El primer interrogatorio bajo la intimidación de sicarios profesionales. La portezuela del lado del conductor se abrió de un tirón violento, arrancando la manilla de plástico que ya estaba medio rota por el uso. Antes de que pudiera articular un solo insulto, una manaza enorme, cubierta por un guante de cuero n***o, me agarró del cuello de la chaqueta con una fuerza descomunal y me sacó del interior del Ford Focus como si fuera un muñeco de trapo liviano, arrojándome sin miramientos sobre el capó frío y húmedo de mi propio vehículo. El impacto contra la chapa me sacó el poco aire que tenía en los pulmones, haciéndome toser mientras el frío del metal se filtraba a través de la tela de mi ropa. Dos pares de manos pesadas me inmovilizaron los brazos contra la espalda con una precisión quirú

