Mabel.
Ir o no ir. Ir o no ir.
¿A quien quiero engañar?, mis piernas se mueven automáticamente hacia el salón 69.
No importa lo raro que sea esto, no importa que el sea un desconocido que sepa mi dirección y donde estudio, no importa que casi me mata por andar metido, en no se que cosas, no importa nada, solo el deseo que surge cada que lo veo, o cada que me llegan las flores con esas notas.
Solo importa lo viva que me hace sentir con cada embestida, con cada beso...
Subo las escaleras más rápido de lo que debería, ya siento la humedad en mi entrepierna, ¿como y porque? logra causarme tantas emociones, no logro entender como estoy siendo tan estúpida, pero aquí estoy, a unos salones de encontrarme con el hermoso hombre de ojos azules.
Me tomo unos minutos para normalizar mi respiración, no quiero que sepa el poder que tiene en mi.
Mis ojos van hacia mi brazo ¿podré follar con esto puesto? Seguro que el Ruso encontrará la manera.
Vuelvo a retomar mi camino hacia el salón 69, el salón no tiene ventanas pues se usa para ver cortometrajes y cosas así en el proyector, ¿como lo dejaron entrar? Cada vez me resulta más raro, pero mi estupidez y mi deseo me hacen segur avanzando hasta llegar a la puerta del salón 69.
No me molesto en tocar, abro la puerta, entro y la vuelvo a cerrar, todo esta oscuro, excepto las pequeñas luces de los escalones, este salón es como una sala de cine.
No se escucha nada, termino de bajar las escaleras y paseo mi mirada por la oscuridad, pero obviamente no veo nada.
Pero si siento su presencia atrás de mi, su respiración en mi cabello y su mano en mi cintura.. simple toque que me hace dar vueltas la cabeza, su fragancia me despierta aún más el deseo.
-No te has disculpado- susurro. Su mano comienza acariciar mi cintura y abdomen. Inclino mi cabeza un poco, ofreciendo mi cuello.
-¿Porqué debería de disculparme, Dylan?- la forma tan no se como, de decir mi nombre me pone aún peor, su nariz roza mi cuello, ¿hay algo que este hombre no haga bien?
-Por casi matarme- suelta una risita, que logra erizar cada uno de mis vellos.
Su mano va bajando desde mi abdomen hasta mi sexo, quiero detenerlo pero no quiero que se detenga. Levanta poco a poco mi vestido y adentra su mano, pero no la mueve.
-Envíe flores y chocolates- me recuerda.
-Pero no incluían una discul..- todo se me traba cuando sus traviesos dedos tocan mi c******s, los besos en el cuello junto a los toques en mi sexo me hacen soltar leves jedeos.
No sabia que tan necesitada estaba de sentir sus manos sobre y dentro de mi cuerpo, pero ahora que las tengo, no quiero que se detenga nunca.
-Siento casi haberte matado, Dylan Wilde- susurra en mi oído sin dejar los movimientos en mi sexo, recuesto mi cabeza en su hombro, disfrutando y dejándome llevar...
-A la próxima envía alitas, los chocolates no son mis favoritos- detiene un poco los movimientos, pero rápidamente vuelve a la tarea, solo que esta vez, adentra dos dedos en mi sexo.
Siento la ereccion en mi espalda baja, froto mi culo en ella y el jadea en mi oído. Quiero más, pero al parecer no me lo dará...
Aumenta los movimientos, su otra mano se escabulle por debajo del vestido y sostén, logra atrapar uno de mis pechos, pellizca mi pezon duro.
Besa y muerde mi cuello, un tercer dedo se une en mi interior aumentando la exitación, el toque en mi pecho... su lengua en mi lóbulo al igual que sus dientes, todo se une, algo se forma en mi bajo vientre, y con un cuarto dedo el orgasmo estalla...
-¡Vladimir!..- mis piernas tiemblan, el Ruso logra sostenerme con una mano, de reojo veo como chupa los dedos que tenia en mi sexo, esta eso me pone más caliente...
Trato de normalizar mi respiración, mientras el arregla mi vestido con cuidado de no tocar mi brazo. Logro sostenerme de pie y me alejo un poco de el, no puedo pensar si lo tengo tan cerca.
-¿Cuando vuelves al bar?- pregunta, su ya conocido acento resalta.
-Ya no volveré- lo escucho caminar por el lugar y después se prende una ligera luz, dejándome ver su perfecto rostro.
-¿Por el brazo?- se acerca nuevamente a mi. Niego -¿Porqué?.
-Tengo abuelas estrictas, ahora cuento con un guardaespaldas y un chófer, ya no puedo escapar de casa- ¿porque le digo? No tengo idea.
-¿Y donde nos veremos?- pregunta como si yo tuviera todas las respuestas.
-Supongo que ya no lo haremos.
Se ríe
-Esa no es una opción- acorta el espacio que nos separa y lleva una de sus manos a mi mejilla. -¿Te gusta venir a la escuela?- pregunta acariciando mi mejilla y labios.
-Tengo que hacerlo, llaman a los padres cuando faltas más de tres días.
-Yo me encargo de eso- se inclina un poco y roza nuestros labios- ¿que días prefieres que te folle Dylan?- ¿nervios? ¡a logrado ponerme nerviosa!.
-No me gusta matemáticas, así que los martes y jueves- Me sonríe.
-Ven aquí los martes, y jueves- intento hablar pero une nuestros labios, no es un beso dulce es un beso deseoso, desesperado, como si llevara días esperándolo. -Y también los lunes, miércoles y viernes en el receso- muerde levemente mi labio. -Ahora ve a clase, no queremos que te castiguen aquí también.
Intento hablar, pero me tiene hipnotizada, y solo hago lo que me ordena, comienzo a subir las escaleras, pero su voz me detiene.
-Dylan- me giro hacia el -No me gusta compartir- lo miro sin entender. -Solo mantente alejada de los chicos- casi me río.
-¿Es una orden?- asiente tranquilamente. -No esperes a que la cumpla, porque no pasará.
-Entonces, sufre las conclusiones-
-¿Consecuencias?- pregunto comenzando a enojarme.
-Solo evita estar cerca de los hombres, y todo estará bien-
-No pasara- vuelvo a retomar mi camino, intento abrir la puerta, pero su mano en mi muñeca me detiene.
Me gira y me pega a la pared, sin dejar se verme a los ojos.
-Me gustas lo suficiente como para cortar las manos de todo aquel que te toque- dice con tranquilidad pero con posesión -Así que evitame el causar una masacre en esta escuela tan tranquila.
¿Trastornada, loca, idiota? Algo de eso soy, porque en vez de asustar me, ¡me gusta más!. No se en que me estoy o con quien metiendo, pero no pienso echarme para atrás, no ahora que no tendré el baile.
-¿Entendido?- roza nuestras narices.
-Si- susurro y soy yo quien une nuestros labios esta vez, creo que jamás me cansaré de sus besos, son tan adictivos.
-Ahora ve a clase- abre la puerta para mi y salgo con las emociones al mil.
¿Como voy a sobrevivir los fines de semana? Algo se me va a ocurrir, pues sin verlo no me quedo.