracia. -No entiendo por qué necesita hacer eso, ¿no basta con pedirte para hablar? -consulto esperando no ser muy pesado con el tema. -Me dejó a los cinco años Ramiro, ¿Qué te hace pensar que casi veinte años después, si me dice que quiere hablar yo voy a acceder? -pregunta molesta. -O sea que volvió a aparecer ahora, pensé que desde siempre había buscado el contacto -explico intentando entender. -No, comenzó a buscarme cuando me fui a vivir sola. Supongo que hasta entonces no era tan sencillo evitar que la viera mi padre -dice con tristeza. -Entiendo. Cambiemos de tema… Mañana tendría que ir a mi casa a buscar ropa para España. ¿Me vas a acompañar? -pregunto esperando que la noticia de que iremos levante su ánimo. -¡Sí! Claro, la vamos a pasar de lujo -dice animada mientras su hermosa sonrisa vuelve a aparecer. Su inocencia y liviandad me hacen sentir una basura nuevamente. Solo quisiera poder borrar toda la situación y que nuestro vínculo fuera solamente una relación de noviazgo normal, pero nada de eso es posible, en especial cuando recuerdo que debo avisar a Verónica que disponga todo en mi departamento fingido para que realmente parezca mi casa cuando vayamos mañana a buscar mi ropa. Pablo -Listo amor, puse todo y hasta sobró espacio -dice Clara contenta, cuando termina de cerrar mi valija. -Gracias, sos la mejor -beso su mejilla mientras la abrazo por detrás. Se gira y queda de frente a mí y roza su nariz con la mía, con dulzura. -¿Llegó la pizza? -pregunta cuando se suelta de mis brazos, caminando hacia la cocina. -Sí, ya está lista la mesa, solo falta la bebida -digo mientras voy a la heladera a buscar algo para acompañar la cena. Comemos mientras conversamos de varios temas y cuando terminamos levantamos los platos juntos y luego los lavo mientras ella seca y guarda. La cotidianeidad entre nosotros y la forma en que nos entendemos tan naturalmente hacen que parezcamos un matrimonio de veinte años, en vez de dos novios recién a punto de casarse. Cuando terminamos voy a organizar algunos detalles más para el viaje en el dormitorio, mientras ella se queda en el sillón de la sala. Al finalizar regreso con ella y la encuentro muy concentrada en su teléfono. -¿Qué lees? -pregunto intrigado. -Nada -miente mientras deja el móvil a un lado. -Dale, contame -digo en tono burlón mientras tomo el aparato y enciendo la pantalla, esperando ver algo tonto que le de vergüenza mostrar, pero para mi sorpresa me encuentro con un blog de trucos de mujeres para superar el cáncer sin perder el cabello. La miro nuevamente y veo la tristeza en su rostro. -No es nada, si los trucos no funcionan me compraré unas lindas pelucas -afirma con una sonrisa que no llega a los ojos. La abrazo con fuerza y ruego internamente porque pueda sentir el cariño inmenso que tengo por ella. -Ya está todo listo para el almuerzo de mañana -afirma con una sonrisa sincera y real cambiando radicalmente de tema. -Buenísimo. Mis papás van a estar felices -respondo con verdadera alegría. Mañana terminaremos de definir con nuestros cuatro padres el menú de la recepción para el casamiento y ultimaremos algunos pocos detalles que quedan. -Me falta que me pases los nombres de tus hermanos, primos y sus acompañantes para la lista y terminar de organizar las mesas, con eso estaríamos -dice nuevamente, recordándome que tengo que averiguar, entre otras cosas, si Sol piensa ir, y de ser así si lo hará sola o con su novio. Pensar en ella en mi casamiento me resulta terriblemente incómodo, pero no me figuro excusa para que no esté, por lo que entiendo que no queda más opción que ir haciéndome a la idea. -Amor… -dice Clara luego de unos minutos de silencio, en que ambos estábamos absortos en nuestros pensamientos. -¿Qué? -pregunto con calma. -Quiero que me prometas que si alguna vez me pasa algo vas a casarte de nuevo y ser feliz -dice con dulzura, mirándome a los ojos. Su bondad y calidez me estrujan el corazón una vez más. -No te va a pasar nada, vamos a ser felices juntos -hablo sin pensar, aunque al decir la última parte no puedo evitar notar que no la siento real. No puedo imaginarme seguir con ella mucho tiempo más, cuando el aire parece estancarse en mis pulmones cada vez que pienso en Sol. -Prometelo igual -pide decidida. -Te lo prometo -concedo finalmente, para evitar una discusión inconducente. -Te amo -dice con una sonrisa tierna, para luego besar mis labios. Respondo a su cercanía acariciando su espalda suavemente, mientras el beso comienza a pasar de tierno a fogoso, aunque es una fogosidad calma y tranquila que no se compara con las miles de ideas que Sol me genera en el plano s****l. Me esfuerzo por alejar a la rubiecita de mis pensamientos y me concentro en mi novia, que sin dudas es hermosa y me encanta. La recuesto sobre el sillón y comienzo a besa su cuello, mientras desabotono su vestido para luego retirarlo. Cuando bajo hacia sus pechos no puedo evitar pensar en que son más pequeños y menos formados que los de Sol, que parecen amoldarse a la perfección al tamaño de mis manos, mientras los de Clara no me brindan la misma idea. Intento no frustrarme con la comparación y simplemente sigo mi camino, besando su abdomen y sus genitales sobre la tela de su ropa interior. Remuevo sus bragas con agilidad y humedezco su sexo con mi lengua mientras introduzco dos dedos en su interior. Sus gemidos comienzan a llegar a mis oídos y nuevamente el recuerdo de Sol gimiendo para mí ataca mi mente y decido volver a la realidad, con los ojos clavados en el rostro de Clara, buscando no desviar mis pensamientos de ella. Comienzo a introducirme despacio en su interior y la siento moverse debajo de mí, con la espalda contorneada, buscando que mi m*****o la invada aún más. Comienzo a acelerar los movimientos y me esfuerzo en pensar en ella, en las cosas más sexis que encuentro en su cuerpo, como su perfume, su lengua sobre mi cuerpo, logrando finalmente llegar al orgasmo sin desviar mi mente hacia Sol. ¿O debería contar como desvío esta permanente fuerza que debí hacer para alejarla de mi momento de intimidad con Clara? Siento que mi novia suspira debajo de mí y recién entonces entiendo que ella no llegó al orgasmo, por un momento siento vergüenza de mí mismo, estaba tan concentrado en no pensar en la rubiecita, que tampoco pensé en mi acompañante. Sin dudar me retiro de su interior y me agacho hacia sus pechos, mordiendo y lamiendo sus pezones, mientras mis dedos vuelven a imprimir la fuerza necesaria sobre su clítoris hinchado, para, con solo unos minutos, lograr que ella también acabe. Beso sus labios con dulzura y voy al baño a darme una ducha, en la que me replanteo nuevamente las miles de dudas que me generó ese encuentro s****l, en el que sentí todo el tiempo la necesidad de hacer un esfuerzo mental para no desviarme de lo que estaba pasando entre Clara y yo. No puedo evitar que la figura de Sol ocupando el lugar de Clara en el acto de recién haga que mi m*****o comience a endurecerse nuevamente y me toco pensando en ella, en que la tengo debajo de mí, gimiendo y reclamando mi atención en cada centímetro de su piel. Me vengo nuevamente, con la imagen de la rubiecita desnuda en mi cabeza. Salgo de la ducha aún más frustrado que antes y decido que ni bien volvamos de este viaje comenzaré terapia urgente, de alguna forma necesito sacar todo rastro de Sol de mi sistema, solo espero que esa forma exista.
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