4-¿El bebé me eligió?

1185 Words
Capítulo 4 ¿El bebé me eligió? Valentina —¡Es un idiota! —susurró con frustración mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. No quería que ese hombre la viera en ese estado, así que tomó su teléfono y llamó al oficial de policía que se encontraba cerca del hospital. Solo quería acabar con esa responsabilidad que, por intentar ayudar, había tenido que asumir. Pero con la actitud de aquel hombre, todo parecía complicarse aún más. También avisó al doctor, pero decidió no contarle a su abuelo lo sucedido. "Solo esperaré al bebé, me despediré de él y me iré de aquí", se dijo a sí misma. En ese instante, una enfermera se acercó con una expresión indecisa. —Ese hombre es alguien muy importante e influyente —le informó con cautela. Valentina suspiró con pesadez. Algo le decía que ese hombre no era una persona común, pero no tenía ni la más pálida idea de quién se trataba. —Ya lo sospechaba al verlo. —Mencionó la enfermera— Es el empresario Adrik Hutter. Ha expandido sus negocios por varios países: Colombia, Chile, Uruguay... y ahora está aquí, en Paraguay. —Ah, entiendo. Respondió en consecuencia, sin embargo, Valentina no lo conocía personalmente. En realidad, ni siquiera sabía quién era hasta ese preciso momento. —Bueno, al menos él se encargará de los gastos del hospital... aunque, siendo un hospital público, no creo que sean demasiado elevados —murmuró Valentina. La enfermera asintió con una pequeña sonrisa. —Sí, además, ahora están por ingresar a otros dos pacientes en la misma habitación —le informó. Valentina suspiró, imaginando que aquel hombre armaría un escándalo al respecto. —Bien, entonces… —comenzó a decir, pero se interrumpió cuando una mujer de porte elegante y vestimenta impecable se acercó a ella. La enfermera se retiró discretamente, dejando a Valentina sola con la desconocida. —Un placer. Puedes llamarme Lucía —se presentó con una sonrisa cortés—. Soy quien vela por el joven Adrik y, ahora, por el pequeño Ciro. Supe que usted lo salvó. Valentina quedó en shock. —Quiero darte las gracias —continuó Lucía—. Tu ayuda será recompensada. "Adrik..." se repitió Valentina en su mente, aún procesando la información. —No es nada —respondió finalmente—, y no hace falta ningún tipo de compensación. Lucía negó suavemente con la cabeza. —Aun así, permíteme expresar mi gratitud. ¿Podrías acompañarme? Vamos a buscar a Ciro. Sería una gran ayuda... aunque lo que has hecho ya supera cualquier favor o acto de bondad. Valentina dudó por un momento, pero algo en la sinceridad de la mujer la hizo asentir. Sin decir más, caminó junto a ella, después de todo quería despedirse del pequeñito, Valentina siguió a Lucía por los pasillos del hospital hasta la sala donde se encontraba el bebé, al parecer lo trajeron a la guarderia del hospital muy rápido. Apenas cruzaron la puerta, el pequeño Ciro, envuelto en una manta celeste, la miró con sus enormes ojos brillantes y, para sorpresa de ambas, alzó sus bracitos en dirección a Valentina, como si la reconociera y deseara estar en sus brazos. La joven se detuvo por un instante, sin saber qué hacer. No esperaba que el bebé reaccionara así. —Parece que te recuerda muy bien. —comentó Lucía con una sonrisa intrigada. Valentina, aún desconcertada, se acercó lentamente y lo tomó con cuidado en brazos. Ciro dejó escapar un pequeño suspiro de alivio con un sonido característico de los bebés al sentirse acunado contra su pecho. Su cuerpecito se acomodó con naturalidad, como si ese fuera un lugar muy cómodo para el. Lucía observó la escena con atención. Era extraño que un bebé se sintiera tan seguro con alguien a quien apenas había visto. Quizás, después de todo, el pequeño Ciro ya había encontrado a la persona indicada para cuidarlo. —Te tiene cariño —murmuró Lucía, con una expresión reflexiva—. Tal vez… Valentina frunció el ceño. —¿Tal vez qué? Lucía esbozó una leve sonrisa antes de responder: —Tal vez tú seas la persona que estábamos buscando para cuidar a Ciro. Valentina sintió que el aire se le atascaba en la garganta. ¿Ella? ¿Cuidar a un bebé que ni siquiera era suyo? Miró al pequeño, quien jugaba con uno de los botones de su blusa, completamente ajeno a la conversación. —No sé qué decir, en realidad no es algo a lo que quisiera dedicarme en este momento. —susurró Valentina, sintiendo un nudo en el estómago. Lucía la observó con paciencia, sabiendo que aquella idea tomaría tiempo en asentarse en su mente. Pero lo que era evidente era que Ciro ya la había elegido. Lucía observó con atención la escena, aún sorprendida por la forma en que Ciro se acurrucaba contra Valentina con total confianza. Sus ojos se suavizaron mientras suspiraba con resignación. —Es curioso... Ciro es un bebé muy rebelde —confesó con un tono casi melancólico—. No suele encariñarse con nadie. Perdió a su madre biológica y, desde entonces, ha sido difícil para él. A veces está bien conmigo, pero aún así no se siente cómodo del todo, es más terco que su propio padre. Valentina bajó la mirada al pequeño, quien jugueteaba con su cabello y le sonreía con inocencia. No podía imaginar por lo que había pasado aquel bebé, pero de algún modo, sentía que había algo especial en su conexión con él. —Tal vez... solo le agrado un poco —respondió con humildad, sin querer darle demasiada importancia al asunto. Lucía la miró con una ceja arqueada y una leve sonrisa. —Si solo le agradaras un poco, no te habría recibido así. Créeme, he visto cómo rechaza a otros con solo acercarse. Contigo es diferente. Valentina tragó saliva y volvió su atención a Ciro, quien ahora jugaba con sus dedos como si no hubiera nada más en el mundo. Lucía observó a Valentina en silencio mientras Ciro se acomodaba en sus brazos con una tranquilidad que nunca antes había mostrado con nadie. "Más de cien mujeres fueron entrevistadas..." pensó para sí misma. "Y las seleccionadas no soportaron ni medio día, ni al bebé y mucho menos a Adrik. Pero con ella… simplemente es gentil." La sorpresa era evidente en su rostro. Había visto a Ciro rechazar a cada cuidadora con llanto, gritos y pataleos. Había pasado meses buscando a alguien que pudiera hacerse cargo de él, pero nadie lograba conectar con el bebé. Sin embargo, en cuestión de minutos, Valentina había conseguido algo que nadie más pudo: la confianza de Ciro. Lucía se cruzó de brazos, analizando la situación con detenimiento. —Dime, Valentina —dijo finalmente—, ¿alguna vez has pensado en ser una institutriz.? La joven parpadeó, confundida. —¿Institutriz? No, nunca. Solo... lo ayudé porque lo encontré en una situación complicada. Lucía sonrió levemente. —Tal vez, sin saberlo, acabas de encontrar algo en lo que eres excepcional, créeme ganarás más que cualquier trabajo en donde te hayas imaginado estar alguna vez…
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