2. La amiga de mi hermano
Michelle
—¿Michelle?
Cuando salgo del recinto de la competencia, las lágrimas dificultan mi visión. Lo único que puedo percibir con claridad es el dolor en mi corazón. Levanto la vista y me encuentro con un rostro que me resulta familiar.
—¿Abdiel? ¿Eres tú?
El hombre se lanza hacia mí y me levanta en el aire, haciéndome girar. No era algo que esperaba, así que, de pronto, no sé cómo reaccionar.
—¡Ay, me mareo! —suelto una carcajada espontánea que, al menos por un momento, me distrae de mis problemas.
—¡Tanto tiempo sin verte! ¿Qué haces aquí? ¿Vienes a apoyar a alguien?
Mientras me baja, sus palabras me devuelven de golpe a la realidad.
—No, en realidad no. Hay alguien que conozco que está compitiendo, pero no me esperaban.
Veo en su expresión que no comprende a qué me refiero, pero no tengo intención de explicarlo.
—Bueno, pero ¿ya te vas? Aún no termina la competencia de hoy.
—Sí, ya me voy. Para mí, ya terminó.
El tono triste en mi voz no pasa desapercibido, y él decide no insistir con preguntas.
—Es una pena, pero déjame tu contacto. ¿Sigues viviendo en Oregón?
Asiento con la cabeza.
—Tal vez podamos salir a comer o cenar algo. Mi hermano también vive allí y me estoy quedando con él. Su hija está compitiendo. ¿Recuerdas a Dylan?
El nombre me suena, pero no logro ubicarlo en mi mente.
—Siempre tuviste mala memoria para los rostros y los nombres —dice, con una sonrisa divertida—. Recuerdo que solías preguntarme cuando no te acordabas de alguien.
Río por lo bajo. Ese siempre ha sido mi gran problema. Mientras mi memoria es excelente en otros aspectos, se me dificulta recordar rostros y nombres. Siempre lo he atribuido a mi miopía, pero nunca he estado segura.
—Sí, tienes razón —admito.
—Bien, entonces estamos en contacto.
Me pasa su teléfono para que anote mi número y me envía un mensaje por Whats App.
—Quedamos registrados. Ahora debo regresar, pronto es el turno de competir en la categoría de mi sobrina.
Le sonrío y él me da un abrazo antes de despedirse.
—Me dio mucho gusto verte. Fuiste la mejor pareja de patinaje que pude tener.
Es cierto lo que dice. Cuando competimos juntos, nos consideraban la pareja perfecta, pero diversas circunstancias nos llevaron a separarnos.
Lo observo alejarse con prisa y suelto un suspiro. Es impresionante cómo el pasado regresa cuando menos lo esperas. ¿Será alguna señal?
*****
Cuando llego a la puerta de salida, tomo uno de los taxis estacionados y regreso al hotel. Debo programar mi viaje de regreso, pero no sé qué haré cuando llegue a casa. Bueno... a la que solía ser mi casa.
Sí, sé que soy una cobarde por no luchar por lo que, según la ley, me pertenece. Pero, ¿qué sentido tiene? La verdad es que ella no me ha robado nada. Ellos se entregaron por completo a su alegría, sin detenerse a pensar ni un momento en el dolor que podrían causarme.
Al llegar al hotel, reviso los vuelos en la aerolínea. Afortunadamente, encuentro uno que sale en tres horas, así que tengo tiempo. No traje muchas cosas, por lo que recojo rápidamente mis pertenencias y entrego la habitación. Decido esperar en el aeropuerto.
Devuelvo las llaves en la recepción y tomo otro taxi. El trayecto es corto, y no he tenido oportunidad de pensar en mis próximos pasos.
Tengo un título en Administración y Negocios, pero solo trabajé un tiempo en la empresa de Ryan, y fue más por insistencia de mis padres que por voluntad de mi marido. Mi padre, al ver que me casaría tan joven, impuso la condición de que estudiara y trabajara. Durante ese tiempo, ellos también me ayudaron con el cuidado de Candace.
Tal vez por eso me odia. Suelto un suspiro. Nunca imaginé que mi propia hija se alegraría de que su padre tuviera a otra persona. He conocido casos de hijos que defienden a sus madres con ferocidad, pero la mía simplemente me quiere fuera de su vida. Y se lo voy a conceder. Quiero que sea feliz, y si mi ausencia es lo que la hará sentir así, entonces lo haré por amor.
A pesar de mi separación de Ryan, Candace siempre será mi hija. Solo espero que, algún día, entienda que todo lo que hice fue por el bienestar de ambos.
*****
—Disculpe... me parece que ese es mi lugar. –Una voz profunda me saca de mis pensamientos.
Cuando reservé el vuelo, me aseguré de elegir un asiento sin compañeros. Había muchos lugares disponibles, pero ahora, frente a mí, alguien reclamaba su espacio. Lo más probable es que haya comprado su boleto a última hora, pues estamos a punto de despegar. Levanto la vista y encuentro a un hombre de la edad de mi esposo mirándome con ansiedad.
—Mmmm... lo siento. —Voy a levantarme, aunque estaba muy cómoda en mi asiento junto a la ventana. Sin embargo, al ponerme de pie, el avión hace un movimiento brusco y me tambaleo hacia adelante, cayendo en sus brazos, que apenas me sostienen.
—Lo siento. —Me incorporo y salgo al pasillo para que pase, pero él no dice nada. Es extraño.
Se acomoda en su asiento y, aunque suene absurdo, su rostro también me resulta familiar. Tomo lugar en el asiento del pasillo, dejando el centro libre para evitar compañía. Debí haber reservado la ventana. Suspiro y me recuesto, lamiendo mis heridas. Aunque podría ser solo mi imaginación, siento la mirada de alguien sobre mí. Abro los ojos, pero el hombre parece estar dormido y, del otro lado del pasillo, una familia charla animadamente. Estoy exagerando, me digo. Tal vez me estoy volviendo paranoica.
Es hora de analizar lo que haré al llegar. No tengo trabajo, pero puedo empezar a buscar. No tengo casa, pero puedo rentar algo pequeño, y al menos tengo una cuenta de ahorros. Lo primero que debo hacer es encontrar un lugar donde vivir y trasladar mis cosas. Ryan y Candace tardarán dos días más en volver, así que tengo tiempo suficiente.
También debo contactar al abogado para iniciar los trámites de divorcio. Bff... demasiadas cosas por hacer. Sin darme cuenta, el insomnio de la noche anterior hace efecto, y me quedo dormida.
Mientras vuelo en el aire, pienso en lo extraño que será empezar de cero. Un par de lágrimas resbalan por mis mejillas, pero las limpio con rapidez.
"No, Michelle. No más llanto. Guarda tus lágrimas para momentos que realmente valgan la pena. Llorar por personas que nunca te han querido no tiene sentido. No lo merecen."
*****
Dylan
Recibo una llamada de emergencia y tenía que regresar a Oregon de inmediato. Apenas termina la presentación de Susy, me acerco a ella para despedirme. Su rostro triste me estremece el alma.
—No te preocupes, papi. Me quedo con el tío Abdiel —me asegura con valentía.
Mi hermano, que estaba a su lado, me palmea el brazo con una leve sonrisa. Sabía que podía contar con él; amaba a mi hija casi tanto como yo.
—Trataré de volver mañana antes de la final —le prometo—. Te aseguro que vas a ganar.
Susy me abraza con fuerza, y le doy un beso en la mejilla.
—Cuídala —le digo a Abdiel antes de salir apresurado.
Mi asistente ya había reservado un vuelo. El avión despegaba en treinta minutos, lo que apenas me daba tiempo de recoger mis papeles y abordar. Corro por el aeropuerto, atravesando los controles de seguridad con la ayuda del personal, y llego justo a tiempo.
Al subir al avión, noto la mirada de desaprobación de la tripulación. Me estaban esperando solo a mí. Suspiro y camino hacia mi asiento, sintiéndome culpable por el retraso.
Pero al llegar a mi lugar, me encuentro con una sorpresa.
Hay una mujer sentada en mi asiento.
Cuando me acerco, ella se apresura a disculparse y se mueve para dejarme pasar. Pero justo en ese instante, el avión se sacude al comenzar a rodar por la pista, y ella cae en mis brazos.
Fue en ese momento cuando la reconocí y mi corazón dio un vuelco.
Luce más madura, un poco diferente… pero sigue siendo igual de hermosa. Nunca pensé que volvería a verla.
Con torpeza, ella se incorpora y toma su asiento junto al pasillo. Puedo notar la tristeza en su mirada. Algo la perturbaba, pero no podía preguntarle. Después de todo, en el pasado, solo había sido la amiga de mi hermano.
Nunca me atreví a hablar con ella a solas. Le llevaba varios años de diferencia y, además, siempre estuvo enamorada del idiota de Ryan Allen. Se casó con él, y yo dejé de pensar en lo que podría haber sido.
Luego conocí a Cecilia. Fuimos felices en nuestro breve matrimonio, pero en lo más profundo de mi ser, siempre tuve la curiosidad de saber qué habría pasado si hubiera reunido el valor para invitarla a salir.
La observo de reojo. No parecía reconocerme.
Tal vez fui alguien invisible para ella en el pasado. Aun así, su tristeza me afectaba más de lo que debía. Saqué un pañuelo de mi bolsillo y se lo ofrecí.
—Le puede servir.
Ella gira su rostro hacia mí y lo toma con una leve sonrisa.
—Gracias… Disculpe… ¿Nos conocemos?
Podría haber mentido. Decir que no. Pero mis labios hablaron antes de que pudiera pensar en la respuesta.
—Soy Dylan Morrison… el hermano de Abdiel.
Su rostro se ilumina con una expresión de sorpresa.
—¡Qué coincidencia! Acabo de ver a Abdiel hace unas horas. Pero… ¿no iba a competir tu hija?
No sabía que se había encontrado con mi hermano. Qué curioso es el destino.
—Sí, la vi participar, pero debo atender un asunto de emergencia en la empresa.
Ella asiente, pero no pregunta más.
—Mi hija también participó —dice de pronto.
Me quedo en silencio. En la competencia, me pareció ver a Ryan en la distancia, pero no estaba seguro. Había una mujer con él, y parecían bastante cercanos.
—¿Y no te quedaste? —pregunto con cautela.
Ella baja la mirada. Su tristeza era evidente y un par de lágrimas humedecen sus ojos.
—No… no me necesitaban. Estarán mejor sin mí.
Su voz temblorosa me deja sin palabras.
Respira hondo y alza la mirada. Luego, con un hilo de voz, dice algo que jamás esperé escuchar.
—Me voy a divorciar. Necesito llegar a casa para arreglar muchos asuntos. También necesito un empleo y un lugar donde vivir.
La sorpresa me paraliza por un momento. ¿Quién en su sano juicio dejaría ir a una mujer como ella?
—Tal vez yo pueda ayudarte —digo sin pensarlo demasiado.
Saco una tarjeta de mi billetera y se la entrego.
—Puedo ofrecerte un empleo. Cuando estés lista, puedes buscarme.
Ella toma la tarjeta y la sostiene entre sus dedos. Luego, levanta la mirada hacia mí con un dejo de esperanza en sus ojos.
—Parece que el destino te trajo a mí… Muchas gracias, Dylan.
Asiento con una leve sonrisa.
Sí… tal parece que el destino ha lanzado una nueva partida. Y esta vez, tal vez yo pueda ganar.