Martín
-¿Por qué hay tantas valijas? -pregunta Pablo, al ver que los dos baúles de los autos están llenos.
-Estas son las de Ramiro y Luna, y las otras las de Pilar y mías -contesto explicando la distribución.
-¿Luna y Ramiro? -increpa con cara de enojo.
-Sí, Sol y yo los invitamos anoche -digo notando que nunca le dijimos, ni mucho menos consultamos a él.
-Martín esto no es un viaje de vacaciones, vamos a trabajar -afirma visiblemente molesto.
Veo que mira sobre mi hombro y al girarme veo que Ramiro está justo ahí, y claramente escuchó la conversación.
-Perdón, te juro que no me molesta que vayan en lo más mínimo, solo me molesta pensar que este hombre no entiende la diferencia entre ir de fiesta o por trabajo -dice mi amigo, explicando la situación al morocho, que nos mira con paciencia.
-No hay problema, entiendo. Me toca ofrecer que nos quedemos, por supuesto -responde él sin enojo.
-Para nada. De verdad no va a ser molestia -aclara mientras comenzamos a llevar las valijas hacia en avión.
Cuando llegamos al galpón, mi papá y mi tío están allí, conversando con Pacheco, el piloto que nos llevará hoy a destino.
-Hola chicos, ¿Cómo están? -saluda mi papá, con su alegría característica, mientras mi tío se limita a pasarnos la mano a cada uno de nosotros.
-Bien. Ramiro, él es mi papá -presento educadamente-, y él es mi tío -agrego, señalando al papá de Pablo-. Papá, tío, él es Ramiro, el novio de Luna, la amiga de Sol… y amigo nuestro también, claro -concluyo con una sonrisa solo seguida por mi padre, porque Ramiro, Pablo y mi tío no parecen compartir el don de la simpatía.
Mi padre vuelve hacia Pacheco para seguir conversando con él, y los otros tres comienzan a hablar sobre el avión, modelo, motor, y demás cuestiones aburridas, mientras yo camino hacia el bote de mi tío, que siempre me gustó tanto.
-¿Por qué lo tenés fuera del agua, tío? -pregunto mientras estiro una de las mantas que cubre esa preciosura, dejando justo a la vista el nombre tan particular que mi tío eligió.
-Lo tienen que volver a pintar, después vuelve a su lugar, el mar -responde mirando la embarcación, con ojos soñadores.
Veo la expresión de Ramiro y entiendo que evidentemente a él también le gustan los botes, porque lo admira con la boca abierta y los ojos como platos.
Ahora la conversación de los tres hombres pasa del avión al barco y nuevamente me sorprende lo aburridos que pueden llegar a ser. Voy hacia donde papá y Pacheco siguen hablando y me uno a su ronda de chistes, donde me siento más identificado.
Cuando finalmente logramos acarrear a las chicas al avión, escucho que Ramiro le comenta a Pilar algo al pasar, aunque es un comentario tan extraño que me llama la atención.
-¿Viste que interesante el nombre del barco? -dice señalando la parte descubierta del bote.
-“Perla” -lee la morocha con un tono bajo y serio.
-En un tiempo va a volver a su lugar, el mar -completa el morocho, repitiendo las palabras de mi tío.
No le doy importancia, aunque esa comunicación tan extraña queda retumbando en mi mente.
Al subir al avión me ubico al lado de Pilar y pasamos el vuelo entero enfrascados en la batalla épica que estamos llevando adelante en el juego de supervivencia que me mostró hace unos días, al llegar veo mi teléfono y me encuentro con un grupo nuevo en el que estamos todos los del avión y al abrirlo veo una imagen de Pilar y yo durmiendo, apoyados el uno en el otro. No puedo evitar notar que su rostro dormida es la viva imagen de la paz. Me volteo a verla y la encuentro roja, como de costumbre, cuando se avergüenza.
-¿Soy cómodo? -pregunto entendiendo que está viendo lo mismo que yo.
Se sonríe tímidamente y me causa una dulzura indescriptible.
Bajamos y nos dirigimos al hotel, donde al llegar nos anunciamos con la recepcionista y, luego de completar las planillas del lugar, un botones nos indica que lo sigamos.
Subimos tras él y al llegar al pasillo nos indica que las tres habitaciones están en el mismo pasillo.
-¿Cómo que tres habitaciones? -pregunta Pilar sin entender.
-Tienen asignadas tres habitaciones matrimoniales -responde el joven, mirando la Tablet que tiene en sus manos.
-No puede ser, yo reservé una habitación matrimonial y dos habitaciones dobles -replica la morocha buscando en su teléfono el mail de confirmación de la reserva.
Luego de unos minutos le muestra algo y el chico niega con la cabeza, mientras lo compara con la información que él tiene cargada.
-Les pido mil disculpas, en un minuto veo cómo los reasignamos -contesta mientras comienza a marcar algo en su móvil, para luego conversar con otra persona-. Bien, si les parece les vamos a asignar tres habitaciones matrimoniales y una doble, porque no tenemos disponibilidad de dos dobles para todos los días y quisiéramos que se sientan lo más cómodos posibles en su estadía -vuelve a hablar con una sonrisa.
-Pero el costo sería más elevado -reprocha Pilar, cruzándose de brazos.
-No, el costo lo dejamos según lo acordado con usted en el intercambio de mails -afirma resuelto el muchacho.
-En ese caso perfecto –contesta victoriosa la morena, haciendo que mi pecho se infle de orgullo al verla plantarse por los intereses económicos de la empresa.
-Nosotras podemos ir a la doble -dice Sol mirando a Pilar, que asiente con entusiasmo.
-Por mi perfecto –acoto, contento de saber que dormiré solo.
Ramiro y Luna se ubican en la primera habitación matrimonial, seguidos por Pablo, luego por mí y finalmente, en la habitación de al lado, van juntas Sol y Pilar.
Acordamos descansar un poco y encontrarnos para almorzar en el bar del hotel dentro de unas horas, por lo que me relajo y al sacarme la camisa huelo el perfume de Pilar en ella. Acerco la tela a mi nariz e inhalo con fuerza, advirtiendo que su aroma me encanta.
Sin dudas la insistencia de la gente con que tiene que pasar algo entre nosotros me está jugando una mala pasada, pero estoy convencido de que no pienso dejar que me vuelvan loco y quizás me hagan perder la primera amistad femenina que tengo por esas ideas infundadas.
Reviso mi bolso de mano en busca de las pastillas para dormir pero no logro encontrarlas, desesperado rebusco en la valija y tampoco están allí. Maldigo mentalmente, sabiendo que sin su ayuda, me será difícil descansar, aunque la imagen del avión, durmiendo con Pilar viene a mi mente inmediatamente, dándome algo de esperanza, al menos en el vuelo conseguí dormir sin tomarlas.
Decido probar suerte y me acuesto esperanzado, pero luego de dar vueltas en la cama durante varios minutos desisto del intento y decido ir al gimnasio a gastar energías para poder dormir de noche, aunque me anoto mentalmente que debo comprar las pastillas en algún momento del día. Cundo vuelvo de mi entrenamiento forzoso me doy una baño y al salir veo la pantalla del móvil encendida, al mirar encuentro varias llamadas perdidas de Florencia, que desde la noche del teatro, donde me vio de la mano y abrazado con Pilar, no deja de llamarme.
Sonrío al pensar que mi plan funcionó a la perfección, porque ese mismo día los mensajes comenzaron a llegar, primero con reclamos como “nunca viniste a una muestra conmigo y ahora venís con ella”, pasando por replanteos amorosos de “¿tan rápido borraste todo lo que vivimos juntos?”, para terminar en amenazas con futurología de dudosa comprobación “Te vas a arrepentir y cuando quieras volver, ya va a ser tarde”.
Como vengo haciendo siempre, me limito a ignorar sus intentos de comunicación y me visto para ir a almorzar. Me coloco el traje azul marino hecho a medida, ya que en este primer encuentro con los proveedores acordamos ir con vestimenta formal y salgo al encuentro con mi grupo.
Cuando llego al salón los veo a todos ya sentados y tengo que reconocer que, salvo Luna y Ramiro, que visten casuales para salir a pasear libremente, el resto de nosotros verdaderamente damos una impresión formal y seria, que me resulta muy graciosa.
-Hasta que llegaste, ya te íbamos a ir a buscar -me reta mi hermana, al ver que me acerco a ellos.
Pilar se gira a verme y recorre mi cuerpo con los ojos para sonreírme abiertamente al llegar a mi rostro. Me siento junto a ella y pasamos el almuerzo coordinando la agenda y los preparativos para las reuniones del día, mientras Luna y Ramiro miran lugares para cenar, luego de su búsqueda nos mandan al grupo la ubicación del bar, donde nos encontraremos a la noche.
Cuando estamos esperando la cuenta, el teléfono de Pablo suena y se aleja para atender.
-Bueno, ahora tendremos que esperar al señor -dice Sol enojada, señalando a Pablo.
No entiendo el motivo de su molestia, pero supongo que se debe a que indudablemente tenemos bastante apuro, si no queremos llegar tarde a la primera reunión y que con ello se retrasen todas las siguientes.
Pagamos y nos dirigimos a la recepción, a solicitar el auto que alquilamos para movernos en la ciudad. El valet nos acerca un automóvil y nos entrega las llaves.
-¿Piensa venir o se quedará haciendo del novio ideal mucho tiempo más? -pregunta nuevamente mi hermana, en referencia a Pablo, que sigue al teléfono.
-Le voy a avisar que tenemos que irnos -digo con paciencia, comenzando a caminar hacia Pablo, que al verme corta la llamada y camina apresurado hacia donde estamos.
-Perdón. ¿Vamos? -invita mi amigo, tomando la llave que le tiendo.
-Cuando quieras… -vuelve a hablar Sol sin ocultar su molestia.
Pablo sube al asiento del conductor y yo me ubico a su lado, mientras las chicas se instalan en el asiento trasero.
En el camino a la primera reunión todos conversamos de los puntos más importantes a debatir en ella, no puedo evitar notar que mi hermana está más callada y malhumorada que de costumbre.
Luego de tres reuniones, todas sumamente importantes, por fin estamos libres para ir a cenar con Luna y Ramiro, que ya nos esperan en el bar.
-¿Quieren pasar a cambiarse o podemos ir directo? -pregunta Pablo, una vez que todos estamos montados al automóvil.
-¿Tenemos que vestirnos de gala para cenar con ustedes? -comenta Sol antipática.
-No, están perfectas así, solo preguntaba -responde Pablo, mirándola con molestia por el retrovisor.
Noto que el aire entre ellos no es el mejor y pienso que mi hermana sin dudas es la mujer con peor humor que existe, no entiendo como Pilar y ella son amigas, siendo tan diferentes.
Gracias a la conversación animada entre Pilar y yo, que elogiamos lo bien que salieron todas las reuniones que tuvimos, el camino se hace rápido y llegamos al bar más rápido de lo esperado.
Fiel a su estilo, Luna esta despampanante, con un vestido ajustado al cuerpo que realza su figura esbelta y Ramiro no se queda atrás, con un pantalón ajustado en la parte de debajo de los tobillos y una camiseta al cuerpo que marca sus trabajados músculos. Sin duda esos dos son el uno para el otro.
Durante la cena, Sol sigue con su actitud irritable, especialmente hacia Pablo, por lo que en un momento, cuando Pilar va al baño, la sigo para ver si puedo tener algo de información sobre qué puede estar pasando allí.
-Ey, ey… -llamo a mi amiga, que al escucharme se gira sin entender- ¿Vos sabés que le pasa a Sol con Pablo? Toda la tarde lo trató con enojo y no pierde oportunidad para hacerle la contra –digo, explicando mi pregunta.
Veo que Pilar abre mucho los ojos y la boca y evidentemente no sabe que contestar, hasta que finalmente habla.
-Sol se enteró que Pablo no le es fiel a la novia, y después de lo de Agustín ese es un tema que la moviliza mucho -explica por fin.
-¿Lo de Agustín? -pregunto sin entender y ella me mira confundida.
-Sí -responde muy segura.
-¿Agustín le fue infiel? -corroboro lo que ya es bastante obvio.
-Ay no, pensé que sabías -dice ella llevando una mano a la boca, con gesto de preocupación.
-No. Pero ahora entiendo porque se separaron unos meses. No te preocupes, no le voy a decir nada a Sol -afirmo pensando que si ese maldito de Agustín lastima nuevamente a mi hermana, me va a conocer.
-Gracias, te juro que supuse que sabías -vuelve a hablar Pilar, negando con la cabeza.
-Igual es muy injusto, Pablo la está pasando mal -digo más para mí que para ella, pero al levantar la vista la veo con gesto de incredulidad.
-Tampoco lo defiendas -replica con molestia.
-No digas nada, pero la realidad es que Pablo esta de verdad enamorado de otra persona, solo que no puede dejar a Clara porque ella tiene cáncer y esto del matrimonio está siendo muy importante para mantenerla con las fuerzas a tope -comento sabiendo que será bueno tener una aliada en esto, después de todo, confío plenamente en que con ella puedo hablar de cualquier cosa.
-Eso es terrible -dice la morena, con un gesto de profunda tristeza, evidentemente comprendiendo la situación.
-Por favor, fíjate si podes ayudar a que Sol se calme un poco. De verdad que para Pablo no está siendo nada fácil -pido en tono de súplica.
Ella asiente y me dedica una sonrisa sincera, para luego seguir su camino al baño, mientras yo por mi parte vuelvo a la mesa con el resto del grupo.
La noche sigue y los comentarios de Sol no disminuyen, pero Pablo parece aceptarlos estoicamente, sin reaccionar.
Cuando llegamos al hotel decidimos tomar una copa en el bar de abajo, al ver que hay una banda tocando en vivo y el ambiente parece muy entretenido.
Nos sentamos y comenzamos a conversar animadamente. Pablo y yo vamos a la barra a buscar la tercera ronda de bebidas, cuando dos hermosas chicas se acercan y nos comienzan a hablar, sin disimular su intención de terminar la noche en nuestras habitaciones.
Sin ser descorteses, tanto yo como mi amigo les hacemos entender que no estamos disponibles y cuando llegamos a la mesa nuevamente Sol nos mira con una sonrisa malévola.
-Qué raro, pensamos que se quedarían en la barra, después de todo vos estas soltero y a vos tu compromiso no es que te importe mucho -dice mi hermana, en referencia a mí y a Pablo, respectivamente.
-Me cansaste Sol -afirma Pablo dejando los vasos en la mesa y mirándola molesto-. Mejor me voy a dormir, hasta mañana -dice mirando al resto del grupo, mientras veo que mi hermana parece sorprendida con su reacción.
-No tenés derecho a meterte en su vida –la regaño sin disimular mi desaprobación-. Todo el día lo estuviste provocando y no se lo merece -completo mientras no dejo de mirarla a los ojos.
-Ay no, pobrecito, él es un hijo de puta y todos tenemos que cuidarnos de no hacérselo notar -replica ella, sin dar el brazo a torcer.
-No sé quién te dio el título de jueza para andar revisando la vida de los demás nenita, pero deberías aprender a controlarte, porque no siempre sabes todo como para opinar. A mí también me cansaste, hasta mañana -digo enojado, saliendo tras mi amigo, esperando encontrarlo.
Camino por el pasillo pero no lo veo, por lo que supongo que ya se habrá acostado. Decido darme un baño y descansar. Entro a la habitación, me ducho y al salir me dirijo a la mesa de noche dispuesto a tomar la pastilla para dormir, recién entonces recuerdo que no las traje y me debato mentalmente entre vestirme y salir a buscarlas o intentar descansar sin ellas, repaso el día y me convenzo de que, con lo cansado que estoy, podré dormir, por lo que me acuesto en la cama y comienzo nuevamente a dar vueltas sin poder conciliar el sueño, hasta que unos golpes en la puerta me alertan y voy decidido a atender.
Pilar
Veo a Martín salir enojado y dudo bastante si debería buscarlo o no, pero miro a mis amigas esperando sus devoluciones de lo que acaba de pasar y no puedo evitar ver la tristeza y frustración en Sol.
-No entiendo nada -confiesa finalmente la rubia.
-Clara tiene cáncer -suelto sin pensar.
-¿Qué? -pregunta Luna.
Me tapo la cara con ambas manos y suspiro con fuerza. Nunca me había pasado algo como esto, por un lado debería guardar el secreto de mi mejor amigo, pero eso significa ocultarle a mi mejor amiga todas las respuestas que tanto necesita.
-No debería estar diciendo esto, le prometí a Martín que no lo haría, pero tarde o temprano lo vas a saber y no te lo puedo ocultar -digo con gesto de disculpa a mi amiga.
-¿Clara es la novia de Pablo? -pregunta Luna sin entender, y Sol y yo asentimos en silencio.
-¿Cómo sabés? -pregunta Sol intrigada.
-Hace un rato me lo dijo Martín, y dijo también que Pablo está enamorado de otra persona, aunque claro que no me dijo de quién -afirmo mirando a mi amiga.
-¿Vos que pensas de esto? -pregunta Luna a Ramiro, que la mira sin entender- Sos hombre, quizás podes darnos otra perspectiva -completa explicando la pregunta.
Ramiro mira a Sol fijamente y habla con tranquilidad.
-Yo creo que la vida a veces es muy injusta, y nos pone en situaciones en las que no hay blanco y n***o sino miles de grises. Quizás Pablo está haciendo lo que puede y vos deberías ver cómo sumar en vez de ponérsela más difícil -concluye finalmente.
Sol suspira y se despide, advirtiendo que irá a buscarlo.
Luna, Ramiro y yo la vemos alejarse y cuando nos quedamos solos me giro hacia ellos y los veo besarse con dulzura.
-Ustedes me encantan, parecen una pareja de modelos -digo con sinceridad, feliz de ver a mi hermano tan enamorado.
-Somos. Hoy nos pidieron que posáramos para las redes de una cafetería donde merendamos -contesta sonriente Luna, mirando con amor a Ramiro, que la devora con los ojos.
Terminamos los tragos y subimos a las habitaciones, a descansar. Ellos ingresan a la suya y yo toco la puerta de la mía, porque Sol tenía la llave.
La puerta se abre y Martín aparece en bata, fregándose los ojos.
-Perdón… Pensé que ésta era la mía -digo con el color subiendo a mi rostro.
-No pasa nada, es la de al lado -responde mi amigo, caminando conmigo por el pasillo.
Tocamos la puerta y esperamos, pero no responde nadie. Tomo mi móvil y comienzo a llamar a Sol, pero luego de sonar varias veces, deriva al contestador. Los minutos pasan y no logramos ubicar a mi amiga ni que nos abra la puerta.
Martín intenta solicitar otra llave en la recepción, pero indican que no disponen de copia hasta dentro de una hora que llega el encargado. Siento casi las dos de la mañana es bastante entendible que los empleados no se quieran arriesgar a dar copias, por lo que decido dejar de insistir.
-Vamos, dormí en mi habitación y mañana vemos -dice Martín, tomándome de la mano y arrastrándome a su cuarto.
Cuando cierra la puerta se gira para verme y evidentemente lee el pánico en mi rostro, porque se ríe con mucho sonido y cuando logra calmarse levanta las manos en señal de inocencia.
-Te juro que no te va a pasar nada, yo puedo dormir en el piso, si querés -afirma mi amigo con gracia.
-No. No hay problema -respondo nerviosa, intentando disimular mis miedos.
Martín toma ropa de su valija y va al baño, al salir tiene puestos un short deportivo y una remera de algodón.
-Todo tuyo -dice señalando el baño, mientras camina hacia la cama, para acostarse en el borde, del lado que evidentemente ya estaba ocupando antes.
Me lavo los dientes y hago mis necesidades, para luego salir y encontrar sobre la cama una remera de Martín y un short similares a los que se colocó él. Lo miro para agradecer pero ya tiene los ojos cerrados, por lo que me cambio allí mismo, intentando hacer el menor ruido posible. Cuando me coloco el short no logro que el elástico lo mantenga en su sitio, por lo que lo dejo sobre la mesa de noche y me quedo solamente con la remera.
Me cuesta horrores conciliar el sueño, sabiendo que lo tengo tan cerca, pero el hecho de escuchar su respiración lenta y pausada me ayuda a calmar la ansiedad, sabiendo que ya está dormido y esto será solo una muestra más de que, contrariamente a lo que todos piensan, solo somos unos excelentes amigos.
Sol
Llego a la habitación de Pablo y junto fuerzas, tomando una respiración profunda antes de golpear. Cuando finalmente lo hago, siento que el corazón me va salir del pecho. Si bien en varias oportunidades compartimos momentos o estuvimos solos, algo me dice que esta conversación es diferente. Desde que nos besamos en su casa no volvimos a tener intimidad en ningún sentido y verlo ahora a solos, para hablar de algo personal, no me deja tranquila.
Luego de unos minutos de espera abre la puerta y de solo verlo el acelere de mi corazón pasa de los nervios a la excitación. Esta descalzo, con la camisa por fuera del pantalón, completamente abierta, dejando ver su pecho y abdomen trabajados, y con el cabello revuelto, tan diferente a su look habitual, de peinado prolijo permanente. La imagen me recuerda a la única vez en que lo vi con el cabello así, y era encima de mí, mientras teníamos sexo.
Se corre hacia un costado y señala el interior de la habitación, invitándome a pasar.
-Me parece que mejor hablamos acá -digo señalando el pasillo.
-No te voy a violar Sol -responde impaciente, sin la menor gracia en la voz y me recuerdo a mí misma que está enojado, y que seguramente lo último en lo que va a pensar es en algo s****l.
Ingreso evitando tener una actitud infantil y cuando escucho la puerta cerrarse me arrepiento inmediatamente, porque su perfume invade el lugar y me lleva a pensar firmemente en la posibilidad de no decir nada y simplemente tirarme sobre él, pidiéndole que me haga suya una vez más.
-Vengo a pedirte disculpas -digo en un intento de apartar mis pensamientos impuros, cuando noto que el silencio se está volviendo incómodo.
Pablo camina hacia el ventanal de la habitación, tras el que se despliega la hermosa y brillante ciudad, y lleva las manos a la cintura, bajando la cabeza en completa señal de derrota.
-Clara tiene cáncer, solo por eso sigo con la relación y con esta locura del casamiento -dice finalmente, sin si quiera darse vuelta a mirarme.
Su tono de voz guarda tanta tristeza e impotencia que dejo de lado mi orgullo y mis limitaciones morales y camino hacia él. Sin pensar las consecuencias lo abrazo por detrás, rodeando su cintura con mis brazos y apoyando mi rostro en su espalda. Lo siento tensarse por la sorpresa y por un momento me arrepiento, pensando que me alejará indignado, pidiendo que me vaya, pero para mi suerte, solo un instante después se relaja y gira hacia mí, para abrazarme también.
-Nunca fue mi intención usarte, de verdad me pasan demasiadas cosas con vos –afirma mirándome a los ojos, permitiéndome entender la sinceridad de sus palabras.
Me debato mentalmente entre dar rienda suelta a mis impulsos o salir corriendo de allí, pero sus ojos parecen hipnotizarme y sin poder evitarlo me acerco a él y lo beso sin dudar. Su respuesta no se hace esperar y comenzamos a entrelazar nuestras lenguas como si fuéramos agua en el desierto. Me levanta tomándome por las piernas y yo rodeo su cintura con las piernas. Camina hacia la cama, depositándome en ella para comenzar a bajar por mi cuello, recorriendo cada centímetro de mi piel con su lengua.
Aprovecho para sacar su camisa y desprender su pantalón y él, hábilmente, baja las tiras de mi vestido, dejando mis pechos desnudos, preparados para sus besos y caricias que no se hacen desear. Mientras se toma su tiempo para estimular mis pezones con dedos y lengua alternadamente, se termina de sacar el pantalón y el bóxer, y cuando veo que su erección esta liberada lo obligo a girar en la cama, colocándome sobre él.
Me saco el vestido, pasándolo por la cabeza, y cuando aparto la tela de mi rostro lo veo sentado con sus labios muy cerca de los míos.
-Me encantás, no puedo dejar de pensar en vos -confiesa con la voz cargada de deseo.
-Yo igual -afirmo sin dudar, y sin más me levanto un poco para dejar que su m*****o quede exactamente en mi entrada.
Bajo despacio, sintiendo cómo la necesidad de ambos se disipa al tenernos por fin donde queremos.
Su mano recorre mi espalda, mientras su boca ataca uno de mis pechos, haciendo que mis sensaciones se potencien, quisiera mantener el ritmo suave y profundo pero no lo consigo, mi necesidad de sentir su fuerza es mayor y comienzo a acelerar los movimientos sin poder decidir sobre ellos. Él parece agradecer la iniciativa, porque gime con fuerza con cada subida y bajada de mi cuerpo.
-Cambiemos porque no aguanto más -dice en mi oído, entre gemidos desesperados.
Niego con la cabeza y aprieto los músculos de mis genitales, indicándole que también yo estoy en condiciones de que lleguemos juntos al orgasmo. Se entrega al momento y lleva su mano a mi cuello para atraerme hacia su boca y besarme como nunca, mientras siento sus fluidos invadir mi interior y exploto con él, sintiendo más placer del que recuerdo haber tenido hasta ahora.
Nos abrazamos y quedamos unos minutos así, sentados, pegados el uno al otro sin hablar, solo acariciando nuestras pieles desnudas.
Cuando estoy por moverme para apartarme un poco y acostarme en la cama, siento que su m*****o comienza a latir y su boca vuelve a mi pezón, esta vez besando y lamiendo despacio. Me entrego a las sensaciones que su lengua me brinda y cierro los ojos disfrutando del momento, entonces siento sus dientes en mi piel y la mordida me sorprende, con un dolor agradable y excitante.
Pablo me acuesta boca arriba de un solo movimiento y aprovecha que mi sexo quedó liberado pero muy húmedo, para llevar una mano hacia allí. Recorre con su mano mi entrada y con los fluidos que inundan sus dedos comienza a masajear mi clítoris, haciendo que me estremezca por completo.
Cuando siento que un pequeño orgasmo está por llegar me toma de las caderas y me levanta, poniéndome de rodillas, de espaldas a él y comienza a acariciar mis muslos con su mano abierta. Para mi sorpresa, siento un golpe fuerte, que me genera un ardor en la zona, pero no puedo negar que me excita, por lo que gimo y espero el siguiente, pero la mano de Pablo sube por mi espalda y siento un suave beso donde antes había golpeado. Para mi sorpresa, su lengua sigue camino hacia mi sexo y por un momento voy a protestar, pensando que los fluidos pudieron hacer que el olor o en este caso el gusto sean desagradables, pero cuando siento uno de sus dedos en mi interior mientras su lengua estimula mi centro, no encuentro las fuerzas necesarias para frenar tanto placer.
Unos minutos después, cuando el orgasmo que asoma ya parece más importante, él nuevamente se aleja, para colocarse de rodillas tras de mí. Comienza a mover su m*****o, rozando mis genitales con él, hasta que finalmente, sin aguantar más, me muevo haciendo que me penetre de una vez y con profundidad. Lo escucho soltar un gruñido y se arquea sobre mí, tomando uno de mis pezones y pellizcándolo con sus dedos. Muerde el lóbulo de mi oreja mientras comienza a acelerar los movimientos y con cada estocada siento que me va a hacer estallar, hasta que luego de varios minutos, el momento por fin se presenta y ambos acabamos juntos una vez más.
Esta vez sí, nos acostamos en la cama, abrazados, con él a mis espaldas, con nuestros cuerpos todavía unidos. Siento sus besos en el cuello y en la oreja, mientras con dulzura acaricia mi piel, con las puntas de sus dedos.
Noto el cansancio sobre mi cuerpo y mi mente y me dejo llevar por el sueño, sintiéndome completamente plena y relajada.