Pero ése día que estuve con Ivan, terminé la noche contentísima, ignorando el hecho de que mis muñecas todavía me dolían por lo de esa tarde. Y me había dado cuenta que el momento en el que uno toca fondo, siempre, inconscientemente, hay algo que nos salva. La vida pareciera esperar el momento justo en el que uno se hunde para poder salvarte. El problema es que te salva por un instante, a mí me salvó por una noche. Al día siguiente Iván volvía a ignorarme como siempre, y yo volvía a ser la misma depresiva con la vida de mierda que siempre llevó. Volvía a estar todo mal. Esa semana próxima, me la pasé mandándole mensajes por w******p a Iván. Yo a él. Él jamás me habló en toda esa semana que tuvo mi número. Él tenía mi número. Él sabía cuando estaba en línea. Él sabía cuando yo estaba con e

