Capítulo 1.4 P.O.V. Irina

933 Words
Había algo en el aquel día, no sabía bien que era porque una vez fuera de la habitación no me era posible acompañarlo, pero parecía más destrozado que de costumbre. No se limitó a dormirse abrazado a mí. Sus manos, antes contenidas, comenzaron a recorrerme con más intención. No era solo un toque de adoración, sino de exploración. Un deseo reprimido que finalmente encontraba un escape. Su respiración se volvía más profunda, más lenta, mientras sus dedos trazaban caminos sobre mi piel. En ese momento, no sentí miedo. No fue el pavor lo que me invadió, sino algo más oscuro, algo más confuso. Lo que me perturbaba no era que fuera a cometer necrofilia con mi cuerpo, yo deseaba intensamente que me hiciera suya, pero el hecho de que yo no podía ser partícipe era lo que me atormentaba. Me horrorizaba mi propia incapacidad de reaccionar, de sentir, de tocarlo de vuelta. Quería corresponderle al único ser que se preocupaba por mí. Mi mente se quebró aún más ante esa realización. ¿Cómo podía estar sintiéndome así? ¿Cómo podía siquiera desear que me viera, que me sintiera, que supiera que estaba allí atrapada? Me cuestioné si acaso seguía cuerda. Si lo que quedaba de mí aún era humano. Pero, al final, concluí que eso tampoco importaba, estaba perdida en la inmensidad del frío, sumida en una eternidad de aislamiento en aquella habitación. Dimitri era mi única compañía, mi única ancla a lo que había sido y con el tiempo, acepté que había desarrollado una atracción muy extraña por él. Una necesidad oscura e imposible que se arraigaba en mí con cada instante que pasaba junto a él. Mientras seguía explorándome, sus manos recorrieron cada parte de mi piel con una devoción reverente. Finalmente, me desnudó por completo. Su mirada se oscureció, no con lujuria, sino con adoración. Sus labios se entreabrieron y dejó escapar un susurro, casi un rezo. —Eres el ser más hermoso de la creación… Por primera vez desde mi muerte, me sentí observada, vista realmente. No como un cadáver inerte, sino como algo sagrado. Me deleité observándolo a él, en su totalidad. Sus alas negras extendidas le daban una apariencia etérea, sus ojos oscuros reflejaban una emoción que no podía descifrar. Pero entonces, de repente, se detuvo. Su respiración se entrecortó y vi su cuerpo tensarse con un dolor visible. Sin previo aviso, me cubrió nuevamente con la sábana y dejó caer su frente contra mi pecho, temblando. Lloró. —No puedo… No debo… —susurró con la voz quebrada. Me abrazó con desesperación, como si el peso de su propia voluntad estuviera desgarrándolo por dentro. —Por más que lo necesite, por más que desee ser uno contigo, no tengo derecho a tomarte sin tu consentimiento. No soy como Alec. No soy como ellos. Nunca lo seré… Mi mente se nubló de confusión. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo sabía lo que me había pasado? Sentí un estremecimiento de incredulidad. ¿Cómo pudo enterarse? ¿Quién se lo había dicho? Entonces, por primera vez, me pregunté lo que había evitado pensar hasta ahora. ¿Cómo se había hecho Dimitri con mi cadáver? Todos debíamos ser cremados al morir. Era la ley, una de las reglas inquebrantables de la sociedad. No existían entierros, ni cuerpos conservados. No debía haber restos físicos que perpetuaran la memoria de los muertos. Pero ahí estaba mi cuerpo, perfectamente intacto, recostado en su lecho de muerte mientras Dimitri lo resguardaba como si fuese su mayor tesoro. Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando él volvió a hablar. Su voz era un eco, cargado de una tristeza profunda mientras me acunaba entre sus brazos. —Me enamoré de ti a primera vista —dijo con un suspiro entrecortado—. Desde el momento en que te vi, supe que eras lo único que quería en esta existencia… Mis pensamientos se silenciaron mientras lo escuchaba, fascinada y horrorizada a la vez. —Hice todo para asegurarme de que fueras feliz, Irina. Usé mis habilidades para garantizar que siempre obtuvieras lo que querías. Manipulé la mente de nuestros compañeros en la preparatoria para que fueras la más popular. Manipulé los resultados del examen de selección de la universidad para que ingresaras sin problemas… Todo, absolutamente todo, lo hice por ti. El aire se volvió más pesado. Me sentí sofocada en esa prisión invisible. —Pero tú… nunca volteaste a verme. Toda tu atención estaba con Alec. Y yo… yo no era nadie. Me evitabas, no porque me odiaras, sino porque no existía para ti. —Soltó una risa amarga, sus manos aferrándose con más fuerza a mi cuerpo inerte. —Así que acepté mi lugar. Me resigné a verte feliz en los brazos de otro. A seguir existiendo en la sombra, observando tu felicidad desde la distancia. Las revelaciones seguían cayendo como gotas de veneno, hundiéndose en mi conciencia con cada palabra que pronunciaba. —Siempre supe que era diferente. Desde niño supe que no pertenecía a este mundo como los demás. Podía ver dentro de las mentes, torcer la voluntad de los demás, hacer que vieran lo que yo quería que vieran. Cuando los padres de Alec llegaron al orfanato buscando adoptar a una niña, manipulé sus mentes para que me eligieran a mí en su lugar. Fue la primera vez que usé mi don de forma consciente… y desde entonces nunca dejé de hacerlo. El nudo en mi pecho se apretó con tanta fuerza que, si aún estuviera viva, me habría costado respirar. ¿Quién era realmente Dimitri? ¿Qué clase de ser era él?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD