Capítulo 2: Sin pulso.

2450 Words
Capítulo 2: Sin pulso.  "No pienso dar ni un paso atrás en el camino que me lleva hacia tus besos" - La correcta, Morat.  Cuando el autobús arribó en mi vieja ciudad, los nervios crecieron aún más en mi cuerpo. Las gotas de la lluvia empezaron a caer sobre la ventana del autobús en la cual estaba recostado y el cielo nublado me dio la bienvenida. El día estaba feo, pero esperaba que con el pasar de las horas se tornará lindo, era un día muy importante para mí porque por fin conocería a mi novio y para David era importante porque era su cumpleaños. La señora que iba a mi lado, se había quedado dormida una media hora después de iniciar camino y no sé había despertado en ningún momento. Ni siquiera cuando el autobús frenó fuertemente ya que una iguana se había cruzado en el camino. La señora parecía muerta. Y yo había cumplido con la promesa a Cristina, no me había bajado del autobús, no había hablado con extraños y tampoco le había recibido nada a nadie que yo no conociera. Me había quedado en mi lugar, con los nervios atrapados en mi garganta y con mi mente vuelta un nudo de pensamientos sobre lo que podía llegar a pasar hoy. Unos 15 minutos de trayecto después, el autobús se estacionó en la terminal de autobuses de la ciudad y poco a poco comenzaron a descender los demás pasajeros. Cómo la señora de mi lado era tan gorda, yo no podía salir sin que ella lo hiciera primero, y ella no lo iba a hacer porque seguía dormida. Toque su hombro muy suave para despertarla, no lo hizo. Así que con un poco más de fuerza moví los hombros de la señora que se interponía en mi camino. Ya solo quedábamos nosotras en el autobús, y el hombre que antes me había pedido el tiquete cuando estaba en la fila para subir a bordo, llegó a nuestro lado. — ¿Señorita tienen algún problema? — preguntó el hombre retirando su gorro y dejando ver una cabellera ya muy escasa, con muchas entradas. — No puedo salir sin tener que pasar por encima de esta señora y no logro despertarla — me quejé. Esa señora dormilona me estaba haciendo perder mucho tiempo, y mi tiempo hoy valía oro, tenía que estar preparada para esta noche y la señora me estaba dificultando un poco mi trabajo. El hombre tomo los hombros de la señora e hizo lo mismo que yo ya había hecho para despertarla, sacudió sus hombros pero él si lo hizo de manera brusca, la cabeza de la señora cayó sobre su pecho y siguió sin levantarse. Bufé exasperada, la pereza de esa señora ya estaba haciendo perder mis nervios. Vi que el hombre abría sus ojos con una expresión de terror y como poco a poco llevaba su mano derecha con dos de sus dedos extendidos hasta abajo de la cara de la señora, en el cuello, como dónde se toma el pulso para saber si una persona había muerto o no. Para saber si una persona había muerto o no... Sentí un escalofrío recorre todo mi cuerpo y solo esperaba que esa señora no estuviera muerta. Por favor, por favor que no esté muerta. Mordí mis labios asustada porque tenía muchísimo miedo de estar al lado de una persona muerta y el hombre no hacía sino tocar diferentes puntos del cuello de la mujer buscando el pulso. — ¿Está muerta? — pregunté en un susurro. El hombre me miró y se encogió de hombros. — No puedo encontrar el pulso de esta mujer, voy a llamar a los paramédicos — el hombre se alejó del cuerpo y a mí cuerpo le entro un terror horrible. — Por favor no me deje sola con esa señora — mi voz sonó tan débil y asustada que al hombre le debió de dar lastima ya que comenzó a gritar el nombre de otra persona y no se alejó de nosotras. Nadie atendió a la llamada del hombre y este volvió a su trabajo de encontrarle el pulso en el cuello gordo de la señora, los únicos sonidos que se escuchaban eran las horribles respiraciones agitadas de nosotros dos, el hombre y mías, llenas de miedo y el sonido de la lluvia golpeando contra el autobús aún más fuerte que cuando llegamos a la ciudad. — Tengo que salir un momento a buscar ayuda — Dijo el hombre. Me levanté del asiento bruscamente golpeando mi cabeza con el tablero que había sobre los asientos, esos que traían luces y botones para controlar el aire. — No, no, yo voy entonces pero no me deje sola con una muerta. — Intenté salir de ahí y yo me quedo acá cuidando a la señora. Pero si está muerta que la va a cuidar, quise decir pero me quedé callada por miedo a que la señora viniera del más allá para llevarme con ella. Los asientos eran muy estrechos y no veía como poder salir de ahí sin que antes la señora no se quitara. Podía pasar sobre el respaldar de la silla de adelante, el único problema era que ese espacio era muy pequeño y estaba muy alto para mí. Subí mis piernas sobre el asiento, estaba casi doblada porque o sino no cabría en mi lugar, al estar parada en el asiento sentí que puse algo y al mirar hacia allí me encontré la mano derecha de la señora bajo mi pie. Un gemido lastimero y asustado salió de mi boca mientras retiraba mi pie de su mano, tenía muchísimo miedo de que esa mujer se levantara del infierno y me asesinara solo por pasarle un dedito. Seguí con mi trabajo intentando pasar a los asientos de adelante, pero no podía pasar, el espacio era muy cerrado y yo me estaba enloqueciendo allí sentada, intenté pasarme a los asientos de atrás y tampoco pude. Me senté resignada mientras unas pocas lágrimas se salían de mis ojos. — No puedo pasar, ayude a pasar sobre la señora. El hombre abrió sus ojos asustados pero asintió, retiro las manos del cuerpo de la señora y este, por alguna obra maligna se movió hacia adelante pegando su cabeza contra el respaldo del asiento de adelante. Brinque en mi lugar al ver esto y le hice gestos con las manos al señor para que me levantara rápidamente para salir de ahí. Me pare de nuevo en el asiento y me incline sobre el cuerpo de la señora apoyando mi brazo izquierdo en el respaldar de la silla de la recién difunta. — Ayúdeme, ayúdeme rápido — le insistí al señor. El hombre puso sus manos en mi cintura y yo me apoye de sus hombros como pude, no sabía cómo haría, si brincar o esperar a que el tomara mis piernas pero de alguna forma debía de salir de ese asiento ya. — No vaya a brincar — hablo el señor, lo mire asustada. — ¿Entonces qué hago? — el hombre me halo rápido hacia él, sentí todo mi cuerpo pasar tocando el de la señora y quise ponerme a llorar allí mismo. Cuando el tipejo este me soltó ya en el suelo del autobús, le quite el seguro a mi bolso rápidamente y salí corriendo del autobús, al bajar de este me encontré a mi hermano y a Daniela quienes venían caminando rápido junto al hombre que reconocí como el conductor.  — ¡Sara! — gritó mi hermano y yo no paré de correr hasta estar abrazada a él y ahí empecé a llorar.  — ¿Qué pasó? ¿Te hicieron algo? — habló la voz de Daniela, mis sollozos no me dejaban hablar bien.  Escuchaba a mi hermano insultar al conductor e insultarse a si mismo por haber dejado que yo viajara sola, me calmé porque si no lo hacía podía meter en un problema a un hombre que no tenía ni idea de lo que había pasado.  — Por favor llame a los paramédicos — me dirigí al hombre en un susurro, mi hermano me abrazó mas fuerte.  — ¿Estas herida? Dime que nadie te hizo nada por favor. — negué con mi cabeza aun contra su pecho.  El conductor del autobús no había preguntado nada pero se encontraba hablando por teléfono con alguien.  — Yo estoy bien, a mi no me pasó nada ni me hicieron nada, el viaje estuvo bien pero — mi labio inferior comenzó a temblar, mi hermano puso ambas manos a cada lado de mi cara y besó mi frente.  — ¿Qué Saris, qué pasó? — preguntó Daniela, mi mejor amiga sacudiendo mis hombros, mi hermano la separó de mi.  — Déjala en paz Daniela por favor, no le hagas así — si hubiera sido otro momento me hubiera reído de ella pero la risa no llegaba a mi. — Sara, hermana mía,  habla por Dios que mis nervios no soportan tanto silencio de tu parte.  — ¿Señorita que ha pasado? Los paramédicos ya vienen pero no sabemos a qué — el conductor quien también tenía un gorro, quitó este de su cabeza y con el dorso de su mano secó el sudor.  — La señora que iba a mi lado esta muerta — todas las personas que me estaban escuchando abrieron su boca de la sorpresa al escuchar mis palabras.  — ¿Qué? — habló primero Daniela.  — Cuando llegamos y me fui a bajar no pude porque la señora era muy grande y yo no podía pasar sin que ella se moviera y cuando la toqué — mi hermano soltó un jadeo de miedo al escuchar mis palabras — ella no se movió y ya solo quedabamos nosotras y luego llegó el ayudante del señor — señalé al conductor — y él no ha podido encontrar el pulso de la señora y se iba a bajar del autobús para buscar a los paramédicos pero yo tenía miedo y le dije que mejor bajaba yo, él me tuvo que cargar y por fin pude salir de el autobús.  — ¡Con razón! Te estábamos esperando y no llegabas, tuvimos que venir a buscarte, nos tenias muy asustados.  —  Yo estaba más asustado que nadie, ya estaba pensando en que mi hermanita se había perdido.  Ellos se quedaron hablando de quien había estado mas asustado mientras que yo no dejaba de pensar en mi cuerpo tocando todo el cuerpo de la señora que en paz descanse, lo bueno era que aún seguía lloviendo y mi ropa ya estaba totalmente empapada.  — ¿Nos vamos ya? — pregunté a mi hermano y a mi amiga, ellos dejaron de hablar y me miraron — no quiero enfermarme.  Camine lentamente a la salida de la terminal de autobuses repitiendo en mi mente que tenía que olvidar a la señora que había muerto a mi lado quien sabe desde que hora y me debía concentrar en la sorpresa para mi novio y en no enfermarme. Pero mi mente volvía y volvía a al momento cuando yo toqué el cuerpo de esa señora y pensaba solo en David pero no me estaba sirviendo mucho.  Cuando llegué al auto de mi hermano, coloqué mi bolso en la cajuela y abrí la puerta de adelante pero Daniela llegó justo en ese momento y me hizo ir en la parte trasera del auto con ella, entre de manera brusca y me acomode en los asientos.  — No te mortifiques por lo que pasó,  ahora debemos concentrarnos en la razón por la cual estas acá.  — Lo sé, lo sé. Solo quiero pensar en eso pero es que ver el cuerpo de esa señora — cerré mis ojos y mi cuerpo tembló por si solo.  — Si no te calmas te voy a golpear, Santiago por favor llévanos a mi casa — vi por el retrovisor como mi hermano enarcaba una ceja al escuchar las palabras de mi amiga.  — Si jefa, con mucho gusto las llevaré a su casa.  Ambas reímos por el tono de voz indignado de mi hermano, tomé mi teléfono de mi bolsillo, había estado expuesto al agua y tenía miedo de haberlo estropeado pero al parecer no le había pasado nada.  Abrí el chat de mi novio, su ultimo mensaje había sido una carita enojada, respuesta a mi mensaje de que no me molestara en todo el día porque estaría en clase con Allan, sabía que a David le daba muchos celos que yo estuviera a solas con David y por ello era la excusa perfecta para no hablarle en todo el día.  Pero quería contarle el tan horrible día que estaba pasando y el clima no ayudaba mucho, David era muy distraído pero no era tonto, él iba a sospechar algo si le mencionaba que dure mas de tres horas en un bus al lado de una señora que había muerto quien sabe hace cuanto tiempo.  Yo: ¿Cómo va tu cumpleaños amor?   Terminé preguntando y envié el mensaje, no obtuve respuesta al instante como creía que iba a suceder, guardé mi teléfono móvil de nuevo.  ¿Me habré volado de una escena del crimen? ¿Será que al yo dejar la estación de buses sin dar una declaración iban a pensar que yo la había asesinado? Total siempre estuvo a mi lado, oh mierda, me iban a acusar de homicidio.  — Oye hermano, ¿serás mi abogado cuando me acusen de homicidio? — el auto frenó tan fuerte que me fui contra la silla de adelante pero mis manos reaccionaron rápido y pude evitar golpear mi cara.  — ¿Qué quieres decir? — preguntó mi hermano con los ojos muy abiertos.  — Es que creo que debimos esperar a que llegaran y declararán muerta a la señora, ella iba a mi lado, me tendrán que hacer preguntas a mi — escuché el suspiro de alivio que soltó mi hermano.  — Si alguien te llama diles que se comuniquen con tu abogado.  La habitación de Daniela estaba llena de papel regalo, cintas y tarjetas por todas partes, en su cama estaban los regalos aun sin envolver.  — Dijiste que ya tenías todo listo.  — Claro, ahí esta todo listo, solamente falta hacerlo todo junto. —¿Qué? ¡Daniela tenemos que irnos en menos de una hora!  Al llegar a casa de Daniela, su madre nos tenía el almuerzo preparado, hasta había sido muy amable en invitar a mi hermano a almorzar con nosotras y él no se había negado, después de almorzar, Daniela y yo habíamos ido a la sala de estar y habíamos puesto una película que ninguna vio porque estábamos hablando sobre el plan y la entrada triunfal que haríamos. No había revisado los regalos porque ya sabía que eran y no quería tocarlos para dañar el papel de regalo, papel que ahora me daba cuenta nunca había estado envolviendo los regalos.  — Aún tenemos tiempo para empacar los regalos, vamos, rápido.  Bufé y tomé uno de los regalos, era una camisa sencilla de color blanco, cuando hacíamos videollamada había notado que sus ojos verdes se notaban más con el blanco que con el n***o. Daniela había escogido la talla, porque como ella si lo conocía en persona y dos veces...  Respiré hondo sin dejar que la rabia me consumiera, hoy por fin era mi día. Hoy por fin iba a conocer al amor de mi vida.   Por fin llegaría ese día. 
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