3- Un hombre arrogante

1050 Words
Capitulo 3 Un hombre arrogante Adrik Adrik sintió como si su mente estuviera atrapada en una densa neblina. Ecos de un accidente violento resonaban en su cabeza, mientras un dolor agudo se extendía por su cuerpo. —¿Qué demonios sucede? —pensó con frustración. Con esfuerzo, logró mover los dedos y, finalmente, abrir los ojos. Su mirada fría recorrió todo a su alrededor, como si todo lo que lo rodeara fuera insignificante. No sabía dónde estaba ni qué hora del día era; lo único que recordaba con claridad era el choque y el llanto del bebé, entonces un pensamiento lo golpeó con fuerza: ¡Ciro! Se puso de pie con movimientos bruscos, ignorando el dolor, mientras su mirada fría y calculadora analizaba la habitación iluminada por la luz que se filtraba por la ventana. En ese momento, su atención se centró en la mujer de cabello oscuro, que dormía en el sofá con una expresión de cansancio, ni siquiera se inmutó con todo el ruido que él estaba haciendo. Adrik frunció el ceño, acercándose con pasos firmes hasta detenerse frente a ella. Sin ningún atisbo de compasión, la sujetó del cuello, obligándola a abrir los ojos de golpe. —¿Dónde está mi hijo? —exigió, con una voz tan helada como su expresión. La mujer intentó librarse del apretón, mientras su respiración se volvía dificultosa. —Ci… ¿Ciro? —balbuceó ella con esfuerzo, sin comprender del todo lo que estaba sucediendo. Adrik rodó los ojos con impaciencia. —El bebé, mujer. ¿O acaso eres tan incompetente que no sabes de quién hablo? —su tono estaba cargado de desprecio, mientras apretaba un poco más, disfrutando del control que ejercía. —El bebé… está bien… lo llevaron a un hogar temporal… ¡suéltame! —logró decir ella, con su voz entrecortada. Adrik la soltó con un gesto brusco, como si fuera algo que le desagradaba. Se llevó una mano a la frente, tratando de controlar su frustración, mientras la mujer recuperaba el aliento, frotándose el cuello. —¿Un hogar temporal? ¿Eso es lo mejor que se te ocurrió? ¿Dónde estoy?, ya veo, es un hospital… ¿O que rayos? —preguntó con sarcasmo, cruzándose de brazos mientras la miraba como si no valiera la pena su tiempo invertido en ella. —. No debería sorprenderme que alguien como tú no pudiera hacer algo mejor. Ella respiró profundamente, con una mezcla de miedo y enojo, Adrik la observó de pies a cabeza, el calzado de a joven estaba teñido de lodo. —Hice lo que pude. Ese bebé no podía quedarse aquí solo mientras tú estabas inconsciente, es muy grosero. —Refuta ella con sus ojos brillosos. Adrik dejó escapar una risa fría y carente de humor. —Yo los ayudé… —Dice apenas. —Ah, claro. La heroína del día. ¿Y ahora qué? ¿Esperas que te lo agradezca? La mujer lo miró con firmeza, a pesar de la incomodidad que sentía. —No necesito tu agradecimiento. Pero deberías saber que si quieres encontrar a tu hijo, tendrás que ser amable… jamás pensé que… —Valentina se detuvo, sin querer terminar la frase. Quiso decir que jamás imaginó que la persona a quien había salvado la vida la trataría con tanto desprecio, pero se contuvo. No valía la pena discutir con alguien tan arrogante y desagradecido. Adrik arqueó una ceja, mostrando una ligera mueca de frustración. —No necesito a nadie para encontrar a mi hijo. Si quieres hacer algo útil, llama al médico o dame tu celular. Valentina sintió que su paciencia llegaba al límite. Cruzó los brazos y lo miró con indignación. —¡No te daré nada! —espetó, girándose con intención de salir de la habitación. Pero entonces, un ruido seco la hizo volverse de inmediato. Adrik estaba en el suelo. Su cuerpo, aún débil por las heridas y la pérdida de energía, no soportó el esfuerzo de levantarse tan bruscamente. Estaba apoyado sobre una rodilla, con una expresión de furia y frustración, como si odiara mostrarse vulnerable ante ella. Valentina suspiró, pasándose una mano por la frente antes de volver a acercarse. —¡No debes ponerte de pie de esa forma tan brusca! —le reprendió, mientras se agachaba para ayudarlo. Adrik, sin embargo, apartó su brazo con un movimiento brusco. —No necesito tu ayuda —gruñó, intentando incorporarse por su cuenta. Pero apenas lo intentó, el mareo lo golpeó con fuerza. Su visión se nubló por un instante y sintió que sus piernas flaqueaban. Valentina lo sostuvo antes de que volviera a caer. —Claro, porque estás en perfectas condiciones —dijo con sarcasmo, obligándolo a apoyarse en ella—. Escucha, sé que acabas de despertar y que probablemente estás en shock, pero eso no te da derecho a comportarte como un idiota con la persona que te salvó la vida. Adrik entrecerró los ojos, con su expresión endurecida. —No te pedí que lo hicieras. Las palabras frías e indiferentes hicieron que Valentina sintiera un escalofrío. —No… pero aun así lo hice —respondió con firmeza—. Y ahora, lo mínimo que podrías hacer es no comportarte como un imbécil. El silencio se instaló entre ellos por unos segundos. Finalmente, el hombre dejó escapar un suspiro y permitió que lo ayudara a volver a la cama, aunque su orgullo estaba claramente herido. Valentina lo miró de reojo mientras lo acomodaba. No sabía qué historia tenía este hombre, pero algo en su mirada, en la forma en la que se aferraba al control, le decía que estaba acostumbrado a comportarse como un cretino. Sin embargo, esta vez, le gustara o no, necesitaba ayuda. Y ella iba a dársela… aunque fuera a la fuerza. “Lo hago por tí, pequeñito…” “Ciro… ese es tu nombre…” —Voy por el médico —dijo Valentina, con un tono más suave pero decidido. Antes de girarse para salir de la habitación, se detuvo un momento y lo miró a los ojos. —Por cierto, no me importa cuán arrogante seas. No pienso dejar que te mueras luego de todo el esfuerzo que hice. Adrik arqueó una ceja, esbozando una sonrisa fría. —No pienso morir aquí, créeme. Si algo sé hacer, es sobrevivir.
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