Capitulo 2
¿Se llevarán al bebé?
Valentina
—Papá, no sabemos quiénes son… —su voz sonó temblorosa, pero intentó mantenerse firme. Aunque el hombre a quien se dirigía era su abuelo, para ella siempre había sido su padre.
Él no respondió de inmediato. Seguía mirando el cuerpo inconsciente del extraño.
—Voy a insistir con la ambulancia, pero tardarán en llegar. Por ahora, debemos atenderlo aquí.
El sonido de la explosión los sobresaltó. El auto, en el que aquel hombre y el bebé habían llegado, estalló en cuestión de segundos. Valentina sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Si hubieran tardado un poco más en sacarlos, ambos habrían muerto.
Apretó los labios y dejó al bebé en su cama, rodeándolo con almohadas para que no rodara. No podía perder más tiempo. Salió corriendo para ayudar a su abuelo a cargar al hombre herido. Juntos, con esfuerzo, lograron llevarlo hasta la casa y acostarlo en una de las habitaciones.
Valentina sentía el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. No pudo terminar su carrera de enfermería, pero aún recordaba lo suficiente como para ayudar. Sin embargo, su abuelo, un médico cirujano jubilado, fue quien tomó el control. Sus manos, aunque marcadas por los años, se movieron con precisión y calma mientras revisaba al desconocido.
—Está inconsciente, pero estable —murmuró el anciano, pasando una mano por su frente perlada de sudor.
Valentina dejó escapar el aire que no sabía que había estado conteniendo. Entonces, un llanto la hizo girar.
El bebé.
Corrió de vuelta a la habitación y lo tomó en brazos. El pequeño tenía los ojitos apretados y el rostro enrojecido por el llanto. Lo acunó contra su pecho, susurrándole palabras de consuelo, aunque ella misma sentía que su mundo se tambaleaba.
¿Quién era él? ¿Quién era el hombre herido?
La madre del bebé debe estar muy preocupada…
La noche fue eterna. Cada tanto, Valentina iba a revisar al herido, asegurándose de que seguía respirando. El bebé, por su parte, dormía a ratos, solo para despertarse y llorar con fuerza otra vez
Al amanecer, el sonido de una sirena rompió el silencio.
Cuando la ambulancia llegó, Valentina sintió un nudo en la garganta. Observó cómo los paramédicos trabajaban rápido, conectándolo a un equipo y asegurándolo para el traslado.
—Vendrán a hacer preguntas —le dijo su abuelo en voz baja.
Ella lo sabía. Había demasiadas incógnitas alrededor de lo sucedido.
—Abuelo, ese hombre no despertó. Yo le di de comer al bebé con lo que creí prudente. Los acompañaré al hospital.
—Claro. A simple vista, el bebé no sufrió ninguna herida ni golpe, pero un pediatra debe revisarlo. Yo me quedaré aquí y estaré atento.
Con un último vistazo a su abuelo, Valentina subió a la ambulancia junto al bebé. El pequeño la observaba con sus ojos grandes y oscuros, como si de alguna manera comprendiera que ella era su refugio en medio del caos.
Una vez en el hospital, la policía se acercó a ella para hacerle preguntas.
—¿Sabe el nombre del hombre herido? —preguntó uno de los oficiales con tono serio, pero amable.
—No, lo siento. No sé quién es. Solo vi que necesitaba ayuda y con mi papá lo llevamos a casa para brindarle primeros auxilios —respondió Valentina con sinceridad.
Tras varios minutos intentando recabar información sin éxito, el oficial asintió, resignado.
—Bien, gracias por sus aportes, señorita. Si recordara algún detalle más, no dude en comunicarse con nosotros.
—Lo haré —aseguró Valentina.
En ese momento, la pediatra salió con el bebé en brazos.
—Es un pequeño muy sano, no sufrió ninguna lesión. Está en perfecto estado —dijo con una sonrisa tranquilizadora.
De inmediato, el niño extendió sus bracitos hacia Valentina, quien lo tomó en sus brazos sin dudarlo.
—Debe estar a punto de comenzar a caminar. Yo diría que está cerca o finalizando los ocho meses —comentó la pediatra.
“Justo como lo sospeché”, pensó Valentina, acariciando la cabecita del pequeño.
—Muy bien. Lo llevaré a mi casa hasta que su padre o la persona con la que viajaba despierte —dijo Valentina con decisión, mientras sostenía al bebé contra su pecho.
En ese momento, una mujer con porte elegante y unos papeles en mano en compañía de un oficial de policía se acercó apresuradamente.
—El pequeño debe quedarse con nosotros. Lo llevaremos a un hogar temporal hasta que logremos identificar a sus familiares o ese hombre despierte y nos dé más información. —dijo la mujer con voz firme, pero con una amabilidad que no pasó desapercibida.
Valentina sintió un nudo en la garganta y apretó ligeramente al bebé, como si no quisiera soltarlo. Sabía que no tenía otra opción más que aceptar.
—¿Pero… a dónde lo llevarán? —preguntó, la preocupación evidente en sus palabras—. No quisiera alejarme de él… después de todo, fui yo quien lo salvó.
La mujer asintió comprensiva.
—El pequeño estará en un hogar sustituto, bajo custodia de la policía, a unas pocas millas de aquí. No se preocupe, estará bien cuidado.
El bebé comenzó a llorar con desesperación al ser apartado de los brazos de Valentina. Sus manitas se estiraron hacia ella, y sus sollozos partieron el corazón de todos los presentes. Valentina se inclinó y acarició suavemente la mejilla del niño.
—A ver, pequeñito… No llores. Voy a ir a verte, ¿de acuerdo? No estás solo —susurró, esforzándose por mantener la voz firme a pesar de sus ganas de derramar lágrimas, no le resultaba para anda agradable ver al bebé tan inquieto, ella buscó de inmediato la ubicación del hogar temporal donde habían llevado al bebé mientras se dirigía a la habitación del desconocido.
—Muy bien… De seguro es tu hijo, son idénticos —murmuró en voz baja.
Se inclinó un poco más, y rozó con delicadeza los mechones de cabello desordenados del hombre sobre su frente.
—Ojalá pudiera saber quién eres —susurró, dejando escapar un suspiro—. Si tan solo pudieras abrir los ojos y contarme qué pasó… porque, francamente, estoy aquí sintiéndome un poco tonta, hablando contigo como si pudieras escucharme.
Se quedó en silencio, pero luego su voz volvió a llenarse de determinación.
—¿Sabes? Anoche mi papá y yo te salvamos a ti y a tu hijo, y fue… bueno, fue una experiencia aterradora.
Valentina cerró los ojos por un instante.
—Lo llevaron a un hogar temporal, y sé que estará bien cuidado, pero… me sentí triste, creo que al menos se sintió cómodo conmigo.
Pasó una mano sobre la frente del hombre, sintiendo el calor que emanaba de su piel.
—Así que… más te vale despertar, señor desconocido. No solo por tu propio bien, sino por el de ese pequeño. Me quedaré aquí un rato más, aunque no sé si puedas oírme, por cierto, los oficiales de policía dijeron que podrán identificarte con tus huellas dactilares. Y, bueno… ojalá eso signifique que podremos saber tu nombre, y el del bebé también.
Se inclinó hacia él…
—¿Cómo es que conducías en medio de una tormenta así?. Quisiera pensar que eres una buena persona, que no le harías daño a nadie… que tienes una historia complicada y que no fue tu culpa arriesgar de esa forma a un pequeñito…
El hombre seguía inmóvil, sumido en un sueño profundo o quizás atrapado en algún rincón de su mente.
Valentina sonrió con suavidad, tratando de transmitirle un poco de esperanza.
—Tienes suerte, ¿sabes? De haber terminado aquí, de haber tenido una segunda oportunidad. Mi papá siempre me enseñó que la vida nos pone pruebas difíciles, pero también nos da una oportunidad para cambiar las cosas. Espero que, cuando despiertes, quieras aprovecharla.
Se recostó en la silla junto a la cama, dejando que el cansancio se apoderara de ella poco a poco…
“¿Qué sucede conmigo?, la escucho pero no puedo abrir los ojos. —Pensó Adrik…
“¿Quién es esta mujer?” —Trató de mover sus dedos, y luego de mucho esfuerzo, sus ojos se abrieron…