Ramiro
Me despierto sobresaltado, cuando siento a Luna temblar junto a mí.
-No, por favor, no -grita desesperada, mientras su cuerpo se tensa y las lágrimas salen de sus ojos, incluso con éstos sellados.
-Luna… Luna, mi amor… -digo mientras la muevo, intentando despertarla.
Comienza a reaccionar y abre los ojos de a poco, para luego sentarse en la cama, llevando una mano a cara. Veo su rostro compungido y espero unos minutos para darle su espacio.
Sin dirigirme la palabra se pone de pie y camina hacia la ducha, escucho el agua correr y decido ir a ver si está bien.
Cuando llego, la veo completamente mojada, con el agua corriendo por su cuerpo desnudo y para mi sorpresa, lejos de excitarme, solo me nace abrazarla y contenerla.
Se gira hacia mí con una sonrisa que me deja helado en el lugar, sin entender nada.
-¿No pensás sumarte? -pregunta con tono seductor, mientras extiende una mano hacia mí.
Me acerco y apago el agua. Noto que no entiende mi accionar, pero no me detengo a explicarle sino que la envuelvo con una toalla y comienzo a secarla. Me mira intrigada hasta que finalmente cede y sale de la ducha, caminando conmigo hacia la habitación nuevamente.
-¿Qué está pasando amor? ¿Qué son esas pesadillas? -digo en tono tranquilo poniéndome en cuclillas frente a ella, que está sentada al borde de la cama, con sus hermosos faroles grises mirándome directamente.
-No son nada, no quiero hablar de eso -responde negando con la cabeza, visiblemente molesta por el tema.
-Claramente es algo, no dormiste en toda la noche -replico intentando que no parezca un reproche.
-Si querés esta noche puedo dormir con las chicas, así descansas -suelta enojada mientras se saca la toalla y camina hacia la valija.
Voy hacia ella y la giro hacia mí, inmovilizándola para que vea que no será tan sencillo apartarme.
-No quiero alejarme de vos, al contrario, quiero que me dejes ayudarte. Sea lo que sea, podes hablarlo conmigo -afirmo con calma, mientras corro el pelo de su rostro.
-Para eso voy a terapia, no te preocupes que llegamos y llamo a mi terapeuta -dice ya más tranquila, pero todavía a la defensiva.
Decido dejar el tema allí por el momento, aunque me pongo como objetivo del día obtener la mayor información posible, no voy a parar hasta que me deje ayudarla.
La abrazo despacio por detrás, aferrando su pequeño cuerpito entre mis músculos y dejo un beso sonoro en su cachete.
-Lo único que quiero es verte bien, daría lo que fuera por poder cuidarte, ¿sabes? -pregunto mirándola a los ojos a través del espejo que tenemos delante y ella me devuelve una dulce sonrisa, mientras asiente con la cabeza en silencio.
-Gracias -responde con un hilo de voz-. Bueno, hoy tenemos que vestirnos cómodos porque vamos a caminar mucho, encontré una zona donde venden cosas de danza que me muero por recorrer -dice muy animada, sorprendiéndome una vez más con sus cambios de humor, que comienzo a entender.
Es evidente que el entusiasmo y la alegría son sus mecanismos para evitar el dolor y la frustración, y viniendo de una mujer que alberga una niña abandonada por su madre y con un padre ausente, muy posiblemente esas herramientas le hayan salvado la vida muchas veces. Una vez más me acuesto en la cama y me limito a mirarla recorrer la habitación mientras me cuenta de las tiendas y los objetos que quiere comprar, por primera vez en la vida, escuchar una mujer hablar sola, de cosas que no me interesan, me resulta tierno y hasta divertido.
Sin dudas, daría lo que fuera por meter a Luna en una cajita de cristal y evitar que cualquier cosa la afecte, aunque me entristece pensar que estoy muy lejos de tener esa posibilidad, de hecho, quizás esa cajita debería ser contra mí, que cuando conozca la realidad la lastimaré indefectiblemente. Mentalmente elevo una plegaria a mi madre, para que desde el cielo me ayude a que ella pueda entender mi situación y logre perdonarme, para entonces sí, poder hacerla feliz.
Martín
Abro los ojos despacio, sintiendo claridad en el exterior. Me sorprendo de sentir un peso sobre mis piernas y sobre mi pectoral, y miro intrigado hacia mi costado. No puedo creer cuando veo a Pilar durmiendo profundamente, con una de sus piernas atravesada sobre las mías, la cabeza apoyada en mi pecho y un brazo extendido en mi cintura.
Repaso mentalmente la noche y no recuerdo haber hecho nada de lo que deba arrepentirme, lo confirmo al mirar bajo las sábanas y ver que tengo puesto el bóxer, aunque evidentemente en algún momento me saqué la remera y el short. No puedo evitar recorrer con la vista la pierna desnuda de Pilar, que deja ver una parte de su cuerpo que siempre lleva cubierta con pantalones o polleras que no hacen honor a su figura.
Me arrepiento de haberle dado una remera tan grande, porque salvo esa parte, todo su cuerpo se encuentra completamente cubierto por la tela. Me castigo mentalmente cuando entiendo que estoy pretendiendo ver a mi mejor amiga sin ropa, en un tono mucho más s****l de lo que quiero admitir. La siento moverse un poco y con la mano que tengo libre corro un mechón de su pelo, para apartarlo de su rostro.
Me detengo nuevamente a admirar lo perfecta que es su piel, con ese tono tostado tan diferente a las que normalmente veo en las mujeres que tengo así de cerca. Sigo recorriendo el paisaje que su persona me regala y sonrío viendo que sus rulos abultados ocupan toda la parte libre de la almohada.
Me quedo pensando en que no entiendo el motivo por el que se vive quejando de su cabello, cuando así, sin si quiera habérselo tocado por primera vez en el día, parece sencillamente perfecto.
El sonido del despertador hace que la hermosa morena pegue un salto, abriendo los ojos rápidamente, para girarse a detener la alarma. Luego de hacerlo parece darse cuenta de la situación, porque se gira despacio hacia mí, con cara de horror. No puedo evitar soltar una carcajada al ver su expresión y finjo una tranquilidad que sinceramente tampoco tuve cuando recién me desperté.
-Parece que sí, soy muy cómodo… -Bromeo sentándome también, para quedar a la par de ella.
Su cara de pánico se mantiene cuando recorre mi cuerpo con la vista y luego levanta la sábana para mirar el suyo. No puedo evitar que mi m*****o se recienta cuando pienso que lo que quiso corroborar es si tenía ropa interior.
-No te preocupes, si hubiera pasado algo te acordarías -digo con suficiencia, mientras me acerco y beso su mejilla, que obviamente está colorada de la vergüenza.
Me levanto y camino hacia el baño, dejándola sola unos minutos para que pueda digerir la situación. Cuando salgo, encuentro la habitación vacía y me sorprende la frustración que eso me genera. En los breves minutos de ir al baño se me habían ocurrido por lo menos diez cosas para comentarle, que ahora deberán esperar.
Me visto tranquilo, sabiendo que en solo unos minutos debemos encontrarnos abajo, para comenzar la jornada.
Pilar
Llego a la habitación corriendo, con la ropa a medio poner y los zapatos en la mano y golpeo con todas mis fuerzas, esperando que Sol me abra rápido.
Cuando la puerta se abre mi amiga me mira con gesto de disculpa y sorpresa.
-Perdón, perdón, perdón. Ayer me olvidé de sacar el silencio del teléfono y no escuché tus llamadas -dice apurada, mientras me ayuda tomando el celular, que llevo en la boca a falta de manos para agarrarlo- ¿Dónde dormiste? -pregunta luego de unos minutos de mirarme sin entender.
-Con Martín -confieso nerviosa, mientras comienzo a desvestirme para darme un baño veloz.
Sol abre los ojos como platos y se tapa la boca con ambas manos.
-No pasó nada, solo dormimos -afirmo rápidamente, con mucha seguridad en mi voz.
Su gesto de asombro cambia por el de decepción y hace un puchero exagerado.
Entro al baño con la ropa para ponerme después y comienzo a desvestirme. Para mi sorpresa, la puerta se abre y Sol entra como si fuera lo más normal del mundo, haciendo que me tape con la toalla, cubriendo mi cuerpo lo más que puedo.
-Ay perdón. Estoy acostumbrada a Luna, que vive desnudándose en frente mío -explica mi amiga.
-Eso no va a pasar. No soy de desnudarme en frente de la gente -digo resuelta, mientras le hago gestos con la cabeza para que salga del baño.
-Ahhh… ¿Y cómo dormiste anoche? ¿Vestida? -indaga sin hacerse cargo de mi reclamo para que salga.
El calor invade mis mejillas una vez más y niego enérgicamente.
-Con una remera de tu hermano, que me quedaba como un vestido de tan grande, no se me veía nada -afirmo con seguridad, aunque algo me dice que no puedo dar fe eso completamente.
En parte por el apuro para no llegar tarde, y en parte para zafar del tema, abro la puerta del baño y le indico con la mano que salga.
-Está bien, está bien. Ya me voy. Aunque si yo tuviera esa cola la mostraría más seguido-dice mi amiga saliendo entre risas, haciéndome notar que cubrí la parte delantera de mi cuerpo pero mi espalda y trasero se reflejaban completamente en el espejo.
Cierro la puerta y me meto al baño, con la ilusión de que al agua borre toda la vergüenza que siento desde que me desperté.
Comienzo a enjabonar mi piel y cuando froto mis pechos no puedo evitar recordar el cuerpo desnudo de Martín en la mañana, y la forma en que sus pectorales se marcan cuando se mueve. Siento un cosquilleo en mi entrepierna y me apresuro a terminar mi baño para que la sensación no siga. Nunca me gustó sentir esa electricidad que no sé muy bien como parar, mentiría si dijera que no intenté darme placer a mí misma varias veces, pero la verdad es que jamás lo conseguí, y sin dudas, este no es buen momento para probar.
Salgo, me seco y me visto a toda prisa. Cuando llego a la habitación busco mis lentes por todas partes, pero no los encuentro.
-¿Viste mis anteojos? -pregunto a Sol, que está terminando de maquillarse frente al espejo de la habitación.
-Creo que no los trajiste -responde seria, mientras recorre el lugar con la mirada.
-¡Mierda! -suelto sin poder evitarlo.
Terminamos de arreglarnos y solo unos minutos después ya ingresamos al comedor, dispuestas a desayunar para salir hacia la entrevista que tendremos esta mañana. Pablo está sentado en una mesa, solo, leyendo algo en una Tablet. Sol y yo nos servimos el desayuno y caminamos hacia él, que al advertir nuestra presencia levanta la vista y sonríe. Veo que se detiene más de lo necesario en Sol y no hace falta ser vidente para entender qué pudo haber pasado anoche entre ellos, luego de que ella fuera a disculparse.
Me reprocho no haber preguntado a mi amiga por su noche, pero prometo hacerlo ni bien tengamos oportunidad. Los tres nos saludamos y me apresuro a sentarme frente a Pablo, para tener una visión de la entrada y así estar preparada cuando vea llegar a Martín. Sol se sienta a su lado y comenzamos a desayunar lo tres, mientras conversamos de la reunión que tenemos en unos minutos.
-Buen día, te olvidaste esto -escucho la voz de Martín a mis espaldas, mientras siento que coloca una mano en mi hombro, dejando con la otra mis lentes sobre la mesa.
Miro a Pablo y Sol con gesto de susto, pero el primero parece no haber entendido lo que dijo Martín, porque no hace ni el más mínimo gesto, mientras mi amiga disimula una sonrisita, sin levantar la mirada de su café.
-Gracias -respondo con un hilo de vos, agradeciendo infinitamente que Ramiro no esté con nosotros en este momento.
Martín se sienta junto a mí y comienza a comer de mi plato, donde había traído frutas cortadas y tostadas con manteca para untar. Lo miro enojada y pongo el plato del otro lado de la mesa, haciendo que éste se ría.
-¿A cuánto de acá es la reunión? -pregunta el rubio, mientras roba comida a su hermana, que se ríe sin problema, demostrando que claramente lo que haya pasado anoche mejoró considerablemente su humor.
-Estamos a quince minutos -responde Pablo, mirando su reloj.
-Bueno. En algún momento tengo que pasar por la farmacia. Háganme acordar por favor -dice Martín, para luego pararse y caminar hacia la mesa del bufete, donde se sirve un café.
Vuelve a sentarse con nosotros y terminamos el desayuno en paz. Me alivia notar que conseguí dejar de lado mis incomodidades por la noche anterior y ahora ya todo parece estar normal, hasta que nos paramos y Sol y Pablo caminan delante, conversando entre ellos, por lo que Martín se acerca a mí, haciéndome ver que todavía los malditos nervios están allí.
-Por suerte hoy amaneció más tranquila, ¿hablaste con ella? -pregunta en tono bajo, acercando su boca a mi oído para que Sol no lo pueda escuchar.
Su cercanía me eriza la piel y me alejo instintivamente.
-Sí, le hablamos -miento en parte, porque si bien algo conversamos, estoy segura que su cambio de actitud no se debe a eso precisamente.
-Ey -dice Martín apresurando el paso para colocarse frente a mí, frenándome el paso- ¿Qué te pasa? -pregunta preocupado.
-Nada -respondo sin pensar, intentando que los nervios no me delaten.
-Dale, estas re distante. Si es por lo de anoche, te pido perdón por haberme reído, pero en serio, no pasó nada, solo dormimos en la misma cama como dos amigos normales -dice con un tono de súplica que me genera mucha ternura.
-Ya se, es que soy muy vergonzosa, es solo eso. Perdón -contesto con sinceridad.
Me devuelve una sonrisa y me abraza para caminar hacia la salida con naturalidad.
-Ya me di cuenta, ¿te acordás cuando casi te beso en el teatro? Pensé que te iba a explotar la cara, de lo roja que te pusiste -dice soltando una carcajada.
Me alejo de él y le pego en el hombro con la mano.
-Dejá de burlarte de eso. ¿Cómo se te ocurre querer besarme sin avisar? -respondo enojada, recordando el episodio del teatro, cuando estábamos dando celos a su ex.
Sol y Pablo se giran a mirarnos, con expresión de asombro, y siento nuevamente el color subir a mi rostro.
-De mentira, era un beso de mentira -explico y los cuatro nos reímos mientras subimos al auto.
Nuevamente las chicas vamos atrás y los hombres delante. Hoy se siente un ambiente totalmente distinto, en el que los cuatro conversamos y nos reímos, disfrutando del trayecto.
Al llegar al lugar nos reciben con mucha amabilidad y nos solicitan esperar en la sala de reuniones.
Luego de unos minutos, ingresan dos hombres, de aproximadamente la edad de Pablo y Martín y comenzamos la reunión, explicando las expectativas de la empresa en el país y las necesidades que querríamos que su empresa cubra.
Los dos jóvenes se muestran muy cordiales y serios, hasta que una vez finalizada la parte formal traen un refrigerio y la conversación comienza a cambiar de tono y nos comentan un poco de la ciudad y los atractivos que podríamos visitar.
Tengo que reconocer que el acento español nunca me había resultado particularmente llamativo hasta ahora, que viniendo de estos dos morochos con cuerpos atléticos y miradas penetrantes, con barbas pobladas pero prolijas, parece ser una invitación a abandonar la virginidad.
-¿Entonces no son parejas? -pregunta uno de ellos, cuando se desliza en la conversación que Sol y Martín son hermanos.
-No, ella es mi hermana, con él somos como primos y Pilar además de trabajar en la empresa es amiga nuestra -explica el rubio en referencia a Sol, Pablo y yo, respectivamente.
Veo que Sol y Pablo se ponen incómodos, seguramente viendo que Martín sugiere que entre ellos hay una relación familiar, que claramente ellos no comparten.
-En ese caso, podríamos acompañarlos esta noche, si no les molesta -dice el otro español, mirándome fijamente.
Noto todas las miradas sobre mí y el calor invade mis mejillas… ¿Qué pasa hoy que mi pobre rostro no puede tener paz?
-Estamos con otra pareja de amigos… digo… otros amigos que si son pareja… no como nosotros, que ninguno es pareja de ninguno… -comienzo a querer explicar y siento que la situación me supera por lo que voy directo al grano de la mentira que finalmente aparece en mi mente cuando mis neuronas logran conectar-. Y tenemos reserva para seis -suelto victoriosa, cuando logro terminar la idea.
-Podrías darme tu teléfono así te pregunto si salen luego de la cena -insiste el joven, haciendo que el pánico se apodere nuevamente de mí.
-Lo agendo yo y te escribo -dice Martín, sacándome del apuro.
El español sonríe y le dicta el teléfono. Nos despedimos y salimos del lugar, caminando hacia el auto, acompañados por los anfitriones. Al llegar al vehículo, el mismo sujeto me abre la puerta y sonríe con galantería mientras subo, para luego cerrarla y saludar con la mano.
-Que descarado, encarando en una reunión de trabajo -dice Martín ni bien arranca el motor.
Pablo lo mira con asombro y todos reímos a carcajadas de lo irónico que suena que sea él quien se indigne por eso.
-En mi defensa, ninguna de las chicas a las que yo encaré en el ambiente laboral estaban muertas de miedo, como Pilar con este tipo -dice cuando logramos calmarnos un poco.
-Yo no tenía miedo… ¿De dónde sacaste eso? -replico ofendida y todos vuelven a reír.
-De tu cara de que te iba a dar un infarto si yo no te salvaba -responde girándose, para mirarme desde su asiento.
-Quizás no quería que me salves, y te metiste mal -reprocho enojada, solo para no quedar como una tonta que no sabe qué hacer cuando un hombre la corteja.
-Ah perdón, ahí te mandé el contacto, a ver si sos tan corajuda para escribirle -dice el rubio desafiante.
Tomo mi móvil y efectivamente veo que me mandó el contacto, por lo que enojada y para nada dispuesta a perder esta batalla, lo abro y envío un audio para que todos escuchen.
-Hola, solucionamos lo de la reserva, te mando la ubicación del bar donde vamos a ir a comer y espero que puedan sumarse -hablo con la voz más segura que puedo.
Veo por el retrovisor que Martín no sonríe, sino que se queda en silencio, mientras Pablo lo mira de reojo, esbozando una pequeña risita, que Sol acompaña desde atrás, haciéndome gesto de que hice bien.
Llegamos nuevamente al hotel y cada uno va a su habitación a cambiarse. Desde el audio Martín no hizo más chistes ni me habló, aunque en general todos nos mantuvimos en silencio, seguramente cansados luego de varias horas de actividad.